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martes, 20 de julio de 2010

Más sobre Libranda...¿Qué pasará en la Argentina?


Ya habíamos puesto algo sobre Libranda la plataforma de libros en español.


Algo más que leemos:

Libranda: La Abominación hecha tienda de ebooks-Alt1040

Por Carlos Rebato el 16 de Julio de 2010.

Y ayer llegó al gran público, y ayer muchos se lanzaron a comprar un ebook sólo para probar el invento, y ayer muchos se lanzaron para comprobar de primera mano lo buenísimo que decían que era, y ayer muchos se quedaron con las ganas, cuando se dieron cuenta de que comprar un libro en Libranda es poco menos que una odisea.

Y hoy ha sido cuando la bilis que he ido acumulando todo este tiempo se me salía por la boca que he tenido que sentarme, ponerme algo suave en Spotify para no darme mucha coba y escribir que todo esto me da pena, muchísima pena. Lo siento por ella, pero Libranda es una abominación, un grano gordo y feo que yo creo que no le gusta ni a los señores encorbatados. Es tan gordo y tan feo este grano, para que nos hagamos una idea, que ni siquiera los lectores de ebooks más remilgados, como el Kindle, lo soportan, porque lleva DRM.

Si pones una tienda de ebooks a todo bombo y platillo y lo haces con sólo 1000 y pico libros, ni te molestes. Si además no rebajas apenas el precio con respecto al formato físico teniendo en cuenta de que te ahorras gastos de transporte y distribución, tienes que estar de broma. Si para comprar uno de esos libros, sólo para leer uno de esos libros, por el amor del FSM, tienes que crearte una cuenta de Adobe ID (sic), instalar un programita en el ordenador y configurar las conexiones de red, mal vamos. Me juego la cena a que ni un 25% de la población española sabe hacer eso a la primera, y los que sabemos (yo confieso que no sé si lo hubiese sabido hacer a la primera) es tan sumamente cansino que ni nos molestamos.

Mal vamos, vamos de culo, cuesta abajo y sin frenos. Y como antes me da muchísima pena, porque lo que debería ser un ejemplo para los demás ahora que el mercado de los ebooks empieza a despegar y las editoriales quieren frenar la piratería se convierte en muestra de cómo los que deberían saberlo todo no saben absolutamente nada, de cómo, irónicamente, es mucho más fácil descargar un libro pirateado que comprarlo de manera legal ¿Para qué le ponen DRM si quien quiera piratear el libro lo va a hacer sin mayor problema?. Leía antes en Twitter que parece que lo hacen sólo para demostrar que es imposible vender ebooks, razón no le falta. Yo seré un pirata, pero mis gobernantes y los que intentan frenar la piratería son unos estúpidos.

Fuente:Alt1040



Y en la misma página de alt1040 leo:

Amazon ya vende más e-books que libros de tapa dura


Mientras Libranda ofrece unos 2000 libros en su catálogo, en la nota de Alt1040 dice:

" Durante el segundo trimestre del año, vendieron 143 e-books por cada 100 libros, el mes pasado la diferencia ya estaba en 180 contra 100. Claramente la reciente baja en el precio del e-reader (que reportan ha triplicado sus ventas), y el lanzamiento de aplicaciones para móviles hicieron que se multiplicaran rápidamente las ventas de los libros digitales. El propio Jeff Bezos está asombrado: «es sorprendente si consideramos que estamos vendiendo libros físicos desde hace 15 años, y libros para Kindle hace sólo 33 meses».

La tienda de Kindle tiene en venta más de 630 mil libros, y otros 1,8 millones de e-books libres de copyright, y su costo es bastante menor que el de los libros impresos, que en promedio cuestan unos 26 dólares, contra alrededor de 10 dólares por e-book. Adempas, como los libros digitales representan prácticamente ningún costo de producción para sus editores, imaginen las ganancias que generan."


Fuente Alt1040




Ahora cuando Libranda sea un fracaso ya saben: La culpa es de los malditos piratas.....


Sobre los precios de los libros en Libranda

Fuente Lectoreselectronicos.

Cuando se selecciona un libro en Libranda, ésta nos envía a una lista de librerías online que presuntamente tienen disponible ese título para su venta, sin embargo, en la gran mayoría aún no hay el menor rastro de las obras de Libranda.

