Mostrando las entradas con la etiqueta marihuana. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta marihuana. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de abril de 2013

Rompiendo el Tabú-Sobre la legalización de la marihuana.

domingo, 24 de junio de 2012

“Weed Wars”:el primer reality show sobre la marihuana médica

Navegando por ahí encontramos el primer capítulo:








El primer capítulo de la temporada.

Los subtítulos en castellano.
Si usan Firefox pueden descargarlo con el complemento Download Helper


Sobre el Reality:

El Discovery Channel estrena el primer reality que investiga el mundo de la marihuana médica en California. Weed Wars gira en torno a la vida de los hermanos DeAngelo, dueños de Harborside Health Center el centro de dispendio de marihuana médica más grande del mundo, sus vidas administrando este lugar, su staff, sus pacientes y los políticos que buscan acabar con ellos.
“Existen muchos estigmas alrededor de los pacientes que toman cannabis médico, se dice que no trabajamos mucho, que somos flojos y nos la pasamos viajando, que somos en realidad criminales o narcotraficantes”, dice Andrew DeAngleo. “Todo eso es una mentira perpetrada por los federales y los medios”.
Los hermanos DeAngelo creen apasionadamente que el cannabis es una planta que ofrece una serie de importantes beneficios para la salud y debe de ser legal; su reality show competirá con otros realities, como el de las Kardashian, en su  cruzada por el rating y la transformación de la opinión pública. ¿Entretenimiento stoner o TV con conciencia política?

Fuente Pijama Surf

Al segundo capítulo lo encontramos completo online acá no encontramos los subtítulos en español.
Si alguien los encuentra avise.

viernes, 8 de junio de 2012

Otros Sueños-Chico Buarque





Otros Sueños-Chico Buarque por Partido_Pirata
Otros Suenos-Chico Buarque

Lástima la hermana de Chico....

Y los sueños de Gilberto Gil...


viernes, 4 de mayo de 2012

Sábado 5 de Mayo Marcha Mundial de la Marihuana!



GACETILLA DE PRENSA

SÁBADO 5 DE MAYO

MARCHA MUNDIAL DE LA MARIHUANA

12hs concentración en Plaza de Mayo
15hs marcha hacia el Congreso

BUENOS AIRES

  • Por el inmediato fin de las detenciones y procesos penales a cultivadores no comerciales de cannabis.
  • Por el urgente cese de las detenciones y procesos penales a los usuarios por tenencia de drogas.
  • Por la autorización estatal de los usos medicinales e industriales del cannabis y su investigación científica.
  • Por el reconocimiento del Estado a las asociaciones por los derechos de usuarios y cultivadores de cannabis, proscriptas por la Inspección General de Justicia.
  • Por la regulación del acceso a las semillas de cannabis, el único modo que tenemos los usuarios para poder cultivar nuestra propia marihuana.
  • Por una ley de atención pública, universal y gratuita de los problemas de salud asociados al uso de drogas, basada en políticas de reducción de daños.
  • Por el cese de la discriminación a los usuarios de drogas y el respeto por sus Derechos Humanos.

¡DESPENALIZACION YA!

NO MAS PRESOS POR PLANTAR


La Marcha Mundial de la Marihuana se celebra desde 1999 en más de 200 ciudades de todo el mundo, el primer fin de semana de mayo. En Argentina, la marcha se realiza de forma ininterrumpida desde 2006 y el año pasado junto a más de 25 mil personas en más de 23 ciudades de todo el país. En Buenos Aires, 15 mil almas acompañadas por varios diputados y legisladores se manifestaron desde Plaza de Mayo hasta el Congreso para pedir un cambio urgente en las políticas de drogas, que termine con la las detenciones de los usuarios de drogas y los cultivadores de cannabis.
En un momento histórico para la democracia argentina, casi todo el arco político, incluido el Gobierno Nacional, presentaron sus proyectos para reformar la ley de drogas. Luego de 23 años de políticas de drogas que fracasaron en sus objetivos, expandieron el narcotráfico y generaron un tendal de víctimas, el debate por la despenalización ya está en el Congreso y miles de argentinos en más de 20 ciudades en simultáneo reclamarán por la despenalización de la tenencia de drogas y el cultivo de cannabis que termine con la judicialización de los usuarios, la promoción de políticas de salud, prevención y reducción de daños y, sobre todo, por una nueva ley de drogas más humana, justa y eficaz.
El sábado 5 de mayo, en Bahía Blanca, Buenos Aires, Bariloche, Comodoro Rivadavia, Córdoba, El Bolsón, Formosa, Gral. Roca, La Plata, La Rioja, Mar del Plata, Mendoza, Neuquén, Oberá, Paraná, Resistencia, Río Grande, Rosario, Salta, San Fernando del Valle de Catamarca, San Juan, San Luis, San Miguel de Tucumán, San Salvador de Jujuy, Santa Fe, Santiago del Estero, Trelew, Venado Tuerto, Ushuaia se celebrará una nueva edición de la Marcha de la Marihuana.
Más información en:

