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jueves, 27 de enero de 2011

La tierra herida

Por Daniel Link

Fuente Diario Perfil.

El trabajo rural es, por naturaleza, esclavo. Esclavo de los ritmos naturales, urgente, impostergable: cuando no llueve hay que regar, cuando llueve demasiado hay que canalizar. Se debe plantar en los períodos indicados y cosechar cuando hay que hacerlo. Las jornadas son agotadoras, desde las primeras luces hasta las últimas, porque el tiempo apremia, apura la flor, las condiciones meteorológicas son impredecibles, y en invierno hace demasiado frío y en verano demasiado calor.

La mayoría de los trabajos rurales son estacionales y uno queda sencillamente encadenado a la espera (que el ganado engorde, que las plantas crezcan, que el grano madure y la fruta sobreviva a sus predadores...) o debe migrar y convertirse en trabajador golondrina para, como esas aves, sobrevivir no tanto un año cuanto una temporada o una estación más: la vendimia, la zafra, la desfloración, la cosecha de arándanos son los nombres más o menos míticos de esas actividades en las que históricamente se nos ha ido la vida, hemos perdido a las familias y nos hemos vuelto extraños a nosotros mismos.

Hacia 1940, un informe del Departamento Nacional del Trabajo señalaba que “la vida de trabajo del obrero santiagueño no es la del hombre civilizado. Son deficientes las condiciones de higiene y seguridad en que desarrolla su labor, en una atmósfera de inseguridad y de peligro, aunque familiarizado con ella. Sus consecuencias son realmente de carácter pavoroso; la mortalidad obrera –‘capital humano’– acusa porcentajes que exceden todo cálculo e indican la necesidad imperiosa de que el Estado acuda a combatir el mal, salvando de la decadencia a una raza ya en principio de degeneración”. El informe concluía en que darles tierras a los campesinos sería la mejor manera de preservar ese capital humano y mejorar sus condiciones de vida: “Colocar la propiedad rural al alcance de la clase trabajadora es elevar su condición y difundir su bienestar” (citado en Noemí Girbal-Blacha, Silvio Ospital y Adrián Zarrilli. Las miradas diversas del pasado. Las economías agrarias del interior ante la crisis de 1930, Buenos Aires, Ediciones Nacionales, 2005).

Han pasado ya más de setenta años desde aquel diagnóstico y la mayoría de los trabajos rurales están hoy tecnificados, y por eso los campos se vaciaron de gente. Pero algunos no: se necesita de la mano del hombre y una módica capacidad de discriminación. Como en los lugares donde se produce esa demanda de mano de obra no hay quien la satisfaga y la gente ya no puede andar viajando en busca de oportunidades de trabajo, hay contratistas que recorren los lugares más miserables y donde hay más hambre para juntar cuadrillas. ¿Quién va a negarse a subirse a esos ómnibus negreros si en el propio lugar no hay ni agua para dar de beber a las criaturas?

Sea. Vamos a pasar el mes, o la quincena, allí donde haya necesidad de nuestra degradada inteligencia y donde puedan darnos algunos pesos para mal alimentar a la familia hasta el próximo viaje.
Es difícil saber, sin acceder a la estructura completa de costos de la producción, si por esos trabajos se paga lo que corresponde (mucho o poco). El Ministerio de Trabajo y los sindicatos deberían saberlo, desde hace tantos, muchos años (¿setenta, cincuenta?), incluso antes de que existieran las multinacionales de la tierra y los dueños de las patentes de semillas y variedades de frutas.
Pero más allá de eso, siempre existirá el escándalo de lo que se ve a simple vista, las condiciones serviles de la leva: hacinamiento, mala alimentación, inexistencia de las condiciones mínimas de higiene, sujeción de la paga a variables imprevistas...

