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miércoles, 6 de junio de 2012

Gilberto Gil-Un sueño/ Xingú + 23






Gilberto Gil - "Un Sueño" / Xingu +23 por Partido_Pirata



Un sueño", canción de Gilberto Gil de 1977, grabada en el CD "Parabilcamará" en 1992, volvió a circular con fuerza en internet a mediados de 2012, un poco antes de la Conferencia de la ONU sobre Sustentabilidad -- Rio + 20 --, por su dramática actualidad. Simpatizante de la lucha de las poblaciones afectadas por la construcción de la usina de Belo Monte en el "rio de la diversidad nacional", Gil gentilmente cedió la canción para que se tornase una especie de himno del encuentro Xingu +23, donde habitantes del río, pescadores, indígenas, agricultores y otros impactados se unan para resistir a la hidroeléctrica. Para saber más sobre el evento, que será del 13 a 17 de junio de 2012, entre en el site  


Y sobre si somos de izquierda o derecha:

Históricamente, las izquierdas se dividieron en torno a los modelos de socialismo y sus vías de realización. Puesto que el socialismo no forma parte, por ahora, de la agenda política (incluso en América Latina la discusión sobre el socialismo del siglo XXI pierde fuerza), las izquierdas parecen dividirse en torno a los modelos de capitalismo. A primera vista, esta división tiene poco sentido porque, por un lado, actualmente hay un modelo global de capitalismo, desde hace tiempo hegemónico, dominado por la lógica del capital financiero, basado en la búsqueda del máximo beneficio en el menor tiempo posible, sean cuales sean los costes sociales o el grado de destrucción de la naturaleza. Por otro lado, la disputa en torno a los modelos de capitalismo debería ser más una controversia abierta entre las derechas que entre las izquierdas. Sin embargo, no es así. A pesar de su globalidad, las características del modelo de capitalismo dominante varían en distintos países y regiones del mundo y las izquierdas tienen un interés vital en discutirlas, no sólo porque están en juego las condiciones de vida, aquí y ahora, de las clases populares, que son el soporte político de las izquierdas, sino también porque la lucha por horizontes poscapitalistas (a los que algunas izquierdas no han renunciado) dependerá mucho del capitalismo real del que se parta.
Dado el carácter global del capitalismo, el análisis de los diferentes contextos debe tener en cuenta que, a pesar de sus diferencias, éstas forman parte del mismo texto. De este modo, la actual disyunción entre las izquierdas europeas y las de otros continentes, principalmente las izquierdas latinoamericanas, es perturbadora. Mientras las izquierdas europeas parecen estar de acuerdo en que el crecimiento es la solución a todos los males de Europa, las izquierdas latinoamericanas están profundamente divididas sobre el crecimiento y el modelo de desarrollo en el que se basa. Veamos el contraste. Las izquierdas europeas parecen haber descubierto que la apuesta por el crecimiento económico es lo que las distingue de las derechas, instaladas en la consolidación presupuestaria y la austeridad. Crecimiento significa empleo y éste, a su vez, mejora de las condiciones de vida de la mayoría. No problematizar el crecimiento implica la idea de que cualquier crecimiento es bueno. Se trata de una idea suicida para las izquierdas. Por un lado, las derechas la aceptan con facilidad (tal y como están haciendo, porque están convencidas de que será su tipo de crecimiento el que prevalezca). Por otro, significa un grave retroceso histórico en relación con los avances de las luchas ecológicas de las últimas décadas, en las que algunas izquierdas tuvieron un papel determinante. Es decir, se omite que el modelo de crecimiento dominante es insostenible. En pleno periodo preparatorio de la Conferencia de la ONU Río+20, no se habla de sostenibilidad, como tampoco se cuestiona el concepto de “economía verde” a pesar de que, más allá del color de los billetes de dólar, resulte difícil imaginar un capitalismo verde.
En contraste, en América Latina las izquierdas están polarizadas como nunca en torno al modelo de crecimiento y de desarrollo. La voracidad de China, el consumo digital sediento de metales raros y la especulación financiera sobre la tierra, las materias primas y los bienes alimentarios están provocando una carrera sin precedentes por los recursos naturales: explotación minera de gran escala a cielo abierto, explotación petrolera, expansión de la frontera agrícola. El crecimiento económico propiciado por esta carrera colisiona con el aumento exponencial de la deuda socioambiental: apropiación y contaminación del agua, expulsión de millares de campesinos pobres y de pueblos indígenas de sus territorios ancestrales, deforestación, destrucción de la biodiversidad, ruina de modos de vida y de economías que hasta ahora parecían garantizar la sostenibilidad. Desafiada ante tal contradicción, una parte de las izquierdas opta por la oportunidad extractivista con la premisa de que los rendimientos generados se orienten a reducir la pobreza y construir infraestructura. La otra parte, en cambio, entiende el nuevo extractivismo como la fase colonial más reciente por la cual América Latina está condenada a ser exportadora de naturaleza hacia los centros imperiales que saquean las inmensas riquezas y destruyen los modos de vida y las culturas de los pueblos. La disputa es tan intensa que incluso pone en tensión la estabilidad política de países como Bolivia y Ecuador.
La discrepancia entre las izquierdas europeas y las izquierdas latinoamericanas reside en el hecho de que solo las primeras suscribieron incondicionalmente el “pacto colonial” según el cual los avances del capitalismo valen por sí mismos, aunque hayan sido (y continúen siendo) obtenidos a costa de la opresión colonial de los pueblos extraeuropeos. Así, nada nuevo se presenta en el frente occidental en tanto sea posible externalizar la miseria humana y la destrucción de la naturaleza.
Para superar este contraste y avanzar en la construcción de alianzas transcontinentales son necesarias dos condiciones. Por una parte, las izquierdas europeas deberían objetar el consenso del crecimiento que, o es falso, o significa la complicidad repugnante con una larguísima injusticia histórica. Asimismo, deberían discutir la cuestión de la insostenibilidad y poner en causa tanto el mito del crecimiento infinito como la idea de la inagotable disponibilidad de la naturaleza en que se asienta, asumiendo que los crecientes costes socioambientales del capitalismo no son superables con imaginarias economías verdes. Por último, deberían defender que la prosperidad y la felicidad de la sociedad dependen menos del crecimiento que de la justicia social y de la racionalidad ambiental; y tener el coraje de afirmar que la lucha por la reducción de la pobreza es una burla para disfrazar la lucha, que no se quiere entablar, contra la concentración de la riqueza.
Por su parte, las izquierdas latinoamericanas deberían discutir las antinomias entre el corto y el largo plazo, teniendo en mente que el futuro de las rentas diferenciales generadas hoy por la explotación de los recursos naturales está bajo control de pocas empresas multinacionales y que, al final de este ciclo extractivista, los países podrían quedar más empobrecidos y dependientes que nunca. Deberían reconocer también que el nacionalismo extractivista garantiza para el Estado recetas que podrían tener una importante utilidad social solo si son empleadas, al menos en parte, para financiar una política de transición del actual extractivismo depredador a una economía plural en la cual el extractivismo únicamente será útil en la medida en que sea indispensable. Esta transición debería comenzar de inmediato.
Las condiciones para políticas de convergencia global son exigentes pero no imposibles, y expresan opciones que no deben ser descartadas bajo pretexto de ser políticas de lo imposible. La cuestión no está en optar entre la política de lo posible o la política de lo imposible. Está en saber situarse, siempre, en el lado izquierdo de lo posible.


Boaventura de Sousa Santos es sociólogo y profesor catedrático de la Facultad de Economía de la Universidad de Coimbra (Portugal).
Fuente Rebelión.



miércoles, 22 de junio de 2011

Silencio Cómplice-Programa Catorce Segundo Año-19 de Junio

Jaime Farji y Andrés Carrasco.

