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jueves, 18 de abril de 2013

Rompiendo el Tabú-Sobre la legalización de la marihuana.

viernes, 8 de junio de 2012

Otros Sueños-Chico Buarque





Otros Sueños-Chico Buarque por Partido_Pirata
Otros Suenos-Chico Buarque

Lástima la hermana de Chico....

Y los sueños de Gilberto Gil...


domingo, 13 de noviembre de 2011

Educación para la Autonomía - Profesora Gilberta Acselrad








Sobre Educación para la Autonomía-Entrevista a la Profesora Gilberta Acselrad - Globo News




viernes, 17 de junio de 2011

History Channel-Historia de la Marihuana

Es un documental del mes de abril de 2011 sobre la historia de la marihuana, en youtube lo dejaorn en 5 partes, pueden descargarlo si usan firefox con Download Helper. al arvhivo con formato vlc lo puede reproducir con el programa VLC





 
 
Primera parte del documental.

Las direcciones de las otras partes del video en Youtube puede ir descargándolos con el video downhelper:
Segunda Parte
 
Tercera Parte
 
Cuarta Parte
 
Quinta Parte


martes, 14 de junio de 2011

Debate sobre la despenalización de las drogas en la Facultad de Psicología de Buenos Aires

Áudio sobre un debate sobre la despenalización de las drogas Alberto Sava (Frente de artistas del Borda), la diputada nacional Victoria Donda (Libres del sur), el director de la revista THC Sebastian Basalo y el docente Hugo Leale, realizado en la Facultad de Psicología de Buenos Aires.




Presione en play para escucharlo sin descargar o
Si quiere descargar el archivo mp3
Al debate lo transmitieron dentro del programa "Sueños Posibles", El programa se emite los lunes a las 20 hs. por  http://www.am690.com.ar/
 
Más información en el blog "La Retaguadia" 

lunes, 30 de mayo de 2011

Rompiendo el Tabú-Documental de Fernando Henrique Cardoso sobre despenalización de las drogas




 
 
Trailer del documental.


Es un documental en donde el conductor es el ex presidente de Brasil Fernando Henrique Cardoso, en portugués se llama:

Quebrando o Tabu

Todavía no se estrenó comercialmente. La idea es cuestionar la actual política represiva de las drogas en el mundo. Si está sirviendo para algo o no.



domingo, 22 de mayo de 2011

Marihuana, perejiles y otras yerbas




Sobre la marcha de la marihuana en San Pablo-Brasil.
 
El Estado Pega Mal!!

Violenta represión en San Pablo tras un acto por la legalización de la marihuana

"Anteayer, a última hora, la justicia había prohibido la movilización por entender que se trataba de “un delito de incitación” al consumo de sustancias ilegales. Los manifestantes decidieron, entonces, transformar el acto en una protesta por la “libertad de expresión”. No fue suficiente. Y el gobierno paulista decidió hacer cumplir la medida judicial con la represión policial."



Para entender un poco más lo que pasa con los efectos de la legalización de la marihuana un muy buen programa de radio sobre el tema:


¿Quién combate al narcotráfico? Mientras entre 9.000 y 12.000 personas caen anualmente presas por tenencia o consumo de drogas como la marihuana, ningún verdadero narcotraficante ha sido detenido en los últimos años.
En la Argentina existe un movimiento capaz de movilizar a 25.000 personas en 23 ciudades por una ley que despenalice esa situación, promover el autocultivo cannábico, y enfrentar al verdadero narcotráfico.

Las causas inventadas, la nueva ley en marcha, lo que pasa en las prisiones: Matías Faray y la policía psicodélica, las relaciones con la Ley Seca y Los Intocables, el fenómeno de una revista como THC, y qué pasa cuando el Estado pega mal.


Primer Bloque.


Segundo Bloque.


Descargar el programa
Para guardar los archivos, primero ingresar usuario/contraseña en la columna de la derecha. Luego, hacer click con el botón derecho y seleccionar “Guardar destino como…”
.





miércoles, 18 de mayo de 2011

Liberen a Pablo Ya!!

Fuente Argentina Indymedia.


El caso está fuera de toda norma. El juez invadió el fuero federal. No hubo pruebas de que el joven cultivaba para vender. Tampoco que las plantas tuvieran el componente alucinógeno THC.

l muchacho llegó en libertad al juicio pero luego de conocerse el fallo fue detenido y alojado en una celda de la DDI de ese distrito.

Ayer Pablo Aguirre pasó su primer días tras las rejas, después de recibir una condena de cuatro años por cultivar 12 plantas de cannabis.

El juez Federico Xavier Tuya, del Tribunal Oral Nº 6 de San Isidro, lo encontró culpable de un delito que ni siquiera puede juzgar por estar reservado a la Justicia Federal.

No había pruebas de comercialización, “Cultivaba en su casa, no en una plaza. Es un acto privado que está protegido por la Constitución nacional”, retrucó la abogada defensora, Gabriela Basalo.

“Mi hermano está entero y firme. Sabe que es inocente, que no hizo daño a nadie. Quiere llegar hasta las últimas consecuencias”, dijo ayer Estela Aguirre, quien además denunciará en el hábeas corpus al juez: “Me vino a exigir que no hablara más con la prensa si quería mejorar la situación procesal de Pablo”.

desarrollo http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-168076-2011-05-13.html



La presidenta de la Comisión de Derechos Humanos y Garantías de la Cámara de diputados, Victoria Donda, se refirió al procesamiento y prisión preventiva dictados al joven Pablo Alberto Aguirre y sostuvo que “queremos repudiar este hecho lamentable. Mientras los narcotraficantes hacen sus negocios libremente con la venia de la policía, los usuarios son perseguidos y castigados por cultivar y consumir marihuana y no entrar en la red de narcotráfico para obtenerla”.
ver al respecto http://www.politicaymedios.com/politica/_La_policia_es_el_socio_mayor_del_narcotrafico__20101020221634.php?ver=todos
“Repudiamos un nuevo encarcelamiento injusto”, expresó Victoria Donda al enterarse de la detención de un joven que poseía doce plantas de marihuana para consumo personal.


esclavos del narco nunca mas!
Juntada de firmas virtual por la liberacion de Pablo
http://www.juntafirmas.com/index.php?seccion=individual&id=43

Hasta la victoria, siembren!
Despenalizacion YA!



domingo, 8 de mayo de 2011

Sobre la Marcha por la Legalización de la Marihuana.



Fuente Página 12.


Autocultivo y autolegalización

De Plaza de Mayo a Congreso, con diputados y legisladores presentes, dieron por muerta la actual Ley de Drogas y exigieron que se despenalizara el consumo de una vez. Las posiciones más duras de los “autolegalistas”