Hace unos días, en la televisión, discutían si eran más malos los empresarios responsables de esas condiciones o los sindicatos, que no las denuncian. Yo creo que los más malos son los que han permitido el desmonte de los algarrobales santiagueños (20 mil hectáreas en los últimos cuatro años, en contravención de la Ley de Bosques), los gobiernos provinciales de Salta y Santiago del Estero, en primer término. Con el desmonte se perdieron los algarrobos, quebrachos, guayacanes, mistoles y también los animales que vivían en la zona: el conejo de palo, el rocillo, el oso melero, la charata, la corzuela, todo lo que durante más de doscientos años permitió un uso autosustentable del monte.
Con ellos desaparecen los bombos legüeros, la Salamanca, los cuentos del Ucumar y el canto del Urutaú. Nos volvemos extraños a nosotros mismos, quedamos indefensos y disponibles para la explotación salvaje. Aceptamos cualquier cosa.

Fuente Diario Perfil.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Arte, Política y Censura....Recordando a Lucas Carrasco.

Hace algún tiempo Alfredo Leuco se quejó de que en el blog de Lucas Carrasco se llamaba a ir con una metralleta a Canal 26 y matarlos a todos, ahora leo esta nota sobre una obra censurada en la Bienal de San Pablo:
Obras del artista plástico Vicente Gil en la Bienal de San Pablo, acá dándonos una idea de su opinión sobre Bush Jr..


El autor Vicente Gil con su idea sobre Fernando Henrique Cardoso y Lula

1.La Folha de S. Paulo informó que la OAB/SP (órden de los abogados de Brasil) divulgó una nota pidiendo la censura de la "Serie Enemigos" del artista Gil Vicente, que forma (o formaría) parte de la Bienal de São Paulo. En la serie, el artista "se retrata a si mismo matando personajes famosos como Fernando Henrique Cardoso y Lula". Según la OAB, "Una obra de arte, aunque libremente y sin límites exprese la cretividad de su autor, debe tener determinados límites para su exposición pública. Uno de ellos es no hacer apologia del crimen como establece la cláusula inscripta en el Código Penal Brasileño."

2. El problema que se coloca es mas complicado de lo que parece a primera vista. Uno de los presupuestos básicos cuando se analiza la censura es abandonar de inmediato la visión de una lucha ideológica entre libertad de expresión y represión oscurantista. Como intenté demostrar en el post anterior, libertad de manifestación y censura están mas intrincados de lo que parece. La libertad a veces es una forma mas eficaz de control.

3. En este caso, la censura a la obra es una prueba clara de su poder, de su impacto. Hay un poema/nota de Joan Brossa sintomático sobre ésto: "La censura suprimió nueve poemas:/señal de que los otros no valen nada" (la traducción, extraída de aqui, es de Ronald Polito). Alberto Pimenta, en el excelente artículo "Libertad y aceptabilidad de la obra de arte literaria", nos recuerda que escritores como Eça de Queirós y Alfred Döblin defendian que el arte se sometiese a la misma censura que los demas escritos, "viendo en esta igualdad delante la ley la justificación de su importancia social y la manifestación de sulibertad". (Hay dos frases de Döblin citadas por Pimenta que son sensacionale: " 'El arte es sagrado' practicamente no significa otra cosa que el: artista es unidiota, déjenlo hablar à voluntad"; " 'El arte es libre', quiere decir, es totalmente inofensivo, los señores y las señoras artistas pueden escribir y pintar lo que les apetezca..."). Dicho de otro modo: la libertad concedida al artista o a la obra (en suma, el arte) muchas veces significa apenas su inoperancia - aislada en una esfera "especial", el arte no debe producir efectos sobre el mundo "real". En este sentido, Lévi-Strauss afirmó que "nuestra civilización" concedió al arte "ell estatuto de parque nacional, con todas las ventajas y los inconvenientes relacionados con una fórmula tan artificial; y es sobretodo el caso de tantos sectores de la vida social todavía no conquistados, donde, por indiferencia o impotancia y sin que en la mayoría de las veces sepamos por qué, el pensamuento salvaje continua prosperando." Comentando esta idea del arte como "parque natural o reserva ecológica en el interior del pensamiento domesticado", Eduardo Viveiros de Castro apuntará justamente lo que implica tal confinamiento: "El pensamiento salvaje fue confinado oficialmente al dominio del arte; fuera de ahí, seria clandestino o 'alternativo'. Valorizada como sea la experiencia artística, nada tiene que ver con el experimento científico: el arte es inferior a la ciencia como productora de conocimiento. Puede ser emocionalmente superior, pero no es epistemologicamente superior." (Es curioso notar que Paulo Leminski también usó la expresión "reserva ecológica" para referirse al arte; pero en su caso, se referia al mercado: el arte seria una "reserva ecológica" donde el mercado no entra). La libertad que existe en el arte no existe en la vida. Es porque esta separación entre arte y vida está tan bien terminada que Alain Badiou puede afirmar que "Convencido de controlar la superfície entera de lo visible y de lo audible por las leyes comerciales de la circulación y por las leyes democráticas de la comunicación, el Imperio no censura mas nada".

