martes, 2 de marzo de 2010

¿Sonría?-Por Marcelo Rubens Paiva


Fuente: Blog "Pequeñas Neurosis Contemporáneas"

Hoy en día, es difícil pasar desapercibido. George Orwell, mucho antes de la revolución tecnológica, profetizó. Somos todos protagonistas de un show transmitido en vivo.

Cámaras en los ascensores intimidan. Reprimen ambiciones infantiles de escribir boberías en el teclado, de dar un beso ardiente de despedida o calentamiento, apretar todos los botones, chequear la ropa, hacerle morisquetas al espejo, piropear a la vecina, festejar el ascenso, resoplar de alivio después de un almuerzo familiar conflictivo.

Ahí están las cámaras por los corredores y garages de nuestro edificio. Se regista que se rayó un auto. Un toque sin querer en el paragolpes del auto del vicepresidente del consorcio genera una convocación a una reunión extraordinaria con pruebas.

En las porterías, ahora nos fotografían, roban un pedacito de nuestra alma, como creen los Ianomâmis. ¿Debo mirar a la cámara? ¿Estoy bien? Pero el viento de la calle me despeinó…

No existe un rincón del subte en que no se es filmado. Y encima nos piden sonreir.

En las calles, veredas, cruces, sendas peatonales, supermercados, farmacias, escuelas, somos vigilados por lentes secretas, o no tanto, arrogantes, contra quienes nada podemos.

Y del otro lado, en los monitores, un mortal analiza nuestros gestos sospechosos, nos sigue perguntándose si ahí está el pequeño criminal, o el gran terrorista, que por fin lo encontrará in fraganti cometiendo delitos, lo que justificará su salario y todo el aparato invertido.

¿Quiénes, para ellos, levantan sospechas? Se dan cuenta si estamos vestidos apropiadamente, si los sapatos están lustrados, ¿nos teñimos el pelo y nos dejamos crecer la barba? ¿Nos reconocen de otras filmaciones? ¿“Engordó en las vacaiones, no?”

¿Bótox, implante capilar, siliconas, dietas milagrosas son percibidas? ¿ Descubren se dejamos de fumar, de beber, se bajamos el colesterol, si nos enamoramos?

¿Sentem nostalgias? En la soledad de las salitas oscuras, ¿nos consideran amigos o enemigos? O somos apenas el estorbo que los obliga a quedarse horas delante de una pantalla en blanco y negro? ¿Alguién ya se enamoró por su blanco? ¿Y después pasó algo, como en la película uruguaya Gigante?






HORACIO CAMANDULE DE LA PELÍCULA GIGANTE

¿Existen cámaras filmándonos? ¿Otro mortal nos vigila? Que es filmado por otras cámaras, en un ciclo sin fin; mandala digital.

En el trabajo, descubren cuando estamos vagando, chateando en los sites de relacionamiento, bajando música, sacudiendo a la máquina de café o fotocopiando el DNI y la Cédula para otra fines.

Muchas cortes supremas autorizaron el filtro sobre nuestros emails. Alguien los lee, en un absurda violacion del secreto de la correspondencia. Y descubre a quien “en la firma” le gusta quien, quien traiciona al marido, tomó demasiado en el happy hour del día anterior, no soporta al jefe, al trabajo, a la empresa, a la corporación, al sistema, al mundo, a la vida.

Del otro lado de las conexiones, saben lo que leemos. Y de nuestras operaciones financieras, compras absurdas, reservas de viajes, adonde pasamos las vacaciones, con quien, por cuanto tiempo, y si nos excedemos en la barra del bar de la piscina del resort.

Cualquier detective particular consigue interferir telefónos y oir las confidencias mas indecentes. Algunos celulares hasta indican adonde estamos. Incluso desde el espacio, satélites nos siguen, como se fuésemos mártires de una organización fundamentalista en una guerra santa en busca de las prometidas mil vírgenes.

Verá que lo somos, y pronto, pronto comenzaremos una jihad por la vuelta de nuestra privacidad.

Fuente: Blog "Pequeñas Neurosis Contemporáneas"

Marcelo Rubens Paiva



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