Programa   de radio que intenta buscar explicaciones en las cosas que no  se  dicen. Lo hacemos Andrés Carrasco y Jaime Farji, un científico  (cuerdo)  y un economista (pobre).  Producción: Aluminé Cabrera.   Domingos a las  17 por FM La Tribu 88.7



El programa se emite por :





Gracias a FM La Ronda por compartir los archivos del programa



En este programa Jaime y Andrés analizaron la ruptura en el Frente Progresista y hablaron con Alcira Argumedo y Claudio Lozano, cada uno perteneciente a cada una de las fuerzas que se dividieron. 

viernes, 11 de febrero de 2011

Lawrence Lessig: Re-examininando el remix

Es interesante esta conferencia porque vuelve la historia de la izquierda y la derecha y los derechos de autor.


Presione en donde dice Subtitles Available y encontrará los subtítulos en español (spain)

Si quieren verlo en la página de la conferencia TED.


Si quieren descargar los subtítulos en español.


Pueden descargar el video si usan Firefox y Download Helper.


Y pensando en los "Íconos" de izquierda que defienden cánones digitales, limitaciones al dominio público y demás....Los Perseguidores...


jueves, 23 de diciembre de 2010

Cuba: Los transgénicos del ¿bien?...O derecha e izquierda todo meaclao

Fuente Revista Futuros

Presentamos el revelador artículo de Fernando Funes Monzote por la enorme importancia que tiene el tema en sí, pero además por sus implicancias que trascienden la situación de la isla. Por esta nota nos enteramos que al menos una problemática con los alimentos transgénicos es muy parecida en Cuba y en países “capitalistas”, como Argentina o EE.UU.

Lo cual no es de extrañar porque lo que tenemos en común es muchísimo más que lo que pueda ocasionalmente separar un país de otro, una sociedad de otra: la problemática del desarrollo tecnocientífico es la misma. Las modalidades, en cambio, en que se expresa la cuestión sí difieren.

La nota de Funes Monzote reclama permanentemente la ruptura del secreto sobre la aprobación de plantas transgénicas, de su trámite que ha estado fuera del alcance de los sectores eventualmente interesados, de la sociedad en suma.
En los países capitalistas, como bien analizara Herbert Marcuse hace ya décadas, la problemática es otra: no hay secreto sobre el tema. El tema no importa. Los alimentos transgénicos se aprueban en los circuitos “debidos” y a otra cosa.
Sobreviene el pataleo de algunas redes o voces refractarias, pero tales reparos son ahogados en la práctica arrolladora de la novedad tecnológica debidamente fogoneada por los medios de incomunicación de masas. En el caso de la soja, por ejemplo, en Argentina, será con ampliación de escala de producción, externalización de costos (es decir, dejando un tendal cotidiano de contaminación que constituirá alergias, enfermedades respiratorias, cutáneas y cáncer para “el pobrerío”), enorme ensanche de la producción (que aunque rinda menos por ha. va a rendir mucho más en dinero a cada titular en medio de una fuerte contrarreforma agraria que expulsará mano de obra rural hacia los rancheríos suburbanos).

Es cierto que por las dimensiones mismas de los terrenos de cultivo cubanos, incomparablemente más acotados que los del extendido territorio argentino, la escala en Cuba siempre va a ser muchísimo menor que en Argentina. Y por lo tanto, el rendimiento de los monocultivos agrarios en Cuba no va a alcanzar jamás la rentabilidad de que gozan los sojeros argentinos dedicados a explotar superficies de 10 000 ha o 100 000 ha. (en Cuba la “gran producción” se estima en 200 ha).

Otra diferencia importante se da en la secuencia que ha llevado a cada país a la implantación de transgénicos.
Cuba resolvió a mediados de los ’90 la enorme crisis del llamado “período especial” aprendiendo a comer de huertas y granjas locales, hechas a pulmón por la población que enfrentaba el hambre, tras la pérdida del apoyo soviético.
Para algunos técnicos científicos y modernos, aquel paso hacia la agroecología, una agricultura sin agrotóxicos y la consiguiente cría de animales de granja sin agregados químicos, fue un bien de emergencia, un bien que se recibe de mala gana, porque sobreviene “apenas” para salir de un mal paso; una suerte de “mal necesario” valga la perversión semántica. Y así, desde hace unos años, sobrepasada la penuria de ese período, han surgido quienes quieren progresar, entrar en la vanguardia tecnológica, incorporando alimentos transgénicos a la dieta cubana. Y así se aprobaron, entre gallos y medianoches, mejor dicho entre burócratas y cientificistas. En Cuba hoy se cultiva maìz transgénico (una variedad por ahora).

No se trata de un paso sin precedentes. Hace ya muchos años, a fines del s. XX, el gobierno cubano, es decir Fidel Castro, había encarado un contacto técnico con Monsanto: el interés en el “desarrollo tecnológico de punta” estaba.
Pero se ha desencadenado una polémica alrededor de la implantación del maíz transgénico en Cuba porque han surgido técnicos y agrónomos que no ven con buenos ojos ese desarrollo y el consiguiente desfibramiento de todo el desarrollo agroecológico de la isla.
Es decir, que Cuba por necesidad incursionó en una senda sana. Que países en abundancia, como Argentina, nunca hemos tenido. Salvo los senderitos angostos de los esforzados quinteros y agricultores orgánicos que atienden a las minorías de población que procuran comer sin veneno (en Argentina existe además un sector de agricultores orgánicos capitalistas, monocultores, que atienden necesidades de mercado exterior, sobre todo europeo).

Valga recordar que, mientras Cuba ante la penuria encaró la producciòn de alimentos sanos, Haití, una sociedad que, racismo mediante, ha sido totalmente avasallada por el imperialismo, encaró la cuestión alimentaria exactamente al revés. Una población que espontáneamente consumía arroz de cosechas propias del país y que solía tener cerdos familiares, con lo cual la población sin recursos al menos tenía de qué alimentarse, fue sometida a dos despojos: primero EE.UU. invadió la isla, con acuerdo del virrey, con arroz tan barato (subsidiado por su gobierno) que abatió toda producción local desplazada con semejante competencia, y luego bajo pretextos sanitarios se requisaron todos los chanchos de la isla y se obligó a la gente a comprar en el mercado lo que antes tenía (fuera del mercado). Como los haitianos no tienen precisamente los enormes recursos de que disponen holandeses, suecos o japoneses, esta modernización capitalista se tradujo sencillamente en hambre. Pero extensa: hambruna.

El estado público de la polémica en Cuba ha sorprendido a algunos jerarcas de los sectores oficiales cubanos, como el Consejo Científico de la Universidad de La Habana, que sin embargo, mostrando amplitud intelectual la ha dado por bienvenida. Otro dato más que muestra cierta salud social y originalidad en el decurso cubano respecto de sus precedentes institucionales (como el soviético, absolutamente impedido de alcanzar tal flexibilidad).
El tema de fondo –y común a socialistas y capitalistas– que señalamos inicialmente es el del carácter del desarrollo tecnocientífico. Si es objetivo, si es necesario, si es neutro. Si podemos usar los mismos utilajes, de modo tal que si los usa el capitalismo son malos, pero si los usa el socialismo son buenos. O si por el contrario, la configuración tecnocientìfica está más o menos íntimamente ligada con la sociedad en que se constituye y vinculada con la estructura de poder que en ella está establecida.