4. La justificativa de la OAB para reivindicar la censura es de que las obras "demuestra [sic] una falta de respeto por las instituciones que tale personas representan como también el desprecio por el poder instituído, incitando al crimen y a la violencia." O sea, las obras producrian efectos para más allá de la "reserva ecológica" en donde deberian confinarse. Cuando la teoria política moderna (a partir de Bodin, a quien se le atribuye el concepto de soberania que caracteriza al Estado) "redescubre" la censura romana, es siempre la función de controlar los efectos que es resaltada: al censor cabe policiar aquellas acciones o manifestaciones que no son contrarias a las leyes, pero que diseminan malos ejemplos, que difunden vicios, que corroen las costumbres - pequeños gestos o palabras que van minando la constitución política, haciendo posible la sedición y la ruina del Estado. (Algo parecido se puede encontrar en Platón para quien los poetas causarian el afeminamiento de los hombres, y, así, harian ruir el edificio de sustentación de la República).

5. En este sentido, la libertad del arte es la libertad del arte en cuano obra de arte. Si ella produce efectos "no estéticos", "no contemplativos", si ella impulsiona o puede impulsionar a la acción, ella no está mas garantizada por la libertad. Además, con la libertad de manifestación o expresión en general es así. Los profesores de Derecho adoran dar como ejemplo de una manifestación que no está protegida por la libertad de expressión la del sujeto que grita "Fuego!" en un teatro lleno sin que éste esté, en los hechos, incendiándose. La jurisprudencia estadounidense diferencia entre expression y conduct: aquélla esta garantizada constitucionalmente, pero cuando se torna conducta (esto es, cuando conduce) puede caracterizar crimen: cuando un líder del KKK vocifera en un comício "Vamos a quemar negros" es crimen; cuando dic sólo "Vamos a proteger los derechos de la minoria blanca" es apenas manifestación (ésto tiene que ver con la dimensión formal del Derecho - y es antiguo: hay un texto de um retórico griego antiguo que relata como un calumniador se safa porque acusó al otro de haber "matado" - término genérico - un tercero y no de haberlo "asesinado" - término jurídico). Aqui poco importa la intención del autor (en eso, el Derecho está años luz al frente de la crítica literaria: en Inglaterra, ya partir del siblo XVII, lo que el autor pretendió no es evaluado por las cortes, y si los efectos que la obra generó).

6. Como el gran propósito de la censura es evitar que ciertos actos, gestos, palabras produzcan efectos nefastos, ella se depara, desde siempre, con una paradoja: censurar una obra muchas veces equivale a dotarla de un aura sagrada de prohibición, tornándola mas famosa. En la tentativa de evitar la producción de efectos, éstos se potencializan. Cuando Milton, en su famoso discurso en el Parlamento británico, defiende la libertad de impresión, éste es uno de sus argumentos. Algunos siglos después, Marx dirá lo mismo: la censura no sólo es una "medida policial", sino un "mala medida policial": "En el país de la censura, cada escrito prohibido - esto es, impreso sin el censor - es un éxito. Pasa por mártir, y no existen mártires sin aureola y sin seguidores devotos. Pasa por excepción, y, cuanto mayor es el valor que la libertad tiene para el hombre, mas ella se torna una excepción para la falta de libertad general. Todos los misterios corrompen. Cuando la opinión pública es un misterio para si misma, es corrompida desde el inicio por todos los escritos que rompen formalmente las misteriosas cadenas. La censura transforma todos los escritos prohibidos, buenos o malos, en artículos extraordinarios, mientras la libertad de prensa priva todos los artículos de una importancia especial". O sea, a veces es la propia censura que crea y amplifica los efectos que queria eliminar. Se pude decir eso del pedido de censura de la OAB: quitó la obra de Gil Vicente del confinamiento del "parque natural" del arte, del parque de diversión que es la Bienal, trayendola para la orilla política.

