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sábado, 21 de enero de 2012

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martes, 8 de marzo de 2011

Como el modelo minero, la soja llega a la Patagonia


Fuente Página 12.

Por Darío Aranda

“Proyecto sojero” denuncian las organizaciones sociales, ambientales e indígenas. “Plan agroalimentario” lo denomina el gobierno de Río Negro. Se trata de un acuerdo firmado por la provincia y China para sembrar 240 mil hectáreas, el doble de la actual superficie rionegrina dedicada a la agricultura, considerada por el oficialismo como “la iniciativa más importante de la historia provincial”. Una gran diversidad de sectores advierte que será la “sojización” de la Patagonia y alertan sobre las consecuencias sociales, ambientales y sanitarias que implicará. Y puntualizan los abundantes beneficios para el país asiático: la provincia cede 3000 hectáreas sin costo alguno, compromete 240 mil, otorga un sector del puerto provincial durante al menos 50 años, promete la sanción de leyes que beneficien la “inversión” y obliga al Estado provincial a cubrir los costos de oficinas, viviendas y transportes de los técnicos de la empresa china. Desde el Ministerio de Producción niegan que den la bienvenida al monocultivo, incluso cuestionan el modelo agropecuario de Argentina, pero rechazan la posibilidad de prohibir a los capitales chinos que siembren soja.

En octubre último, el gobernador de Río Negro, Miguel Saiz, viajó a China. En los medios de comunicación de la provincia sonaba desde hacía meses la posibilidad de un contrato comercial con ese país. El acuerdo fue celebrado bajo el título de “Acuerdo de cooperación para el proyecto de inversión agroalimenticio”: ése es el nombre formal del documento que vincula a la provincia y a la empresa estatal china Heilongjiang Beidahuang State Farms Business Trade Group, representada en Argentina por Strong Energy. Catorce carillas, en castellano y chino, donde la provincia argentina aparece como “parte A”, la empresa china como “B”, las ventajas parecieran corresponder a los asiáticos y las obligaciones a la provincia patagónica.

“La parte A (gobierno de Río Negro) realizará todos los trámites a fin de aplicar las normas que exceptúen de todos los impuestos provinciales, tasas, ingresos brutos, sellos, patentes, etc.”, grafica el punto seis del acuerdo, y el punto siete establece: “(Río Negro) gestionará ante el gobierno nacional y el Banco Nación a fin de que los fondos de inversión de B (China) no estén alcanzados por encajes bancarios”.

El ítem once obliga a la provincia a “poner a disposición (privada) todos los técnicos de aguas” que se desempeñen en el Estado y los estudios que existan sobre el tema. También compromete que la “futura explotación” se realizará en 50 mil hectáreas de Valle de Colonia Josefa, 74 mil hectáreas de Valle de Negro Muerto, 38 mil de Guardia Mitre, 31.500 de Margen Norte y 41 mil de Valle La Japonesa. Un total de 234.500 hectáreas rionegrinas. Desde el Gobierno aclaran que la superficie bajo riego podría extenderse a las 320 mil hectáreas.

A partir de la carilla once comienza el “anexo” del acuerdo. El Estado provincial se compromete a “ofrecer la mejor política de inversión, brindando garantía mediante la creación de leyes”. El párrafo siguiente es al menos llamativo: los capitales chinos se comprometen a instalarse en la provincia, pero “el Estado de Río Negro se compromete a brindar sin cargo algunos espacios para la oficina y vivienda, como también los medios de transporte y equipamiento para la oficina”. La “inversión” china ni siquiera deberá adquirir computadoras o lapiceras, todo correrá por cuenta del Estado rionegrino.

El acuerdo destaca que China enviará “especialistas” para investigar la forma de inversión, pero “todos los gastos originados durante el período de estudio serán solventados por A (gobierno de Río Negro)”.

También se obliga al propio Estado de Río Negro a “brindar sin cargo alguno 3000 hectáreas de tierra para un campo experimental”, y ceder “sin cargo alguno parte de la zona portuaria, cinco hectáreas”. Esta cesión del área estratégica de la provincia será durante 50 años y, una vez cumplido el plazo, siempre según lo firmado por el gobernador, “se renovará automáticamente”.

