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sábado, 28 de mayo de 2011

Repercusiones sobre la charla sobre Taringa en Sociales-Fragmento y nota en Página 12.

Fuente Beatriz Busaniche.






Un fragmento de la charla de Taringa en Sociales-Matías Botbol de Taringa sobre los usos del site.


 
 
Áudio de la charla, presione en play para escucharla.
Para descargar el áudio de la charla.






 
Ataque de Pánico, el corto uruguayo al que se refiere Matías en la charla.


La noticia en Página 12.

Uno de los hermanos que manejan el popular sitio expuso sus argumentos en una clase universitaria. La propuesta de despenalizar el hecho de compartir contenidos en Internet.

Por Soledad Vallejos
“¿Cuántos de ustedes han subido o bajado material de Taringa!?” Unas 150 personas levantaron la mano; eran todas las presentes en el aula de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, donde comenzaba un debate sobre derechos de autor, penalización de prácticas informáticas, cultura libre y circulación de bienes culturales en Internet. “Todos los días infringimos la ley porque no está acorde con nuestro tiempo tecnológico”, evaluó la docente y especialista en Comunicación y Nuevas Tecnologías Beatriz Busaniche, titular de la cátedra organizadora del encuentro que contaba con la presencia estelarísima de Matías Botbol, dueño, junto con su hermano Hernán, del sitio web cuyo funcionamiento les valió ser procesados por la Justicia penal como “partícipes necesarios” del delito de violación de la propiedad intelectual. El caso, que fue reactivado por decisión de la Cámara Nacional de Apelaciones, llevó también ante el auditorio al matemático Enrique Chaparro y a Glenn Postolski, director de la Carrera de Ciencias de la Comunicación, que avanzaría un poco más sobre el terreno al definir que “aquí se trata de uno de los desafíos clásicos y del futuro: cuáles derechos deben prevalecer”. En todo caso, advirtió, “el avance tecnológico no se detiene por la vía judicial”.

Se trataba de abordar el intento de criminalización de una práctica omnipresente, en ocasiones hasta desterritorializada (las webs que alojan un material pueden hallarse en países donde compartirlo esté permitido) y que apenas requiere alguien con ganas de compartir, alguien con curiosidad, alguien que disponga de un espacio donde contar que eso existe, y algún sitio donde alojarlo. Ese ingreso al ámbito académico de una actualidad judicial en progreso convirtió lo que era una clase de seminario en un foro de discusión con estudiantes y ajenos a la institución. Interés había: en el espacio que había previsto la Facultad para el debate no entraba un alfiler, y había quienes se amontonaban en la puerta para no perder detalle.
“Todos ustedes, que bajan o suben material a Taringa!, son partícipes necesarios: lo que hacen es infringir la Ley 11.723, en su artículo 72”, señaló Busaniche en referencia a la que consideró la Justicia para procesar a los hermanos Botbol. Ese artículo es el que establece que viola los derechos de propiedad intelectual “el que edite, venda o reproduzca por cualquier medio o instrumento, una obra inédita o publicada sin autorización de su autor o derechohabientes”, una aclaración que habilita a las editoriales y discográficas a reclamar por la circulación de los contenidos. “Pero la ley nada dice sobre el fin de lucro, sólo se refiere a la reproducción. Y ese es el delito que cometemos todos. Si ustedes vinieron a esta Facultad, no tengo ni que recordarles que estudiaron con fotocopias.”


Busaniche recordó que “hace 10 años” en distintos lugares del mundo las grandes empresas hacen lobby para “intentar tipificar” como delito este modo de compartir materiales en Internet, “la herramienta de cultura más revolucionaria que hayamos conocido”. “No han logrado que dejemos de copiar porque es una práctica socialmente aceptable. Nadie cree realmente que robar un auto es lo mismo que bajar una canción.” En este momento, en que “hay muchas despenalizaciones dando vueltas”, agregó, “ésta debería ser una más”. “Por eso estamos pensando en organizar una campaña para la despenalización de este modo de compartir contenidos. Si no, están en juego la libertad de expresión, Internet como la conocemos”.


“Es una cuestión rodeada por actores muy poderosos de la industria nacional e internacional. Sitios como Taringa! en diez años de práctica ponen en tensión un modelo de negocios de hace un siglo” protegido por una ley de 1933, evaluó Postolski, para quien el procesamiento de los hermanos Botbol tiene un objetivo más ejemplificador que estrictamente punitivo. “Se trata de industrias con tal poder de incidencia y de lobby que cada vez que vence un derecho, logran una prórroga y vuelve a extenderse el plazo de reserva, y otra vez.” “Todos sabemos lo que nos cuesta publicar un libro, producir un documental y que después es preciso pensar en cómo distribuirlo. Por eso, en este cambio, también hay que pensar en lograr condiciones que permitan a los autores y creadores tener una vida digna y poder seguir produciendo”, señaló, para destacar que el debate no pareciera involucrar tanto a los autores como a los intermediarios con poder de lobby y presión reguladora. Sobre eso mismo, poco después, el matemático Chaparro sería sintético a rabiar: “lo reproducible es inagotable, pero quien tiene la vaca atada es reacio a soltarla... Y nosotros aspiramos a que se desate”.


“La gente comparte información que le resulta interesante” y hay quienes la buscan. “Es en base a esas necesidades no satisfechas de otra forma como funciona Taringa! Y para nosotros, verlo cada día es una novedad”, dijo a su turno Botbol, el expositor tan esperado que nada interrumpió su momento. Co-responsable del sitio con alrededor de 6 millones de visitas diarias y, hasta el momento de la rejudicialización, unos 20 mil usuarios registrados por primera vez cada día, definió a la web de posteos e intercambios mediados como “un mundo con vida propia” en el que él y su hermano desarrollan “aplicaciones para que los usuarios puedan compartir”. “¿Por qué Taringa! no da de baja todos los links de descarga? Porque no en todos los casos es ilegal”, explicó, antes de recordar el caso del usuario uruguayo que compartió un corto amateur hecho por él mismo: la recomendación circuló con dinámica viral; tuvo millones de reproducciones. “Terminó siendo top post del mes. Al flaco le mandaron mails de estudios cinematográficos de Los Angeles; viajó. Terminó firmando un contrato por cuarenta millones de dólares para hacer una película que todavía ni siquiera tiene guión. Si no hubiera podido compartirlo, no pasaba.” Por eso, dijo, “es injusto pensar que compartir es violar derechos de un tercero. Hay otro lado que no nos cuentan los diarios con esta noticia de nuestro procesamiento”.



miércoles, 25 de noviembre de 2009

¿Setenta años no es nada?