7. Hay todavía un elemento más, tal vez el mas obvio de todos, a saber, que la obra de Gil Vicente tenía el intuito de traer a discusión sobre la relación entre arte y política para el centro del debate. El problema es que el tiempo pasa, pero continuamos andando en círculos. Hace dos años, el centro del debate sobre la Bienal era la acción de los que hicieron graffitis en ella sin autorización - y su criminalización. Hoy, es la censura a Gil Vicente. ¿Hasta cuándo la estética del choque será necesaria para que exista el debate de la relación entre arte y política?



lunes, 9 de noviembre de 2009

Una Pena Extraodinaria por Daniel Link.

Leído en Derecho a Leer.
Una Pena Extraodinaria por Daniel Link.

por Daniel Link para Perfil

Hay causas que, por su mezquindad, nos resultan odiosas. Quienes las llevan adelante no pueden sino darnos pena. Entre ellas, la causa (perdida y vil) de los que defienden los derechos “retrográficos” (retrógrados de reproducción) sobre bienes culturales y, en su nombre, amenazan a personas y organizaciones, obligan a cerrar sitios de Internet, molestan como los moscardones verdes que habitan las letrinas.
Unos queridos alumnos, que han dedicado sus esfuerzos a la digitalización de materiales bibliográficos que los estudiantes necesitan (porque los docentes, tercamente, los obligan a leerlos) me comentan que han recibido una intimación judicial mediante la cual se los forzó a cerrar la biblioteca digital que administraban (forofyl). Organizan, ahora, unas jornadas a las que me invitan y a la que, lamentablemente, no podré asistir.
Les traslado mi solidaridad, les recomiendo que elaboren un censo: que cada escritor, cada investigador y cada docente (Beatriz Sarlo ya lo hizo) se pronuncie en relación con esa “caza de brujas” que llevan adelante abogaduchos de pacotilla (personas infelices que festejan como un triunfo personal cada biblioteca cerrada sin advertir que, en su lugar, se levantan por lo menos tres, en servidores cada vez más remotos y, por lo tanto, fuera del alcance de sus zarpas). ¿No deben darnos pena, con sus caprichos anacónicos que ignoran al mismo tiempo el milenarismo y la mundialización?
Les sugiero, además, que desarrollen la siguiente política que yo, como docente, me comprometo a sostener: no daré a leer jamás a autores vivos que avalen semejante política de persecución y ni siquiera los mencionaré en notas al pie de página (ya veremos cuánto duran sus prestigios si tuvieran que prescindir de semejante aparato de propaganda, la “referencia”). Que los alumnos se nieguen a leer la obra de esos mismos autores, que trabajan para darnos pena.
En “La Biblioteca de Babel”, Borges escribió: “Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno”. Que así sea.
Fuente Linkillo (cosas mías).


Y bueno, si ud. es profesor y quiere sumarse:

"No dar a leer jamás a autores vivos que avalen la política de persecución a las bibliotecas digitales y ni siquiera mencione en notas al pie de página (ya veremos cuánto duran sus prestigios si tuvieran que prescindir de semejante aparato de propaganda, la “referencia”). Que los alumnos se nieguen a leer la obra de esos mismos autores, que trabajan para darnos pena."