www.marchamarihuana.org
@MarchaMarihuana

martes, 7 de febrero de 2012

Rita Lee para un show cuando ve a la policía llevándose gente!






Presione en donde dice CC para ver los subtítulos en español.



Lee, que se despide de los escenarios pero no de la música, según anunció recientemente, se enojó en el recital porque había visto a la policía agredir a algunos de los asistentes entre el público.
Se los estaban llevando presos por, supuestamente, estar fumando un porro.

Luego ella terminó presa. Ojalá más músicos salieran a defender así a sus seguidores de la brutalidad de la policía...



viernes, 17 de junio de 2011

History Channel-Historia de la Marihuana

Es un documental del mes de abril de 2011 sobre la historia de la marihuana, en youtube lo dejaorn en 5 partes, pueden descargarlo si usan firefox con Download Helper. al arvhivo con formato vlc lo puede reproducir con el programa VLC





 
 
Primera parte del documental.

Las direcciones de las otras partes del video en Youtube puede ir descargándolos con el video downhelper:
Segunda Parte
 
Tercera Parte
 
Cuarta Parte
 
Quinta Parte


viernes, 6 de mayo de 2011

Para fumarse los prejuicios


Viejas Locas-Legalicenlá.


Fuente Página 12.


Para fumarse los prejuicios

Se realizará en 23 ciudades argentinas en simultáneo con las que se organizaron en otros 40 países. La concentración será en Plaza de Mayo y de allí marcharán al Congreso. Reclaman la despenalización y la derogación de la tenencia simple.

Por Emilio Ruchansky
La Marcha Mundial de la Marihuana, que mañana se hará simultáneamente en más de 40 países de los cinco continentes, convocará a miles de usuarios, cultivadores y activistas de 23 ciudades argentinas. Al igual que el año pasado, en Buenos Aires habrá una concentración en la Plaza de Mayo desde las 13 y dos horas después una caminata hasta al Congreso. Allí estará el escenario, donde distintos oradores como el activista Matías Faray, quien acaba de pasar 15 días preso por cultivar, o la diputada nacional Victoria Donda, autora de un proyecto para reformar la ley de drogas, exigirán un urgente tratamiento parlamentario del tema “para terminar con la represión y la discriminación”, dijo Faray.
Entre las demandas de usuarios y cultivadores está la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal, declarada inconstitucional por un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y también la derogación de la figura de “tenencia simple”. Por esta figura, se castiga con penas de prisión de uno a seis años la posesión de drogas o de plantas, sin necesidad de que se averigüe la finalidad de la tenencia, es decir, si es para uso personal o para venta. “Esto es claramente inconstitucional, porque viola el principio de inocencia”, explicó a este diario Sebastián Basalo, director de la revista THC, que coordina la marcha en Argentina.
El Plan Nacional de Atención de las Adicciones –público, universal y gratuito– también será reclamado ya que, según informan los organizadores, el proyecto perdió estado parlamentario pese a su aprobación mayoritaria en la Cámara de Diputados. Este proyecto obligaba a todos los hospitales públicos a tener salas especializadas, con personal capacitado, para solucionar problemas derivados del uso de drogas. Además, en la marcha se impulsará la discusión por los fines medicinales de la marihuana, que en Canadá, Suiza y algunos estados de Estados Unidos sirvió como argumento para legalizar la producción y venta legal de cannabis.
El titular de la flamante Asociación Cannábica Buenos Aires (Acaba), Juan Pablo Felipponi, explicó a Página/12 que la marcha servirá para “preponderar el consumo responsable, desmitificando que todo consumo es problemático”. Acaba brinda charlas sobre aspectos legales y también sobre las ventajas del vaporizador, una forma de ingesta recomendada para reducir los daños derivados de fumar para el consumo de esta planta. “Planeamos entregar los papeles necesarios para conseguir personería jurídica y convertirnos en la primera agrupación argentina de este tipo con estatus legal”, agregó.
Este año la actividad contará con el apoyo del Instituto contra la Discriminación (Inadi), a través de su Red de Usuarios, y la presencia del titular del organismo, Claudio Morgado. Además, diputados y legisladores porteños de varios partidos prometieron asistir a la marcha. “Se puede tratar la ley, no es un cuco para las elecciones. Casi todos los partidos presentaron proyectos de despenalización y sabemos que esto ayuda a combatir el narcotráfico en serio”, aseguró ayer la diputada Donda. En la lista de ciudades argentinas, que puede consultarse en www.gmmargentina.com.ar, está Rosario, donde la marcha es convocada por la asociación Arec, que llevó la discusión a los foros académicos; en Córdoba la actividad estará encabezada por Cogollos Argentinos, entidad especializada en los usos terapéuticos de la marihuana. Según comentaron varios organizadores a este diario, en cada ciudad se dio aviso a la policía y se tramitaron los permisos necesarios para utilizar lugares públicos, además de convocar a la prensa “por las dudas”.
“En la última marcha en Buenos Aires, la policía acompañó a las ocho mil personas que vinieron. Y no hubo un solo detenido”, refirió Basalo, uno de los coordinadores de la actividad. En 2008, cuando todavía no había un proyecto de ley apoyado por la militancia cannábica, como ahora el de las diputadas Donda y Cecilia Merchán, más de 40 personas fueron detenidas alrededor de los bosques de Palermo, donde la protesta pasaba por una concentración, con recitales y charlas incluidas.
El contexto, según las fuentes consultadas, es favorable porque circula más información y hay menos prejuicios. El caso de la actriz Sofía Gala lo demuestra, comentó Felipponi. La joven fue fotografiada mientras armaba un porro en un recital y su madre, Moria Casán, contó que sabía que su hija fumaba y afirmó que ella también lo hacía. “Los prejuicios se borraron puerta adentro y puertas afuera también”, aseguró el titular de Acaba,