Sin embargo, sí que es suficiente para ver por dónde van a ir los tiros y las políticas de precios y venta de esta plataforma.

Unos ejemplos tomados aleatoriamente (aviso que he repasado los precios cuidadosamente, no hay erratas en ellos, por si alguien se lo pregunta):

Autor: Julia Navarro
Título: Dime quién soy
Precio en papel: 22,71 €
Precio ePub: 16,99 €

Autor: Carlos Ruiz Zafón
Título: El juego del ángel
Precio en papel (versión libro de bolsillo): 13,78 €
Precio ePub: 10,49 €

Autor: Manuel Mugica Lainez
Título: Bomarzo
Precio en papel (versión libro de bolsillo): 11,35 €
Precio ePub: 9,99 €

Autor: Stieg Larsson
Título: Trilogía Millenium
Precio en papel: 64,13 €
Precio ePub: 54,00 €

Por otro lado los títulos solo estarán disponibles en formato ePub, conteniendo protección DRM.

Fuente Lectoreselectronicos.

El primer comprador de Libranda


Ya antes habíamos colocado algo sobre Libranda la plataforma para comprar libros de las principales editoriales españolas.

En el blog "Jaque Perpetuo" colocan:

" Pero ha habido un silencio especialmente significativo: el de aquellos que se tienen que ganar la vida escribiendo o traduciendo, que no han dicho ni una palabrita sobre el tema.

Escritor/a: me gusta cuando callas porque estás como ausente, y no estás de tertulia, ni de firmas, ni nada. Y no eres producto, y no eres de nadie, y puedes dedicarte a crear esperanza.

El proyecto de Libranda, que no es sino el proyecto de la industria editorial que está detrás, no puede aspirar a competir ni con Apple, ni con Amazon, ni con Google. Ni lo pretende: sus impulsores no entienden en absoluto el mercado digital, y lo despreciarán mientras queden suficientes compradores de libros en papel. El único objetivo de Libranda es mantener sojuzgados a los escritores y traductores, españoles y latinoamericanos, durante el tiempo necesario para aprender cómo reciclar su negocio.

Un libro electrónico se tiene que poder comprar desde el dispositivo donde se vaya a leer, y en su defecto, la plataforma de ventas debe ser compatible con todos los lectores del mercado. La experiencia de compra ha de ser un placer en sí misma, que al menos genere la ilusión de pasear por una librería. Que permita pasar páginas al azar, mientras se contemplan las portadas de los volúmenes expuestos. Algo como lo que tiene Amazon en blanco y negro, o como lo que ya tiene preparado Google en color: cualquiera que haya comprado una aplicación para Android puede imaginarlo.

Los editores lo tenían fácil. Sólo tenían que preguntar a cualquiera de los escritores que tienen en nómina, puesto que todos ellos son lectores empedernidos: “¿Cómo te gustaría que se vendiesen tus libros?” Pero desgraciadamente, la industria ha preferido escuchar a los expertos en marketing, y los resultados están a la vista.

Jaque Perpetuo


  • ¿Qué pasará cuando empiecen a vender esos engendros en la Argentina?
  • ¿A qué precio los venderán?
  • ¿Al mismo precio que en España?
  • Muchas dudas...


lunes, 19 de julio de 2010

El duro trabajo de comprar e-books en español

Video que explica cómo comprar un libro usando Libranda.

Si quieren verlo en youtube.



No se bien cómo anda el tema en la Argentina de la venta de e-books, vi algunos en venta en el site de Musimundo pero no me parecieron muy atractivos.

En España existe una plataforma para la venta de libros llamada "Libranda", si se fijan las editoriales que participan :

"LIBRANDA es una sociedad constituida inicialmente por 7 Grupos Editoriales: Grupo Planeta, Grupo Random House Mondadori, Grupo Santillana, Roca Editorial, Grup62, Grupo SM y Grupo Wolters Kluwer."

"LIBRANDA ya ha cerrado acuerdos de colaboración con Anagrama, Salamandra, Maeva, Siruela, Acantilado, Quaderns Crema y La Galera y está en negociaciones con otras editoriales."

Fuente: ¿Qué es Libranda?

Según lo que dicen en su página ellos quieren mantener el canal de ventas, así que lo que hacen es disponer de un catálogo, de las tiendas asociadas, (Casa del Libro por ejemplo y otras librerías) y luego uno tiene que ir y comprar el e-book en la librería que más le guste.