Por Emilio Ruchansky
Quince mil o doce mil. Por esos números andaba el regateo entre los organizadores de la Marcha Mundial de la Marihuana y los periodistas. Nadie dudó de las cinco cifras: al menos 10.000 personas marcharon ayer desde Plaza de Mayo hasta el Congreso nacional al grito de “¡autocultivo!”. El acceso legal a semillas de cannabis, el derecho a su cultivo y cosecha para uso personal, y el expendio legal para uso médico fueron las principales consignas. Hubo políticos y militantes de diversas fuerzas políticas que se sumaron al pedido de despenalización de la tenencia de drogas para uso personal y la tenencia simple, dos figuras “que violan el principio de inocencia y permiten apresar a usuarios y distraer la persecución de los narcos”, como lo explicó el diputado nacional de Proyecto Sur Claudio Lozano.
Durante la concentración se fumó y se compartió cosecha bajo el cálido sol otoñal que iluminaba la Casa Rosada. Entre los manifestantes y los cientos de vendedores ambulantes y manteros que los rodeaban, se instaló una radio abierta para difundir el reclamo por un urgente tratamiento legislativo. Allí, una de las autoras del proyecto de ley que el activismo cannábico apoya, la diputada nacional Victoria Donda, dijo que hoy “no te pueden llevar preso si fumás uno y se termina antes de que llegue la policía, pero si tenés tres porros en el bolsillo sí”. “¿Entonces uno siempre le tiene que pedir a otro para fumar?”, observó Lozano.
Además de Donda y Lozano, estuvieron las diputadas Liliana Parada y Cecilia Merchán y las legisladoras porteñas Laura García Tuñón y María José Lubertino. Esta última habló más tarde sobre el escenario en el Congreso, facilitado por el Instituto Nacional contra la Discriminación: “La sociedad tiene que entender que esta es una discusión trascendental contra los dinosaurios. Tenemos que llevar adelante una nueva ley para que los adultos puedan decidir sobre su propio cuerpo”, arengó la legisladora kirchnerista. No hubo dirigentes del radicalismo ni el socialismo ni el GEN, tres partidos que enviaron proyectos de despenalización al Congreso.
Más allá del pedido por una nueva ley, pudo verse un nutrido grupo de activistas que sostienen el “legalícelo usted mismo” como estrategia. Son incipientes asociaciones como el Quilmes Cannabis Club. “Yo enseño a cultivar desde hace 11 años –aseguró un señor de ese club apodado ‘Dedos Verdes’–, y hace 35 que planto. A los socios les exijo que dejen de comprar. Después insisto con que dejen el paco, la cocaína. Y lo digo por experiencia, a mí ya no me quedan dientes y tuve cinco infartos.”
Dedos Verdes es un precursor del compostaje a partir de lombrices californianas y de la búsqueda de mejores genéticas de cannabis. “Somos 30 en el club, pero si chiflamos vienen 100”, comentó el experimentado cultivador. Hay clubes como el suyo en el norte del conurbano bonaerense y también al oeste. Y más lejos aún, como lo confirma Matías Lobito, que tomó un micro a las 2.30 junto a cuatro amigos y viajó 600 kilómetros para marchar. En Coronel Suárez, su ciudad, nadie sabe que una vez a la semana un grupo de 20 personas se juntan para intercambiar información sobre sustrato, esquejes, plagas y variedades de cannabis.
“Cinco mil años de uso y ninguna muerte”, decía la bandera que sostuvieron Lobito y sus amigos. “Yo daría la cara, no tengo problema. El tema en el pueblo es la ignorancia, la de la gente que nos persigue y también la nuestra sobre cómo defendernos”, dijo el joven. El futuro, agregó, es incierto pero prometedor: “Nos gustaría formar una asociación, pero primero vamos a ver cuánta gente podemos sumar. Empezamos recién este año, pero hasta ahora no se bajó nadie”.
Al lado de Lobito, un grupo de activistas de Monte Grande se mofaba de la falta de espacio para cultivar en las ciudades. “Nosotros sembramos a cielo abierto y sacamos plantas de más de 4 metros y casi no tenemos plagas”, decía Martín, quien tenía “razones de peso” para pedir preservar su identidad. En la cabecera de la marcha varios diputados se sumaban al canto: “¡El que no salta no fumó!”. Al llegar al cruce de las avenidas de Mayo y 9 de Julio, una manifestante que bien podría haber salido de una clase en la facultad le gritó a un automovilista: “Defendemos derechos constitucionales”. Al rato volvió a la carga: “Cortá con la bocina, ¡careta!”.
Hubo, por decisión propia, pocas banderas partidarias. Salvo las del Partido Comunista y el Partido de los Trabajadores Socialistas, que llevaron estandartes. Algunos manifestantes caminaron sosteniendo los carteles que servían para unificar esas columnas, aunque no adhirieran a los partidos. Es que esos carteles contenían sus argumentos: “Despenalizar el consumo es combatir el narcotráfico”, por ejemplo. “Yo no soy comunista, pero acá no venimos a defender ideologías, sino ideas”, aclaró un joven encolumnado detrás del bandera del PC.
Esta marcha se replicó en otras 22 ciudades argentinas. En Córdoba, según los organizadores locales, hubo 2500 personas; en Rosario 3000. Al cierre de esta edición, no se informó de detenciones en ninguna de las manifestaciones. El acto de cierre, en la Plaza del Congreso, sobre un trailer, hablaron Lubertino, Donda y el abogado Joe Stefagnuolo, quien estimó que “la ley de drogas murió y hay que sancionar una nueva para salvar vidas”. También hablaron los activistas Juan Pablo Felipponi de Acaba y Matías Faray, del Club de Cannabicultores del Oeste.
Faray salió de la cárcel hace una semana, luego de pasar 15 días por cultivar. Emocionado, afirmó: “La sociedad nos aceptó, saben que no somos delincuentes pero tienen que evolucionar los que están acá atrás (y señaló la Cámara de Diputados)”. Luego insistió: “Nosotros con el autocultivo combatimos más el narcotráfico que la policía y la Justicia. Sigan cultivando, no se bajen de la ola, que todavía falta”.
 Fuente Página 12.








Fernando Henrique Cardoso, ex presidente de Brasil hablando sobre despenalización de la marihuana. Presionen donde dice CC (en fondo rojo) para ver los subtítulos en español.


viernes, 6 de mayo de 2011

Para fumarse los prejuicios


Viejas Locas-Legalicenlá.


Fuente Página 12.


Para fumarse los prejuicios

Se realizará en 23 ciudades argentinas en simultáneo con las que se organizaron en otros 40 países. La concentración será en Plaza de Mayo y de allí marcharán al Congreso. Reclaman la despenalización y la derogación de la tenencia simple.

Por Emilio Ruchansky
La Marcha Mundial de la Marihuana, que mañana se hará simultáneamente en más de 40 países de los cinco continentes, convocará a miles de usuarios, cultivadores y activistas de 23 ciudades argentinas. Al igual que el año pasado, en Buenos Aires habrá una concentración en la Plaza de Mayo desde las 13 y dos horas después una caminata hasta al Congreso. Allí estará el escenario, donde distintos oradores como el activista Matías Faray, quien acaba de pasar 15 días preso por cultivar, o la diputada nacional Victoria Donda, autora de un proyecto para reformar la ley de drogas, exigirán un urgente tratamiento parlamentario del tema “para terminar con la represión y la discriminación”, dijo Faray.
Entre las demandas de usuarios y cultivadores está la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal, declarada inconstitucional por un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y también la derogación de la figura de “tenencia simple”. Por esta figura, se castiga con penas de prisión de uno a seis años la posesión de drogas o de plantas, sin necesidad de que se averigüe la finalidad de la tenencia, es decir, si es para uso personal o para venta. “Esto es claramente inconstitucional, porque viola el principio de inocencia”, explicó a este diario Sebastián Basalo, director de la revista THC, que coordina la marcha en Argentina.
El Plan Nacional de Atención de las Adicciones –público, universal y gratuito– también será reclamado ya que, según informan los organizadores, el proyecto perdió estado parlamentario pese a su aprobación mayoritaria en la Cámara de Diputados. Este proyecto obligaba a todos los hospitales públicos a tener salas especializadas, con personal capacitado, para solucionar problemas derivados del uso de drogas. Además, en la marcha se impulsará la discusión por los fines medicinales de la marihuana, que en Canadá, Suiza y algunos estados de Estados Unidos sirvió como argumento para legalizar la producción y venta legal de cannabis.
El titular de la flamante Asociación Cannábica Buenos Aires (Acaba), Juan Pablo Felipponi, explicó a Página/12 que la marcha servirá para “preponderar el consumo responsable, desmitificando que todo consumo es problemático”. Acaba brinda charlas sobre aspectos legales y también sobre las ventajas del vaporizador, una forma de ingesta recomendada para reducir los daños derivados de fumar para el consumo de esta planta. “Planeamos entregar los papeles necesarios para conseguir personería jurídica y convertirnos en la primera agrupación argentina de este tipo con estatus legal”, agregó.
Este año la actividad contará con el apoyo del Instituto contra la Discriminación (Inadi), a través de su Red de Usuarios, y la presencia del titular del organismo, Claudio Morgado. Además, diputados y legisladores porteños de varios partidos prometieron asistir a la marcha. “Se puede tratar la ley, no es un cuco para las elecciones. Casi todos los partidos presentaron proyectos de despenalización y sabemos que esto ayuda a combatir el narcotráfico en serio”, aseguró ayer la diputada Donda. En la lista de ciudades argentinas, que puede consultarse en www.gmmargentina.com.ar, está Rosario, donde la marcha es convocada por la asociación Arec, que llevó la discusión a los foros académicos; en Córdoba la actividad estará encabezada por Cogollos Argentinos, entidad especializada en los usos terapéuticos de la marihuana. Según comentaron varios organizadores a este diario, en cada ciudad se dio aviso a la policía y se tramitaron los permisos necesarios para utilizar lugares públicos, además de convocar a la prensa “por las dudas”.
“En la última marcha en Buenos Aires, la policía acompañó a las ocho mil personas que vinieron. Y no hubo un solo detenido”, refirió Basalo, uno de los coordinadores de la actividad. En 2008, cuando todavía no había un proyecto de ley apoyado por la militancia cannábica, como ahora el de las diputadas Donda y Cecilia Merchán, más de 40 personas fueron detenidas alrededor de los bosques de Palermo, donde la protesta pasaba por una concentración, con recitales y charlas incluidas.
El contexto, según las fuentes consultadas, es favorable porque circula más información y hay menos prejuicios. El caso de la actriz Sofía Gala lo demuestra, comentó Felipponi. La joven fue fotografiada mientras armaba un porro en un recital y su madre, Moria Casán, contó que sabía que su hija fumaba y afirmó que ella también lo hacía. “Los prejuicios se borraron puerta adentro y puertas afuera también”, aseguró el titular de Acaba,


viernes, 29 de abril de 2011

7 de mayo -Marcha Mundial de la Marihuana

¡DESPENALIZACIÓN YA!
NO A LA TENENCIA SIMPLE

Por la urgente derogación de la tenencia simple de drogas y el cultivo, el único modo
de terminar con la criminalización, discriminación y maltrato a los usuarios.
Por un plan nacional de atención de las adicciones público, universal y gratuito.
Por el reconocimiento de los derechos
de los usuarios medicinales de marihuana.