sábado, 12 de febrero de 2011

Otra víctima de la ley de estupefacientes

Torturas a preso en Mendoza.

Si quieren verlo en Youtube.


¿Qué fue lo que hizo para que lo torturaran así?

“Tenía muy buen comportamiento –explicó Sánchez–, pero un día que lo visitó su madre se olvidó los lentes. El guardia los pisó y los rompió, y él muy molesto reaccionó.” A William Sánchez lo molieron a palos. Las imágenes del video confirman la brutalidad y perversión, siempre tan difícil de aceptar si se presenta sólo en palabras. Pero a esa altura, en junio de 2010, esas imágenes estaban guardadas en el celular de su dueño. Los golpes dejan marcas y terror, y para que desaparezcan unas y se pueda habituar al otro: a William lo encerraron quince días en un buzón de castigo. Como en las cárceles nada es porque sí y tiene su explicación, la estancia en el buzón fue pasada con un parte de mala conducta que la justificara."




Otra víctima de la ley de estupefacientes

Por Horacio Cecchi

Además de que su imagen dio la vuelta al mundo mientras un grupo de penitenciarios lo torturaba contra una pared, de rodillas, esposado y de espaldas, William Vargas González se transformó en una fotografía de los resultados de la guerra santa contra la droga, perejiles y consumidores. Detenido y acusado por tenencia y comercialización de drogas, que jamás le pudieron probar, pero con pesadas condenas a futuro como si se tratara de un narcotraficante, llegó al juicio abreviado donde logró demostrar que los siete plantines de marihuana que le encontraron no estaban destinados a la venta. Inocente para la Corte Suprema pero culpable para la ley, fue condenado a tres años no por fumar ni por vender ni regalar marihuana, sino sólo por tenerla. La llaman tenencia simple, pero es la más complicada. Como morocho pobre, William conoció la tortura en su resocialización carcelaria, luego de ser condenado por tenencia para nada.

En septiembre de 2009, William Vargas González, habitante de la zona rural de Maipú, Mendoza, fue detenido bajo la pesada acusación fiscal federal de tenencia de estupefacientes con fines de comercialización. En su futuro más cercano y oscuro pintaban como mínimo cuatro años con un horizonte que superaba los diez. “Lo venían siguiendo, le habían puesto escuchas telefónicas, lo vigilaban”, describió su abogado Raúl Sánchez a este diario. ¿Por qué lo vigilaban? Algún vecino habrá visto más de una planta de marihuana. Efectivamente, cuando allanaron su casa le encontraron siete plantines y unos 50 gramos de picadura de marihuana. De un fugaz análisis lo imputaron de tenencia para la comercialización, la parte más dura de la Ley 23.737, con condenas de hasta quince años. No es excarcelable.