Ahora, en realidad, uno no compra el libro sino que lo alquila fíjense lo que colocan en las faqs:

12. ¿Puedo imprimir y/o copiar un libro electrónico?

El texto puede imprimirse y/o copiarse siempre que ese permiso haya sido autorizado por el editor. No todos los libros siguen el mismo parámetro. Hay libros que están autorizados a imprimir un número ilimitado de copias y otros tienen limitada su utilización. Normalmente podrás comprobar cuáles son los permisos que han sido autorizados para cada libro en la ficha particular de cada libro electrónico.


13. ¿Qué es el DRM?

DRM (sigla en inglés de digital rights management) es un sistema de seguridad que es generalmente aplicado a medios creativos (música, películas, etc) para su comercialización. El DRM protege el archivo incrustándole unas reglas de uso definidas por el editor: número de dispositivos donde se puede descargar y leer el contenido, posibilidad o no de imprimir / copiar el contenido, indicación de si el contenido tiene o no caducidad, etc.

Traduciendo un poco, DRM son los programas que no te permitirán copiarlo, prestarlo, imprimirlo y que , en definitiva, te estarán alquilando al libro...(Recuerden lo que pasó con el libro 1984 vendido en las plataformas Kindle de Amazon.)

Faqs de Libranda



Algo que dice en el video es que el archivo puede copiarse, pero no me queda tan claro cuántas veces puedo hacerlo.

Finalmente veamos la experiencia de alguien que compró en Libranda:

"El problema de toda la estrategia del sector editorial ante el libro electrónico es cuando aterrizamos en los detalles. Su apuesta por mantener a todos los intermediarios y "luchar contra la copia" desemboca en el uso del DRM y en que la experiencia es muy desigual en cada tienda y la diferencia de precio respecto al libro físico, escasa."

"

Gracias al DRM de Adobe Digital Editions el proceso de compra consiste en: descargar un software e instalarlo, crearse una cuenta Adobe ID, configurar para dar acceso a internet de forma que puedan comprobar que tenemos permiso para leer la obra que hemos comprado y, por último, descargar el archivo con el libro. Si algún valiente ha llegado hasta ahí, la odisea en el ciberespacio que es comprar un libro electrónico en España todavía no ha terminado: queda la pregunta ¿dónde podre leer esto que he comprado? ¿qué podré hacer con mi libro?.

Antes de nada hay que aclarar un concepto, con DRM no compras realmente una libro o una canción, adquieres permiso para realizar algunas acciones con él. En el caso de las obras de Libranda con DRM de Abobe no queda muy claro qué lectores de libros las aceptan. En el proceso de compra no se informa de esto, en la página de Libranda tampoco queda claro (o al menos, servidor no lo ha encontrado esta mañana tras mucho buscar) y en la página de Adobe sólo citan a los Sony. Sabemos que es DRM sobre ePub por lo que mi sospecha es que al menos Papyre, Leqtor y los Sony los deberían aceptar. Servidor se queda fuera, ahora mismo uso Kindle y no hay versión siquiera para el móvil (Android, Symbian, Apple o cualquiera). Otra cosa, según los permisos que conceda cada editorial, tras todo este proceso, nos podemos encontrar con que no podemos siquiera copiar y pegar al leer desde el Adobe Reader o mandar imprimir una página.

En definitiva, comprar un libro electrónico en España frente a buscar gratis resulta una experiencia mucho más trabada y compleja, cerrada a una parte muy pequeña de usuarios y con limitaciones artificiales que no tienen los libros en formato sin DRM. He buscado "Corazón tan blanco" y he encontrado varias versiones descargables sin coste, pero requiere el esfuerzo de buscar, intentar descargar, comprobar la calidad de lo bajado... pagaría porque alguien me pusiese fácil y a un precio razonable el comprar los libros que quiero leer. Pero de momento en España eso sigue sin ser posible."

Fuente "Error 500"

En los comentarios de la nota verán varias consideraciones sobre el precio de los archivo.

Luego de todo esto la culpa por la caída en las ventas del libro electrónico, ya adivinarón, será de los piratas....



El primer comprador de Libranda

Sobre los precios de los ebooks.

Alt 1040: Libranda: La abominación hechos ebooks.

Sobre Ebooks con DRM por Enrique Dans.