Los capitales chinos sólo se comprometen a realizar las “tareas correspondientes a asegurar la siembra que seleccione” y a invertir, en un plazo no estipulado, 20 millones de dólares. Los funcionarios provinciales, incluso el gobernador, difundieron que la inversión sería de 100 millones de dólares, pero en ninguna parte del acuerdo se explicita esa cifra.

El subsecretario de Producción y Recursos Naturales, Humberto Iglesias, remarcó que, como ingeniero agrónomo, posee amplia experiencia en agricultura bajo irrigación. “Sin dudas es el proyecto más importante de la provincia. Y las críticas son más ideológicas que técnicas. A todos les damos las mismas facilidades para que inviertan en la provincia”, señaló y se lanzó con críticas al modelo agropecuario argentino: “Es una amenaza que el país tenga el 60 por ciento de su superficie cultivada con monocultivo. Es un disparate la dependencia a la soja, al glifosato y también a China. No adherimos a ese modelo, es un paquete tecnológico muy peligroso, porque además suma agroquímicos como el endosulfán”.

El funcionario afirmó estar “atento a la preocupante información que comienza a conocerse sobre el glifosato” y remarcó que el gobernador tiene la misma mirada crítica sobre el modelo agropecuario.

A pesar del rechazo al monocultivo, el subsecretario de Producción rechazó enfáticamente la posibilidad de que, en el acuerdo con China, se prohíba sembrar soja. “No es un cultivo ilegal, no podemos prohibirlo”, retrucó y argumentó que la soja en Río Negro es menos rentable que el maíz. Durante la hora de entrevista desestimó una decena de veces que China siembre las 240 mil hectáreas con soja, reconoció que esa limitación no figura en ninguna parte del acuerdo firmado y su reiterado argumento antimonocultivo fue la supuesta baja rentabilidad de la oleaginosa en la zona patagónica.

En Viedma, el gobernador Miguel Saiz brindó una conferencia de prensa para presentar el acuerdo con el gobierno de China. “Hemos tenido la suerte y la posibilidad de subirnos al tren de China (...) Río Negro tiene un escenario histórico para formular un proyecto de desarrollo de carácter integral para los últimos valles de clima templado que quedan en Latinoamérica sin producción”.

Explicó que se estima la siembra de entre 200 mil y 250 mil hectáreas, afirmó que la producción estará a cargo de los actuales propietarios y precisó las “fortalezas” que identificaron desde la empresa China: la aptitud del suelo y clima, la disponibilidad de agua de calidad, la cercanía del puerto de aguas profundas y las vías de comunicación existentes en la provincia.

Desde 2003 la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Valle Inferior comenzó con pruebas experimentales de soja en Río Negro. En septiembre de 2006 el Ministerio de Producción firmó un convenio con la empresa Relmó SA para sembrar soja en doce hectáreas de la localidad de Choele Choel. El miércoles 18 de abril de 2007, el gobierno provincial festejó e inundó las redacciones con gacetillas de prensa: “Levantan la primera cosecha de soja en la provincia de Río Negro”.

“Esta experiencia adaptativa es un paso previo necesario para continuar observando cómo se adapta el cultivo al suelo rionegrino. Con estos datos fidedignos podremos apoyar y fomentar la incursión de los productores provinciales en la siembra a gran escala de soja en la provincia como alternativa para la rotación de cultivos hortícolas. Río Negro ve en esta iniciativa un proyecto interesante en lo que hace a la extensión de la frontera agrícola”, afirmaba el ministro de Producción, Juan Accatino, en el comunicado oficial de hace tres años.

Detrás de esa primera siembra estaba el denominado “Proyecto Soja Patagónica”, donde media decena de empresas de agronegocios impulsaba el avance de la soja sobre las provincias sureñas. Entre ellas, figuraba la alemana Basf, una de las grandes proveedoras mundiales de semillas y agroquímicos.

El Ministerio de Producción precisa que en la actualidad existen sólo 2000 hectáreas con soja. Y detalla que en toda la provincia existen 120 mil hectáreas dedicadas a la agricultura, todas bajo riego, principalmente por medio de canales y acequias. La mitad de esa superficie dedicada a la fruticultura. El acuerdo con China duplicaría la superficie sembrada y sextuplicaría el área dedicada a los principales cultivos (peras y manzanas abarcan 40 mil hectáreas).