Quedó detenido en la moderna unidad de la calle San Felipe, construida a espaldas de la tenebrosa cárcel de Boulogne durante el período de vigilia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En septiembre de 2010, antes de llegar a juicio, y como llevaba un año preso, logró acceder al juicio abreviado, ese curioso sistema que –por desidia judicial o falta de fondos del Ejecutivo– lleva al inocente a aceptar el mal menor, confesarse culpable y recibir una condena más suave que pelear por su inocencia en un juicio tres o cuatro años más tarde.

William llevó pruebas de su inocencia, la fiscalía no pudo probar que comercializaba y se negoció el resultado. ¿Cuál? ¿La absolución por inocente? Jamás. La fiscalía tenía una prueba de nada, irrefutable: los plantines de marihuana, que no ocupaban tres hectáreas, sino un angulito de tierra, y que tampoco habían sido secados, picados, desmenuzados y encendidos para fumar. Pero allí estaban, irrefutables y reconocidos por el transgresor. Tres años parecía el resultado de una buena negociación.

“Es la parte más absurda de la ley, porque se castiga la tenencia simple –sostienen los expertos que siguen la lectura de la Corte Suprema al aplicar una mirada sanitarista y despenalizadora sobre consumidores y perejiles–. Si la usara para consumo sería atenuante, y si la comercializara, sería agravante. Si sólo la tiene es tenencia simple.” En los tratados del derecho más moderno, una figura que tiende a ser desterrada, porque castiga la peligrosidad, que es hipotética y moral.

Condenado a tres años y con un año cumplido en prisión, el abogado Raúl Sánchez pidió para su defendido la excarcelación. “Con penas menores a tres años, la condicional corresponde a los 8 meses de detenido, si tiene un buen informe de conducta de parte de los penitenciarios.” Fue lo que le faltó a William. Es decir, lo tuvo, pero se le cayó. “Tenía muy buen comportamiento –explicó Sánchez–, pero un día que lo visitó su madre se olvidó los lentes. El guardia los pisó y los rompió, y él muy molesto reaccionó.” A William Sánchez lo molieron a palos. Las imágenes del video confirman la brutalidad y perversión, siempre tan difícil de aceptar si se presenta sólo en palabras. Pero a esa altura, en junio de 2010, esas imágenes estaban guardadas en el celular de su dueño. Los golpes dejan marcas y terror, y para que desaparezcan unas y se pueda habituar al otro: a William lo encerraron quince días en un buzón de castigo. Como en las cárceles nada es porque sí y tiene su explicación, la estancia en el buzón fue pasada con un parte de mala conducta que la justificara.

“El sistema carcelario de calificación es de lo peor –explicó Sánchez–. Se puede tener conducta muy buena o excelente, pero si hay una sanción se pasa de golpe a pésima. Para volver a buena, que es la que se exige para una condicional, debe subir tres escalones, de pésima a mala, a regular y a buena. Cada escalón dura tres meses.” Los jueces rechazaron el pedido del abogado y William siguió preso por el delito de tener para nada. Sus torturadores no tenían demasiado que temer. Un celular jamás había caído en manos de abogados como prueba de la resocialización carcelaria.

http://horaciocecchi.wordpress.com




viernes, 10 de septiembre de 2010

The Union: The Business Behind Getting High

The Union: The Business Behind Getting High



SINOPSIS:
Es un documental canadiense que aborda desde una perspectiva neutra y objetiva temas como: ¿Porque la marihuana es ilegal? Que riesgos a la salud realmente causa la marihuana? Funciona la prohibición de la marihuana? Que pasaría si a la marihuana se le impusieran impuestos? Medicina, papel, combustible, textiles, alimentos, etc… ¿estamos perdiendo algo con prohibirla?

La película entera en Video Google

Si quieren verla directamente en Video Google.





En world film dejaron los enlaces para descargarla en formato avi.

Menos enlaces y más fácil para descargar es hacerlo desde la página de Video Google, si usan firefox sólo tienen que instalar el programa download helper

En Open Subtitles están los subtítulos en español bien sincronizados.

Si no usan Firefox pueden encontrar la forma de descargarlo yendo a Clipnabber y colocando la dirección del video:

http://video.google.com/videoplay?docid=-9077214414651731007#

Al archivo FLV pueden verlo con el programa VLC

miércoles, 5 de mayo de 2010

Sábado 8 de mayo Marcha Mundial de la Marihuana!!