El País de España metiendo miedo y haciendo lobby con los editores....Si hasta se parece a Clarín!!!


Crónica de una piratería anunciada...



miércoles, 19 de mayo de 2010

De libros electrónicos, agua seca y otras quimeras


Lo leímos en "Derecho a Leer"



El artículo original en "Federratas".

Nomen est omen

Rápido: antes de seguir leyendo, pensá en un libro.

Lo más probable es que ante ese pedido, hayas pensado en algún título, algo estilo “Cien Años de Soledad”, “El Capital” o incluso “Manual Práctico de Electricidad del Automotor”. Estas, y muchas otras, son respuestas tan razonables como incorrectas: esos no son libros sino, respectivamente, una novela, un tratado, y un manual. Estamos confundiendo a la obra con el libro, dos entes de naturaleza y finalidad completamente distintos. Esta confusión es útil a algunos intereses, por lo que vale la pena despejarla, y aclarar la relación entre estos términos.

Las obras son producciones intelectuales, intangibles, distintas entre sí, elaboradas en forma individual y artesanal. Su principal insumo es el tiempo de quien la escribe, a menudo de un único autor (sin contar, por supuesto, el de los que éste leyó). La obra está íntimamente atada a sus autores, y sirve como vehículo para comunicar ideas al público lector.

La naturaleza de los libros es muy distinta. Son objetos tangibles producidos en serie, industrialmente, en tiradas de miles o millones de ejemplares idénticos, que requieren una importante inversión de capital para financiar una compleja cadena de producción, logística y mercadeo. El libro y su comercialización son ajenos al autor, que a menudo ve cómo su editorial permite que su obra caiga en el olvido con tal de maximizar su retorno de inversión. La finalidad del libro no es otra, en fin, que servir como vehículo para comercializar obras al público consumidor.

En realidad, esa es su finalidad en principio. La naturaleza industrial, intensiva en capital de la producción y comercialización de libros llevó a una distorsión importante de esta idea, al punto que hoy las obras son más vehículo de venta para los libros que al revés: la obra es la excusa para venderle al público otra pila rectangular más de papel industrialmente manchado y encuadernado.

Porque en realidad es ésto último, el libro, el objeto, lo que la industria editorial produce y vende, no obras, que son un mero insumo de su actividad. Un libro que contiene una obra popular venderá más ejemplares que otro que contiene una menos conocida, pero el precio al público no depende de las cualidades de la obra, sino de las características físicas del objeto: la calidad del papel, la impresión y el encuadernado. Un libro de tapas blandas cuesta siempre mucho menos que uno de tapas duras con la misma cantidad de páginas, independientemente de la obra que contengan.

¿Libros electrónicos?

Una vez identificada la naturaleza del libro como objeto industrial, el nombre “libro electrónico,” que hasta recién nomás nos sonaba perfectamente natural, se vuelve muy disonante. ¿Cómo puede ser “electrónico” un libro, si la esencia misma del libro es ser tangible, concreto, industrial, escaso? ¿Por qué mantener la palabra “libro” en el nombre de algo que elimina al libro mismo de la ecuación?

En principio, un “libro electrónico” no sería otra cosa que un archivo digital en el que se encuentra codificada una obra. No es un objeto concreto, no requiere infraestructura ni grandes inversiones de capital para producirlo ni distribuirlo. Una vez producido el primer ejemplar de una obra en soporte digital, producir nuevas copias y ponerlas al alcance de todo el mundo a través de redes P2P tiene un costo despreciable.

El soporte informático permite usos que un libro no: el dispositivo que se usa para acceder a la obra puede presentarla de distintas maneras a distintos lectores: personas ciegas pueden leerla en Braille o hacer que el sistema se las lea en voz alta; personas con visión disminuída pueden leerla en letras particularmente grandes, o de alguna otra manera adaptada a su discapacidad; personas con percepciones estéticas muy delicadas pueden leer el texto en su tipo de letra y esquema de diagramación favoritos; estudiantes e investigadores pueden aplicar herramientas automáticas para hacer análisis del texto que serían prohibitivos de hacer en papel.

Llamar “libros electrónicos” a estos archivos digitales es como llamar “triciclos alados” a los jets transatlánticos de pasajeros: en cierta forma los describe, pero los subestima groseramente. Esa subestimación es útil a las editoriales: pensar en términos de “libros electrónicos” limita nuestra imaginación respecto de qué podemos esperar de ellos.

