La verdad es que desde este lado de la cordillera no lo conocemos mucho a don Nibaldo, supongo que en Chile es alguien conocido.
En Partido Pirata Chile dejaron el discurso que dió cuando recibió el premio Embotelladora Andina 2010
Un párrafo sobre la labor del periodismo, muchos periodistas en la Argentina o que trabajan en los grandes medios seguro que no lo leyeron:
"Entonces: evitar pontificar. Porque el periodismo debiera estar lo más lejos posible de los pontífices: los de las religiones, la política, los negocios, la banca, el capital, la revolución, la involución, las dietas, las verdades reveladas, las ideologías, la numerología y tantos etcéteras. O sea, lejos de las certezas. El periodismo sólo se sostiene en su falta de certidumbres, en la duda permanente, en el escepticismo, en la incredulidad.
Vivir poniendo en duda todo puede, es cierto, generar angustia. Pero si no se busca el poder, la certeza mayor que te da el poder y, por consiguiente, la posibilidad del abuso –porque eso es el poder: la posibilidad de abusar–; si no se busca esa certeza, se puede vivir de lo más bien.
¿Cómo vivir en el ejercicio de la duda? Aventuro una respuesta: haciéndolo desde la sensibilidad. Sensibilidad para entender al otro. Hacer el ejercicio de despojarse de lo propio –las ideas, los odios, las fijaciones– para intentar reconocer, conocer, entender lo ajeno.
Hay, al menos, dos periodismos. Voy a dejar fuera a esa manga de serviles que, por opción (libero de culpa a los que no tuvieron alternativa), fueron útiles plumíferos de la dictadura. Siempre he sostenido que en dictadura, hacer periodismo es hacer oposición. Si yo pretendiera hacer periodismo en China, hoy, sería agente opositor (y qué bueno que el Premio Nobel de la Paz se haya otorgado a un disidente chino).
Bueno, dejando de lado esto, repito que hay, al menos, dos periodismos: Uno, el que le habla a la gente, porque piensa en la gente y siente que está al servicio de ella. Otro, el periodismo que le habla a los poderes, porque vive en ese rincón restringido y cálido –pero nunca gratis– que los poderes guardan a ese periodismo. Es un rincón un poco humillante, como esas casuchas para los perros guardianes, que te guarece de la lluvia pero que incuba pulgas y garrapatas, pero allí nunca falta el tacho con comida. Sabe mal, pero alimenta. Y, en general, engorda.
Lo que entiendo por periodismo es lo primero: el periodismo es un ejercicio de antipoder. Repartir, difundir, democratizar la información que, si es tenida en reserva por unos pocos, constituye poder. ¿No les suena acaso la figura de “uso de información privilegiada”?
Mi convicción, entonces: lejos de los poderes, que el poder corrompe. Y a más poder o más dinero, más corrupción."
En la Argentina tenemos a muchos periodistas que les hablan a los poderes ...Están en su cucha también, huelen mal, su comida sabe mal, pero están gordos...
El brillante científico de la ficción, William Gibson, reflexiona en su editorial para el NY Times sobre Google y su rol como arquitecto del futuro colectivo
William Gibson, innegablemente una de las mentes más brillantes del género literario conocido como ciencia ficción, participa como editorialista del diario New York Times. Gibson es autor, entre otras muchas obras, de Neuromancer, una profética novela de culto que inspiró a creación de obras posteriores y películas como la trilogía de Matrix. Y una semana antes del lanzamiento de su nuevo libro, Zero, ha dedicado su columna a hablar sobre Google.
El genial científico de la ficción arranca su editorial citando al director ejecutivo de Google, Eric Schmidt, cuando en una reciente y controvertida entrevista declaró: “Yo creo que la mayoría de gente no quiere que Google sea quien conteste a sus preguntas. La gente realmente desea es que Google les diga lo que deben de hacer”.
¿Pero realmente deseamos que Google nos diga lo que debemos de hacer? De acuerdo a Gibson la respuesta es afirmativa aunque con algunos matices:
La ciencia ficción nunca se imaginó a Google, pero si se imaginó computadoras que nos aconsejarían que hacer. Hal 9000 en “2001: A Space Odyssey”, siempre vendrá a la mente, su aviso, suponemos, eminentemente confíable –antes de que fallara su sistema. Pero HAL era una entidad discreta, un genio en una botella, algo que imaginabamos nos pertenecía o se nos había asignado. Google es una entidad distribuida, una membrana bidireccional, una herramienta que cambia el juego en el orden del equitativo machete de osbidiana con el que cortamos nuestro camino a través del más denso follaje de información. Google es todo esto y una corporación demasiado grande y poderosa para arrancar.