Estaremos todos ahí!!!
(el blog no oficial, el oficial no sabemos....)

sábado, 29 de agosto de 2009

How to stop the drug wars-Artículo de The Economist sobre la "guerra de las drogas"


En la nota de Alfredo Zaiat sobre la economía de la droga comenta un artículo de The Economist a favor de la despenalización del consumo de drogas.

En síntesis lo que dice Alfredo Zaiat dice:

"El resultado de esa política es resumido por el semanario conservador The Economist, en un artículo publicado el 5 de marzo de este año: “La prohibición ha fracasado, la legalización es la solución menos mala”. Después de un documentado recorrido sobre la fallida acción mundial en los últimos cuarenta años en la guerra contra la droga, The Economist concluye que “la legalización no sólo expulsará a los delincuentes, sino que sería transformar el tema de las drogas de un problema de ley y orden en uno de salud pública, que es como deben ser tratados”. Concluye que los gobiernos así recaudarían impuestos y deberían regular el comercio de drogas, además de aplicar los fondos obtenidos (de las cargas tributarias sobre la droga, como hoy sobre el cigarrillo y las bebidas alcohólicas) y de reasignar los inmensos presupuestos del combate al narcotráfico para educar a la población sobre los riesgos del consumo de drogas y para tratar las adicciones."

Así que buscamos la nota de The Economist y la encontramos y dice:



Anahí nos avisa que en este blog hay una traducción del artículo de The Economist:

Estados fallidos y políticas fallidas

Cómo detener las guerras de las drogas

The Economist
Marzo 5 de 2009

La prohibición ha fallado; la legalización es la solución menos mala

Hace cien años un grupo de diplomáticos extranjeros se reunió en Shangai para iniciar el primer esfuerzo internacional de prohibición del comercio de una droga narcótica. El 26 de febrero de 1909 acordaron instalar la Comisión Internacional de Opio – justo unas décadas después de haber librado Gran Bretaña una guerra contra China para imponer su derecho a comerciar la sustancia. Luego vinieron muchas otras prohibiciones de sustancias que alteran el ánimo. En 1998 la Asamblea General de la ONU comprometió a sus países miembros a alcanzar un “mundo libre de drogas” y a “eliminar o reducir significativamente” la producción de opio, cocaína y canabis para el 2008.

Ese es el tipo de promesa que le encanta hacer a los políticos. Alivia el sentido de pánico moral que ha sido la dama de compañía de la prohibición por un siglo. Su intención es tranquilizar a los padres de adolescentes alrededor del mundo. Pero es una promesa inmensamente irresponsable, porque no puede ser cumplida.

La semana entrante, ministros de todo el mundo van a reunirse en Viena para definir la política internacional de drogas para la próxima década. Como generales de la Primera Guerra, muchos dirán que todo lo que se necesita es más de lo mismo. De hecho, la guerra contra las drogas ha sido un desastre, ha creado estados fallidos en el mundo en vías de desarrollo mientras que la adicción florece en el mundo rico. Por cualquier medida razonable, esta lucha de 100 años ha sido iliberal, asesina y sin sentido. Por eso es que The Economist continúa creyendo que la política menos mala es legalizar las drogas.

“Menos mala” no significa buena. La legalización, aunque claramente mejor para los países productores, traería riesgos (diferentes) para los países consumidores. Como delineamos abajo, muchos consumidores vulnerables de drogas sufrirían. Pero desde nuestro punto de vista, más sería lo que ganarían.

La evidencia del fracaso

Hoy en día la Oficina de las Naciones Unidas Contra las Drogas y el Crimen no habla más de un mundo libre de drogas. Su alarde es que el mercado de las drogas se ha “estabilizado”, significando con ello que más de 200 millones de personas, o casi el 5% de la población mundial adulta, todavía consume drogas ilegales – aproximadamente la misma proporción que hace una década. (Como la mayor parte de los "hechos" sobre las drogas, éste es sólo una conjetura educada: el rigor de la evidencia es otra de las víctimas de la ilegalidad.) La producción actual de cocaína y opio es probablemente igual que la de hace una década; la de canabis es mayor. El consumo de cocaína ha declinado gradualmente en los Estados Unidos desde su pico a comienzos de los años ochenta, pero el camino es desigual (permanece mayor que a mediados de los noventa), y crece en mucho lugares, incluyendo Europa.