Libros que no son libros, por plata que sí es plata

Cuando la industria editorial habla de “libros electrónicos,” en efecto, no habla de obras, ni de archivos digitales, habla simplemente el único lenguaje que le es propio: el de las unidades de comercialización. Frente a la perspectiva de una importante reducción del rol de sus productos como soporte de obras, buscan desesperadamente mecanismos que le permitan seguir teniendo algo para vender en un mundo en el que sus servicios no son ya imprescindibles sino, en el mejor de los casos, un lujo para los amantes del libro-objeto.

Con gran perspicacia, y fieles a la máxima empresarial “una crisis es una oportunidad vestida de fajina,” huyen hacia adelante, hacia un escenario que, en términos del juego de la perinola, equivale a “toma todo:” el libro electrónico como un producto con mínimos costos de producción y distribución, inagotable aún sin necesidad de stock, vendible una cantidad indeterminada de veces.

Dinero a cambio de nada. El mejor de los mundos.

El único obstáculo a esa visión del Nirvana corporativo es el hecho de que, libradas a sus propios medios, las redes informáticas convierten a todo el mundo en una editorial. Para que el esquema funcione, es necesario primero encontrar una manera de ser los únicos que puedan proveer el producto. De alguna manera, hay que hacer que la publicación vuelva a ser un emprendimiento intensivo en capital.

Para las editoriales, entonces, una obra en soporte digital con todas sus ventajas y posibilidades no es un libro electrónico. Para convertirse en uno, la obra debe estar codificada de tal manera que sólo pueda accederse a ella utilizando dispositivos y programas controlados por las mismas editoriales. Estos dispositivos sólo permiten a los usuarios acceder a las obras de las maneras que la editorial considera apropiado. No permiten hacer copias, ni prestar el libro, ni lo leen en voz alta, ni lo procesan de manera alguna que no haya sido prevista y expresamente autorizada por la editorial.

Una ventaja adicional para las editoriales, de un “libro electrónico” así definido es que requiere, nuevamente, de infraestructura industrial: no sólo hay que fabricar, distribuir y vender los dispositivos especializados, también es necesario mantener en funcionamiento una flota de servidores conectados a Internet, cuyo objetivo es autorizar cada uso de cada obra (registrándolo, por cierto, en bases de datos apropiadas), asegurarse de que nadie use la obra de modos no aprobados por la editorial, e incluso borrar de la biblioteca libros legítimamente adquiridos por los usuarios, como ya ocurrió con “1984” de George Orwell en el Kindle de Amazon.

Así, un “libro electrónico” ofrece no sólo menos ventajas que un simple archivo digital: ofrece menos posibilidades incluso que el libro de papel. El libro de papel se puede prestar, se puede obtener de una biblioteca pública, se puede leer sin que nadie se entere, e incluso sigue estando allí luego de la quiebra de la editorial, algo que el libro electrónico no sobrevive: si se apagan los servidores, la obra se vuelve inaccesible.

Son dos caminos distintos, y no debemos confundirlos porque, aunque parten del mismo lugar, llevan a destinos diferentes. Los “libros electrónicos” tal como los define la industria editorial no son más que el medio que avizoran para perpetuarse en el control de la agenda cultural y el acceso a la cultura. Afortunadamente, las redes y archivos digitales nos ofrecen una forma de eludirlas, y devolver ese control a la sociedad.


domingo, 16 de mayo de 2010

El lado oscuro de los libros electrónicos

Fuente Fundación Vía Libre.


* Por Derecho a Leer – Este artículo será publicado en la Revista Users #230.

Mucho se debate sobre el surgimiento del “libro electrónico”: las características de los dispositivos, la competencia por liderazgos en el negocio, el posible “fin” del libro de papel1 … sin embargo poco se habla sobre cómo muchas de las prácticas que habitualmente realizamos con los libros “analógicos” se perderán en el modelo propuesto por la industria para el mundo digital.

No más préstamos, no más regalos, no más donaciones a bibliotecas, no más anonimato, son algunas de las preocupantes consecuencias que traerá el sistema de comercialización de libros electrónicos, tal como quieren imponerlo las editoriales y los grandes jugadores del negocio.