Fuente Página 12:

En tiempo record y casi sin debate público, los legisladores le darían sanción al proyecto que busca modificar la ley 11.723. La industria discográfica apoya la medida, mientras que varias organizaciones convocan a movilizarse en contra.

Por Facundo García

“Mi pueblo la canta siempre/ como si fuera una ausencia/ la cara hundida en el pecho/ hasta mirarse la pena.” La voz de Mercedes Sosa soltaba esos versos en la “Zamba de los humildes”, tema incluido en un disco de 1961, La voz de la zafra, que pronto estaría en condiciones de pasar al dominio público. Pero la ilusión puede durar poco, porque en tiempo record y sin demasiado debate previo, la Cámara de Diputados espera aprobar hoy el proyecto S3030/09, que busca modificar la ley 11.723 y extender en veinte años más los derechos sobre fonogramas para intérpretes y productores de la industria musical. De concretarse el cambio, que ya tuvo el visto bueno del Senado, deberán transcurrir siete décadas después de publicada una interpretación para que pase a ser propiedad de toda la sociedad.

A favor de la iniciativa que impulsaron los legisladores Miguel A. Pichetto (FPV Río Negro), José Pampuro (FPV Buenos Aires), Ernesto Sanz (UCR Mendoza), Pedro Guastavino (FPV Entre Ríos) y Liliana Fellner (FPV Jujuy) se alinearon unos cuantos popes de la música, acompañados por las principales empresas del ramo. Entre los argumentos del texto que se someterá a votación se menciona el “peligro” de que obras de los años ’40 y ’50 pasen a formar parte del capital común.

En respuesta, una constelación de organizaciones ha salido al cruce con una carta en la que asegura que, en quienes pretenden la aprobación de la norma, “subyace la idea de que el dominio público es tierra de nadie”. “Lamentablemente, en ninguna parte de sus argumentaciones los interesados en esta extensión dicen que es, en verdad, el acervo cultural de nuestra Nación; aquel espacio donde ya nadie puede impedir a otros el acceso a la cultura, y es, en definitiva, donde vivirá la memoria de nuestros artistas nacionales para el goce y disfrute de las generaciones que nos sigan.” El comunicado insiste en que “el dominio público no es tierra de nadie. Allí no se pierden los derechos morales de los artistas, no se pierde su nombre ni su reconocimiento (...). Es donde está la cultura en forma plena y a libre disposición, sin importar quién pueda o no pagar por ella”. En la lista de firmantes está la Fundación Vía Libre, la Asociación Civil Gleducar, RedPanal y la Cooperativa de Trabajo en Tecnologías de la Información y el Conocimiento (Cottic), entre otros.

Actualmente, los derechos sobre fonogramas son de 50 años, en sintonía con lo que recomiendan los acuerdos internacionales de la Organización Mundial del Comercio y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual. Lo que ocurre es que la concentrada industria discográfica local –representada por Capif, Sadaic y AADI– y algunos herederos de derechos de intérpretes ven con malos ojos la pérdida de su potestad sobre productos que podrían seguir generando dividendos, aun cuando los artistas que los crearon ya no estén. Por otra parte, llama poderosamente la atención la velocidad record con que se ha motorizado el pedido. Es más: al ser consultados por este diario, varios especialistas convocaron a la movilización y expresaron su sorpresa ante la novedad, destacando que Brasil está evaluando modificar sus regulaciones justamente en sentido contrario.



viernes, 8 de mayo de 2009

La dictadura de Facebook-Suplemento NO


Fuente Página 12.
El suplemento NO del diario Página 12 de Agentina es sobre rock o suplemento joven de Página 12, a mi no me gusta usar Facebook u otras redes sociales, de hecho ni siquiera tengo una cuenta, acá les dejo la experiencia de lo que pasó con el suplemento NO:

La red social decidió dar de baja la cuenta del NO, con 5 mil contactos, 3 mil en espera y cientos de conversaciones y comentarios sobre las notas del suplemento joven de Página/12.

Por Mariano Blejman

No tenemos pruebas de que –como publicaron prestigiosos medios internacionales– Facebook pertenezca a la CIA o al menos uno de sus integrantes forma parte del consejo director, lo que es muy probable. No sabemos si las agencias de espionaje se regodean buscando los conocidos de los terroristas, o si la corporación Facebook negocia los datos de millones de usuarios y, lo que es peor, comercia su propiedad intelectual. Lo que sí podemos asegurar, por lo vivido en carne propia esta semana, es que las decisiones de Facebook con relación al derecho intelectual de las personas y el uso de las cuentas es arbitrario, autoritario, dictatorial y, cuanto menos, inesperado. Esta semana, después de casi un año de funcionamiento, la cuenta en Facebook (que se buscaba como “Suplemento NO Página Doce o con el mail supleno@pagina12.com.ar”) fue desactivada sin aviso previo, y sin motivo aparente de suspensión. Oficialmente, nadie ha respondido nuestra inquietud.

¿Por qué dejaron inhabilitada una relación con 5 mil lectores “amigos” del NO, que tenía una “cola” de futuros amigos que pasaba los 3 mil? ¿Facebook ha decidido borrar las conversaciones que allí se sucedieron, los teléfonos que se dejaron, las fechas que se pasaron, las fotos que se subieron, los temas que se cargaron, las relaciones construidas de las que no son propietarios, sin aviso previo, sin un “warning” que dijera que esto iba a pasar? Si uno busca en las condiciones del sitio, no hay tampoco reglas claras. ¿Cuáles son los límites para determinar el fin de una cuenta? ¿Cuál es la conducta panóptica que uno debe aceptar? El sitio dice que no lo puede decir. El capital simbólico de lo que allí ocurrió en el último año (además de un grupo que recién empezaba y rondaba los 200 usuarios y una página que también andaba por los 200 fans) ahora no existe y no se puede acceder porque la cuenta que la controlaba no existe más.