Lugares de la Marcha en la Argentina.



ley propuesto por su bloque parlamentario, para la futura reforma de la ley de drogas.




A Matías lo largaron pero debe haber muchos en cana...La historia:

Matías Faray, activista por los derechos de los usuarios de marihuana en Argentina, preso desde el 14 de abril por cultivar su propias plantasDetrás de la recepción de la Comisaría Nº2 de Villa Tesei hay un pasillo de no más de un metro de ancho. Al final del pasillo, hay una reja que permanece cerrada. Detrás de la reja hay un corredor por el que se accede a los calabozos. En cada calabozo, entre un centenar de cucarachas, conviven cuatro personas. En medio de uno de estos grupos, en un rincón, está Matías, detenido hace diez días por plantar marihuana en su balcón. Espera ver entrar a su abogada con una docena de facturas y varios papeles con los que le explicará cómo encarar la difícil tarea de enfrentarse a los vericuetos de un Estado que lo puede condenar a 15 años de prisión. Del otro lado de las rejas, lo esperan un trabajo ya en riesgo y una madre que padece una enfermedad terminal y a quien Matías ayuda económicamente.Matías Faray es un hombre de 32 años que no sólo cultiva la marihuana que fuma en la intimidad de su hogar una vez vuelto de la zapatería que tiene a cargo hace diez años. Matías es además una persona pública. Hace dos años apareció abrazado a Elba, su madre, en las páginas de la revista THC (Nro. 14) donde ahora escribe. Allí contó el arduo trabajo que le tomó convencerla de que fumar marihuana no lo hacía un criminal y que, para evitar consumir una sustancia de origen desconocido, cultivarla era la salida más saludable y, políticamente, más adecuada para combatir el narcotráfico al que tanto padres como hijos se oponen.Más allá de la paz conquistada, Matías decidió que tenía que hacer algo más para terminar con la clandestinidad a la que son condenados tanto él como los más de un millón y medio de usuarios de marihuana en Argentina. Y empezó por su barrio, en el que fundó la Agrupación de Cannabicultores del Oeste (ACO), un grupo de usuarios y cultivadores de marihuana reunidos con un mismo objetivo: compartir información, protegerse de la persecución estatal y luchar para que no se los mande más presos por plantar marihuana.En mayo del año pasado, formaría parte de la organización de la Marcha por la despenalización en Buenos Aires, donde daría un discurso contundente frente a los más de ocho mil manifestantes que se congregaron en las puertas del Congreso Nacional. “¡Cultivemos, no compremos más! ¡Dejemos de alimentar el narcotráfico!”, arengó desde la tarima, y les reclamó a los legisladores la urgente despenalización de la tenencia de drogas y el cultivo, para que la lucha estatal se centre en frenar el narcotráfico y ya no en esposar a los usuarios.Hace unos meses, el reconocimiento social de Matías lo llevó al programa de televisión de Víctor Hugo Morales. Esta vez, explicó nuevamente cómo y por qué cultiva marihuana, abriendo amablemente la puerta de su casa y su cultivo a un público masivo, puertas que la Justicia argentina prefirió patear sin dignarse a tocar el timbre. Apenas minutos después de las 19 horas del pasado jueves 14 de abril, la Policía Bonaerense irrumpió en el departamento que Matías comparte con su novia en el barrio de Villa Tesei, con una orden de allanamiento en la que se lo acusaba de incurrir en el delito de “siembra, cultivo y guarda de semillas para producir estupefacientes”, penado con 4 a 15 años de prisión. Bastó con una denuncia anónima de un vecino y un par de fotos que la policía tomó de las plantas que tenía en su balcón.El resultado del operativo fue el secuestro de 25 plantas y plantines de marihuana y poco más de un kilo de cogollos secos listos para hacerse humo, lo suficiente para llevarlo detenido por el delito que se le imputaba. Y ya que estaban, se llevaron un revólver calibre 22 que Matías no registró en el Renar y por el que ahora enfrenta también una acusación por “tenencia simple de arma civil”. Al otro día, el Ministerio de Seguridad bonaerense, a cargo de Ricardo Casal, emitió un comunicado a todas las redacciones de los periódicos anunciando que Matías cultivaba marihuana en su departamento “para su posterior comercialización”, a pesar de que no habían encontrado ningún indicio de comercio en el allanamiento, algo que los propios fiscales corroboraron a la hora de confirmar la carátula como de simple “cultivo”.Esa misma tarde, al prestar declaración, Matías repitió lo mismo que ya les había contado a lectores, manifestantes y televidentes. Sin poder mirarlo a los ojos, los fiscales debieron escuchar las casi dos horas en las que Matías les contó lo mucho que le gusta fumar faso, los beneficios medicinales de la marihuana y, sobre todo, de la que él mismo cultiva, algo que le permite dejar de alimentar el mercado negro pero que la Ley de Drogas vigente, en defensa de los intereses de los que trafican, prohíbe. Pero fue en vano. Minutos antes de oír su declaración, como suele ocurrir en la Justicia bonaerense, ya habían ordenado su detención, por lo que lo volvieron a esposar y lo mandaron de regreso al calabozo.La defensa de Matías presentó de inmediato un pedido de excarcelación, pero la jueza de Garantías de Morón Mónica López Osornio, la misma que en 2002 le otorgó al sacerdote pedófilo Julio César Grassi el beneficio de cumplir la prisión preventiva en su casa, entendió que como el delito que se le imputa por “sembrar o cultivar” plantas de marihuana tiene una pena mínima de 4 años de prisión, formalmente Matías debía quedar detenido. A pesar de sus declaraciones públicas y judiciales, todavía debe demostrar “inequívocamente” que es un usuario para que le puedan cambiar la carátula a “cultivo para consumo personal”. Hace algunas horas, la jueza López Osornio acaba de dictarle la prisión preventiva a Matías, que en las próximas horas deberá ser trasladado a un penal bonaerense.El caso de Matías es solo uno de los miles que ocurren anualmente en nuestro país. Poco les debe importar a algunas personas que la despenalización de la tenencia de drogas haya pasado de ser un pedido a una deuda de la democracia y que quienes se oponen a ellas terminen siendo cómplices del narcotráfico. Independientemente de esta intolerancia, tienen que enterarse que lo que nuestra ley de drogas está poniendo en juego en estos casos es algo tan esencial como los derechos humanos. Liberen a Matías ya.

Discurso de Matias en la Marcha de la Marihuana 2010


sábado, 12 de febrero de 2011

Otra víctima de la ley de estupefacientes

Torturas a preso en Mendoza.

Si quieren verlo en Youtube.


¿Qué fue lo que hizo para que lo torturaran así?

“Tenía muy buen comportamiento –explicó Sánchez–, pero un día que lo visitó su madre se olvidó los lentes. El guardia los pisó y los rompió, y él muy molesto reaccionó.” A William Sánchez lo molieron a palos. Las imágenes del video confirman la brutalidad y perversión, siempre tan difícil de aceptar si se presenta sólo en palabras. Pero a esa altura, en junio de 2010, esas imágenes estaban guardadas en el celular de su dueño. Los golpes dejan marcas y terror, y para que desaparezcan unas y se pueda habituar al otro: a William lo encerraron quince días en un buzón de castigo. Como en las cárceles nada es porque sí y tiene su explicación, la estancia en el buzón fue pasada con un parte de mala conducta que la justificara."




Otra víctima de la ley de estupefacientes

Por Horacio Cecchi

Además de que su imagen dio la vuelta al mundo mientras un grupo de penitenciarios lo torturaba contra una pared, de rodillas, esposado y de espaldas, William Vargas González se transformó en una fotografía de los resultados de la guerra santa contra la droga, perejiles y consumidores. Detenido y acusado por tenencia y comercialización de drogas, que jamás le pudieron probar, pero con pesadas condenas a futuro como si se tratara de un narcotraficante, llegó al juicio abreviado donde logró demostrar que los siete plantines de marihuana que le encontraron no estaban destinados a la venta. Inocente para la Corte Suprema pero culpable para la ley, fue condenado a tres años no por fumar ni por vender ni regalar marihuana, sino sólo por tenerla. La llaman tenencia simple, pero es la más complicada. Como morocho pobre, William conoció la tortura en su resocialización carcelaria, luego de ser condenado por tenencia para nada.

En septiembre de 2009, William Vargas González, habitante de la zona rural de Maipú, Mendoza, fue detenido bajo la pesada acusación fiscal federal de tenencia de estupefacientes con fines de comercialización. En su futuro más cercano y oscuro pintaban como mínimo cuatro años con un horizonte que superaba los diez. “Lo venían siguiendo, le habían puesto escuchas telefónicas, lo vigilaban”, describió su abogado Raúl Sánchez a este diario. ¿Por qué lo vigilaban? Algún vecino habrá visto más de una planta de marihuana. Efectivamente, cuando allanaron su casa le encontraron siete plantines y unos 50 gramos de picadura de marihuana. De un fugaz análisis lo imputaron de tenencia para la comercialización, la parte más dura de la Ley 23.737, con condenas de hasta quince años. No es excarcelable.