Todavía no le tomamos la medida a Google. Nunca hemos visto algo parecido y ya percibimos buena parte de nuestro a través de sus “gogles”. A todos nos gustaría mucho ser aconsejados fidedigna y sagazmente por nuestro propio geniecillo. Nos gustaría que el geniecillo hiciera el mundo más navegable y transparente. Google hace eso para nosotros_ hace que todo sea accessible para todos, y todos accesibles para el mundo. Pero vemos a todos viéndonos, y culpamos a Google.
Google no es nuestro. Lo que se siente confuso, porque somos sus proveedores de contenido no pagados, de alguna u otra forma. Generamos producto para Google, cada búsqueda es una contribución minuscule. Googles está como hecho de nosotros, una especie de arrecife de coral de mentes humana y sus prpductos. Y todavía nos detenemos ante la aseveración del Sr. Schmidt de que queremos que Google nos diga qué hacer. ¿Está diciendo que cuando buscamos recomendaciones para cenar, en cambio Google nos podría recomendar una película ? Si nuestro genio nos recomendara una película, me imagino, iríamos intrigados.. Si Google hiciera eso, me imagino, nos frenaríamos y luego iniciaríamos nuestra siguiente búsqueda.
Nunca nos imaginamos que la inteligencia artificial sería así. Imaginamos entidades discretas. Genios. Tampoco imaginabamos (pese a amplia evidencia) que las tecnologías emergentes tendrían legislación en el polvo, pero la tienen. En un mundo caracterizado por el cambio impulsado por la tecnología, necesariamente legislamos después del hecho, perpetuamente luchando para ponernos al corriente, mientras las arquitecturas centrales del futuro, cada vez más, son erigidadas por entidades como Google.
El ciberespacio, no hace mucho, era un otro-lado específico, uno que visitabamos periódicamente, asomándonos desde un mundo físico familiar. Ahora el ciberespacio sea ha extravasado. Se ha volteado de adentro hacia afuera. Colonizado lo físico. Haciendo a Google la estructura central en evolución pero no solo de la arquitectura del ciberespacio, también del mundo.
Este es el tipo de cosa que los antiguos estados nación hacían antes. Pero los estados nación no eran órganos de percepción humana. Tenían sus muchos ojos, ciertamente, pero no constituían el ojo único de toda la especie humana.
El panopticó de la prisión de Jeremy Bentham es una metáfora perenne en las discusiones de la vigilancia digital y la minería de datos, pero no le queda del todo a una entidad como Google. El ojo que todo lo ve de Bentham mira desde un punto de vista central, la mirada del guardia victoriano. En Google somos al mismo tiempo los vigilados y las células individuales de la retina de los vigilantes, no obstante de que seamos millones de nosotros, constantemente ,aunque inconscientemente, participamos. Somos parte de un superestado post-nacional , post-geográfico, uno que cómodamente le dice no a China. O sí, dependiendo en sus consideraciones de ganancias y en su estrategia. Pero no participamos en Google a ese nivel.
Mucha de la discussion del la entrevista del Sr. Schmidt se centró en otro comentario: su sugerencia de que a los jóvenes que catastróficamente exponen sus vidas privadas vía redes sociales se les podría otorgar una cambio de nombre y una identidad fresca de adultos. Esto, interesantemente, es una cuestión donde Google deja caer fichas sociales donde sea, para que sean ordenadas por legisladores lo mejor que puedan, mientras continua estableciéndose una nueva arquitectura mundial a su ritmo.
Si Google estuviera suficientemente preocupado sobre esto, tal vez la compañía debería de emitir identidades de prueba a los niños en su nacimiento, eliminándolas en la adultez. Uno podría escoger conectrase con la identidad de adulto y cambiar la identidad infantile, o no. La infancia, siendo notablemente sospechosa en un curriculum, daría lugar a una industria de proveedores de adolescencias falsas, retro insertadas por buenas cantidades de dinero, y dando empleo a una buena cantidad de escritores de ficción. Así que al menos habría algo bueno en esto.
Para estar seguros, no considero esta una idea muy realística, sin embargo el prospecto de millones de personas viviendo sis vidas en programas de protección a testigos, prisioneros de sus propios desfortunios juveniles, apela a mis glándulas kafkianas de novelista. Tampoco me da mucha tranquilidad la idea de que tendríamos que confíar en Google para que no vincule la vida del sobrio adulto con el salvaje joven, algo que el buscador, seguramente, maniobrando ya inimaginables herramientas de transparencia, podría hacer y haría.