Lo que sucedió con la cuenta del NO (al fin y al cabo, el suple se puede seguir comprando en el quiosco de diarios y leyendo por la web) es apenas una muestra de los peligros que encierra el mundo digital: el fin de la privacidad, o –sin más–la privacidad privatizada. Una corporación decide que todas aquellas discusiones que sucedieron en ese soporte digital –si no fueron backapeadas a tiempo– merecen desaparecer, palabra poco feliz en este país. Si bien es cierto que Facebook es una herramienta muy poderosa a la hora de planificar un medio y de comunicarse con sus lectores, por algún motivo ninguno de los editores de medios vinculados con la cultura joven ha creado perfiles personales y, a esta altura, es claro que no deberían hacerlo.

Los riesgos de depositar abiertamente información demasiado personal en una empresa que no tiene cara –no hay un número de teléfono donde reclamar, ni atención al cliente, ni agentes de prensa en el país con cara de libro– y que toma decisiones unilaterales (lo hizo con los rediseños, con los cambios de contrato unilaterales y con la suspensión de cuentas) debería ser encausada judicialmente, hasta llegar a la Corte Suprema de la Nación y sentar jurisprudencia en favor de los derechos de los usuarios. Y ésa es la campaña que comienza el NO esta semana. Los derechos intelectuales y el capital simbólico de lo realizado sobre el soporte digital en facebook.com no son propiedad del sitio sino de sus usuarios. Total, el “NO” ya lo tenemos.





En realidad con la letra chica que aparece en muchos de los servicios creo que te pueden borrar cualquier sitio en cualquier momento.

No se, hace poco comentabamos lo que le pasó a :


Te borran la cuenta y no se enterará nadie.

Es triste si hay material interesante ahí, si el sitio es además una fuente de información.

A mi personalmente no me gusta mucho Facebook porque para acceder a la información tengo que suscribirme al sitio, eso no me gusta. Pero es algo personal, si me piden que me registre me voy.

Lamento lo del Suplemento NO, de todas maneras no se si es tan malo que la gente se vaya de Facebook....O que no interactúe tanto con las llamadas "redes sociales".


lunes, 30 de marzo de 2009

Quien controla las semillas, controla la comida y la vida-Entrevista a Marie-Monique Robin en Argentina



Una compañía líder, un modelo agrario y sus consecuencias sociales y sanitarias. Los secretos de la empresa, su poder ante los gobiernos y la ciencia. La investigadora francesa aborda todas las claves para contextualizar el monocultivo de soja y los agrotóxicos a nivel global.


Por Darío Aranda


–¿Cómo define a Monsanto?

–Monsanto es una empresa delincuente. Lo digo porque hay pruebas concretas de ello. Fue muchas veces condenada por sus actividades industriales, por ejemplo el caso de los PCB, producto que ahora está prohibido, pero sigue contaminando el planeta. Durante 50 años el PCB estuvo en los transformadores de energía. Y Monsanto, que fue condenada por eso, sabía que eran productos muy tóxicos, pero escondió información y nunca dijo nada. Y es la misma historia con otros dos herbicidas producidos por Monsanto, que formaron el cóctel llamado “agente naranja” utilizado en la guerra de Vietnam, y también sabía que era muy tóxico e hizo lo mismo. Es más, manipuló estudios para esconder la relación entre las dioxinas y el cáncer. Es una práctica recurrente en Monsanto. Muchos dicen que esto es el pasado, pero no es así, es una forma de obtener ganancias que aún hoy está vigente. La empresa nunca aceptó su pasado ni aceptó responsabilidades. Siempre trató de negar todo. Es una línea de conducta. Y hoy sucede lo mismo con los transgénicos y el Roundup.


–¿Cuáles son las prácticas comunes de Monsanto en el orden global?

–Tiene prácticas comunes en todos los países donde actúa. Monsanto esconde datos sobre sus productos, pero no sólo eso, también miente y falsea estudios sobre sus productos. Otra particularidad que se repite en Monsanto es que cada vez que científicos independientes tratan de hacer su trabajo a fondo con los transgénicos, tienen presiones o pierden sus trabajos. Eso también sucede en los organismos de Estados Unidos como son la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) o EPA (Agencia de Protección Ambiental). Monsanto también es sinónimo de corrupción. Dos ejemplos claros y probados son el intento de soborno en Canadá, que originó una sesión especial del Senado canadiense, cuando se trataba la aprobación de la hormona de crecimiento lechera. Y el otro caso es en Indonesia, donde Monsanto fue condenada porque corrompió a cien altos funcionarios para poner en el mercado su algodón transgénico. No dudamos que hay más casos de corrupción donde Monsanto es quien corrompe.


–Usted también afirma que la modalidad de “puertas giratorias” es una práctica habitual.

–Sin duda. En la historia de Monsanto siempre está presente lo que en Estados Unidos se llama “la puerta giratoria”. Un ejemplo claro: el texto de reglamentación que regula los transgénicos en Estados Unidos fue publicado en 1992 por la FDA, la agencia norteamericana encargada de la seguridad de alimentos y medicamentos. La cual se supone es muy seria, al menos siempre yo pensaba eso, hasta antes de este trabajo. Cuando decían que un producto había sido aprobado por la FDA pensaba que era seguro. Ahora sé que no es así. En el ’92, el texto de la FDA fue redactado por Michael Taylor, abogado de Monsanto que ingresó a la FDA para hacer ese texto y luego fue vicepresidente de Monsanto. Un ejemplo muy claro de “puerta giratoria”. Hay mucho ejemplos, en todo el mundo.


–Monsanto fabricó el agente naranja, PCB y glifosato. Y tiene condenas por publicidad engañosa. ¿Por qué tiene tan buena prensa?


–Por falta de trabajo serio de los periodistas y la complicidad de los políticos. En todo el mundo es igual.


–¿Por qué Monsanto no habla?


–¿Has probado llamarlos?

–Sí, pero no aceptaron preguntas.


–También es lo mismo en todo el mundo. Ante cualquier periodista crítico, Monsanto tiene una sola política: “No comments” (sin comentarios).