Quedó detenido en la moderna unidad de la calle San Felipe, construida a espaldas de la tenebrosa cárcel de Boulogne durante el período de vigilia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En septiembre de 2010, antes de llegar a juicio, y como llevaba un año preso, logró acceder al juicio abreviado, ese curioso sistema que –por desidia judicial o falta de fondos del Ejecutivo– lleva al inocente a aceptar el mal menor, confesarse culpable y recibir una condena más suave que pelear por su inocencia en un juicio tres o cuatro años más tarde.

William llevó pruebas de su inocencia, la fiscalía no pudo probar que comercializaba y se negoció el resultado. ¿Cuál? ¿La absolución por inocente? Jamás. La fiscalía tenía una prueba de nada, irrefutable: los plantines de marihuana, que no ocupaban tres hectáreas, sino un angulito de tierra, y que tampoco habían sido secados, picados, desmenuzados y encendidos para fumar. Pero allí estaban, irrefutables y reconocidos por el transgresor. Tres años parecía el resultado de una buena negociación.

“Es la parte más absurda de la ley, porque se castiga la tenencia simple –sostienen los expertos que siguen la lectura de la Corte Suprema al aplicar una mirada sanitarista y despenalizadora sobre consumidores y perejiles–. Si la usara para consumo sería atenuante, y si la comercializara, sería agravante. Si sólo la tiene es tenencia simple.” En los tratados del derecho más moderno, una figura que tiende a ser desterrada, porque castiga la peligrosidad, que es hipotética y moral.

Condenado a tres años y con un año cumplido en prisión, el abogado Raúl Sánchez pidió para su defendido la excarcelación. “Con penas menores a tres años, la condicional corresponde a los 8 meses de detenido, si tiene un buen informe de conducta de parte de los penitenciarios.” Fue lo que le faltó a William. Es decir, lo tuvo, pero se le cayó. “Tenía muy buen comportamiento –explicó Sánchez–, pero un día que lo visitó su madre se olvidó los lentes. El guardia los pisó y los rompió, y él muy molesto reaccionó.” A William Sánchez lo molieron a palos. Las imágenes del video confirman la brutalidad y perversión, siempre tan difícil de aceptar si se presenta sólo en palabras. Pero a esa altura, en junio de 2010, esas imágenes estaban guardadas en el celular de su dueño. Los golpes dejan marcas y terror, y para que desaparezcan unas y se pueda habituar al otro: a William lo encerraron quince días en un buzón de castigo. Como en las cárceles nada es porque sí y tiene su explicación, la estancia en el buzón fue pasada con un parte de mala conducta que la justificara.

“El sistema carcelario de calificación es de lo peor –explicó Sánchez–. Se puede tener conducta muy buena o excelente, pero si hay una sanción se pasa de golpe a pésima. Para volver a buena, que es la que se exige para una condicional, debe subir tres escalones, de pésima a mala, a regular y a buena. Cada escalón dura tres meses.” Los jueces rechazaron el pedido del abogado y William siguió preso por el delito de tener para nada. Sus torturadores no tenían demasiado que temer. Un celular jamás había caído en manos de abogados como prueba de la resocialización carcelaria.

http://horaciocecchi.wordpress.com




domingo, 7 de noviembre de 2010

Vargas Llosa y la legalización de la droga

Fuente CNN México.

(CNNMéxico) — A pesar de las "astronómicas" sumas invertidas y la gigantesca movilización de efectivos para combatir el narcotráfico, el mercado de la droga sigue extendiéndose por el mundo a través de cárteles cada vez más poderosos en dinero y en estrategia militar, como se está viendo en México, opina el premio nobel de literatura 2010, Mario Vargas Llosa.

El presidente Felipe Calderón decidió enfrentarse, "con el Ejército como punta de lanza, a los jefes narcos y sus pandillas de mercenarios que pueden combatir de igual a igual, gracias a su poderío, con estados a los que tienen infiltrados mediante la corrupción y el terror", escribe en su columna Piedra de Toque, este domingo, a propósito de que California rechazó cultivar y consumir de manera legal la marihuana en un referéndum el 2 de noviembre, 57% contra 47% de los votos.

Vargas Llosa considera que la decisión de los ciudadanos de esta entidad, que hace frontera con el norte de México, fue una decisión equivocada.

"Habría sido un paso importante en la búsqueda de una solución eficaz del problema de la delincuencia vinculada al narcotráfico que, según se acaba de anunciar oficialmente, ha causado ya en lo que va del año en México la escalofriante suma de 10,035 muertos", expone el Nobel en la columna que publica el diario El Comercio, de Perú.

Son más de 28,000 muertos relacionados con el crimen organizado desde diciembre de 2006 —cuando asumió la presidencia Calderón— a junio de 2006, de acuerdo con cifras del gobierno mexicano.

"Los millones de electores californianos que votaron por la legalización de la marihuana son un indicio auspicioso de que cada vez somos más numerosos quienes pensamos que ha llegado la hora de cambiar de política frente a la droga y reorientar el esfuerzo, de la represión a la prevención, cura e información, a fin de acabar con la criminalidad desaforada", dice el ensayista y novelista.

Vargas Llosa critica que la lucha contra las drogas esté centrada en combatir los cárteles, grupos que pueden pagar mejores salarios que el Estado y de este modo "neutralizar o poner a su servicio a diputados, policías, ministros, funcionarios, financiar campañas políticas y adquirir medios de comunicación que defiendan sus intereses". En lugar de esto, propone una estrategia de salud pública y un camino que lleve a la legalización, una tarea —reconoce— nada sencilla.

"En un primer momento, como señalan sus detractores, traerá sin duda un aumento del consumo, sobre todo, en sectores juveniles. Por eso, la descriminalización solo tiene razón de ser si viene acompañada de intensas campañas informativas sobre los riesgos y perjuicios que implica su consumo, semejantes a las que han servido para reducir el consumo del tabaco en casi todo el mundo, y de esfuerzos paralelos para desintoxicar y curar a las víctimas de la drogadicción", señala.

"Pero el efecto más positivo e inmediato será la eliminación de la criminalidad que prospera exclusivamente gracias a la prohibición. Como ocurrió con las pandillas de gángsteres que se volvieron todopoderosas y llenaron de sangre y de muertos a Chicago, Nueva York y otras ciudades norteamericanas en los años de la prohibición del alcohol".

Vargas Llosa cita al columnista Nicholas D. Kristof del diario The New York Times, donde se afirma que la prohibición de la marihuana es la principal responsable de la multiplicación de pandillas violentas y cárteles que controlan la distribución y venta de la droga en el mercado negro. "La posibilidad de ganar dinero rápido delinquiendo resulta un atractivo irresistible para muchos jóvenes pobladores de los guetos negros y latinos, ya muy golpeados por el desempleo".

"No parece muy lógico ni coherente que si esta es la política que siguen todos los gobiernos en lo que concierne al tabaco y al alcohol, no la sigan también en el caso de las drogas, incluidas las drogas blandas, como la marihuana y el hachís, pese a estar más que probado que el efecto pernicioso de estas últimas para la salud no es mayor, y acaso sea menor, que el que producen en el organismo los excesos de tabaco y de alcohol", reflexiona el autor de La Fiesta del Chivo y El sueño del Celta, su nuevo libro.

"No tengo la menor simpatía por las drogas, blandas o duras (…) Es peligrosísimo que el Estado empiece a decidir lo que es bueno y saludable y malo y dañino, porque esas decisiones significan una intromisión en la libertad individual, principio fundamental de una sociedad democrática. Por ese camino se puede llegar insensiblemente a la desaparición de la soberanía individual y a una forma encubierta de dictadura. Y las dictaduras, ya lo sabemos, son infinitamente más mortíferas para los ciudadanos que los peores estupefacientes".




Bueno...En algo tengo que estar de acuerdo con Vargas Llosa...


viernes, 29 de octubre de 2010

"La guerra contra las drogas no funciona. Hay que cambiar la receta"


Fuente "El País" de España.

El ex presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso (Río de Janeiro, 1931), defiende la despenalización del consumo de drogas. Junto con los ex presidentes de México y Colombia Ernesto Zedillo y César Gaviria, respectivamente, sostiene el proyecto de Declaración de Viena, que exige poner fin a la actual estrategia prohibicionista que está causando estragos sociales y fomentando la epidemia del sida. La declaración se presentará este mes en el congreso internacional sobre sida, que se celebrará en la capital austriaca. Cardoso, integrante de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, aboga, en una entrevista telefónica, por un cambio radical en la estrategia antidrogas.