“Corrimiento de la frontera agropecuaria” es un término técnico instalado en Argentina de la mano del actual modelo agropecuario. Implicó, e implica, el avance sobre tierras dedicadas a otras producciones y, sobre todo, provocó el desalojo de familias campesinas y pueblos indígenas con posesión reconocida por ley. En el mercado de agronegocios mundial Argentina es visto como un alumno modelo. En 1997 se cosecharon en el país once millones de toneladas de soja transgénica y se utilizaron seis millones de hectáreas. Diez años después, en 2007, la cosecha llegó a los 47 millones de toneladas, abarcando 16,6 millones de hectáreas. En la actualidad, la soja abarca 19 millones de hectáreas, el 56 por ciento de la superficie cultivada del país. Si China decide sembrar en Río Negro, será el desembarco masivo de la soja en la Patagonia.


Fuente Página 12.

sábado, 7 de marzo de 2009

COMBATE DE PATAGONES - 27 de marzo de 1827


Fuente, álbum de Picasa.


COMBATE DE PATAGONES - 27 de marzo de 1827 (Por Pedro Pesatti) Hace ciento ochenta años, un 27 de febrero de 1827, hacía su aparición en el horizonte una poderosa escuadra de guerra con intenciones de ingresar al río Negro. El pueblo de Patagones y Viedma debieron organizarse para enfrentar el mayor desafío de su larga historia.

Debemos remontarnos bastante más atrás del 7 de marzo de 1827 para comprender como se desencadenó la guerra con el Brasil y la pretendida invasión al otrora Fuerte y Población Nuestra Señora del Carmen que fue derrotada por los milicianos aquél día de gloria.

La Banda Oriental siempre tuvo una mentalidad más democrática que el resto, signada por la figura de Artigas, el ejecutor de la ideas federales de Dorrego. Las divergencias entre Buenos Aires y la Banda Oriental, por otra parte, se remontan a 1813 cuando son desconocidos los representantes de Artigas. En razón de ello, el patriota oriental, desde siempre, tuvo que pelear contra un doble enemigo: Buenos Aires y los portugueses. En 1814 Artigas está muy solo. Debe enfrentar a las tropas portuguesas que ingresan al territorio uruguayo y en vez de colaborar con él lo dejan librado a su suerte para que desgaste su poder. Finalmente, en 1820, se produce la batalla de Tacuarembó que Artigas pierde y determina su exilio al Paraguay.

Buenos Aires hace poco y nada frente a este estado de situación hasta que advierte que los portugueses se roban el ganado de la Banda Oriental, lo pasan al Brasil y se dedican a la industria del saladero. El tasajo, que sustentaba buena parte de la economía de Buenos Aires, comienza a ser vendido también por Brasil y a menor precio. Esto significa lisa y llanamente una competencia para los grandes estancieros que concentraban el negocio. Paralelamente, patriotas como Oviedo y Lavalleja escapan del Uruguay y vienen a Buenos Aires para reclamar una acción contra el enemigo.

Sin duda, la competencia del tasajo fue determinante. Las guerras, ya lo sabemos, esconden siempre en sus causas razones económicas. Los grandes estancieros, en consecuencia, no dudan en financiar la expedición de los 33 orientales para librar al Uruguay. En poco tiempo todo el país se insurrecciona en contra de los invasores. Sólo logran conservar la ciudadela de Montevideo. Paralelamente se convoca a un congreso y allí los uruguayos reafirman su voluntad de continuar perteneciendo a las Provincias Unidas del Río de la Plata, con lo cual, formalmente, se desencadena la guerra. Una vez desatadas las hostilidades, los imperiales logran bloquear el puerto de Buenos Aires. Patagones, empero, continúa operando a través de los corsarios contratados por las Provincias Unidas. Su puerto se constituye en un objetivo militar y Brasil decide enviar una escuadra para destruir el Fuerte.