–¿Qué significa Monsanto en el mercado mundial de alimentos?


–La meta de Monsanto es controlar la cadena alimentaria. Los transgénicos son un medio para esa meta. Y las patentes una forma de lograrlo. La primera etapa de la “revolución verde” ya quedó atrás, fue la de plantas de alto rendimiento con utilización de pesticidas y la contaminación ambiental. Ahora estamos en la segunda etapa de esa “revolución”, donde la clave es hacer valer las patentes sobre los alimentos. Esto no tiene nada que ver con la idea de alimentar al mundo, como se publicitó en su momento. El único fin es aumentar las ganancias de las grandes corporaciones. Monsanto gana en todo. Te vende el paquete tecnológico completo, semillas patentadas y el herbicida obligatorio para esa semilla. Monsanto te hace firmar un contrato por el cual te prohíbe conservar semillas y te obliga a comprar Roundup, no se puede utilizar un glifosato genérico. En este modelo Monsanto gana en todo, y es todo lo contrario de la seguridad alimentaria. De paso, recordemos, que la soja transgénica que se cultiva aquí no es para alimentar a los argentinos, es para alimentar a los puercos europeos. Y qué pasará en Argentina cuando las carnes de Europa deban etiquetarse con que fueron alimentadas con soja transgénica. Se dejará de comprar carnes de ese tipo y Argentina también recibirá el golpe, porque le bajará la demanda de soja.

–Estuvo en Argentina, Brasil y Paraguay. ¿Qué particularidades encontró en la región?


–Hay que recordar que Monsanto entró aquí gracias al gobierno de Carlos Menem, que permitió que la soja transgénica entrara sin ningún estudio. Fue el primer país de América latina. Luego desde Argentina se organizó un contrabando de semillas transgénicas, de grandes productores, hacia Paraguay y Brasil, que se vieron obligados a legalizarlo porque eran cultivos que luego se exportaban. Y luego llegó Monsanto a reclamar sus regalías. Fue increíble cómo se expandió la soja transgénica en la región, y en tan pocos años. Es un caso único en el mundo.

–En la década del ’90 Argentina era denominada como alumno modelo del FMI. Hoy, con 17 millones de hectáreas con soja transgénica y la utilización de 168 millones de litros sólo de glifosato, ¿se puede decir que Argentina es un alumno modelo de los agronegocios?


–Sí, claro. Argentina adoptó el modelo Monsanto en tiempo record, es un caso paradigmático. Pero también hubo algunos problemitas con el alumno modelo. Como las semillas transgénicas son patentadas, Monsanto tiene el derecho de propiedad intelectual. Eso significa, como lo vi en Canadá y Estados Unidos, que les hacen firmar a los productores un contrato en los que se comprometen a no conservar parte de sus cosechas para resembrar el año próximo, lo que suelen hacer los agricultores de todo el mundo. Monsanto lo denuncia como una violación de su patente. Entonces Monsanto envía la “policía de genes”, que es algo increíble, detectives privados que entran a los campos, toman muestras, verifican si es transgénico y si el agricultor ha comprado sus semillas. Si no las han comprado, realizan juicios y Monsanto gana. Es parte de una estrategia global: Monsanto controla la mayoría de las empresas semilleras y patenta las semillas, exigiendo que cada campesino compre sus semillas. Lo que pasó aquí es que la ley argentina no prohíbe guardar las semillas de una cosecha y utilizarlas en la próxima siembra. En un primer momento Monsanto dijo que no iba a pedir regalías, y dio semillas baratas y Roundup barato. Pero en 2005 comenzó a pedir regalías, rompió el acuerdo inicial y por eso mantiene un enfrentamiento judicial con su alumno preferido.


–El Roundup tiene un papel protagónico en este modelo. Muchas comunidades campesinas e indígenas denuncian sus efectos, pero hay pocas prohibiciones.


–Es un impacto increíblemente silenciado. Nadie puede negar lo que traen aparejadas las fumigaciones con este herbicida, totalmente nocivo. Tengo la seguridad de que va a ser prohibido en algún momento, como fue el PCB, estoy segura de que llegará ese momento. De hecho en Dinamarca ya fue prohibido por su alta toxicidad. Es urgente analizar el peligro de los agroquímicos y los OGM (Organismos Genéticamente Modificados).


–Sin embargo, las grandes empresas del sector prometen desde hace décadas que con transgénicos y agrotóxicos se logrará aumentar la producción, y así se acabará con el hambre del mundo.


–Argentina es el mejor ejemplo de esa mentira. ¿Qué tal le ha ido con la sojización del país? Se ha perdido en la producción de otros alimentos básicos y aún hay hambre. Este modelo es el modelo del monocultivo, que acaba con otros cultivos vitales. Es una transformación muy profunda de la agricultura, que lleva directo a la pérdida de la soberanía alimentaria, y lamentablemente ya no depende de un gobierno para poder revertirlo.


–¿Por qué al proceso agrario actual usted lo llama “la dictadura de la soja”?


–Es una dictadura en el sentido de un poder totalitario, que abarca todo. Hay que tener claro que quien controla las semillas controla la comida y controla la vida. En ese sentido, Monsanto tiene un poder totalitario. Es tan claro que hasta Syngenta, otra gran empresa del sector y competidora de Monsanto, llamó a Brasil, Paraguay y Argentina “las repúblicas unidas de la soja”. Estamos en presencia de un programa político con fines muy claros. Una pregunta simple lo demuestra: ¿Quién decide qué se va a cultivar en Argentina? No lo decide ni el Gobierno ni los productores, lo decide Monsanto. La multinacional decide qué se sembrará, sin importar los gobiernos, lo decide una empresa. Y, para peor, la segunda ola de transgénicos va a ser muy fuerte, con un modelo de agrocombustibles que acarrea más monocultivo. Y, a esta altura, ya está claro que el monocultivo es pérdida de biodiversidad y es todo lo contrario de la seguridad alimentaria. Ya no hay dudas de que el monocultivo, ya sea de soja o para biodiésel, es el camino hacia el hambre.


–¿Cuál es el papel de la ciencia en el modelo de agronegocios, donde Monsanto es sólo su cara más famosa?