Me imaginó que aquellos que son indiscretos en la Red continuarán sacándole provecho, mientras que cookies más aptas , embolsándose emails falsos(nyms) y cascadas de proxies (como ya hacen las cookies más aptas), avanzarán holgadamente a un futuro aún más googleable, uno en el que Google, en un nivel mayor del que ya lo hace, nos ayudará a decidir qué haremos después.
Investigadores independientes, organizaciones sociales, poblaciones afectadas y comunidades campesinas e indígenas coinciden en el mismo reclamo: la urgente realización de estudios sobre los agrotóxicos y sus efectos a corto, mediano y largo plazo. “Las corporaciones como Syngenta o Cargill, por citar sólo dos, cuentan con poder económico y lobby político suficiente para dificultar cualquier investigación que pudiera mostrar lo nefasto de este modelo agropecuario”, denuncia el Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI). Jorge Kaczewer, médico de la UBA especializado en ecotoxicología y compilador de investigaciones sobre el monocultivo de soja, completa: “Las empresas como Monsanto, Novartis y Bayer impulsan la supresión del disenso, con una influencia que parece generar en los científicos una ceguera selectiva que los hace ignorar o malinterpretar la evidencia científica”.
Con un mercado concentrado (sólo diez compañías controlan el 57 por ciento del mercado mundial de semillas) y una facturación sideral, la industria transgénica es denunciada por su poder de incidencia con quienes deben controlarla. Hasta la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos es acusada de haber cedido a sus presiones. En agosto de 2006, líderes sindicales de la EPA acusaron a las autoridades del organismo de ceder ante la presión política y permitir el uso de agrotóxicos perjudiciales. “Se corren graves riesgos en fetos, embarazadas, niños y ancianos”, denunciaban. La EPA había omitido estudios científicos que contradecían los patrocinados por la industria de los pesticidas. “La dirección de la EPA prioriza la industria de la agricultura y los pesticidas antes que nuestra responsabilidad para proteger la salud de nuestros ciudadanos”, finalizaba el comunicado.
“El Programa de Pesticidas de la EPA constituye un verdadero grupo de tareas del ‘lobby pesticida’”, asegura Kaczewer. Entre sus pruebas, exhibe un estudio del Grupo de Trabajo Ambiental de Estados Unidos, que investigó el origen de los ingresos de los evaluadores de mayor rango en la EPA y constató que, desde que comenzó el Programa de Pesticidas de ese organismo gubernamental, dos tercios de ellos recibían parte de su sueldo de entidades de la industria agroquímica.
“Existe un complejo sistema destinado a impedir la publicación de hallazgos adversos. Gigantescas empresas imponen el tipo de ciencia e investigación científica que se debe hacer. No es casualidad la ausencia de estudios toxicológicos a largo plazo ni bioensayos en aguas y suelos”, denuncia Kaczewer y cita como ejemplos locales la influencia, a través de subsidios, sobre las universidades. “Las corporaciones están comprando departamentos enteros de universidades públicas, no sólo en la parte agronómica, sino en la parte biológica, en la parte médica. Los gerentes de las multinacionales compraron firmas de científicos y la literatura del complejo de la soja está infectada de papers ridículos.”
La influencia de los agronegocios también avanzó sobre otros ámbitos. En 2003, campesinos formoseños del poblado Colonia Loma Senés denunciaron las fumigaciones con glifosato en la zona. Exhibieron sus plantaciones arruinadas, mostraron certificados médicos que confirmaban síntomas de envenenamiento y fotografías de sus animales muertos. En una inusual medida, la jueza Silvia Sevilla ordenó el cese inmediato de las fumigaciones con Roundup (nombre comercial del producto). Sentó precedente, fue la primera vez que se dictó una medida de ese tipo. Desde entonces, fue declarada enemiga de las empresas de monocultivos y comenzó un proceso de hostigamiento por parte de pares, superiores y el poder político. En diciembre de 2007 fue echada de su cargo bajo las acusaciones de “mal desempeño en el cargo”.
“Nunca me perdonaron que frenara las fumigaciones. Había ministros del gobierno involucrados, me presionaron jueces para que diera marcha atrás. Y el juicio de mi destitución fue un circo romano. La vida se me está haciendo cada vez más complicada. Me cuesta muchísimo trabajar en la profesión, los juzgados me hacen la vida imposible y debo presentar más recursos que otros abogados por los disparates que resuelven en mis causas”, afirmó Silvia Sevilla. La abogada de los campesinos denunciantes, Roxana Silva, fue categórica: “La echaron por cumplir con su deber. Todos sus fallos se ajustaron a derechos y aquí eso es un pecado. Nadie se puede meter contra el poder político y los empresarios sojeros”.
En Formosa continúan utilizando glifosato. Ningún otro juez prohibió las fumigaciones.