La guerra llega a la Patagonia

A las 9 de mañana del 28 de febrero de 1827, la infantería de negros del coronel Pereyra abrió fuego de cañón y metralla contra el bergantín el "Escudero" de la Escuadra Imperial del Brasil. El barco, que enarbolaba la bandera de las Provincias Unidas para engañar a los defensores, izó la bandera de su país al ganar las tranquilas aguas del estacionario y celebró su victoria. Detrás de este bergantín ingresó una poderosa corbeta, la "Itaparica", que traspasó la línea de la defensa sin dificultades porque ya no quedaban municiones para atender la batería ni existían otros medios para enfrentar la agresión.

Sobre el mediodía, y en plena bajante, un tercer barco intentó franquear la desembocadura pero quedó varado en los bancos exteriores, impidiendo el desplazamiento de la cuarta nave que avanzaba detrás.

A esta altura de los hechos, y sin posibilidades de trabar combate con los invasores, la infantería se replegó en dirección al Fuerte junto a los corsarios de los comandantes Harris, Dautant y Soulin y a los hombres del gaucho Molina. Dos negros y el corsario Fiori, de origen Italiano, mueren durante estas acciones.

La población se prepara para resistir

Luego del choque en la desembocadura, y sin que se volvieran a producir nuevos enfrentamientos, el comandante de la "Chacabuco", capitán Jorge Santiago Bynon, es designado para ejecutar el plan defensivo.

No todos los vecinos están de acuerdo con la decisión adoptada por el jefe militar, el coronel Lacarra. Hay quienes opinan que el Fuerte no puede ser un punto de resistencia y aconsejan armar las naves corsarias para salir al encuentro de los agresores.

El informe de Melchor Gutiérrez será decisivo. Adelantado con un puñado de hombres al escenario controlado por los brasileños, Gutiérrez examina el deplorable estado que presenta la Escuadra por el desconocimiento que sus jefes tenían del río. La suerte de la "Duquesa de Goyaz", que había varado el 28 de febrero en los bancos exteriores, era irremediable. El oleaje, y el insistente viento proveniente del mar la estaban demoliendo. A su vez, la "Itaparica" presentaba una encalladura en el estacionario. Estas novedades producen un giro en los planes: Bynon debe preparar una escuadra para pasar a la ofensiva y atacar la debilitada fuerza del comandante James Shepherd. Sin embargo, el desconcierto parece reinar entre los defensores. Algunos proponen, como el corsario Doutant, concentrar todas las fuerzas en Patagones y esperar a los brasileños. Otros, como Ambrosio Mitre - padre de Bartolomé Mitre -, no confían en la fortaleza de las instalaciones y son partidarios de atacar por el río con las naves corsarias.

Patagones no tiene un fondo estratégico para retirarse si el enemigo logra llegar al puerto. ¿Para dónde marchar? ¿Remontar el río con toda la población? ¿Internarse en el campo? ¿A quién acudir en caso de una retirada en pleno confín del mundo? No hay muchas salidas. Con el río bloqueado en poder de los invasores y a mil kilómetros de Buenos Aires, el pueblo debe tomar las armas para enfrentar al enemigo.


Felipe la Patria fue uno de los héroes del combate del 7 de marzo de 1827.
Murió a los 104 años en 1892.

Las acciones sobre la orilla de Viedma

Luego de permanecer un día en alta mar, la "Constancia" logra atravesar la barra con los sobrevivientes de la "Duquesa de Goyaz", la corbeta insignia de la expedición que se hundió en la desembocadura tras permanecer cinco días encallada en los bancos exteriores.

Sobrepasada en su tonelaje y con el peligro de varar en el estuario, el comandante de la "Constancia" decide un desembarco en inmediaciones de lo que hoy se conoce como el "Pescadero" para aligerar su carga y redistribuir a los náufragos en el resto de las naves.

El propósito de los invasores era desembarcar para marchar por tierra hasta la altura del estacionario donde estaba varada la "Itaparica" y el "Escudero". Pero un grupo de milicianos que tenían la misión de custodiar la margen sur los tomó por sorpresa. Los invasores abandonaron sus botes de desembarco y gran cantidad de pertrechos que inmediatamente fueron incendiados por los defensores.

Los milicianos de Olivera

Patagones, pese a los días que ya habían transcurrido desde que la Escuadra Imperial había hecho su aparición en la desembocadura, no terminaba de adoptar un plan para hacerles frente.