La vida de los libros

Si pensamos en el azaroso itinerario recorrido por los libros a través de su vida, encontramos que el período controlado por los aspectos más comerciales, es apenas al comienzo. Una vez que el libro sale vendido del estante de la librería, ni el autor, ni el editor o el distribuidor pueden imaginar su destino. Es ahí donde el verdadero recorrido del libro comienza. Conocerá lectores, estantes, cajones y mesas de luz. Será motivo de disputas y préstamos eternos. Pasará por tiendas de usados. Será olvidado en altillos por años y redescubierto por los nietos del dueño original. O quizás sea un heroico libro víctima de épocas de persecución y encuentre anónimos lectores que se atrevan a leerlo y protegerlo. Culminará con suerte en el santuario de los libros, la biblioteca. Sin embargo, todo este caótico recorrido no es inconveniente desde la perspectiva comercial, todo lo contrario.

Un mercado saludable

Cuando el objetivo es promover un mercado de libros activo y vigoroso, son esos hábitos y prácticas que rodean a los libros, motivo de fomento: las “librerías de viejo”, las bibliotecas de barrios, clubes o escuelas, los lectores generosos en intercambios, préstamos y recomendaciones. Son estos circuitos los que mantienen animado el interés por los libros y ponen de manifiesto la presencia de un público ávido por la lectura, que en definitiva, es quien estimula el mercado comercial: cerca de las bibliotecas y las librerías de usados, no faltarán los shoppings con sus vidrieras bien iluminadas, llenas de best-sellers y libros nuevos, un consumo quizás menos bohemio… pero mas redituable para el negocio. Desde siempre, ambos circuitos han convivido sin conflictos.

Sin embargo ¿cómo se proyecta en la plataforma digital toda esta cultura del intercambio? Ese es el problema, no se proyecta. Al menos, según las editoriales. Lo que en el mundo real es un signo de saludable de vida cultural, en el ámbito digital muchas veces es estigmatizado como “piratería”.

Una industria con miedo

En el mundo digital no hay diferencia entre original y copia. Tampoco copiar es algo excepcional, cada operación que procesa una computadora no es otra cosa que una copia de bits de un lugar a otro de la memoria o el disco. Por esto “copiar” se vuelve una tarea trivial, y sin costo. Acostumbradas a un negocio donde la venta de copias es la principal fuente de ingresos, es lógico que este nuevo escenario descoloque a la industria editorial. El problema es que cuando se piensa en quiénes deberían ser los encargados de decidir sobre cómo articular “el libro” con la nueva plataforma, a todo el mundo le parece lo más natural, que la industria editorial sea quien decida: cuando se diseñan los dispositivos, se toman en cuenta las necesidades de la industria, cuando se decide el marco legal, se consulta a los abogados especialistas de la industria, cuando se desarrolla el software, es a la medida de los requerimientos de la industria. Pero la industria editorial, asustada, es posible que no sea la mejor candidata para tomar todas las decisiones…

Que sea la escasez

¿Cómo volver valiosa la copia, cuando la copia es lo único que no vale nada?, esa es la clase de preguntas que se formulan quiénes no hicieron otra cosa ¡que vender copias toda su vida!¿Y en que pensaron? no mucho ingenio, disponer de medidas que impidan y dificulten la copia… de esta forma la copia se vuelve nuevamente escasa y recupera su valor. Y la industria editorial satisfecha: se libran del problema de pensar en un nuevo modelo comercial y pueden seguir en lo suyo: vendiendo copias…

Para materializar nuevamente la escasez hay dos estrategias a aplicar: las medidas técnicas y las legales. Entre las técnicas, los sistemas de restricciones digitales especialmente implementados (como los DRM2 ), que impiden que el usuario haga más copias de sus archivos que las que haya decidido la editorial por él (generalmente ninguna), sumado a un modelo muy controlado de distribución, que hace posible que cada dispositivo de lectura (de los libros electrónicos) sea monitoreado desde un sistema central. Y entre las medidas legales, avanzar con modificaciones en las leyes que eliminen cualquier ambigüedad y dejen expuestos a los copiadores desobedientes a demandas legales, volviendo acciones aparentemente inofensivas, en delitos graves.