–Antes pensaba que cuando un estudio era publicado en una prestigiosa revista científica, se trataba de un trabajo serio. Pero no. Las condiciones en que se publican algunos estudios son tristes, con empresas como Monsanto presionando a los directores de las revistas. En el tema transgénico queda muy claro que es casi imposible realizar estudios del tema. En muchas parte del mundo, Estados Unidos o Argentina, los laboratorios de investigación son pagados por grandes empresas. Y cuando el tema es semillas, transgénicos o agroquímicos, Monsanto siempre está presente y siempre condiciona las investigaciones.

–¿Los científicos tienen temor o son cómplices?


–Ambas cosas. El temor y la complicidad están presentes en los laboratorios del mundo. En el libro dejo claro que hay científicos, en todos los países, cuya única función es legitimar el trabajo de la empresa.


–¿Cuál es el papel de los gobiernos para que empresas como Monsanto avancen?


–Los gobiernos son los mejores propagandistas de los OGM (Organismos Genéticamente Modificados). Realizan un trabajo de lobby increíble. Monsanto les lleva sus estudios, su información, sus revistas y fotos, todo muy lindo. Les dicen a los políticos que no habrá contaminación y salvarán al mundo. Y los políticos hacen lo suyo. Y también hay presiones. Diputados franceses han denunciado públicamente las presiones de Monsanto, hasta reconocieron que la compañía contactó a cada uno de los 500 diputados para que legislen según los intereses de la empresa.


–¿Y el papel de los medios de comunicación?

–Me da mucha pena porque soy periodista y creo en lo que hacemos, creo que es una profesión con un papel muy importante en la democracia, pero hay una gran manipulación de los medios. En todo lo referido a los transgénicos, la prensa no trabaja seriamente. Los medios miran la propaganda de Monsanto y la publican sin cuestionamientos, como si fueran empleados de la empresa. También es público que Monsanto invita a comer a los periodistas, les realiza regalos, los lleva de viaje a Saint Louis (donde está su sede central); los periodistas van muy contentos, pasean por los laboratorios, no preguntan nada y ya. Así funcionan los medios con Monsanto. También registré casos en los que Monsanto busca, en cada medio de comunicación, un defensor. Establece contacto con él y logra opiniones favorables. No sé si hay corrupción, pero sé que Monsanto logra su objetivo. En Argentina es claro cómo actúa, al ver algunos artículos de suplementos rurales se ve que en lugar de artículos periodísticos son publicidades de Monsanto. No pareciera que un periodista lo escribió, fue directamente la compañía.

–¿Qué evaluación hace del enfrentamiento entre el Gobierno y las entidades patronales del agro?


–En 2005 entrevisté a Eduardo Buzzi, estaba furioso por el asunto de las regalías reclamadas por Monsanto. Hablaba de las trampas de Monsanto. Y además hablaba de los problemas que traía la soja, hasta me puso en contacto con pequeños productores que me hablaron de las mentiras de Monsanto, de la resistencia que mostraban las malezas, que había que utilizar más herbicidas y que los campos quedaban como tierra muerta. Buzzi sabía todo eso y me decía que cuestionaba ese modelo, afirmaba que la soja traía la destrucción de la agricultura familiar y me decía que Federación Agraria representaba ese sector, que enfrentaba a los pools de siembra y a las grandes empresas. Y Buzzi denunciaba mucho este modelo, muy buen discurso. Pero ahora no sé qué pasó. Nunca lo volví a ver y me gustaría preguntarle qué le pasó que ahora se une con las entidades más grandes, me extraña mucho el cambio que muestra. Y encima Buzzi está con Aapresid (Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa –integrada por todas las grandes empresas del sector, incluidas las semilleras y agroquímicas–), que es la que más gana con todo este modelo, y que apareció poco en este conflicto. Aapresid manipula todo y está con los grandes sojeros, que no son agricultores y que hasta promueven un modelo sin agricultores. Entonces no entiendo cómo Federación Agraria dice representar productores chicos y está con Aapresid. Lo de Federación Agraria es muy extraño, no se entiende.


–¿Y el papel del Gobierno?


–Las retenciones pueden ser que frenen algo del proceso de sojización. Pero no es una solución frente a un modelo tan agresivo. La solución tiene que ser algo mucho más radical y no a corto plazo. Claro que la tentación de los gobiernos es grande, la soja trae buenos ingresos, pero hay que pensar a largo plazo. No hay soluciones simples y cortoplacistas para un modelo que echa a campesinos de sus tierras y, fumigaciones mediante, contamina el agua, la tierra y la gente.





lunes, 18 de agosto de 2008

“Un pueblo que se dedica a un solo cultivo se suicida”


El ensayo periodístico más leído de los últimos meses en Francia esta dedicado en gran parte a la Argentina. En esta entrevista, su autora, Marie-Monique Robin se pregunta qué pudo haber ocurrido para que “Eduardo Buzzi cambie de bando en tres años”.

Desde París



–¿Cuáles son los aspectos ligados al modelo de explotación agrícola en Argentina que, según lo que usted pudo investigar en nuestro país, han quedado hasta ahora afuera de la discusión política?



–Si bien es necesario que el Gobierno intente reglamentar las exportaciones debería, sobre todo, limitar la expansión absolutamente demencial de la soja transgénica. Aunque las retenciones contribuyen a limitar la producción indiscriminada, no es suficiente. A mi juicio es urgente analizar el peligro de los organismos genéticamente modificados (OGM) a fondo. En la actualidad la producción cubre un total de 18 millones de hectáreas. ¿Y esto que quiere decir? Una sola cosa: aumento del monocultivo. Se trata de una constatación que, para mí, es inobjetable y confirma lo que había observado hace tres años, en otra visita que hice a la Argentina. La frase “Un pueblo que se dedica al monocultivo se suicida” es evidente en este caso. Lo que hay que entender es que la expansión de la soja transgénica va en detrimento de los pequeños y medianos productores, al verse obligados a abandonar la producción de alimentos para la población. En primer lugar, porque las semillas que suministra la multinacional Monsanto, de nombre Roundup Ready (Soja RR), se fumigan con el herbicida Roundup, de modo que el resto de las tierras queda contaminado, puesto que es un herbicida muy volátil. Es decir, los pequeños agricultores deben abandonar su hacienda porque sus plantaciones son sencillamente destruidas por el herbicida. La soja provoca problemas sanitarios graves. Y esto ha sido confirmado por un informe del Hospital Italiano de Rosario. Pero también constituye un terrible problema social. No regular la producción de soja transgénica es darle la llave de la agricultura del país a unos inversores que nada tienen que ver con la agricultura. Darles todo el poder de maniobra a los “pools de siembra”, como lo describía Eduardo Buzzi en una entrevista que le realicé en 2005, es poner en juego la seguridad alimentaria de la Argentina.