El 5 de marzo se decide convocar un Consejo de Guerra con el propósito de establecer un curso de acción definitivo. La Escuadra, reducida a la mitad de su poder original por el hundimiento de la "Duquesa de Goyaz" y el encallamiento de la "Itaparica", se había adelantado hasta la Estancia de Rial para aprovisionarse de víveres. Esta situación favorecía un ataque con los barcos corsarios aunque, de acuerdo con la opinión del práctico Guillermo White, la operación presentaba muchas dificultades por las características del río Negro.

Al tiempo que se cumplían distintas tareas en el Fuerte para protegerse de un posible ataque de la infantería brasileña y tomaban posiciones en el lugar los negros libertos del coronel Pereyra, la caballería, integrada por vecinos armados y los 22 "tragas" del gaucho Molina, eran adelantados a Laguna Grande - bajo las órdenes del subteniente Olivera -, con la misión de determinar la ubicación del enemigo y el posible escenario desde donde podrían consumar un desembarco.

La caballería tomó posiciones en el lugar en horas de la tarde, tras lo cual Olivera dispuso que un grupo de vecinos, a cargo de Cabrera, marche hacia el cerro de Pepe Rial para efectuar tareas de reconocimiento.

Alrededor de la diez de la noche del 6 de marzo, dos centinelas de este grupo avistan una división de infantes brasileños que había desembarcado más abajo de la estancia de Rial con la aparente intención de inspeccionar el terreno.

Frente a este cuadro de novedades Olivera decide que el Juez de Paz Alfaro marche hasta el Fuerte para transmitir la información y destaca a un nuevo grupo para que siga de cerca la acción del enemigo.

Por esas horas, el comandante de los invasores, James Shepherd, acababa de confirmar a sus oficiales la realización del plan que había articulado los días anteriores: avanzar por tierra durante toda la noche para sorprender a Patagones con las primeras luces del 7 de Marzo.

El triunfo

Alrededor de las dos de la mañana del 7 de marzo de 1827, las tropas brasileñas inician su marcha hacia El Carmen desde un punto ubicado a unos dieciocho kilómetros río abajo, al este del Cerro Dirección. La fuerza, compuesta por cuatrocientos efectivos y trece oficiales, fue conducida hasta el Cerro de la Caballada por un negro brasileño. El baqueano - que había vivido un tiempo en Patagones luego de ser tomado en una de las presas del corsario "Lavalleja" -, para eludir las zonas barrancosas y cortadas de la costa se internó por el monte cerrado, sometiendo a los invasores a una difícil travesía.

El calor sofocante y los terrenos arenosos de la ruta elegida, pronto comenzaron a minar la energía de los agresores que durante todo el trayecto estuvieron privados de agua y con el río demasiado lejos para obtenerla.

A las cinco y media de la mañana, cuando ya el negro del "Lavalleja" había enfilado la columna hacia el Cerro de la Caballada, distante a unos cuatro kilómetros, los hombres del subteniente Olivera apostados en Laguna Grande se preparaban para una nueva vigilia.

Ninguno de los dos bandos sabía, obviamente, que estaban separados por apenas un kilómetro de monte y que en pocos minutos se trabarían en combate.

En esos momentos, Francisco Herrero y Domingo Miguel son mandados por Olivera a buscar unas reses para carnear y racionar a los milicianos. Se internan hacia el norte. A poco andar comprueban una infinita cantidad de huellas que delatan la presencia del enemigo. En menos de quince minutos están frente a Olivera con la novedad y toda la caballada, a brida suelta, sale en busca de la gloria.

Los brasileños, por su parte, ignoraban que los milicianos estaban alertados y empeñaron los últimos alientos para trepar por el cerro desde el que pensaban rendir sin mayor trámite al pueblo de Patagones.

En los pliegues del uniforme del capitán James Shepherd - uno de los primeros enemigos que cayó bajo el fuego de los defensores - se encontró una carta en la que requería la rendición: "Permaneced tranquilos en vuestros hogares; vuestras personas y propiedades serán respetadas, en caso de acceder a mi justa solicitud; pero en caso contrario incendiaré todas vuestras propiedades". Para su desazón, el comandante imperial comprobó que toda la población estaba en pie de guerra y que su demanda, en Patagones y Viedma, jamás encontraría destino.

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Vemos entonces otra acción corsaria argentina!!!