Pregunta. Defiende la despenalización del consumo de estupefacientes. Podría haber defendido esta postura cuando fue jefe de Estado.

Respuesta. Yo no era tan consciente como hoy, pero sí tenía la sensación de que había que buscar otro camino. Sigue muriendo gente, el consumo está en expansión y la producción aumenta con ganancias enormes. De acuerdo con los demás signatarios de la declaración de 2009 de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia, estoy convencido de que con la represión no se está disminuyendo el daño, sino aumentándolo. Es el momento de plantear un nuevo enfoque. Es necesaria una estrategia más consistente para disminuir el consumo de estupefacientes.

P. Los defensores de la represión del consumo de drogas argumentan que sustancias legales como el tabaco y el alcohol son las que más víctimas causan. Y que donde el alcohol está prohibido, como en algunos países árabes, el porcentaje de alcohólicos es mínimo.

R. Es una cuestión cultural. Imagínese que en países occidentales se utilizaran métodos tan duros contra quienes beben alcohol, consumen drogas o cometen adulterio. Es inconcebible. Y hay otros países que tienen una noción de la libertad individual muy fuerte, como Holanda. Allí se acepta que el que quiera drogarse, que se drogue. En países como Brasil no sería posible. No podemos dar una receta, pero lo que se está haciendo, la guerra contra las drogas, tampoco funciona.

P. ¿Qué se puede hacer entonces?

R. Lo más importante es abrir un debate y no delegar este difícil asunto a la policía, cerrando los ojos a un problema que está contaminando toda la sociedad y que llega a poner en jaque la democracia. Hay que dar prioridad a disuadir al consumidor para quebrar la cadena. Invertir tanto en combatir la producción no conduce a nada. Fíjese en el caso de Afganistán, donde el cultivo de opio no hace más que expandirse.

P. ¿Aboga también por la legalización de la producción y el comercio de estupefacientes? Despenalizar solo un eslabón de la cadena es contradictorio.

R. Desde el punto de vista político o cultural no lo es. Si legalizamos la producción estamos indicando que es aceptable el uso de la droga, y yo no creo que lo sea. Uno podría preguntarse por qué se acepta la producción del alcohol. Estados Unidos tuvo la experiencia de la prohibición y no resultó. No es un tema sencillo.

P. ¿Qué países aplican modelos acertados?

R. Un modelo positivo se ve en Portugal, donde al drogadicto se le brindan oportunidades de recuperarse, en lugar de sancionarlo. En Brasil el usuario no está condenado a ir a la cárcel, pero la ley no ha sido bien definida y no se sabe bien dónde empieza el consumidor y termina el traficante. Ahora se ha puesto en práctica un sistema de policía pacificadora que en las zonas calientes están contribuyendo mucho a reconocer y proteger a los adictos. Brasil está avanzado. La gente del Gobierno actual, que no es de mi partido, tiene en este tema una posición mucho más acorde a la mía.

P. El contagio de sida por inyección de drogas ha disminuido en Europa Occidental. Tampoco es un tema crucial en el continente americano o africano. Solo está aumentando en Asia Central y Europa Oriental. ¿Por qué tiene tanto peso en el congreso internacional sobre el sida la Declaración de Viena, que reclama un enfoque científico en la estrategia antidrogas?

R. Hay una conexión entre estos dos grandes problemas de salud pública, que coinciden en ser tratados según una mentalidad demasiado autoritaria. No se puede encarcelar a los enfermos de sida, como se hace en EE UU, metiendo en la cárcel a los usuarios de drogas.

FE DE ERRORES

- La frase "Donde se prohíbe el alcohol, la tasa de alcohólicos es mínima" que recoge uno de los destacados en la entrevista publicada ayer en Sociedad con Fernando Henrique Cardoso no es suya, sino de la entrevistadora.

Fuente "El País" de España.

El domingo plebiscito en California-Legalización de la Marihuana!!


Fuente Página 12.

Tras aportar un millón de dólares a los promotores de la legalización en el plebiscito que el martes se celebra en California, Soros opinó que “la única forma de reducir el delito, la violencia y la corrupción narco es legalizar la marihuana”.

A una semana de que en el estado de California se plebiscite por primera vez la legalización de la producción y venta de marihuana para mayores de 21 años, el multimillonario inversor George Soros hizo su aporte al debate, como cuando se trata de eventos relacionados con la reducción de daños para usuarios de drogas. Donó un millón de dólares a quienes promocionan la aprobación del plebiscito y expresó que está a favor de la legalización y fiscalización impositiva del cannabis en todo Estados Unidos, porque “permitiría ahorrar miles de millones en costos de aplicación de la ley y encarcelamientos”. Soros también aseguró, y está históricamente probado, que la prohibición de la marihuana en su país adoptivo se basó en prejuicios racistas, contra los afroestadounidenses y mexicanos, principalmente.

Los argumentos del multimillonario fueron publicados ayer en un artículo de opinión en The Wall Stret Journal. Las leyes contra la marihuana, señaló, “hoy hacen más daño que lo que aportan de bueno, ya que no han logrado prevenir que sea la sustancia ilegal más consumida en Estados Unidos y en otros países”. La situación carcelaria, agregó, ya refleja el fracaso del prohibicionismo: las fuerzas de seguridad detienen cada año a unas 750 mil personas por tener pequeñas cantidades de marihuana. “Esos arrestos suponen el 40 por ciento de todos los relacionados con (la persecución del) narcotráfico”, detalló Soros.

Por otra parte, el financiero estadounidense explicó que la represión de la tenencia de marihuana para consumo personal posibilita “desigualdades raciales” y, en ocasiones, violaciones de las libertades civiles. “Los afroamericanos no usan la marihuana más que otros estadounidenses, pero son detenidos tres, cinco o incluso diez veces más, según la ciudad, que los demás por su posesión”, argumentó Soros.

Para muchos jóvenes verse atrapados por el sistema de justicia criminal “es más dañino que la misma marihuana”, escribió el empresario, al referirse al registro de antecedentes criminales en el que quedan inscriptos por llevar a cabo lo que no implica un daño a terceros sino una elección personal e íntima. Los mayores beneficiarios de la situación actual, aseguró Soros, “son las organizaciones criminales de México y otros lugares que ganan miles de millones de dólares con ese comercio ilegal y que perderían rápidamente esa ventaja si la marihuana fuera considerada un producto legal”.

Desde el 2006 hasta ahora, la guerra contra el narcotráfico en México, según las estadísticas del gobierno de Calderón, ya provocó 30 mil muertos en ese país (en 2009, hubo 9635), principal proveedor de drogas sintéticas y de diseño en Estados Unidos, ya que la marihuana sigue exportándose, pero hubo un crecimiento record de los cultivos indoors, o bajo techo, en Norteamérica. Para Soros, la única forma de reducir “los delitos, la violencia y la corrupción que genera el narcotráfico” es legalizando la marihuana, como en su momento se hizo con el alcohol.

Soros también explicó que la prohibición del cáñamo y sus derivados, que en Estados Unidos se produjo entre 1915 y 1933, según los estados, “no se basó en la ciencia o en la salud pública, sino en los prejuicios y la discriminación en contra de los inmigrantes de México, que la fumaban”. El empresario propuso, además, como política pública “invertir en una educación más efectiva” entre los jóvenes para prevenir el abuso de las sustancias, ya que “las detenciones y encarcelamientos son inefectivos”.

Los argumentos que presentó el magnate para legalizar el cannabis son similares a los que llevaron, según él, “a la Comisión Latinoamericana sobre la Democracia y las Drogas, integrada por los ex presidentes Fernando Henrique Cardoso, de Brasil; César Gaviria, de Colombia, y Ernesto Zedillo, de México, a incluir la despenalización de la marihuana entre sus recomendaciones de política antidrogas”. Ayer, Soros contribuyó con un millón de dólares a la campaña para la legalización de la marihuana en California, a votarse el próximo 2 de noviembre.

Según una encuesta del diario Los Angeles Times y la Universidad del Sur de California, publicada la semana pasada, la Proposición 19 (así se llama el proyecto de legalización) es rechazada por una diferencia mínima: el 51 por ciento de los votantes está en contra. El resultado del plebiscito es vinculante. “No resolverá todos los problemas relacionados con las drogas –comentó Soros sobre la legalización de la marihuana–, pero sí sería un gran paso adelante en el tema.”


viernes, 10 de septiembre de 2010

The Union: The Business Behind Getting High

The Union: The Business Behind Getting High



SINOPSIS:
Es un documental canadiense que aborda desde una perspectiva neutra y objetiva temas como: ¿Porque la marihuana es ilegal? Que riesgos a la salud realmente causa la marihuana? Funciona la prohibición de la marihuana? Que pasaría si a la marihuana se le impusieran impuestos? Medicina, papel, combustible, textiles, alimentos, etc… ¿estamos perdiendo algo con prohibirla?

La película entera en Video Google

Si quieren verla directamente en Video Google.





En world film dejaron los enlaces para descargarla en formato avi.