–¿Cómo fue el desembarco de las semillas de Monsanto en la producción agrícola Argentina? ¿Tuvo resistencias este modelo?



–En 2005 Monsanto y el gobierno argentino estaban en medio de un conflicto por el tema de las regalías que la multinacional estadounidense pretendía cobrar por la exportación de la soja, ya que Argentina no reconoce la patente que reclama Monsanto sobre el gen Roundup Ready. Por ese tiempo Monsanto quería cobrarle 15 dólares a cada cargamento de granos o harina de soja a su llegada a los puertos europeos, ante la imposibilidad de cobrar tres dólares a los productores en territorio argentino. Allí Monsanto comenzaba a mostrar su verdadera cara. Pero antes, en la década de 1990, la totalidad de los productores recibieron a esta empresa con entusiasmo, por supuesto. Recuerdo haber entrevistado a agricultores que me dijeron que, al principio, llamaban a las semillas transgénicas “semillas mágicas”. Inclusive Buzzi me había dicho en esa oportunidad: “Nosotros sostuvimos ese modelo, pero caímos en la trampa. Estaba todo calculado”.



–¿De qué se trata el llamado “principio de equivalencia en sustancia”, retomado en Argentina?



–Este principio aceptado inicialmente en los Estados Unidos no tiene ninguna base científica que lo valide. Sin embargo, al impedir que los OGM sean considerados como aditivos alimentarios, las empresas de biotecnología pudieron evadir pruebas toxicológicas y evitar el etiquetado especial de sus productos. La decisión que permitió comercializar los OGM sin ninguna evaluación fue aceptada también en la Argentina. Gracias a estas mentiras los OGM llegaron al país y desde allí invadieron Paraguay y Brasil, donde no estaban autorizados. Como me había dicho Eduardo Buzzi en 2005, se trató de una estrategia planificada por Monsanto para forzar la legalización y generalización de los OGM. Como Brasil no autorizaba los transgénicos, Monsanto se implantó en la Argentina de Menem y desde allí elaboró su estrategia, que terminó contaminando a buena parte de América del Sur.



–¿Le parece lógico que durante el conflicto por las retenciones, el presidente de la Federación Agraria Argentina se uniera a los “pools de la siembra”, como él mismo los apodaba?



–Que Eduardo Buzzi en un comienzo haya defendido el modelo de la soja transgénica es posible, porque para él, como para muchos productores, se trataba de “semillas mágicas”. Es decir, se puede entender que los productores, dejándose llevar por la propaganda fraudulenta, hayan creído en lo que Monsanto les prometía. Lo realmente curioso, y que da lugar a sospechas, es que hoy en día Bu-zzi se haya cambiado de bando, por así decirlo, y comulgue con los “pools de la siembra”, que en 2005 le habían tendido una trampa. Me pregunto ¿qué habrá pasado desde 2005 que explique ese cambio abrupto de posición? Yo filmé a Buzzi hace tres años para un documental sobre la soja en Argentina, que transmitió la cadena francoalemana Arte. Allí, Eduardo Buzzi hacía un balance del modelo agrícola sojero, y concluía señalando que lo único que podía garantizar la seguridad alimentaria del país era la pequeña y mediana agricultura, a partir del suministro de cultivos diversificados. En esa oportunidad, Buzzi diferenciaba a los productores nucleados en la Federación Agraria de lo que él llamaba “un modelo agrícola destinado al agrobusiness”. Ahora bien: ¿qué hace hoy en día Buzzi? Está con los “pools de la siembra”. ¿Qué pasó? No sé exactamente, no tengo pruebas. Todo lo que puedo decir es que Monsanto desembarcó en Argentina en 1997, e impuso los OGM en un gobierno corrupto como el de Carlos Menem. Y en esa operación es muy probable que haya habido maniobras oscuras. Monsanto tiene una vasta experiencia en hacer cambiar de opinión a la gente.



–En uno de los capítulos de su libro, usted habla del rol que juegan ciertos medios de comunicación en la difusión y apoyo de los OGM en nuestro país. ¿En que consiste este apoyo concretamente?



–Hay medios de comunicación en Argentina que hacen claramente propaganda de los OGM. Al leer diarios como Clarín vemos perfectamente este tipo de discursos y nos hace por lo menos sospechar que, en ese ámbito, habría también una importante corrupción. Cuando uno lee los artículos de su colega Héctor Huergo de Clarín Rural, no puede más que preguntarse cuál es la relación de este hombre con Monsanto. Lo que escribe es propaganda pura, con informaciones falsas. Se les quiere hacer creer a los lectores que van a terminar con el hambre gracias a los OGM, que no habrá más problemas de malnutrición, pero es mentira. Estas cosas hay que investigarlas en profundidad. Hay que tener en cuenta que Monsanto es capaz de corromper al más fuerte. En Indonesia, por ejemplo, hay casos probados y condenas a Monsanto por corromper a más de cien funcionarios del gobierno.



–En general, los antecedentes non sanctos de Monsanto son poco a nada conocidos, o por lo menos no han sido lo suficientemente difundidos...