lunes, 8 de junio de 2009

Casuística de la soberbia-Por Daniel Link


Casuística de la soberbia

por Daniel Link para Perfil

Ignacio Echavarría suministra un ejemplo del "esperpéntico anecdotario" de persecuciones que sufren hoy los ciudadanos en nombre de los derechos de autor: como una sentencia de 2006 autorizaba a la Sociedad General de Autores y Editores de España a cobrar por la música que se ponía en las celebraciones de boda y otros eventos de este tipo, la SGAE demandó hace unos meses a un salón de bodas de Sevilla por emplear música de sus afiliados sin pagar el canon correspondiente, utilizando como prueba de su denuncia un video de cuatro minutos grabado durante la celebración. Los novios demandaron la SGAE por grabar sin autorización ese video que vulneraba la intimidad del acto, y la entidad fue condenada a pagar 60.000 euros de multa.
Podemos agregar otros casos. Hace unos años, una profesora de literatura muy devota de los derechos de autor retrasó la inclusión de una novela agotadísima en sus programas de trabajo porque sabía que al año siguiente sería reeditada y no quería perjudicar a la editorial que habría de publicarla (el sello de referencia suele cobrar las ediciones que realiza, particularmente a los investigadores universitarios, que pagan con fondos que las universidades públicas proveen). Dicho de otro modo: la profesora (que sabe manejar un mercadito cautivo) modificó sus necesidades pedagógicas para favorecer a una editorial privada.

Un profesor norteamericano pide a su colega argentino que le mande un artículo que piensa recomendar como bibliografía obligatoria, "así me ahorrás el trabajo de escanearlo". El argentino se niega, amparándose en derechos abstractos y mezquinos.
Hace unos meses, los sabuesos del capitalismo bloquearon el acceso a las páginas Derrida en Castellano, Nietzsche en Castellano, Heidegger en Castellano. Por fortuna, sus contenidos fueron inmediatamente replicados en servidores extranjeros.
La mistificación y fetichización de los autores (y de sus derechos), sin precedentes, que domina nuestro horizonte, corre pareja con una creciente soberbia según la cual el autor es la única fuente de la obra y no debe nada al conjunto de relaciones que constituyen sus condiciones de existencia (ni a las instituciones que le paga salario y le otorga becas).
Invirtiendo los torcidos razonamientos de las cámaras y logias de los usureros del concepto, habría que decir que las universidades o los djs no deberían pagar un solo centavo en concepto de derechos, sino cobrar a las editoras un canon por la difusión y promoción de ciertas obras. Después de todo, el docente que recomienda la lectura de un capítulo de tal novelista o crítico está indirectamente promoviendo la compra del libro, como las radios que promocionan los lanzamientos de los discos de las multinacionales.
Que alguien pretenda, en nombre de otra abstracción, el "trabajo", arrogarse derechos de cobro en relación con públicos cautivos y agentes de prensa que cumplen obedientemente sus funciones sin pedir retribución a cambio, sólo puede molestarnos, nunca preocuparnos.

El Mal no puede triunfar y no va a triunfar. Cuanto más paranoicos se vuelvan sus agentes (y cuanto más cínicos se revelen sus aliados, los "autores") más claro quedará qué hay que recomendar que se lea y qué no. Los "convertidos en agentes del orden, en furibundos instructores de legislaciones restrictivas y penalizadoras, en vigilantes celosos, en ávidos controladores, en perseguidores", para usar palabras de Echavarría, que pasen a formar parte del
index de aquéllos cuya lectura no promoveremos.




La foto para ilustrar esta entrada:


domingo, 24 de mayo de 2009

Excelente artículo de Daniel Link sobre el pago de canon por fotocopia por parte de Universidades Públicas en la Argentina


Fuente Diario Perfil.
En una entrada anterior comentábamos que la Universidad de Buenos Aires, la Universidad de La Plata y otras pagarán un "Canon" por las fotocopias que hagan ahora Daniel Link escritor y profesor de la UBA comenta sobre el tema:


