Por Enrique Viale
(abogado ambientalista, miembro
del
Colectivo por la Igualdad)
En las ciudades no hay petróleo, no hay minerales, hay tierra
pública. Y las corporaciones inmobiliarias la codician. Y eso es lo que
se entregó impunemente en la sesión de ayer en la Legislatura Porteña a
partir de un espurio pacto Pro-K. Es la privatización de lo público, de
su patrimonio, con los mismos argumentos del menemismo.
En la etapa actual del capitalismo la acumulación es por desposesión y
la tierra (el territorio) es el objetivo de las corporaciones. En este
caso se concedieron por 30 años -entre gallos y medianoches- treinta y
siete hectáreas de espacio público (si 37 manzanas del Parque Roca) a
una S.A. sin canon alguno y se la eximió del ABL e Ingresos Brutos.
También se ordenó la subasta pública del Edificio del Plata, patrimonio
de la Ciudad (casi como vender el Obelisco) y se entregaron centenares
de hectáreas a la especulación inmobiliaria con la rezonificación a
medida de las playas ferroviarias de Caballito, Palermo y Liniers (que
no son para el plan Procrear, porque así expresamente lo excluye el
decreto presidencial). Además el espurio Pro-K incluyó la autorización
al Poder Ejecutivo local de endeudarse por U$S 250 millones de dólares
(la deuda de la Ciudad aumentó un 227 % desde que está Macri). Asimismo
ayer se votó el denominado "Distrito de las Artes" en la Boca, promovido
por el macrismo, pensado para los negocios con el arte -y no para los
artistas- lo que provocará inevitablemente la gentrificación del barrio.
Algo que pasó algo inadvertido en la catarata de aprobaciones fue que
el Pacto Pro-K incluyó la aprobación de una ley que creó un fondo con
recursos públicos para que sea administrado por el Diputado Daniel
Amoroso (Presidente a su vez del Sindicato de Juegos de Azar, ALEARA).
Esto garantizó que él acompañe este Pacto, votó todo.
La especulación inmobiliaria es nuestra megaminería o nuestra soja
transgénica. Tienen la misma lógica: expulsan y provocan
desplazamientos de población; concentran riqueza y territorio; se
apropian de lo público; provocan daños generalizados al ambiente, al
hábitat y a la Naturaleza; degradación institucional y de la vida
democrática, entre otras nefastas cuestiones. Pero sobre todo las cosas
desenmascara el evidente pacto que hay entre los gobiernos y las
corporaciones. Son ellas, con complicidad gubernamental, las que
deciden el ordenamiento territorial del país: donde se impone la
megaminería, donde se implanta la soja y donde las torres. En la Ciudad
de Buenos Aires la planificación urbana la realiza la especulación
inmobiliaria. IRSA es a la Ciudad, lo que la Barrick es a la Cordillera o
lo que Monsanto es al campo.
Todas las leyes votadas se votaron “sobre tablas”, sin siquiera
despacho de comisión y, menos aún, Informe Técnico como establece el
reglamento de la Legislatura. Es más, la ley de endeudamiento por U$S
250 millones se presentó horas antes de la sesión. Podrán decir que las
formas no son tan importantes, pero en este caso las formas tienen que
ver con el fondo.
Pero lo peor es que ayer sólo se votó parte del espurio pacto Pro-K,
que continuará en los próximos días. Como si no fuese suficiente lo que
ya entregaron, queda la “Dubai de IRSA” en la ex Ciudad Deportiva de
Boca (un negocio de 5000 millones de dólares), la rezonificación de la
Isla Demarchi para entregarla a la especulación inmobiliaria y la
entrega de concesiones de las plazas y parques público, casi nada.
Enrique Viale - 2 de Noviembre de 2011.