En el primer caso, se trata siempre y solamente de “expropiar a los expropiadores”. Sencillo y directo. Confiscamos Monsanto y ponemos toda su batería de venenos, agrotóxicos, agentes Naranja al servicio del pueblo… ¿o tal vez se trata de avances tecnocientíficos que fueron hechos al servicio no precisamente del pueblo ni de la población ni de la humanidad ni de la naturaleza, sino de una minoría privilegiada y racista y por lo tanto no hay forma de que venga bien emplear ese mismo instrumental a nuestro servicio? Porque no nos va a servir, sino a dañar…
Los desarrollos de la agricultura industrial último modelo reclama, necesita grandes monocultivos. Decenas de miles de hectáreas con un mismo producto. Rociados de biocidas para evitar la presencia de una plaga que instalándose en un monocultivo lo podría arrasar. El latifundio actual, agroindustrial, provisto de maquinaria de una escala tal que no necesita casi mano de obra, tiene un cierto parecido, de todos modos, con los latifundios del tiempo esclavista, donde el propietario y sus guardias “promovían” el trabajo esclavo.

Rechazamos el latifundio primitivo. Ningún socialista, ningún izquierdista lo acepta. ¿Acaso tendremos que aceptar el latifundio moderno porque es nuevo, o porque tiene máquinas de última generación?
¿No será el latifundio una forma de control y poder de pocos hombres con muchos privilegios sobre muchos hombres despojados, y esto con cierta prescindencia histórica si se trata de un latifundio del imperio romano o del american empire?
¿La ciencia tiene acaso una senda única, de una sola mano? ¿Algo inevitable, fatal? ¿Y que por lo tanto siempre hay que aceptar?
¿No será más sensato entender que ni lo viejo garantiza ser malo o caduco ni lo nuevo ser garantía de mejor o excelencia (y, por supuesto, que tampoco lo opuesto garantiza nada)?

Si arriesgamos a separar lo cronológico de lo axiológico, y por lo tanto entendemos que puede haber técnicas o relaciones viejas, antiguas, buenas (y otras malas o muy males) y entre las técnicas y las relaciones nuevas, igualmente puede haber algunas buenas, excelentes, superadoras y otras no, entonces la decisión deja de ser un positivismo seguro y pasa a ser una evaluación política y falible en cada caso.
Tal vez más incómoda, o insegura, o desgastante. Pero más sabia.
Dejamos al lector con la nota que quisimos anunciar.

Transgénicos en Cuba, necesidad urgente de una moratoria

El problema

La introducción de transgénicos en Cuba es un asunto más relevante de lo que algunos podrían pensar. Las consecuencias ecológicas, económicas, sociales y políticas de esta decisión no deberían subestimarse. A pesar de las advertencias y reclamos de un creciente número de personas preocupadas, el programa original no se ha detenido. En estos momentos resulta imprescindible y urgente una moratoria que permita reflexionar –a todas las instancias– sobre los riesgos probados y probables a que nos exponemos.

La carencia de información y transparencia sobre el tema preocupa a quienes hemos expresado reiteradamente la necesidad de un debate abierto y participativo sobre una cuestión tan relevante. La manera excluyente en que se han tomado decisiones al respecto, puede estar hipotecando el futuro de la nación en nombre de la urgencia y “necesidad” de alternativas para resolver el problema alimentario y sustituir importaciones. Los defensores de la tecnología subestiman, ignoran o acusan de anticientíficos a aquellos que nos oponemos o simplemente a quienes dudan de la pertinencia de haber introducido el maíz transgénico FR-Bt1 en el país. Las decisiones de escalado quedan en manos de personas que poco o nada conocen del origen y riesgos de esta tecnología, pues no se han presentado datos con rigor científico sobre sus supuestas ventajas.

Vale repetir que el problema de la alimentación en Cuba no tiene que ver con la falta de tecnologías. La ciencia cubana cuenta desde hace mucho con soluciones efectivas y apropiadas para nuestras condiciones desde el punto de vista ecológico y socioeconómico. Se ha demostrado que un modelo agroecológico, de bajo impacto ambiental, alta diversidad genética, tecnológica y sociocultural; desarrollado a pequeña y mediana escala, tiene el potencial de alimentar a la población cubana. El problema es que no se han invertido suficientes recursos en este modelo que algunos decisores y encumbrados científicos han considerado como un paliativo y no como una estrategia de futuro. Hay mucho que hacer en términos organizativos, tecnológicos, sociales y ecológicos para producir más alimentos antes que optar por una tecnología tan riesgosa como la transgénesis.

¿Qué hacer?, es la pregunta. No hacer nada y dejar que se derrumbe por sí sola como otras tecnologías similares, es la recomendación de algunos que optan por no presentar posiciones divergentes sino conciliadoras. En el pasado se han derrochado cuantiosos recursos a causa del silencio y la complacencia, por el aquello de que “siempre hay una buena oportunidad de quedarse callado”. Mucha de la ciencia “objetiva” que se genera no tiene vínculo alguno con la sociedad y, por ende, atenta contra esta. Por eso hoy los gobernantes y los políticos tienen mucha más responsabilidad que antes. Las consecuencias de una equivocación serán mucho más dramáticas e incontrolables. El riesgo solo puede minimizarse o asumirse con información, participación y precaución. En el caso que nos ocupa, ninguno de estos tres elementos está siendo considerado.

¿Quién es el enemigo?

Un funcionario recientemente afirmó que el libro Transgénicos ¿qué se gana? ¿qué se pierde? Textos para un debate en Cuba “le hace el juego al enemigo”. Aseveración tan paradójica como retadora. Pero, ¿quién es “el enemigo”? ¿Aquellos que se frotan las manos con la introducción de transgénicos en Cuba o quienes tienen una posición anti-transgénicos? ¿Por qué habría que aceptar complacientemente la idea de que existe un transgénico “socialista”? ¿Por razones ideológicas o por razones científicamente fundadas? ¿De qué ideología y de qué ciencia estaríamos hablando? Aquí hay que tomarse un momento y reflexionar sobre la conexión tecnología-ideología en la génesis de los modelos agrícolas y aplicación.

Creo firmemente que no se trata de buscar al “enemigo”, que como ya se ha afirmado puede estar en la misma actitud de algunos que se autoproclaman revolucionarios. Sobre la conexión tecnología-ideología es prudente recalcar una cita que la estudiante quebequense de estudios ambientales Mélanie Bélanger, citó de Levins (2005) 1 en su artículo “Respuesta al Dr. Carlos G. Borroto. De los "transgenéticos" socialistas milagrosos” publicado en este sitio Rebelión el 28 de mayo de 2010:

«(...) la ciencia evoluciona acorde con las necesidades de la industria y sus filosofías dominantes. Al fin y al cabo, la lucha entre una agricultura altamente tecnológica-química y una agricultura ecológica es también una lucha entre una visión mecanicista/reduccionista y una visión dialéctica de la naturaleza y de la ciencia. Pero, lamentablemente y demasiado a menudo, algunos socialistas caen en un progresismo pasivo que solamente ve un costado de la contradicción, imagina solamente una vía de progreso a lo largo de la cual las cosas son más avanzadas o más atrasadas. Luego imaginan que tecnologías capitalistas pueden ser adoptadas integralmente para fines socialistas. Esta admiración hacia la tecnología burguesa ha sido precisamente uno de los elementos de fracaso de la desastrosa historia de la industria soviética» (Levins, 2005: p.175-176).

Falta de transparencia

Cuba liberó el maíz transgénico FR-Bt1 y este se extiende inconteniblemente. El público que conoce sobre los riesgos e implicaciones de tal decisión está preocupado, alarmado y desconcertado por ver como continúa su expansión. La noticia publicada en el periódico Juventud Rebelde que asegura la existencia de una “estrategia dirigida a sembrar alrededor de 200 caballerías (2684 hectáreas)” de este cultivo en la provincia de Sancti Spíritus, activó nuevamente las alarmas. ¿Cuál será el área total sembrada en el país en el 2010? ¿Por qué no se ha ofrecido esta información? ¿Acaso serán 10 000 o 15 000 hectáreas? Ya se ha hablado de sembrar 40 000 hectáreas de soya con apoyo técnico brasileño y se comenta que este cultivo será “liberado” próximamente.