Prohibido prestar

Impedir a los lectores copiar sus archivos tiene consecuencias profundas. La primera es bastante evidente, los libros ya no se podrán prestar. No se le podrá pasar a un amigo un ejemplar de un libro electrónico que hayamos comprado, porque habría que copiarlo de un dispositivo a otro, y los responsables del hardware y del software, por lo explicado en el párrafo anterior, se han esforzado para que esto sea completamente imposible. El préstamo de libros no es una práctica intrascendente: es la forma más sencilla de permitir el acceso a libros, de hacer de la lectura una actividad compartida, además de una muy efectiva forma de promoción boca a boca.

Otro aspecto, es que nada garantiza que el sistema anti-copia en el futuro, siga funcionando como se espera. Quizás el candado digital no pueda volver a abrirse. Cuando el dispositivo se vuelva obsoleto, si se necesita acceder al material guardado –como quien consulta un libro leído hace 30 años– no sólo se tendrá que lidiar con tecnologías anticuadas, sino también con un sistema de restricciones anti-copia anticuado3.

Los métodos legales para evitar que los libros se compartan no son mejores. Convertir en delito algo que antes era un práctica normal y arraigada implica ejercer cierta violencia simbólica sobre la sociedad. Cambiar nada menos que el “sentido común”, sólo para posibilitar un cambio en las costumbres que sean favorable ciertos intereses. ¿Qué consecuencias traerá en los valores de las sociedades, que se empiece a percibir el préstamo de libros como una actividad deshonesta o censurable? ¿Acaso eso ya no está sucediendo?

Alquiler, no venta

Al extremar el control sobre todo el circuito del libro, la industria editorial despliega una influencia inédita sobre cada aspecto de la relación entre lectores y libros. Lo que antes era sólo un manejo inicial, que terminaba cuando el libro salía de la librería –y entonces seguía su destino venturosamente incierto–, ahora se convierte en control total. Las tiendas de venta virtuales conservan un control sobre los archivos del usuario, tanto en el dispositivo de lectura, como en el servidor remoto. Más que una venta, la relación comercial que se plantea entre lector y librería se asemeja a un alquiler, sólo se compra el acceso a los libros. El modelo que las editoriales han decidido respaldar se parece más a los “pay per view” del cable, que a cualquier otra cosa.

Una lista de todo lo que lees

Hasta el momento, los sistemas que comercializan los libros electrónicos, son tiendas virtuales (como el caso de Amazon para Kindle), lo cual dificulta –sino impide completamente– la posibilidad de efectuar compras anónimas. Queda entonces un registro de cada venta efectuada, conformando un listado de todos los libros que lee cada consumidor. Sumemos lo centralizado del sistema, y la información acumulada se vuelve sumamente sensible. En épocas y países donde predomina la sensatez, esto no parece una amenaza, incluso se pueden aprovechar los beneficios de recibir una ajustada y precisa lista de recomendaciones, a partir de los hábitos de lectura propios.

Pero ¿qué ocurre en los momentos difíciles? es decir, cuando los gobiernos, por diversas circunstancias, avasallan los derechos de los ciudadanos4 . En ese caso, haber montado semejante sistema de registro sobre un aspecto tan sensible como son las lecturas de cada persona, permite construir un detallado perfil de tendencias políticas, ideológicas, y religiosas. Es un antecedente que horrorizaría a cualquier militante político con suficiente edad como para haber vivido el clima de persecución que prevaleció en latinoamérica hace algunas décadas, donde tener o no libros de determinados autores en su biblioteca podía significar la diferencia entre la vida y la muerte.

¿Y las bibliotecas?

La IFLA (organismo mundial que agrupa a los bibliotecarios) indica que “las bibliotecas juegan un papel crítico para asegurar el acceso de todo el mundo a la información, incluyendo las obras protegidas por derecho de autor, y que en el contexto digital esto no es diferente”5 .
Pero de llevarse a cabo semejante recomendación, según las leyes de casi todo el mundo, las bibliotecas estarían entrando en la ilegalidad, al ofrecer por internet libros con derechos de autor, que tienen restricciones a la copia o difusión, o digitalizar material sin permiso. En este caso, el marco legal se adecua claramente a las demandas de la industria editorial, pero no hace nada por definir una función licita para las bibliotecas en el contexto digital. De seguir así, en un mundo donde los libros electrónicos reemplacen completamente a los de papel, no quedaría lugar para las bibliotecas, excepto para las obras en dominio público. Eso, si el dominio público sigue existiendo…