Esto no es por falta de esfuerzo. Estados Unidos por sí solo gasta alrededor de $ 40 mil millones de dólares cada año tratando de eliminar la oferta de drogas. Arresta a 1.5 millones de sus ciudadanos cada año por delitos relacionados con drogas, y encierra a medio millón de ellos; la existencia de leyes más estrictas contra las drogas es la razón por la cual uno de cada cinco estadounidenses pasa algún tiempo tras las rejas. Y en el mundo en vías de desarrollo se derrama sangre a una velocidad sorprendente. En México más de 800 policías y soldados han sido asesinados desde diciembre de 2006 (y el número de víctimas ya va por los 6000). Esta semana otro líder más de un país azotado por el problema de las drogas – Guinea Bissau – fue asesinado.

Pero la prohibición, en sí misma, vicia los esfuerzos de los guerreros de las drogas. El precio de una sustancia ilegal está determinado más por el costo de su distribución que por el de su producción. Tómese la cocaína: el precio aumenta más de 100 veces entre el cultivo de coca y el consumidor. Aun si verter herbicida sobre los cultivos de los campesinos cuadriplica el precio local de las hojas de coca, esto tiende a tener poco impacto sobre el precio en la calle, el cual se establece principalmente de acuerdo al riesgo de transportar la cocaína a Europa o los Estados Unidos.

Hoy en día, los guerreros de las drogas dicen capturar cerca de la mitad de toda la cocaína que es producida. El precio en las calles de Estados Unidos sí parece haber subido, y la pureza parece haber bajado, durante el último año. Pero no es claro que la demanda baje cuando los precios suben. De otra parte, hay abundante evidencia de que el negocio de las drogas se adapta rápidamente a perturbaciones en el mercado. A lo sumo, la represión efectiva sólo obliga a que el negocio transite hacia otros sitios de producción. Así, el opio se ha movido de Turquía y Tailandia hacia Myanmar y el sur de Afganistán, donde actúa en detrimento de los esfuerzos de Occidente por derrotar a los Talibanes.

Al Capone, pero a escala global

Ciertamente, lejos de reducir el crimen, la prohibición ha fomentado mafias a una escala que el mundo jamás había presenciado. De acuerdo con el, quizás inflado, estimativo de la ONU, la industria ilegal de las drogas vale unos $ 320 mil millones de dólares al año. En Occidente, hace que personas que de otra manera serían ciudadanos respetuosos de la ley, se conviertan en criminales (el actual presidente de los Estados Unidos pudo fácilmente haber terminado en prisión por sus experimentos juveniles con “perico”). También hace que las drogas sean más peligrosas: los adictos compran cocaína y heroína muy adulteradas; muchos usan agujas sucias para inyectarse, propagando VIH; los desgraciados que sucumben al “crack” o a la “meta” están fuera de la ley, y cuentan sólo con sus jíbaros para ser “tratados”. Pero son los países del mundo emergente que pagan la mayor parte del precio. Hasta una democracia relativamente desarrollada como México se encuentra ahora en una lucha a muerte contra las mafias. Oficiales estadounidenses, incluyendo a un ex zar de las drogas, han hecho pública su preocupación por tener a un “narco estado” como vecino.

El fracaso de la guerra contra las drogas ha llevado a que algunos de sus más valientes generales, especialmente en Europa y Latinoamérica, estén sugiriendo que el actual eje de la política, consistente en encerrar personas, tome un giro hacia un enfoque de salud pública y “reducción del daño” (como alentar a los adictos a que usen agujas limpias). Este enfoque haría más énfasis en educación pública y tratamiento de los adictos, y menos en el acoso a campesinos que cultivan coca y en el castigo a consumidores de drogas “blandas” para uso personal. Eso sería un paso en la dirección correcta. Pero es improbable que logre ser financiado adecuadamente, y no hace nada contra el crimen organizado.

La legalización no sólo desplazaría a las mafias; también haría que las drogas pasaran de ser un problema de ley y orden a ser un problema de salud pública, que es como deberían ser tratadas. Los gobiernos podrían cobrar impuestos y regular el comercio de drogas, y usar los recursos recaudados (y los miles de millones ahorrados en uso de fuerza pública) para educar al público sobre los riesgos de consumir drogas y para tratar la adicción. La venta de drogas a menores debería seguir siendo prohibida. Diferentes drogas tendrían distintos niveles de carga impositiva y regulación. El sistema sería ajustable e imperfecto, requeriría monitoreo constante y tendría disyuntivas ("trade-offs") muy difíciles de medir. Los precios post-impuestos deberían ser establecidos a un nivel que permitiera lograr un balance entre el desaliento del uso de drogas por un lado, y, por otro lado, el desánimo del mercado negro y de los actos desesperados de robo y prostitución a los cuales los adictos tienen que recurrir para alimentar sus hábitos.