El maíz transgénico se introdujo con la anuencia de las autoridades competentes designadas por el Estado para tal fin, quienes recibieron documentación que consideraron válida para afirmar, en ese momento, que era posible correr el riesgo para el medioambiente y para la salud humana, pues garantizaba el incremento de la producción de alimentos. Pero… ¿de qué documentos estamos hablando? ¿Dónde están los estudios científicos que avalan la inocuidad ambiental y para la salud humana de este transgénico cubano? ¿Ha tenido usted acceso a esos estudios? ¿Por qué son secretos y clasificados tales documentos? ¿Qué métodos habrán empleado los promotores de la tecnología para convencer a las autoridades del Ministerio de la Agricultura de que el maíz transgénico tiene un rendimiento mayor que otras variedades ya empleadas? ¿Les habrán mostrado algún estudio serio del asunto? El debate carece de estos importantes elementos. Si asumimos que el incremento del rendimiento es el objetivo fundamental de la introducción de esta variedad, que ameritaría todas las inversiones y riesgos por correr, ¿por qué un estudio tan simple como puede ser la comparación entre variedades transgénicas y no transgénicas debería ser secreto?

E n una reunión celebrada el día 16 de julio pasado en la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana, se acordó que se formaría una comisión para realizar estudios de inocuidad a cargo de otras instituciones entre las que el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) no estaría incluido. Podría parecer un paso de avance, pero ¿sería este también un reconocimiento de que se procedió a la aprobación de la licencia sin tener suficientes argumentos o que estos estudios no fueron realizados antes? No debe perderse de vista que el problema original tiene vínculo directo con esa institución que fue la que introdujo el transgénico y, por tanto, debe ser la principal responsable de demostrar tal inocuidad a los organismos competentes y a la sociedad.

Es correcto que otras instituciones se enfrasquen en este objetivo complejo y costoso, sin embargo, la ciencia ya ha demostrado suficientemente los riesgos del empleo de transgénicos en la producción de alimentos, lo que no se ha demostrado convincentemente es su inocuidad. El principio de la equivalencia sustancial es erróneo e inaceptable. Mientras tanto, el maíz FR-Bt1 sigue expandiéndose y se prevé la introducción de otros cultivos. Para que sea un proceso transparente y comprometido, lo primero es detener de inmediato su siembra en condiciones comerciales y hacer que regrese a los laboratorios o áreas experimentales controladas.

El maíz de las seis mazorcas

La diseminación acelerada de la variedad transgénica de maíz FR-Bt1 atenta seriamente contra la biodiversidad de las razas criollas. Al reducir la heterogeneidad genética, limita considerablemente la capacidad de adaptación de los sistemas campesinos a las variaciones del clima. Con el empleo masivo de una variedad de maíz transgénico veremos venir años malos y años peores.

El imaginario popular campesino cubano ha llevado la noticia de boca en boca : “este es el maíz de las seis mazorcas”… y la semilla se pasa de mano en mano sin control. Hace pocos días un campesino me aseguró que había sembrado en su finca aquel maíz milagroso que alguien le “consiguió”. Muy pronto pudo comprobar que, al igual que otras variedades que conoce, este también tenía solo dos mazorcas y no rindió más que el criollo que suele sembrar. Lo que él no sabía era lo que no podía ver: este “maíz milagroso” llevaba dentro una información genética que lo hace comportarse de forma diferente. Lo sembró igual que al tradicional, no utilizó herbicidas y no tuvo problemas de plagas, como con la semilla criolla que habitualmente emplea. No conocía de la necesidad de sembrar un refugio , como tampoco tenía idea de lo que es la insectorresistencia . ¿No es que de acuerdo con los reglamentos de seguridad biológica los campos transgénicos deben mantenerse bajo estricto escrutinio, evitando su diseminación descontrolada? En teoría, el Centro de Seguridad Biológica, apoyado en las estaciones provinciales del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), debe velar por que agricultores que no están dentro del programa empleen estas semillas. Pero, ¿quién lo podría evitar después de destapada la Caja de Pandora? ¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿Qué nos ha conducido a esta absurda encrucijada? ¿Cómo salir de ella?

La falsa expectativa de lograr mayores rendimientos con el maíz transgénico FR-Bt1 se riega como la pólvora en el campo cubano, y sobre todo porque llega en forma de directiva, cual si fuese la varita mágica que solucionará la escasez de alimentos y que reducirá importaciones. El “paquete” viene acompañado con recursos de los que el maíz tradicional nunca dispuso, siendo un cultivo de rotación muy bien conocido por los agricultores. Aún así, no existe una evidencia creíble de su efectividad.

E l aumento de rendimiento ha sido uno de los caballos de batalla de los promotores de los transgénicos. En los Estados Unidos, el país donde por más tiempo y con mayor área agrícola se ha implementado la siembra de estos cultivos, se realizó un estudio a largo plazo que revela su fracaso en términos de rendimiento. Entonces surge la pregunta evidente: ¿Si no incrementan los rendimientos, por qué se han expandido tanto en todo el mundo? ¿Qué es lo que hace a los transgénicos tan atractivos para los agricultores? El reporte “Failure to yield”, por supuesto, descalificado por Monsanto, disponible en: http://www.ucsusa.org/assets/documents/food_and_agriculture/failure-to-yield.pdf intenta clarificar algunas de las dudas que puedan existir sobre el supuesto incremento de los rendimientos del maíz transgénico.

Atentado contra la agricultura campesina

La introducción al medio natural de organismos transgénicos en Cuba desconoce los llamados de alerta sobre sus implicaciones. El problema no es la manera en que se use la tecnología, sino la tecnología en sí misma por nociva, peligrosa e inútil, un verdadero atentado a la agricultura campesina. Aunque se disfrace de ecológica, al supuestamente emplear Ecomic, Fitomas u otras alternativas orgánicas, la realidad es que la tecnología, desde su propia creación y propósito, se concibió para el uso de herbicidas, terrazas planas y un andamiaje tecnológico que ni está ni estará al alcance de los agricultores pequeños cubanos. Entonces, ¿por qué involucrar a los campesinos en esta aventura? La hipótesis de que los cultivos transgénicos refuerzan la Soberanía Alimentaria es rechazada desde hace mucho por todos los movimientos sociales del mundo.

Transnacionales como Monsanto, Syngenta y otras han relacionado los transgénicos con la agricultura ecológica como una estrategia comercial, pero sin un demostrado sustento científico. El modelo de producción que propone el CIGB para el cultivo de transgénicos es divergente de la agroecología, socava el desarrollo que esta ha tenido durante los últimos 20 años en la Isla y constituye un fuerte revés al movimiento agroecológico cubano. La Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP), coordinadora del Movimiento Agroecológico de Campesino a Campesino debería reflexionar seriamente sobre esto. Así, la alternativa agroecológica se ve amenazada en sus tres pilares básicos: diversificación (genética y tecnológica), descentralización (disminución de la escala y participación) y autosuficiencia alimentaria.

Aún quedan innumerables oportunidades, capital social, reservas productivas, tecnología, tierra, posibilidad de implantar m ecanismos económicos, entre otras alternativas para incrementar la producción de alimentos en Cuba y sustituir importaciones. Se conoce que los bajos rendimientos que hoy se logra en la mayoría de los cultivos y la deprimida producción animal, pueden duplicarse con pequeños ajustes de manejo. Por otra parte, parecen insuficientes, pero no es poco que tengamos 1.5 millones de trabajadores agrícolas. Desde el siglo XV ya una persona podía producir para 10. Lo que realmente necesitamos es invertir recursos financieros para que se pueda hacer agricultura familiar y para que los agricultores tengan condiciones que les permitan trabajar y vivir decorosamente en el campo.