Libros libres

Una respuesta al nuevo contexto digital, es la de aquellos que apuestan a la distribución sin trabas por Internet de sus libros electrónicos. Licencias como Creative Commons, dan un marco legal a esta modalidad, donde los lectores, a través de redes P2P, foros o blogs reviven en la red, los circuitos de préstamo y recomendación del mundo analógico, en una lectura compartida. Muchas grandes editoriales ya han publicado libros con licencias Creative Commons, aprovechando el potencial multiplicador de promoción que otorga la Web. Internet le da a los autores la posibilidad de dar a conocer sus obras, sin necesidad de pasar primero por las editoriales. Algunas de las perspectivas económicas que se abren a los autores son: ventas de libros de papel en proporción al número de descargas, beneficios de posteriores adaptaciones al cine o teatro, conferencias, donaciones o micro-pagos por descarga. Un caso paradigmático es la Colección Planta 29 editada en España, que publica sus libros en dominio público en la red y en papel, y obtiene beneficios de las ventas en papel, proporcionales al número de descargas: mientras más circulen las obras y más se las comente en blogs y sitios de la web, mejores números y beneficios para los autores.

  1. “Hasta ahora, los libros siguen encarnando el medio más económico, flexible y fácil de usar para el transporte de información a bajo costo. La comunicación que provee la computadora corre delante de nosotros; los libros van a la par de nosotros, a nuestra misma velocidad. Si naufragamos en una isla desierta, donde no hay posibilidad de conectar una computadora, el libro sigue siendo un instrumento valioso. Aun si tuviéramos una computadora con batería solar, no nos sería fácil leer en la pantalla mientras descansamos en una hamaca. Los libros siguen siendo los mejores compañeros de naufragio. Los libros son de esa clase de instrumentos que, una vez inventados, no pudieron ser mejorados, simplemente porque son buenos. Como el martillo, el cuchillo, la cuchara o la tijera” Así es como Umberto Eco despejaba los apocalípticos temores sobre la “muerte” del libro en una conferencia ofrecida en Alejandría en 2003, con motivo de la reapertura de la milenaria Bibliotheca Alexandrina. (publicada por el semanario Al-Ahram. Traducción de Sergio Di Nucci en Página/12.) []
  2. DRM son sistemas diseñados para impedir la copia. Según lo advertido por la campañas anti-DRM difundida por la “Free Software Fundation”, cuya consigna “defective by design”, indica el aspecto más controvertido de estas tecnologías, la inclusión deliberada de una “falla” en el sistema, para que no funcione tan eficientemente como debería. Para hacer una analogía, es como si volviésemos a los autos menos eficientes en el consumo de combustible, para que las empresas que lo venden puedan ganar más. En este caso volvemos a la tecnología digital menos eficaz para copiar, de lo que es capaz. []
  3. Un ejemplo paradigmático del precario desempeño de los medios electrónicos para preservar la información es el caso de las sondas espaciales Viking. A mediados de los 70, estas sondas transmitieron valiosa información desde Marte. Lo datos quedaron almacenados en cintas magnéticas. En 2001 fue necesario comprobar algunos datos de dichas cintas originales, pero el sistema era tan obsoleto que la NASA ya no tenía forma de acceder debido al formato. Los programadores de aquel momento ya habían muerto. Entonces, si se complica acceder a información –almacenada con la intención de ser recuperable– de hace tan sólo 25 años, ¿qué pasará con los libros electrónicos almacenados en dispositivos plagados de DRM de hace 50? ¿Qué tan difícil será eliminar el DRM obsoleto? []
  4. Un ejemplo reciente: como consecuencia del atentado del 9/11, el congreso de EE.UU. aprobó una “ley patriótica” que incluía la vigilancia en bibliotecas. Los bibliotecarios debían registrar el destino de determinados libros y identificar a quien los pedía. Esta disposición elevó las quejas de muchas organizaciones de derechos civiles, finalmente la ley dejó de estar vigente. Con el sistema electrónico, la ley no sería necesaria… solo habría que pedirle las bases de datos a las tiendas virtuales. []
  5. “Documento sobre la postura de la IFLA sobre los Derechos de Autor en el entorno digital”, aprobado por el Comité Ejecutivo de la IFLA en agosto 2000. Publicado en Correo Bibliotecario N°48. []

Fuente Fundación Vía Libre.