Menos enlaces y más fácil para descargar es hacerlo desde la página de Video Google, si usan firefox sólo tienen que instalar el programa download helper

En Open Subtitles están los subtítulos en español bien sincronizados.

Si no usan Firefox pueden encontrar la forma de descargarlo yendo a Clipnabber y colocando la dirección del video:

http://video.google.com/videoplay?docid=-9077214414651731007#

Al archivo FLV pueden verlo con el programa VLC

miércoles, 5 de mayo de 2010

Sábado 8 de mayo Marcha Mundial de la Marihuana!!





Estaremos todos ahí!!!
(el blog no oficial, el oficial no sabemos....)

domingo, 6 de septiembre de 2009

Para la hemeroteca-Revista Cerdos y Peces, agosto 1983




Primer número de la revista Cerdos & Peces dirigida por Enrique Symns, aparecida en agosto de 1983 para esa ocasión como suplemento de "El Porteño".

Y debieron pasar 26 años para que se pudiera despenalizar al consumo de marihuana.

Algo que podría pensarse como un antecedente a la Red de Trueque, casos de brutalidad policial.

En fin, se avanza de a poco, muchas veces se retrocede, es lo que hay.



martes, 1 de septiembre de 2009

Narco y abortista por Pablo Alabarces


Fuente Crítica de Argentina.por Pablo Alabarces
Tiene razón el Gobierno: el poder de la prensa es terrible. Fíjense, por ejemplo, en lo que hemos logrado desde estas contratapas de Crítica de la Argentina: el triunfo moral de Solanas en las elecciones, la caída en picada de Tinelli –ya casi nadie ve ese engendro– y ahora, como remate, la expulsión ignominiosa del Fino Palacios de la policía de Macri. Como en la columna pasada fuimos por Julio Grondona, es de esperarse que consigamos su salida en los próximos meses. (Por las dudas: todo esto es irónico. En el clima paranoico que estamos viviendo, hay que extremar las precauciones para que la lectura no se dispare en cualquier dirección. Aunque, inevitablemente, siempre estaremos sujetos a las interpretaciones dicotómicas: o somos kirchneristas enriquecidos por los sobornos o somos destituyentes admiradores de Biolcati. Y la vida es mucho más compleja que eso).

Lo cierto es que, considerando ese poder, debimos haber apoyado por anticipado el fallo de la Corte sobre el consumo de drogas. Ahora, con el fallo puesto, no podemos adjudicárnoslo. Una lástima: la sentencia es irreprochable y es un rayo de luz entre tanta tiniebla. Y no se trata de devaneos garantistas o audacias jurídicas: es, apenas, la consagración de los derechos individuales que la Constitución prevé. Es decir, un fallo minuciosamente liberal. Muchas posiciones progresistas consisten simplemente en afirmar las tradiciones liberales occidentales: ocurre que este país se acostumbró tanto a llamar liberales a autoritarios recalcitrantes que los liberalismos parecen ultraizquierdismos.

El debate posterior demostró eso. Pocos entendieron que no hubo tal despenalización del consumo sino sólo la indicación de que las acciones privadas tienen protección legal, y de que la legislación argentina, empeñada en seguir los rumbos de López Rega, precisa una discusión profunda. (Dicho sea de paso: los estatutos de la AFA también los redactó López Rega. Algún día habrá que estudiar su obra en algún simposio). El argumento más ridículo, entre tantos, es el que dice que el fallo es correcto, pero no en este momento de presunto desmadre del consumo de drogas, que debe despenalizarse el consumo pero sólo si hay instituciones disponibles para reencauzar al adicto. Es como aprobar el matrimonio homosexual sólo si hay terapeutas disponibles para reconvertir a los y las gays.

El debate sobre las drogas –si es que a esto se le puede llamar debate– está dominado por convencionalismos e ignorancias. Uno de los lugares comunes favoritos es el que vincula adicción con delito: “Se drogan y te matan”, por ejemplo, lo que no está probado científicamente. (Digamos: si no se drogan también te pueden matar, como Videla o Franchiotti). O “roban para pagarse droga”, lo que es equiparable a “roban para comer”, pero sin que eso redunde en la prohibición de la pobreza. Es decir: el consumo está sistemáticamente asociado al delito, lo que por desplazamiento redunda en la penalización del consumo. Pero esa relación no tiene prueba científica, como sí la tiene la que hay entre tabaco y cáncer: a pesar de eso, las tabacaleras siguen intactas. El debate sigue dominado por Fleco y Male, los personajes del inefable doctor Miroli: lugares comunes y tonterías dominadas por la paranoia, todo recubierto por un disfraz levemente cientificista.

Yo soy un adicto, pero al tabaco: he abandonado la marihuana con una facilidad pasmosa –me hace mal, no sé por qué extraña reacción de mi estómago–, pero el cigarrillo me resulta invencible. Conozco, aunque no creo en ellas, las tradiciones que ligan drogas y creación artística: la expansión de la percepción como supuesta vía de acceso a los universos de la creatividad. Creo que el paco hace estragos: pero que eso se soluciona con drogas legales y de buena calidad, abaratadas por su legalización. Y que el refugio en el paco de tanto pibe quemado no es experimentación creativa ni camino al delito: es refugio frente a la violencia social que los expulsa de la educación, del trabajo y de la vida. La solución a eso no es el prohibicionismo sino la democratización del ingreso. Y también creo –y no es sólo creencia, sino información– que el tráfico clandestino sería imposible sin la complicidad policial y política. Y que justamente la despenalización cortaría ese circuito clandestino, que acarrea dosis inusitadas de violencia, colombiana, mexicana o bonaerense.

Las voces represivas siempre dicen “lo que pasaría” si despenalizáramos. Yo prefiero señalar lo que pasa real y actualmente: la represión del consumo ha conseguido más consumo, más violencia y más corrupción. Por lo menos, concedamos que los caminos que sugiero no han sido explorados. Y que si nos pensamos como democracias liberales y occidentales, nuestras agendas deberían ser más tolerantes. Por eso, ahora, tenemos que ir por el aborto.

Fuente Crítica de Argentina.por Pablo Alabarces

sábado, 29 de agosto de 2009

How to stop the drug wars-Artículo de The Economist sobre la "guerra de las drogas"


En la nota de Alfredo Zaiat sobre la economía de la droga comenta un artículo de The Economist a favor de la despenalización del consumo de drogas.

En síntesis lo que dice Alfredo Zaiat dice:

"El resultado de esa política es resumido por el semanario conservador The Economist, en un artículo publicado el 5 de marzo de este año: “La prohibición ha fracasado, la legalización es la solución menos mala”. Después de un documentado recorrido sobre la fallida acción mundial en los últimos cuarenta años en la guerra contra la droga, The Economist concluye que “la legalización no sólo expulsará a los delincuentes, sino que sería transformar el tema de las drogas de un problema de ley y orden en uno de salud pública, que es como deben ser tratados”. Concluye que los gobiernos así recaudarían impuestos y deberían regular el comercio de drogas, además de aplicar los fondos obtenidos (de las cargas tributarias sobre la droga, como hoy sobre el cigarrillo y las bebidas alcohólicas) y de reasignar los inmensos presupuestos del combate al narcotráfico para educar a la población sobre los riesgos del consumo de drogas y para tratar las adicciones."

Así que buscamos la nota de The Economist y la encontramos y dice:



Anahí nos avisa que en este blog hay una traducción del artículo de The Economist:

Estados fallidos y políticas fallidas

Cómo detener las guerras de las drogas

The Economist
Marzo 5 de 2009

La prohibición ha fallado; la legalización es la solución menos mala

Hace cien años un grupo de diplomáticos extranjeros se reunió en Shangai para iniciar el primer esfuerzo internacional de prohibición del comercio de una droga narcótica. El 26 de febrero de 1909 acordaron instalar la Comisión Internacional de Opio – justo unas décadas después de haber librado Gran Bretaña una guerra contra China para imponer su derecho a comerciar la sustancia. Luego vinieron muchas otras prohibiciones de sustancias que alteran el ánimo. En 1998 la Asamblea General de la ONU comprometió a sus países miembros a alcanzar un “mundo libre de drogas” y a “eliminar o reducir significativamente” la producción de opio, cocaína y canabis para el 2008.

Ese es el tipo de promesa que le encanta hacer a los políticos. Alivia el sentido de pánico moral que ha sido la dama de compañía de la prohibición por un siglo. Su intención es tranquilizar a los padres de adolescentes alrededor del mundo. Pero es una promesa inmensamente irresponsable, porque no puede ser cumplida.

La semana entrante, ministros de todo el mundo van a reunirse en Viena para definir la política internacional de drogas para la próxima década. Como generales de la Primera Guerra, muchos dirán que todo lo que se necesita es más de lo mismo. De hecho, la guerra contra las drogas ha sido un desastre, ha creado estados fallidos en el mundo en vías de desarrollo mientras que la adicción florece en el mundo rico. Por cualquier medida razonable, esta lucha de 100 años ha sido iliberal, asesina y sin sentido. Por eso es que The Economist continúa creyendo que la política menos mala es legalizar las drogas.