Urgencia de una moratoria

Si es que existen y no fueran secretos, el público cubano debería conocer la metodología y los resultados de los estudios que garantizan la inocuidad del maíz FR-Bt1. Es necesario propiciar el debate en espacios públicos y que el tema no continúe secuestrado a lugares cerrados y auditorios reducidos. En tanto no se realice el debate y se llegue de manera participativa a decisiones democráticas, debe implantarse una moratoria al uso de cultivos transgénicos en Cuba. Es imprescindible aplicar el principio precautorio hasta que queden asuntos clave por discutir, en aras de tomar decisiones más conscientes y responsables. Continuar diseminando transgénicos es una muestra de irresponsabilidad, soberbia e irrespeto a la opinión y a la voluntad de los cubanos de definir su destino. Por eso, antes de renovar las licencias otorgadas para este cultivo, que se vencen este año 2010, se impone una moratoria. Quien tenga la competencia para promover y hacer cumplir esta medida, debería hacerlo.

Fernando R. Funes Monzote *

1 Levins, Richard. 2005. «A Left Critic of Organic Agriculture». New International, no.13: 175-176.

* El autor de este texto es Agroecólog, PhD de la Estación Experimental "Indio Hatuey" de la Universidad de Matanza, Cuba


fuente: www.rebelion.org/noticia.php?id=110983


Fuente Revista Futuros

lunes, 8 de junio de 2009

Los perseguidores-por Ignacio Echevarría

Lo leo en el blog de Daniel Link.


Los perseguidores

por Ignacio Echevarría para El Mercurio

Supongo que en Chile existe algún equivalente de lo que en España se conoce por SGAE (Sociedad General de Autores y Editores). Esta entidad se dedica a la gestión de los derechos de autor de sus afiliados; es decir, a recaudar y distribuir los porcentajes que esos derechos les procuran.

De un tiempo a esta parte, el celo puesto en el desempeño de esta loable tarea ha convertido a la SGAE en una entidad muy impopular, objeto de todo tipo de contestaciones. La ha convertido, además, en una entidad rica y poderosa, cuyos ingresos en los últimos años se han visto incrementados portentosamente.

La explicación de esto último la tiene el llamado canon compensatorio. Por virtud de éste,
hace ya un tiempo que la compra de determinados aparatos y soportes se ve gravada de forma generalizada e indiscriminada con un porcentaje que la SGAE y otras entidades de gestión colectiva cobran de antemano, en previsión del empleo que pueda hacerse de dichos aparatos y soportes (equipos de música y televisores, pero también CD/DVD, memorias portátiles, etc.) para realizar copias privadas de objetos sujetos a la propiedad intelectual, ya se trate de imágenes, películas, canciones, textos...

Son muchos los que consideran que el canon compensatorio vulnera la presunción de inocencia
a que tiene derecho todo ciudadano. Desechando escrúpulos de este orden, la SGAE no ha cesado de discurrir todo tipo de mecanismos destinados a controlar y a gravar la transmisión y divulgación de contenidos sujetos a propiedad.

De este modo, los enfrentamientos de la SGAE con las asociaciones de consumidores y, sobre todo, de internautas han venido haciéndose cada vez más virulentos, y arrojan un esperpéntico
anecdotario en el que se suceden descalificaciones, insultos, querellas criminales y manías persecutorias.

Como muestra, un botón: en 2006, un juez de Alicante autorizó a la SGAE a cobrar por la
música que se ponía en las celebraciones de boda y otros eventos de este tipo. Sustentándose en esta sentencia, hace apenas unos meses la SGAE demandó a un salón de bodas de Sevilla por emplear música de sus afiliados sin pagar el canon correspondiente. Como prueba de su denuncia, la SGAE aportó un video de cuatro minutos grabado durante la celebración. Los novios demandaron la SGAE por grabar ese video sin autorización, vulnerando la intimidad del acto, y la entidad fue condenada a pagar 60.000 euros de multa. El caso puso de manifiesto el empleo, por parte de la SGAE, de detectives destinados a probar que en determinadas bodas, bautizos y comuniones se baila al son de canciones "protegidas" por el derecho de propiedad de sus autores.

Más acá de las exaltaciones y de las truculencias a que da lugar este estado de cosas, el traerlo a colación invita a una melancólica consideración acerca del lugar cada vez más paradójico que el artista (o lo que se presuma por tal) ocupa en la sociedad contemporánea.


El caso es que nuestra cultura participa todavía, si bien de un modo cada vez más residual, de una concepción del artista acuñada en el romanticismo, conforme a la cual solía ser visto -el artista en general, ya fuese poeta o pintor, cómico o cantante- como un individuo situado al margen de las convenciones, cuando no enfrentado resueltamente a ellas; un individuo puesto al servicio de un ideal superior, del que a menudo se derivaban actitudes transgresoras, cuando no abiertamente subversivas.


La casi automática identificación entre la vida artística y la bohemia ha sido capaz de resistir
durante décadas, hasta hoy mismo, las evidencias flagrantes que tan a menudo la desdicen, y que apuntan, por el contrario, a la domesticación y estandarización de la mayor parte de los artistas, a la consolidación de un star system que ha convertido al artista consagrado en un privilegiado representante del lujo y de la sofisticación, también en un valioso orientador de las tendencias del mercado. En la misma dirección, el arraigado prejuicio que atribuye al artista, por el mero hecho de serlo, posiciones políticamente progresistas y contestatarias, pasa por alto toda suerte de incongruencias, y no cesa de dar pie a las más insospechadas alianzas (para no irse demasiado lejos: ¿puede alguien explicarme, por ejemplo, qué hacía Michelle Bachelet, en el cierre de su campaña presidencial, cogida triunfalmente de la mano de Miguel Bosé? ¿Es que la letra de canciones como "Sevilla", "Amante bandido" o "Hacer por hacer" promueven los valores de la izquierda chilena?).

Aupados al carro de las subvenciones y de las políticas proteccionistas con que los gobiernos
socialdemócratas retribuyen su apoyo (obsérvese, si no, el caso español), autores y artistas han conseguido que la defensa de la "propiedad intelectual", noción lábil y peliaguda donde las haya, y por medio de la cual la doctrina capitalista coloniza subrepticiamente el ámbito supuestamente libre de la creatividad y de la comunicación humanas, haya pasado a ser, incondicionalmente, una premisa de la izquierda cultural.

No es lugar este de cuestionar los fundamentos jurídicos e incluso éticos que cargan de razón a
quienes invocan los sacrosantos derechos de la propiedad intelectual. Baste, de momento, con subrayar un indeseable efecto estético: el que se desprende de ver a los más conspicuos representantes de aquella inconformidad, de aquella insolencia, de aquel espíritu aventurero tradicionalmente asociado a la más común idea del arte y de la vida artística, convertidos en agentes del orden, en furibundos instructores de legislaciones restrictivas y penalizadoras, en vigilantes celosos, en ávidos controladores, en perseguidores.

Puede que, como algunos dicen, esté en juego en todo esto la subsistencia misma de muchos
artistas. En cualquier caso, lo que parece quedar fuera de juego -pero quizá ya lo estaba, desde mucho antes- es una determinada concepción del arte y de las relaciones que con él mantenían el artista mismo y la comunidad.
Fuente Linkillo, blog de Daniel Link.


Al leer esta nota me vino a la memoria la foto del Senador Filmus con la gente que apoya al canon digital en la Argentina, entre ellos a León Gieco.:

martes, 5 de mayo de 2009

¿Estamos a la derecha o a la izquierda de su pantalla?

A veces la cosa es complicada, en Europa por ejemplo hay un proyecto para reprimir en la web y algunas cosas pesadas, acá dejamos los enlaces por si quiere saber algo más.