Venderle este sistema imperfecto a las personas en los países productores, donde el crimen organizado es el tema político central, es relativamente sencillo. La parte dura está en los países consumidores, donde la mayor batalla política es la adicción. Muchos padres de familia estadounidenses pueden llegar a aceptar que la legalización sería una respuesta adecuada para la gente de Latinoamérica, Asia y África; pueden incluso llegar a ver su utilidad en la lucha contra el terrorismo. Pero su miedo inmediato serían sus propios hijos.

Ese miedo está basado en buena medida en la presunción de que bajo un régimen de legalidad más personas usarían drogas. Esa presunción puede estar equivocada. No hay correlación entre la severidad de las leyes sobre drogas y la incidencia del consumo; ciudadanos que viven en regímenes severos (notablemente en Estados Unidos, pero también en Gran Bretaña) consumen más drogas, no menos. Los guerreros de las drogas, avergonzados, explican esto aludiendo a presuntas diferencias culturales, pero incluso en países muy similares la severidad de las reglas hace poca diferencia sobre el número de adictos: la dura Suecia y la más liberal Noruega tienen precisamente los mismos niveles de adicción. La legalización puede reducir tanto la oferta (el empujador [vendedor de drogas] por definición empuja) como la demanda (parte de la emoción del peligro desaparecería). Nadie lo sabe con certeza. Cualquier proponente honesto de la legalización haría bien en asumir que el consumo de drogas agregado se incrementaría.

Hay dos razones principales para argumentar que la prohibición debería, aun así, ser eliminada. La primera es un principio de liberalidad. Aunque algunas drogas ilegales son extremadamente peligrosas para algunas personas, la mayor parte de ellas no son especialmente dañinas. (El tabaco es más adictivo que virtualmente todas ellas.) La mayor parte de los consumidores de drogas ilegales, incluyendo cocaína e incluso heroína, sólo las usan ocasionalmente. Lo hacen porque derivan disfrute de ellas (como del whisky o de un Marlboro Light). No es trabajo del estado detenerlos.

¿Y qué de la adicción? El tema queda parcialmente cubierto por el primer argumento, puesto que el daño en cuestión recae sobre el usuario. Pero la adicción también puede infligir miseria sobre las familias y especialmente los hijos de cualquier adicto, e involucra costos sociales más amplios. Por eso es que desincentivar y tratar la adicción debería ser la prioridad de la política de drogas. De ahí el segundo argumento: la legalización ofrece la oportunidad de hacer frente a la adicción adecuadamente.

Proveyendo información honesta sobre los riesgos a la salud de distintas drogas, y estableciendo precios acordes, los gobiernos podrían orientar a los consumidores hacia las menos dañinas. La prohibición no ha logrado prevenir la proliferación de drogas diseñadas, soñadas en laboratorios. La legalización podría animar a que compañías legítimas de drogas mejoraran los productos que la gente consume. Los recursos recaudados a través de impuestos y ahorrados en represión permitirían a los gobiernos garantizar tratamientos a los adictos – una manera de hacer que tal legislación sea más aceptable políticamente. El éxito de los países desarrollados en hacer que la gente deje de consumir tabaco, el cual es similarmente sujeto a impuestos y regulación, provee una base de esperanza.

¿Una apuesta calculada, u otro siglo de fracaso?

Este periódico por primera vez argumentó a favor de la legalización hace 20 años (ver artículo). Revisando la evidencia de nuevo (ver artículo), la prohibición se ve aun más dañina, especialmente para los pobres y débiles del mundo. La legalización no desplazaría a las mafias completamente fuera de los negocios de las drogas; así como con el alcohol y los cigarrillos, habría impuestos que evadir y reglas que subvertir. Y tampoco sería una cura automática para estados fallidos como Afganistán. Nuestra solución no es pulcra; pero un siglo de fracaso manifiesto argumenta a favor de intentarla.




Failed states and failed policies

How to stop the drug wars


Prohibition has failed; legalisation is the least bad solution


A HUNDRED years ago a group of foreign diplomats gathered in Shanghai for the first-ever international effort to ban trade in a narcotic drug. On February 26th 1909 they agreed to set up the International Opium Commission—just a few decades after Britain had fought a war with China to assert its right to peddle the stuff. Many other bans of mood-altering drugs have followed. In 1998 the UN General Assembly committed member countries to achieving a “drug-free world” and to “eliminating or significantly reducing” the production of opium, cocaine and cannabis by 2008.