“Menos mala” no significa buena. La legalización, aunque claramente mejor para los países productores, traería riesgos (diferentes) para los países consumidores. Como delineamos abajo, muchos consumidores vulnerables de drogas sufrirían. Pero desde nuestro punto de vista, más sería lo que ganarían.

La evidencia del fracaso

Hoy en día la Oficina de las Naciones Unidas Contra las Drogas y el Crimen no habla más de un mundo libre de drogas. Su alarde es que el mercado de las drogas se ha “estabilizado”, significando con ello que más de 200 millones de personas, o casi el 5% de la población mundial adulta, todavía consume drogas ilegales – aproximadamente la misma proporción que hace una década. (Como la mayor parte de los "hechos" sobre las drogas, éste es sólo una conjetura educada: el rigor de la evidencia es otra de las víctimas de la ilegalidad.) La producción actual de cocaína y opio es probablemente igual que la de hace una década; la de canabis es mayor. El consumo de cocaína ha declinado gradualmente en los Estados Unidos desde su pico a comienzos de los años ochenta, pero el camino es desigual (permanece mayor que a mediados de los noventa), y crece en mucho lugares, incluyendo Europa.

Esto no es por falta de esfuerzo. Estados Unidos por sí solo gasta alrededor de $ 40 mil millones de dólares cada año tratando de eliminar la oferta de drogas. Arresta a 1.5 millones de sus ciudadanos cada año por delitos relacionados con drogas, y encierra a medio millón de ellos; la existencia de leyes más estrictas contra las drogas es la razón por la cual uno de cada cinco estadounidenses pasa algún tiempo tras las rejas. Y en el mundo en vías de desarrollo se derrama sangre a una velocidad sorprendente. En México más de 800 policías y soldados han sido asesinados desde diciembre de 2006 (y el número de víctimas ya va por los 6000). Esta semana otro líder más de un país azotado por el problema de las drogas – Guinea Bissau – fue asesinado.

Pero la prohibición, en sí misma, vicia los esfuerzos de los guerreros de las drogas. El precio de una sustancia ilegal está determinado más por el costo de su distribución que por el de su producción. Tómese la cocaína: el precio aumenta más de 100 veces entre el cultivo de coca y el consumidor. Aun si verter herbicida sobre los cultivos de los campesinos cuadriplica el precio local de las hojas de coca, esto tiende a tener poco impacto sobre el precio en la calle, el cual se establece principalmente de acuerdo al riesgo de transportar la cocaína a Europa o los Estados Unidos.

Hoy en día, los guerreros de las drogas dicen capturar cerca de la mitad de toda la cocaína que es producida. El precio en las calles de Estados Unidos sí parece haber subido, y la pureza parece haber bajado, durante el último año. Pero no es claro que la demanda baje cuando los precios suben. De otra parte, hay abundante evidencia de que el negocio de las drogas se adapta rápidamente a perturbaciones en el mercado. A lo sumo, la represión efectiva sólo obliga a que el negocio transite hacia otros sitios de producción. Así, el opio se ha movido de Turquía y Tailandia hacia Myanmar y el sur de Afganistán, donde actúa en detrimento de los esfuerzos de Occidente por derrotar a los Talibanes.

Al Capone, pero a escala global

Ciertamente, lejos de reducir el crimen, la prohibición ha fomentado mafias a una escala que el mundo jamás había presenciado. De acuerdo con el, quizás inflado, estimativo de la ONU, la industria ilegal de las drogas vale unos $ 320 mil millones de dólares al año. En Occidente, hace que personas que de otra manera serían ciudadanos respetuosos de la ley, se conviertan en criminales (el actual presidente de los Estados Unidos pudo fácilmente haber terminado en prisión por sus experimentos juveniles con “perico”). También hace que las drogas sean más peligrosas: los adictos compran cocaína y heroína muy adulteradas; muchos usan agujas sucias para inyectarse, propagando VIH; los desgraciados que sucumben al “crack” o a la “meta” están fuera de la ley, y cuentan sólo con sus jíbaros para ser “tratados”. Pero son los países del mundo emergente que pagan la mayor parte del precio. Hasta una democracia relativamente desarrollada como México se encuentra ahora en una lucha a muerte contra las mafias. Oficiales estadounidenses, incluyendo a un ex zar de las drogas, han hecho pública su preocupación por tener a un “narco estado” como vecino.

El fracaso de la guerra contra las drogas ha llevado a que algunos de sus más valientes generales, especialmente en Europa y Latinoamérica, estén sugiriendo que el actual eje de la política, consistente en encerrar personas, tome un giro hacia un enfoque de salud pública y “reducción del daño” (como alentar a los adictos a que usen agujas limpias). Este enfoque haría más énfasis en educación pública y tratamiento de los adictos, y menos en el acoso a campesinos que cultivan coca y en el castigo a consumidores de drogas “blandas” para uso personal. Eso sería un paso en la dirección correcta. Pero es improbable que logre ser financiado adecuadamente, y no hace nada contra el crimen organizado.

La legalización no sólo desplazaría a las mafias; también haría que las drogas pasaran de ser un problema de ley y orden a ser un problema de salud pública, que es como deberían ser tratadas. Los gobiernos podrían cobrar impuestos y regular el comercio de drogas, y usar los recursos recaudados (y los miles de millones ahorrados en uso de fuerza pública) para educar al público sobre los riesgos de consumir drogas y para tratar la adicción. La venta de drogas a menores debería seguir siendo prohibida. Diferentes drogas tendrían distintos niveles de carga impositiva y regulación. El sistema sería ajustable e imperfecto, requeriría monitoreo constante y tendría disyuntivas ("trade-offs") muy difíciles de medir. Los precios post-impuestos deberían ser establecidos a un nivel que permitiera lograr un balance entre el desaliento del uso de drogas por un lado, y, por otro lado, el desánimo del mercado negro y de los actos desesperados de robo y prostitución a los cuales los adictos tienen que recurrir para alimentar sus hábitos.

Venderle este sistema imperfecto a las personas en los países productores, donde el crimen organizado es el tema político central, es relativamente sencillo. La parte dura está en los países consumidores, donde la mayor batalla política es la adicción. Muchos padres de familia estadounidenses pueden llegar a aceptar que la legalización sería una respuesta adecuada para la gente de Latinoamérica, Asia y África; pueden incluso llegar a ver su utilidad en la lucha contra el terrorismo. Pero su miedo inmediato serían sus propios hijos.

Ese miedo está basado en buena medida en la presunción de que bajo un régimen de legalidad más personas usarían drogas. Esa presunción puede estar equivocada. No hay correlación entre la severidad de las leyes sobre drogas y la incidencia del consumo; ciudadanos que viven en regímenes severos (notablemente en Estados Unidos, pero también en Gran Bretaña) consumen más drogas, no menos. Los guerreros de las drogas, avergonzados, explican esto aludiendo a presuntas diferencias culturales, pero incluso en países muy similares la severidad de las reglas hace poca diferencia sobre el número de adictos: la dura Suecia y la más liberal Noruega tienen precisamente los mismos niveles de adicción. La legalización puede reducir tanto la oferta (el empujador [vendedor de drogas] por definición empuja) como la demanda (parte de la emoción del peligro desaparecería). Nadie lo sabe con certeza. Cualquier proponente honesto de la legalización haría bien en asumir que el consumo de drogas agregado se incrementaría.

Hay dos razones principales para argumentar que la prohibición debería, aun así, ser eliminada. La primera es un principio de liberalidad. Aunque algunas drogas ilegales son extremadamente peligrosas para algunas personas, la mayor parte de ellas no son especialmente dañinas. (El tabaco es más adictivo que virtualmente todas ellas.) La mayor parte de los consumidores de drogas ilegales, incluyendo cocaína e incluso heroína, sólo las usan ocasionalmente. Lo hacen porque derivan disfrute de ellas (como del whisky o de un Marlboro Light). No es trabajo del estado detenerlos.

¿Y qué de la adicción? El tema queda parcialmente cubierto por el primer argumento, puesto que el daño en cuestión recae sobre el usuario. Pero la adicción también puede infligir miseria sobre las familias y especialmente los hijos de cualquier adicto, e involucra costos sociales más amplios. Por eso es que desincentivar y tratar la adicción debería ser la prioridad de la política de drogas. De ahí el segundo argumento: la legalización ofrece la oportunidad de hacer frente a la adicción adecuadamente.

Proveyendo información honesta sobre los riesgos a la salud de distintas drogas, y estableciendo precios acordes, los gobiernos podrían orientar a los consumidores hacia las menos dañinas. La prohibición no ha logrado prevenir la proliferación de drogas diseñadas, soñadas en laboratorios. La legalización podría animar a que compañías legítimas de drogas mejoraran los productos que la gente consume. Los recursos recaudados a través de impuestos y ahorrados en represión permitirían a los gobiernos garantizar tratamientos a los adictos – una manera de hacer que tal legislación sea más aceptable políticamente. El éxito de los países desarrollados en hacer que la gente deje de consumir tabaco, el cual es similarmente sujeto a impuestos y regulación, provee una base de esperanza.