Según lo que nos dice Enrique Dams:

  • Lo que se vota en el Parlamento Europeo es el llamado telecoms package, el resultado de la presión de tres de los lobbies más fuertes del mundo: el político, el de las telecomunicaciones y el de los derechos de autor.
  • El paquete de medidas otorga a las empresas de telecomunicaciones un poder omnímodo para convertirse en los auténticos policías de la red: pueden examinar tus comunicaciones, decidir si lo que recibes o envías puede pasar por la red o debe ser bloqueado, impedir el acceso a determinados sitios en función de cualquier tipo de criterio y sin pasar por un órgano judicial, o vender acceso preferencial a determinados sitios como si fueran canales de televisión.
  • La peor de las pesadillas, el entorno en el que Estados Unidos se negó a entrar, la desnaturalización y desactivación más completas de la red, convertidas en realidad.
  • Además, obtiene acceso a los contenidos de las empresas que explotan la propiedad intelectual, el lobby de los derechos de autor, que pasan a estar en un entorno en el que pueden desconectar de la red a quienes consideren “infractores” de unas leyes redefinidas a su antojo o bloquear aquellos sitios que puedan resultar potencialmente peligrosos para su modelo de negocio.
  • Finalmente, el lobby político obtiene el entorno soñado: donde antes se enfrentaba a una enorme masa de gente con capacidad de opinar y de exponer sus opiniones a otros, ahora únicamente tendrá que hablar con las empresas de telecomunicaciones para que dejen fuera de sus ofertas preferenciales a aquellos que les resulten incómodos. Una internet “bajo control
Tienes mucha más información en la red. El “telecoms package” es la mayor aberración que hemos podido ver nunca pasar por un parlamento, la iniciativa liberticida más importante que hemos vivido jamás en relación con la red. Si los representantes de tu partido votan a favor de este paquete de medidas, elimínalos como opción política: habrán demostrado su verdadera naturaleza y su servicio a los lobbies de poder en lugar de al ciudadano. Aquí tienes quiénes son y lo que han votado: no lo olvides.

Toda la entrada en el blog de Enrique Dans.


Hasta ahí uno piensa:

La derecha estará a favor y la izquierda en contra....


Y resulta que desde el Partido Popular, de derecha de España su líder llama a votar en contra de esta ley:

"El presidente del Partido Popular, Mariano Rajoy, se ha mostrado sensible a la neutralidad en la red y se ha comprometido a impedir que las leyes estrangulen la libertad de los usuarios. Asimismo, ha asegurado que el PP promoverá un marco normativo que garantice la protección de los internautas frente a los operadores y que lucharán en las instituciones europeas para eliminar el canon digital y buscar nuevas formas de gestión de los derechos de autor."

Fuente Diario ABC.



Luego de la votación me quedé más tranquilo ya que Rajoy dijo una cosa, pero sus eurodiputados...:

"Sin embargo, durante la votación en el último pleno del Parlamento Europeo, antes de las elecciones europeas del 7 de junio, los eurodiputados del Partido Popular se han abstenido mayoritariamente en la enmienda 9, que exige una orden judicial para que un proveedor pueda restringir el acceso a la red. Esta enmienda, aprobada por 407 votos a favor, 57 en contra y 171 abstenciones, formaba parte del llamado Paquete Telecom que deberá ir a una tercera lectura en un plazo máximo de ocho meses. Además, hay eurodiputados de esta formación que han votado a favor y otros en contra de esta resolución."

¿Y qué hicieron los socialistas españoles?:

Por su parte, el Grupo Socialista en el Parlamento Europeo ha votado de forma coordinada a favor de la resolución, al igual que el Grupo de los Verdes/Alianza Libre Europea, cuyo representante, David Hammerstein, junto con otros eurodiputados, ha sido uno de los responsables del contenido de dicha enmienda.S




Así que la pregunta de abajo queda igual ya que los "socialistas" votaron a favor de la resolución....

Y ahí uno se pregunta:

¿Seré de derecha o de izquierda?

Cuando ésto llegue a éste lado del Atlántico...
¿quiénes serán los que están a favor y quiénes en contra?

Ojalá que no pase!!!

Más información en la Asociación de Internautas.


miércoles, 29 de octubre de 2008

Izquierda y Derecha unida por la soja...

Foto de Carlitos Marx.


Y el Partido Pirata?...A veces cuando veo lo que hacen algunos que se dicen de izquierda pienso que soy de derecha....

Pero bueno.

Veamos algunas cosas que andan por ahí:


BRASILIA (AP) - Cuba realizará plantaciones experimentales de soja en terrenos tradicionalmente utilizados para el cultivo de caña de azúcar, anunció el martes la Empresa Brasileña de Pesquisa Agropecuaria (Embrapa), que apoyará el proyecto.


Me fijo en la página de la Embrapa (es como el INTA brasileño) y dice:

Técnicos cubanos empiezan a aplicar las tecnologías de la Empresa Brasileña de Pesquisa Agropecuaria (Embrapa) en el proyecto Cubasoy, que substituye una tradicional área de caña de azúcar por el cultivo de soja. Dentro de 30 días, 20 variedades de la oleaginosa desarrolladas por la estatal brasileña, vinculada al Ministerio de Agricultura, Pecuaria y Abastecimiento, llegan a Cuba para dar inicio a los tests de adaptación.

Además del material genético a ser probado, el gobierno de Cuba apuesta en la capacitación del personal involucrado en Cubasoy -hoy con 2 mil hectáreas en la provincia de Ciego de Ávila, con la meta de llegar a 40,5 mil hectáreas a largo plazo.


De la página de la Embrapa, en portugués.

Sigo buscando y encuentro este acuerdo entre Embrapa y Monsanto:

Embrapa y Monsanto firman cooperación técnica (09/11/2006)

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En el evento será hecha la entrega de cerca de 800 il reales por parte de Monsanto, para el fondo de investigación de Embrapa, originados por haber compartido derechos de propiedad intelectual, como títulos de royalties, sobre la comercialización de variedades de soja de Embrapa con la tecnología
Roundup Ready® na safra 2005/06.

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Firma del contrato de cooperación técnica para el desarrollo de cultivos de algodón tolerante al herbicida glifosato (Tecnología "RRFlex" de Monsanto).


Todo ésto en el gobierno de Lula, del PT, que, supuestamente, es de izquierda.

Sigo buscando y encuentro:



Entonces, parece que la izquiera puede hacer negocios con Monsanto y llevar semillas de soja transgénico a Cuba....

"Seis años después, el accionar de ciertos partidos de la izquierda no ha cambiado, en todo caso se ha profundizado su proyecto o ha llegado a otros horizontes, avanzando sobre nuevos sectores de la sociedad golpeados por la crisis. Seis años después, el comensalismo de cierta izquierda con el Poder, en el asistencialismo y en el pastoreo de la pobreza extrema, resulta evidente, en especial si tenemos en cuenta los miles de activistas reclutados como empleados por el Ministerio de Desarrollo Social, que ha devenido en un modelo de vida política, en especial de aquellos partidos que no alcanzan los cupos electorales necesarios para medrar con la democracia partidocrática.


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"La sojización y el asistencialismo han creado dependencias de las que resulta difícil escapar. Me refiero a ese mutualismo o acaso ese comensalismo que ha unido a cierta izquierda y a cierto sindicalismo con el modelo de la dependencia, en que pareciera que ambos se benefician mutuamente. La República de la Soja tiene sus propias reglas y esas reglas le generan a nuestras dirigencias escenarios tales como en la tragedia griega, en que los personajes se ven empujados de manera misteriosa e inevitable, moviéndose en el universo de los dioses, siempre hacia un desenlace fatal y empujados por una fuerza ciega. La necesidad de crecientes recursos con los que mantener la política electoral y el asistencialismo, desvela a los hombres y mujeres del gobierno que, carentes de un proyecto nacional e inadvertidos o acaso cegados por la propia desventura a que los conduce la Biotecnología, buscan fondos de manera insaciable con que mantener el sistema clientelar y el reciclaje y la reproducción de la pobreza que mantiene este populismo de la dependencia. ."