–En Argentina los medios no dicen que Monsanto ha sido condenada en Estados Unidos y Francia por publicidad falsa, que no tienen más derecho a marcar en sus productos que no afectan al medioambiente. He verificado en varios países la manera de actuar de Monsanto: compran... En el libro y en el film se demuestra que hubo científicos comprados durante más de 20 años para contar mentiras. Hoy sabemos que el Roundup es cancerígeno. Está claro que en un tiempo será prohibido, como ocurrió con tantos productos de Monsanto en el pasado (el PCB, la dioxina, entre otros) que generaron polución en el planeta por cuarenta años y que finalmente fueron prohibidos. El Roundup es altamente tóxico, en la Argentina más de la mitad de las tierras cultivadas son regadas con un producto que no es biodegradable, que llega a las napas freáticas, que contamina los suelos. Al ritmo actual, a mediano plazo los suelos serán inutilizables. Los OGM manipulados resisten al Roundup y lo absorben. Cuando una madre argentina les da la denominada leche de soja a sus hijos, les está dando un producto regado con una sustancia tóxica. Hoy tienen la oportunidad de hacer un balance y sacar conclusiones, es lo que debería hacer el Parlamento. Hoy los productores ya no pueden decir que no saben. Hoy hay pruebas, tenemos los datos. Sabemos que la soja transgénica va a generar enfermedades y va a disminuir el rendimiento de la tierra. En Argentina hay que hacer una evaluación seria antes de que sea demasiado tarde. Hay que dejar bien claro que esta empresa no quiere ganarle al hambre sino hacer grandes negocios.



–Los países europeos debaten en la actualidad sobre los OGM y estudian los controles a poner en práctica. ¿Cuál es la situación en Francia?



–En Francia, al igual que en el resto de los países, hay sectores que proponen legalizarlos. Conozco bien al sector del campo francés porque soy hija de agricultores. Estamos en lo que yo llamaría una guerra de información. Hay agricultores que durante encuentros de discusión me dicen que los OGM les permitirían usar menos pesticidas. ¡Cómo menos pesticidas! Si se trata de plantas que producen tóxicos y que desarrollan una resistencia cada vez mayor a los pesticidas utilizados. Cuando la discusión es profunda se entiende, pero hay una enorme propaganda. Claro que los agricultores, no los pools de siembra que son industriales y especuladores, tienen problemas en todo el mundo. Los verdaderos agricultores son víctimas de estos nuevos modelos, no les alcanza para vivir y se los inunda con la publicidad de estas “semillas mágicas”. En Francia también existe un lobby muy fuerte de los grandes agricultores que militan por la introducción de los OGM. También hay diputados franceses que mienten en la Asamblea Nacional en defensa de los intereses de estas empresas. En Francia, algunos senadores tuvieron el coraje de denunciar que los legisladores son presionados por Monsanto. El aspecto esencial de esta disputa es controlar las semillas, que son el primer eslabón de la cadena alimentaría. Lo que le interesa a Monsanto es vender el Roundup y tener las patentes sobre las semillas para luego cobrar las regalías sobre la producción ajena. Hoy, en países como la India, sólo hay semillas transgénicas. Monsanto compró todas las empresas semilleras, y los campesinos que comienzan a ver los efectos negativos ya no tienen cómo volver atrás. Peor aún, los agricultores deben pagarle regalías a Monsanto al utilizar las semillas o les mandan la policía. Es un negocio redondo. Lo mismo intentó Monsanto en la Argentina. Primero dijeron que no cobrarían regalías, pero en 2005 cambiaron el discurso por el de o nos pagan o vamos a un conflicto fuerte.



–¿Cómo puede salir Argentina de este chantaje que usted describe?



–Todavía es posible. Recordemos que Monsanto tuvo mucha suerte, porque Argentina no era un país productor de soja. El primer productor de soja en América latina era Brasil. Si Argentina hoy es un enorme productor se debe a una circunstancia particular: la gran crisis del 2001. Argentina necesitaba encontrar una salida, y al mismo tiempo la crisis de la vaca loca en Europa generó la prohibición de harinas animales y la necesidad de soja. Esta doble coincidencia benefició a Monsanto. Pero en la actualidad la mitad de los campos de la Argentina están contaminados de OGM, y ésta es una lógica muy cercana a la de tener un país endeudado. Continuar con este modelo sin regulaciones importantes sería pensar a cortísimo plazo. Ya no se trata de la salida de una crisis extrema sino de la viabilidad de un modelo a largo plazo. Esto significa analizar todos los datos y actuar en consecuencia con una visión clara. No hay que olvidar que por el momento Argentina no reconoce la patente sobre el gen Roundup Ready, pero las presiones en la Organización Mundial de Comercio son enormes. Si se llega a la uniformización del sistema de patentes, es decir a la imposición del sistema norteamericano, los problemas de Argentina serán mayores. El debate ciudadano sobre estos temas es fundamental, el debate político en el Parlamento es esencial aunque genere manifestaciones. En Europa, los movimientos de resistencia a los OGM son cada vez más fuertes, debemos alentar la agricultura natural que es la única salida. La pregunta es cómo volver a estos modelos naturales cuando Argentina tiene 18 millones de hectáreas regadas con Roundup.



–¿Está al tanto de que el sector que se opone a las retenciones subraya que, con el avance de la producción de la soja se ganará la guerra contra el hambre?



–Sí, lo sé, y es completamente falso. Los OGM son todo lo contrario, reproducen el hambre a largo plazo justamente porque condenan a los países al monocultivo, como señalaba antes. La prueba está en que, con el avance de la soja, en la Argentina un alto porcentaje de los tambos se están cerrando, por culpa del Roundup desperdigado por los pastizales. La soja se cultiva cerca de donde pastan los animales. Una vez que las vacas se alimentan de las hierbas contaminadas con herbicida quedan afuera del proceso de producción de productos lácteos. Lo mismo ocurre con la producción de arroz y lentejas, que están en la base de la cultura alimentaria argentina, que también ha disminuido considerablemente, sin contar el hecho de las grandes superficies de árboles que fueron arrancados para cultivar soja, sobre todo en el norte del país. Todo un desastre ecológico destinado a producir alimento para vacunos, bobinos y pollos de Europa.



>El mundo según Monsanto ha vendido casi cien mil ejemplares en tres meses. La investigación relata la historia del líder mundial en producción de organismos genéticamente modificados (OGM), la multinacional de origen estadounidense Monsanto. Apoyada en documentos inéditos, testimonios de víctimas, de científicos y políticos, Robin reconstruye la génesis de un imperio industrial construido gracias a informes falsos, contactos con la administración norteamericana, grupos de presión y corrupción que transformaron a esta empresa en el nuevo granero del mundo. El libro revela el papel jugado por esta multinacional en la extensión planetaria de la agricultura transgénica, sin ser sometida a controles serios sobre sus efectos en el ser humano.