Per annum


Que haya personas capaces de enarbolar un “derecho reprográfico” sin que les tiemble la garganta ni se les borre de la cara la cínica sonrisita del traficante de esclavos que se da cuenta de que el negocio se le está acabando y no sabe cómo continuará su carrera de comercio con el mal, habla a las claras del deteriorio de la ecología en la que sobrevivimos milagrosamente. La palabra “reprográfico”, horrísona como es, sirve al menos para desenmascarar la vileza de quienes necesitan del neologismo para justificar prácticas de egoísmo, sometimiento y explotación viejas como el mundo que, por otro lado, las nuevas tecnologías de información y publicación (Internet) han puesto en severo entredicho.
CADRA (Centro de Administración de Derechos Reprográficos, cadra.org.ar) y la Universidad de Buenos Aires (UBA), firmaron el pasado 29 de abril un convenio por el cual se otorga a la UBA con gracia regia una licencia de reproducción parcial (un 20% como máximo) de obras literarias y científicas “administradas por CADRA y protegidas por el derecho de autor”.
A cambio de la anacrónica y colonial licencia, la UBA se obliga a abonar a CADRA $ 12,72 anuales por cada uno de sus 300.000 inscriptos, lo que arroja la nada despreciable cifra de $ 3.816.000 per annum, lo que representa el 2,5 por mil del presupuesto total de la UBA para 2009: el equivalente de algo así como sesenta rentas anuales de docentes-investigadores con dedicación exclusiva, tomando el cargo de Profesor Asociado como testigo. O, si se prefiere, el 4 por ciento del presupuesto total que la UBA destina a salud (el funcionamiento de los hospitales de Clínicas, Roffo, Lanari, Vacarezza y Odontológico).


Como se conoce el estado crítico de los presupuestos de las universidades estatales, y en particular de la UBA (cuyo nivel de excelencia, sin embargo, no ha mermado), la CADRA acepta, con una generosidad tan falsa como su sensibilidad lingüística, que durante los próximos cuatro años la casa de estudios pague simbólicos $ 300.000 anuales en concepto de peaje para bobos. Al mismo tiempo, se aseguró de meter en el convenio un artículo que fija en $ 1.700 la licencia anual por fotocopiadora (cifra que los centros de estudiantes con personería jurídica deberán distraer seguramente de los fondos de becas que ofrecen y otorgan).
Que la mezquindad y la ignorancia se organicen en cámaras y centros para defender los derechos al ejercicio de la barbarie no puede sorprendernos. Que haya “informadores” que aplaudan las confabulaciones de los traficantes de información y de saber tampoco debería preocuparnos (siempre habrá una zarpa de oso detrás de cualquier manera de reina o de princesa).
Lo que preocupa realmente es que una universidad, sin consulta previa a los expertos en el tema que se cuentan en su seno, suscriba un acuerdo miserable de transferencia de recursos del sector público al sector privado, tomando como objeto una práctica caduca. El fotocopiado ya no se utiliza sino marginalmente para estimular los aprendizajes de los alumnos universitarios, hoy afortunadamente apartados de la acumulación inmunda de papeles “reprografiados” (que no aguantan el paso del tiempo y que, precisamente por eso, jamás fueron competencia para el libro), gracias a la proliferación de excelentes y democráticas bibliotecas digitales y gratuitas.
Con el acuerdo que acaba de firmar, la UBA se compromete a realizar desembolsos dinerarios por absolutamente nada, en lugar de utilizar esos dineros en reforzar las partidas más sensibles de su presupuesto de agonía.


En la práctica, es imposible saber cómo CADRA (que en junio de 2005 se pronunció en contra del movimiento denominado Open Access, Acceso Abierto) liquidará a los autores cuyos derechos pretende (falsamente) defender, el porcentaje correspondiente de las sumas millonarias que engrosarán sus arcas.
La escandalosa nota firmada por Susana Reinoso en La Nación (la última de una larga serie de intervenciones incomprensiblemente desinformadas en relación con el funcionamiento del sistema educativo en Argentina, y abiertamente a favor de los intereses sectoriales más retrógrados) establece cuáles son los autores más perjudicados por eso que ya casi nadie hace, el fotocopiado de libros.
Dejemos a los muertos descansar en paz. Que nos digan los vivos, eso sí, qué gracia les hace que sus nombres se enarbolen en relación con esta causa envenenada. Yo, como autor, desautorizo públicamente a la UBA para que entregue a CADRA cualquier suma de dinero en relación con la “reprografía” de alguno de mis libros.


Fuente Diario Perfil.