". Que en la actualidad, Lula y el partido de los trabajadores del Brasil movilicen a su ejército sobre la frontera del Paraguay en respaldo de los sojeros brasileños amenazados por los campesinos paraguayos que luchan por su tierra, resulta un escándalo que reniega de todas las tradiciones de lucha del pasado y que nos remite a la triste situación que tantas veces hemos denunciado: las Corporaciones necesitan a hombres y a discursos de izquierda en esta etapa de la globalización, del poder del conocimiento y del marxismo de mercado."

"La Biotecnología es hoy definitivamente la nueva religión hegemónica del Capitalismo globalizado, y en esos altares en que la ciencia y los negocios van mezclados, se sacrifica a todos aquellos que hayan rendido pleitesía al consumismo y no hablo tan solo del consumismo de los que usufructúan la riqueza, sino que aludo con mayores preocupaciones a todos los mecanismos de subordinación y de desprotección, de invalidez y de pérdida de la autoestima que se han arraigado en nuestra extendida pobreza, en nuestros pobres solemnes y en todos aquellos no tan solemnes, que ya no pueden vivir por fuera del asistencialismo. Hace dos generaciones atrás era común la construcción de viviendas los fines de semana con el respaldo de amigos y parientes, hace dos generaciones atrás era normal que el agua se sacara de pozos hechos a pala, hace dos generaciones atrás cualquiera que tuviese un poco de tierra, aun muchísimo más si se atrevía a llamarse campesino, podía ser extremadamente pobre, pero jamás habría sido la falta de alimentos su problema principal, ni habría reclamado que el gobierno le diese semillas, o que le construyese la vivienda, que le diese contratos de empleo en los municipios o le sacase el agua de la napa. Algo ha pasado para que semejante pesadilla sea nuestra vigilia permanente..."

"
Que nadie imagine por otra parte, que la caída de los precios de la soja limitará su extensión en el territorio, todo lo contrario, y esto es un fenómeno nuevo que a muchos les resulta de difícil comprensión. Antes los agricultores se guiaban para planificar sus siembras por los precios del mercado, y aumentaban o disminuían sus cultivos, o acaso los diversificaban, según la conveniencia del momento. No es el fenómeno que produce la soja transgénica, con el uso del herbicida Roundup. Con estas tecnologías, continúa siendo más barato añadir nuevos territorios a la sojización para compensar los bajos precios, aun si se trata de desmontar, de expulsar poblaciones o de sacar a otros cultivos del medio. La sojización no es una agricultura más, la sojización es una metástasis y salir de ella en épocas de globalización, significa inexorablemente, asumir el compromiso y el proyecto de emanciparnos."



Entonces, el Partido Pirata, ¿es de izquierda o de derecha?


Para seguir con la idea de izquierda y derecha, un artículo de Página 12 sobre cibercultura en que afirma que la cibercultura es de derecha:


"¿El motivo? Una vasta superchería proliberal llamada cibercultura. Desde fines de los años ‘80, el término, que designa la gran doctrina visionaria de la gente que pulula por Internet, cumple la misma función que Hollywood en los años ‘50: promover la bendita voz del mercado, preferentemente el de Nasdaq. Porque en el fondo, ¿qué es la cibercultura? Nunca nadie lo supo realmente. En realidad –digan lo que digan sus fans–, la cibercultura es una especie de religión difusa basada en la confianza absoluta en las ventajas liberadoras de la tecnología, el rechazo de toda forma de Estado o de intervención política y la veneración sagrada de las libertades individuales (expresión, empresa, religión). En pocas palabras: una reverenda manga de pajeros que, invocando la modernidad como coartada, macera los fundamentos intelectuales del gran fantasma digital: el gobierno mundial. Un universo de progreso y supercomunicación, fuera del alcance de los Estados (incluso del de Estados Unidos), y cuya libertad absoluta se parece mucho a la más hermosa de las orgías. "
"Es curioso, pero la crítica más dura del liberalismo tecnófilo viene justamente de Estados Unidos. “Nuestra relación con la tecnología está matando a la democracia”, escribe Philip Bobbitt, profesor de Derecho en Austin, en su libro The Shields of Achilles (“Los escudos de Aquiles”). “La velocidad de las comunicaciones lo deslegitima todo: los gobiernos ya no pueden darse el lujo de reflexionar antes de actuar, y la era de lo instantáneo nos empuja hacia las formas más carnavalescas de la democracia directa”, agrega este geopolitólogo norteamericano que no es precisamente lo que se llama un tipo de izquierda. De todas maneras, ya nada de eso tiene importancia; porque, como explica John Perry Barlow, “en el ciberespacio no hay elecciones”.





El artículo es del año 2004, las cosas cambiaron mucho desde entonces, sería cuestión de ver si sigue o no vigente. Hay discusiones sobre si Google tiene o no que tener regulaciones. El Estado ya no parece tanto una "mala palabra" como en los tiempos de Menem, hasta en el área financiera piden, los que antes hablaban de libertad regulaciones...


Veremos cómo sigue la historia...


lunes, 25 de agosto de 2008

Lo que pasó y lo que sigue


Tres reflexiones analizan la disputa rural, las posibles salidas políticas para el Gobierno y el discurso construido por los medios.

Opinión



Sainete y gravedad



Por Alicia Dujovne Ortiz *



Desde París



Hace dos o tres meses, un amigo uruguayo me alcanzó un manifiesto escrito en francés, llamativa y conmovedoramente titulado Utopía, que un grupo de socialistas y ecologistas “transversales” franceses acababa de dar a luz. Como en este momento, en el PS de este país se arrancan las mechas preparando congresos asesinos, le pregunté qué pensaba de la posible ascensión de tal personajito socialista frente a tal otro y ligado con el de más allá, que era, hasta hace poco, su enemigo jurado. “Ah, no –me contestó–, nosotros no presentamos candidatos, sino ideas.” Recordé sus palabras al contemplar, de lejos, el sainete argentino, quizá más emotivo que el francés, pero al que éste no tiene gran cosa que envidiar si bien se mira.

Al sainete criollo por su costado agrario se ha dado en catalogarlo como “nueva derecha”, aludiendo a una derecha químicamente impura, vale decir, capaz de englobar elementos contradictorios, digamos de izquierda, y de integrarlos dentro de un discurso vistoso donde todo vale. Un De Angeli apoyado por partidarios de Lev Davidovich; un Buzzi que –hará de esto tres años– se oponía a la pauperización de la tierra y de sus trabajadores derivada del cultivo de la soja transgénica y que ahora está con la Rural pero alaba a Evo Morales; y, por el otro lado, un gobierno popular con un Zar y una Zarina psíquicamente recluidos en su Palacio de Invierno, ¿no parecen cosa e’mandinga, para seguir con la prosa campera que, unida a la futbolística –raros han sido los comentarios del conflicto que no introdujeran términos tales como “embarrar la cancha” o “correr el arco”– campea entre nosotros desde tres meses atrás?