Acompañado por un documental difundido en Francia por la cadena francoalemana Arte, la idea del libro surgió casualmente en la Argentina. Robin realizó una primera investigación en la que hacía un balance de la producción agrícola transgénica en nuestro país, un balance devastador, por cierto, según afirma la autora. Durante ese trabajo advirtió que los cultivos trangénicos, que cubrían entonces el 50 por ciento de la superficie cultivada del país, utilizaban la soja llamada Roundup Ready, una semilla manipulada por Monsanto para resistir al Roundup, el herbicida más vendido en todo el mundo desde los años ’70 y fabricado, casualmente, por Monsanto.



“Si hay un país del mundo en el que Monsanto pudo hacer lo que quiso, ese país es la Argentina”, afirma la autora. Gran conocedora de la transformación del modelo de explotación agrícolo-argentino, Robin sigue con atención el conflicto que sacude a nuestro país desde hace meses. Pero no son las discusiones cotidianas en los medios y la actual discusión en el Parlamento lo que más llama la atención a la periodista francesa. Lo que la inquieta es que, según ella, lo fundamental se está pasando por alto.




jueves, 3 de abril de 2008

La asamblea de la soja





La asamblea de la soja

Por Alfredo Zaiat

Los discursos ante multitudes buscan enfervorizar a sus seguidores. Ya sea en la Plaza de Mayo o en el costado de la ruta. Frases altisonantes, contradicciones y chicanas son usuales en semejantes actos. En algunas ocasiones, sin embargo, ciertas frases de esas exposiciones facilitan la comprensión de cuál es la raíz del conflicto, que enfrentan pasiones y especulaciones políticas. Gracias a Juan Etcheverría, el líder de los denominados productores autoconvocados, se hizo más transparente ayer lo que está en juego en el desafío del campo. Etcheverría dijo que quiere que el litro de leche se pague $ 1,20 a los tamberos y el kilo vivo de novillo a $ 4,50 a los ganaderos. También afirmó que, ahora que los pequeños productores se volcaron a la hiperrentable soja, el Estado sube las retenciones. Por fin un representante del sector transparentó el objetivo económico del piquete verde, más allá de los discursos tradicionales contra las retenciones y la intervención del Estado.




El valor de esas declaraciones reside en que esos reclamos exhiben el grave problema de las rentabilidades relativas en la producción agropecuaria y, por lo tanto, en la imperiosa necesidad de la intervención estatal. El negocio de la leche y la carne es rentable, pero bastante menos que el de la soja. Entonces el pedido de elevar el precio de la leche (de un promedio de 85 centavos a 1,20 peso) y el de la carne de novillo (de una media de 3 a 4,50 pesos) es para competir con esa ganancia extraordinaria de la vedette oleaginosa. Ese camino implica subir de 40 al 50 por ciento el precio de esos bienes sensibles de la canasta básica de alimentos de la población. Esos ajustes afectarían a los sectores más vulnerables de la sociedad.




Las retenciones móviles vienen a disminuir la hiperrentabilidad de la soja para acercarla a las de otras producciones del campo. Insistir con la orientación fiscalista de esa iniciativa es distracción. Etcheverría expuso de ese modo que los “hombres de campo” no quieren ganancias normales con la leche y la carne sino que aspiran a igualarlas a la de la soja. La publicación Márgenes Agropecuarios, de la que no se duda de su cercanía con el sector, ofrece un esclarecedor recorrido de los precios recibidos por los tamberos: en abril de 2002 obtuvieron 7 centavos de dólar por litro de leche; en 2003, 15 centavos; en 2005, 16; en abril de 2007, 24; y ahora 26,6 centavos de dólar. Un aumento de 282 por ciento en ese período.




Pero la soja igual sigue siendo mejor negocio. Si los dirigentes del campo dicen que quieren salvar a los tamberos deberían aplaudir las retenciones a la soja, además de apuntar al oligopsonio de las usinas elaboradoras (por ejemplo, La Serenísima). En cambio, si pretenden la hiperrentabilidad de la soja sin importar la diversidad de la producción de alimentos o los precios que debe pagar la población por la leche y la carne no deberían ocultarse detrás de la ubre de la vaca.




azaiat@pagina12.com.ar



Nota Original en Página 12.


jueves, 31 de enero de 2008

Artículo en Página 12 sobre Creative Commons

Salió en el diario Página 12 del jueves 31 de enero, en el suplemento "NO":

Detrás del fenómeno de la liberación de la música, hay una manera diferente de concebir el negocio. Uno de esos proyectos –el más grande, el más sólido–, se llama Creative Commons y se plantea como una plataforma legal para distribuir la música de manera irritante para las multinacionales. El paso de “Todos los derechos reservados” a “Algunos derechos reservados”. La conexión con GNU/Linux. Los baches en Argentina.

Todo el artículo de Pàgina 12

Cómo usar Creative Commons en la Argentina


jueves, 9 de agosto de 2007

Artículos de prensa


Nota del diario Página 12 sobre el Partido Pirata Sueco.

Si conoce otro artículo sobre el Partido Pirata, envíelo a :

enviolibros#gmail.com (reemplace # por @) o déjelo en los comentarios.





Este artículo no es sobre el Partido Pirata pero de alguna manera nos incumbe....


"Internet es el resultado de nuestra vocación cultural. Lejos de asesinar el espíritu, se ha vuelto su multiplicador. Ha recreado paradigmas intelectuales e inventado otros; ha abierto nuevos caminos para nuestro irrefrenable ímpetu de escribir, pensar, pintar, bailar, componer, filmar, fotografiar, interpretar, ser lo que somos. Nuevos caminos. Digamos que nuevos surcos. "




La nueva apuesta de LA NACION: desafío e innovación
Es una plataforma ideal para el desarrollo del arte y el pensamiento; hoy la mayor librería del mundo funciona on line
LANACION.com Cultura Viernes 10 de agosto de 2007