¿Una apuesta calculada, u otro siglo de fracaso?

Este periódico por primera vez argumentó a favor de la legalización hace 20 años (ver artículo). Revisando la evidencia de nuevo (ver artículo), la prohibición se ve aun más dañina, especialmente para los pobres y débiles del mundo. La legalización no desplazaría a las mafias completamente fuera de los negocios de las drogas; así como con el alcohol y los cigarrillos, habría impuestos que evadir y reglas que subvertir. Y tampoco sería una cura automática para estados fallidos como Afganistán. Nuestra solución no es pulcra; pero un siglo de fracaso manifiesto argumenta a favor de intentarla.




Failed states and failed policies

How to stop the drug wars


Prohibition has failed; legalisation is the least bad solution


A HUNDRED years ago a group of foreign diplomats gathered in Shanghai for the first-ever international effort to ban trade in a narcotic drug. On February 26th 1909 they agreed to set up the International Opium Commission—just a few decades after Britain had fought a war with China to assert its right to peddle the stuff. Many other bans of mood-altering drugs have followed. In 1998 the UN General Assembly committed member countries to achieving a “drug-free world” and to “eliminating or significantly reducing” the production of opium, cocaine and cannabis by 2008.

That is the kind of promise politicians love to make. It assuages the sense of moral panic that has been the handmaiden of prohibition for a century. It is intended to reassure the parents of teenagers across the world. Yet it is a hugely irresponsible promise, because it cannot be fulfilled.

Next week ministers from around the world gather in Vienna to set international drug policy for the next decade. Like first-world-war generals, many will claim that all that is needed is more of the same. In fact the war on drugs has been a disaster, creating failed states in the developing world even as addiction has flourished in the rich world. By any sensible measure, this 100-year struggle has been illiberal, murderous and pointless. That is why The Economist continues to believe that the least bad policy is to legalise drugs.

“Least bad” does not mean good. Legalisation, though clearly better for producer countries, would bring (different) risks to consumer countries. As we outline below, many vulnerable drug-takers would suffer. But in our view, more would gain.

The evidence of failure

Nowadays the UN Office on Drugs and Crime no longer talks about a drug-free world. Its boast is that the drug market has “stabilised”, meaning that more than 200m people, or almost 5% of the world’s adult population, still take illegal drugs—roughly the same proportion as a decade ago. (Like most purported drug facts, this one is just an educated guess: evidential rigour is another casualty of illegality.) The production of cocaine and opium is probably about the same as it was a decade ago; that of cannabis is higher. Consumption of cocaine has declined gradually in the United States from its peak in the early 1980s, but the path is uneven (it remains higher than in the mid-1990s), and it is rising in many places, including Europe.

This is not for want of effort. The United States alone spends some $40 billion each year on trying to eliminate the supply of drugs. It arrests 1.5m of its citizens each year for drug offences, locking up half a million of them; tougher drug laws are the main reason why one in five black American men spend some time behind bars. In the developing world blood is being shed at an astonishing rate. In Mexico more than 800 policemen and soldiers have been killed since December 2006 (and the annual overall death toll is running at over 6,000). This week yet another leader of a troubled drug-ridden country—Guinea Bissau—was assassinated.

Yet prohibition itself vitiates the efforts of the drug warriors. The price of an illegal substance is determined more by the cost of distribution than of production. Take cocaine: the mark-up between coca field and consumer is more than a hundredfold. Even if dumping weedkiller on the crops of peasant farmers quadruples the local price of coca leaves, this tends to have little impact on the street price, which is set mainly by the risk of getting cocaine into Europe or the United States.

Nowadays the drug warriors claim to seize close to half of all the cocaine that is produced. The street price in the United States does seem to have risen, and the purity seems to have fallen, over the past year. But it is not clear that drug demand drops when prices rise. On the other hand, there is plenty of evidence that the drug business quickly adapts to market disruption. At best, effective repression merely forces it to shift production sites. Thus opium has moved from Turkey and Thailand to Myanmar and southern Afghanistan, where it undermines the West’s efforts to defeat the Taliban.

Al Capone, but on a global scale

Indeed, far from reducing crime, prohibition has fostered gangsterism on a scale that the world has never seen before. According to the UN’s perhaps inflated estimate, the illegal drug industry is worth some $320 billion a year. In the West it makes criminals of otherwise law-abiding citizens (the current American president could easily have ended up in prison for his youthful experiments with “blow”). It also makes drugs more dangerous: addicts buy heavily adulterated cocaine and heroin; many use dirty needles to inject themselves, spreading HIV; the wretches who succumb to “crack” or “meth” are outside the law, with only their pushers to “treat” them. But it is countries in the emerging world that pay most of the price. Even a relatively developed democracy such as Mexico now finds itself in a life-or-death struggle against gangsters. American officials, including a former drug tsar, have publicly worried about having a “narco state” as their neighbour.

The failure of the drug war has led a few of its braver generals, especially from Europe and Latin America, to suggest shifting the focus from locking up people to public health and “harm reduction” (such as encouraging addicts to use clean needles). This approach would put more emphasis on public education and the treatment of addicts, and less on the harassment of peasants who grow coca and the punishment of consumers of “soft” drugs for personal use. That would be a step in the right direction. But it is unlikely to be adequately funded, and it does nothing to take organised crime out of the picture.

Legalisation would not only drive away the gangsters; it would transform drugs from a law-and-order problem into a public-health problem, which is how they ought to be treated. Governments would tax and regulate the drug trade, and use the funds raised (and the billions saved on law-enforcement) to educate the public about the risks of drug-taking and to treat addiction. The sale of drugs to minors should remain banned. Different drugs would command different levels of taxation and regulation. This system would be fiddly and imperfect, requiring constant monitoring and hard-to-measure trade-offs. Post-tax prices should be set at a level that would strike a balance between damping down use on the one hand, and discouraging a black market and the desperate acts of theft and prostitution to which addicts now resort to feed their habits.

Selling even this flawed system to people in producer countries, where organised crime is the central political issue, is fairly easy. The tough part comes in the consumer countries, where addiction is the main political battle. Plenty of American parents might accept that legalisation would be the right answer for the people of Latin America, Asia and Africa; they might even see its usefulness in the fight against terrorism. But their immediate fear would be for their own children.

That fear is based in large part on the presumption that more people would take drugs under a legal regime. That presumption may be wrong. There is no correlation between the harshness of drug laws and the incidence of drug-taking: citizens living under tough regimes (notably America but also Britain) take more drugs, not fewer. Embarrassed drug warriors blame this on alleged cultural differences, but even in fairly similar countries tough rules make little difference to the number of addicts: harsh Sweden and more liberal Norway have precisely the same addiction rates. Legalisation might reduce both supply (pushers by definition push) and demand (part of that dangerous thrill would go). Nobody knows for certain. But it is hard to argue that sales of any product that is made cheaper, safer and more widely available would fall. Any honest proponent of legalisation would be wise to assume that drug-taking as a whole would rise.

There are two main reasons for arguing that prohibition should be scrapped all the same. The first is one of liberal principle. Although some illegal drugs are extremely dangerous to some people, most are not especially harmful. (Tobacco is more addictive than virtually all of them.) Most consumers of illegal drugs, including cocaine and even heroin, take them only occasionally. They do so because they derive enjoyment from them (as they do from whisky or a Marlboro Light). It is not the state’s job to stop them from doing so.

What about addiction? That is partly covered by this first argument, as the harm involved is primarily visited upon the user. But addiction can also inflict misery on the families and especially the children of any addict, and involves wider social costs. That is why discouraging and treating addiction should be the priority for drug policy. Hence the second argument: legalisation offers the opportunity to deal with addiction properly.

By providing honest information about the health risks of different drugs, and pricing them accordingly, governments could steer consumers towards the least harmful ones. Prohibition has failed to prevent the proliferation of designer drugs, dreamed up in laboratories. Legalisation might encourage legitimate drug companies to try to improve the stuff that people take. The resources gained from tax and saved on repression would allow governments to guarantee treatment to addicts—a way of making legalisation more politically palatable. The success of developed countries in stopping people smoking tobacco, which is similarly subject to tax and regulation, provides grounds for hope.

A calculated gamble, or another century of failure?

This newspaper first argued for legalisation 20 years ago (see article). Reviewing the evidence again (see article), prohibition seems even more harmful, especially for the poor and weak of the world. Legalisation would not drive gangsters completely out of drugs; as with alcohol and cigarettes, there would be taxes to avoid and rules to subvert. Nor would it automatically cure failed states like Afghanistan. Our solution is a messy one; but a century of manifest failure argues for trying it.




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