Visto desde otras playas, con todo, el asombro es menor. Todo liderzuelo más o menos carismático que acierta con el tono y el lenguaje, campechano y visceral, necesario para encauzar el malhumor de “la gente”, presentándose como un patriota con rasgos revolucionarios hasta socializantes representa, sea donde fuere, esa derecha de escasa novedad. Sin retroceder demasiado en el tiempo, porque queda antipático sacar a relucir a Hitler y a Mussolini cada vez que llueve, Le Pen agigantó su partido gracias al aporte de los comunistas desencantados (a quienes ha venido a sumársele, poco ha, un popular humorista antisemita “de izquierda” llamado Dieudonné). También es cierto que un Le Pen de extrema derecha puede pincharse con la misma velocidad con que se había inflado si un Sarkozy de “derecha desacomplejada” le succiona votos utilizando su misma técnica, que consiste en “decir en voz alta lo que todos piensan”, léase en manifestar su xenofobia sin complejos, y en juntarse con muchachos de izquierda para que ya no se entienda quién es quién. Al votar en contra de su propio partido y a favor de Sarkozy en un reciente congreso donde su voto sirvió de desempate, el viejo mitterrandista Jack Lang ha asumido un papel cobiano, mostrando una imagen política cuya característica fundamental consiste en ser ideológicamente ilegible y humanamente cristalina: ¿en el fondo qué congreso argentino, francés o camerunés no es un mero recuento de votos o porotos, éstos para vos y éstos para mí?

Es tal como me lo escribió hace días el dirigente cartonero Ernesto Paret, y que los hay los hay, los pobres siguen sirviendo de porotos para el recuento. Perón lo dijo más grueso, “la gilada”, y Paret, más fino: “a los pobres nos instrumentan”. De ahí lo bienvenido de estos seres extraños, los de Utopía, a los que se podría denominar de “novísima izquierda”, porque hubo otra, en los ’60, que se puso “nueva” al irse del PC. No es la sola diferencia. Esta novísima que digo ha comprendido que el verdadero y único y urgente y espeluznante problema de la Argentina y del mundo es el hambre. El que existe y el que se viene. Alguien últimamente lo ha llamado “tsunami silencioso”. Por eso la novísima se arremanga a pensar. Aunque haya grupos similares en todas partes, se trata de una tendencia que en total reunirá a tres gatos locos, de acuerdo, pero por algo se empieza. Entre sus pares argentinos me importa mencionar el GRR, que no es un gruñido de rabia ante lo que sucede, aunque estaría justificado, sino un Grupo de Reflexión Rural, que propone proyectos chicos y factibles, alejados del porotaje político y, por ende, poco visibles.

En la tapa de manifiesto de Utopía puede leerse: “¿Pero entonces –dijo Alicia (la de las maravillas, obvio)–, si el mundo no tiene ningún sentido, quién nos impide inventar uno?”. El texto, colectivo, está puesto bajo la advocación de André Gorz, el pensador y colaborador de Sartre que se suicidó el año pasado, a los ochenta y pico de años, junto a su esposa Dorine, porque ninguno de los dos quería sobrevivir al otro. Su testamento político, que va de prólogo, se intitula con gran sencillez: “La salida del capitalismo ya ha comenzado”.

Buena noticia pero ¿por qué? Porque “la economía real se ha convertido en un apéndice de las burbujas financieras”. Frente a lo que él y varios otros definen como un “abismo” al borde del que caminamos (otra imagen, frecuentemente utilizada, es la de que el sistema “se estrella contra la pared”), “no hay ninguna ‘mejoría’ que esperar –escribe Gorz justo antes de su muerte–, si se la juzga según los criterios habituales: no habrá más `desarrollo’ en forma de más empleos, más salarios, más seguridad; no habrá más ‘crecimiento’ cuyos frutos puedan ser socialmente redistribuidos y utilizados por un programa de transformaciones sociales, desde adentro del sistema, que trasciendan los límites y la lógica del capitalismo. Las promesas y programas de regreso al empleo a tiempo completo son espejismos que tienen como única función mantener el imaginario salarial y mercantil, vale decir, la idea de que el trabajo debe necesariamente ser vendido a un empleador y los bienes de subsistencia comprados con la plata ganada”. Hoy el imperativo de supervivencia lleva un nombre: decrecimiento. De acuerdo con lo cual, los “utopianos” adeptos al alterdesarrollo manifiestan: “Las tres primeras alienaciones de nuestras sociedades desarrolladas son el dogma del crecimiento, el del consumo y el de la centralidad del valor-trabajo”.

El manifiesto, que se publicará, espero, en castellano, es un vivero de ideas frescas. De entre todas ellas he entresacado dos que me inspiran particular cariño: la autoproducción (prácticas alternativas en ruptura con el capitalismo, que para Gorz vienen especialmente del “Sur del planeta”, sobre todo de las favelas brasileñas) y el subsidio universal. No entro en detalles (ellos sí lo hacen, y cómo), pero destaco el hecho de que la instauración de este subsidio como un derecho para todos, desde el nacimiento hasta la muerte, implica nada menos que cuestionar los principios mismos del capitalismo y choca, por supuesto, con un “bloqueo cultural e intelectual”. Y no precisamente de la derecha, nueva o vieja, o no sólo de ella: uno de los paladines del decrecimiento, Serge Latouche, propone “descolonizar a la izquierda del imaginario progresista”. Ardua tarea.

Es por eso que al leer en este diario una nota de Mario Wainfeld sobre las nuevas medidas proyectadas en la Argentina tras el fracaso de la retenciones, salté literalmente hasta el techo. Nada mejor que citarlo para dejarlo claro: “La CTA volverá a presentar una de sus más estimables banderas, la universalización de la asignación familiar por hijo. Se trata de un mecanismo de redistribución de la riqueza, que acortaría la brecha entre trabajadores formales (que agregan a sus sueldos esas asignaciones) versus los informales o desocupados. Una forma de ir reparando uno de los datos más chocantes de la nueva configuración de la clase trabajadora. El oficialismo (incluidos los dos presidentes y la ministra de Desarrollo Social) han sido remisos a la herramienta, por juzgarla contraproducente para la cultura del trabajo y, eventualmente, superflua ante la baja del desempleo. El transcurso del tiempo ha matizado su juicio, pues se corroboró que la creación de puestos de trabajo no terminó con las desigualdades al interior de la clase obrera: el primer nivel del Gobierno presta más escucha a la propuesta. El propio Kirchner pidió a economistas cercanos a la CTA un cálculo del costo de esa política social innovadora, que crearía un nuevo derecho ciudadano”.

La asignación por hijo existe en Francia desde después de la guerra. La idea de la CTA es menos esplendorosa que la de Utopía, pero por algo, nuevamente, se empieza, sobre todo si contribuye a llenar estómagos y a descolonizar cabezas. Con respecto a la autoproducción, el año pasado visité una serie de cooperativas de cartoneros que, dentro de la infinita modestia del conjunto, funcionan. Detrás de muchas de ellas hay ONG alemanas o canadienses. ¿Y el Gobierno? “El Ministerio de Desarrollo Social se fía de los punteros políticos, entonces manda heladeras a un barrio de invasión que no tiene electricidad. Las usamos de ropero”, fue la respuesta. Conclusión, los cartoneros se las arreglan solos. No protestan, no se disfrazan de gauchito ni andan agitando retratos. Falta de tiempo, sin duda: ellos se ocupan de sobrevivir. Si algo le pedirían a un Estado que no los ve, ni los oye, no son promesas de trabajo que saben vanas, sin necesidad de que Utopía se los explique, sino un acompañamiento dentro de lo que ellos mismos se han inventado: reconocimiento oficial para que los trabajadores existan y máquinas para moler las botellas de plástico y venderlas bien. Aunque suene tremendo, la frase de Alicia sobre inventar el mundo, a ellos se les aplica como a nadie.


A este gobierno se le está aconsejando con razón que emerja de la crisis por izquierda. Bueno, ahí tiene dos excelentes ideas, “chiquititas pero cumplidoras”, como decían en mi infancia de ciertas píldoras, para poner en práctica: una actividad en marcha que es ecológica porque recicla objetos fabricados con petróleo, y un poquito de plata por cada hijo. No sé si con eso salimos del capitalismo, pero que habrá menos pobreza, seguro, y más seriedad, también. El sainete puede darnos risa mientras no vayamos hasta la puerta a ver cómo los pibes comen basura.

* Periodista y escritora.