That is the kind of promise politicians love to make. It assuages the sense of moral panic that has been the handmaiden of prohibition for a century. It is intended to reassure the parents of teenagers across the world. Yet it is a hugely irresponsible promise, because it cannot be fulfilled.

Next week ministers from around the world gather in Vienna to set international drug policy for the next decade. Like first-world-war generals, many will claim that all that is needed is more of the same. In fact the war on drugs has been a disaster, creating failed states in the developing world even as addiction has flourished in the rich world. By any sensible measure, this 100-year struggle has been illiberal, murderous and pointless. That is why The Economist continues to believe that the least bad policy is to legalise drugs.

“Least bad” does not mean good. Legalisation, though clearly better for producer countries, would bring (different) risks to consumer countries. As we outline below, many vulnerable drug-takers would suffer. But in our view, more would gain.

The evidence of failure

Nowadays the UN Office on Drugs and Crime no longer talks about a drug-free world. Its boast is that the drug market has “stabilised”, meaning that more than 200m people, or almost 5% of the world’s adult population, still take illegal drugs—roughly the same proportion as a decade ago. (Like most purported drug facts, this one is just an educated guess: evidential rigour is another casualty of illegality.) The production of cocaine and opium is probably about the same as it was a decade ago; that of cannabis is higher. Consumption of cocaine has declined gradually in the United States from its peak in the early 1980s, but the path is uneven (it remains higher than in the mid-1990s), and it is rising in many places, including Europe.

This is not for want of effort. The United States alone spends some $40 billion each year on trying to eliminate the supply of drugs. It arrests 1.5m of its citizens each year for drug offences, locking up half a million of them; tougher drug laws are the main reason why one in five black American men spend some time behind bars. In the developing world blood is being shed at an astonishing rate. In Mexico more than 800 policemen and soldiers have been killed since December 2006 (and the annual overall death toll is running at over 6,000). This week yet another leader of a troubled drug-ridden country—Guinea Bissau—was assassinated.

Yet prohibition itself vitiates the efforts of the drug warriors. The price of an illegal substance is determined more by the cost of distribution than of production. Take cocaine: the mark-up between coca field and consumer is more than a hundredfold. Even if dumping weedkiller on the crops of peasant farmers quadruples the local price of coca leaves, this tends to have little impact on the street price, which is set mainly by the risk of getting cocaine into Europe or the United States.

Nowadays the drug warriors claim to seize close to half of all the cocaine that is produced. The street price in the United States does seem to have risen, and the purity seems to have fallen, over the past year. But it is not clear that drug demand drops when prices rise. On the other hand, there is plenty of evidence that the drug business quickly adapts to market disruption. At best, effective repression merely forces it to shift production sites. Thus opium has moved from Turkey and Thailand to Myanmar and southern Afghanistan, where it undermines the West’s efforts to defeat the Taliban.

Al Capone, but on a global scale

Indeed, far from reducing crime, prohibition has fostered gangsterism on a scale that the world has never seen before. According to the UN’s perhaps inflated estimate, the illegal drug industry is worth some $320 billion a year. In the West it makes criminals of otherwise law-abiding citizens (the current American president could easily have ended up in prison for his youthful experiments with “blow”). It also makes drugs more dangerous: addicts buy heavily adulterated cocaine and heroin; many use dirty needles to inject themselves, spreading HIV; the wretches who succumb to “crack” or “meth” are outside the law, with only their pushers to “treat” them. But it is countries in the emerging world that pay most of the price. Even a relatively developed democracy such as Mexico now finds itself in a life-or-death struggle against gangsters. American officials, including a former drug tsar, have publicly worried about having a “narco state” as their neighbour.

The failure of the drug war has led a few of its braver generals, especially from Europe and Latin America, to suggest shifting the focus from locking up people to public health and “harm reduction” (such as encouraging addicts to use clean needles). This approach would put more emphasis on public education and the treatment of addicts, and less on the harassment of peasants who grow coca and the punishment of consumers of “soft” drugs for personal use. That would be a step in the right direction. But it is unlikely to be adequately funded, and it does nothing to take organised crime out of the picture.

Legalisation would not only drive away the gangsters; it would transform drugs from a law-and-order problem into a public-health problem, which is how they ought to be treated. Governments would tax and regulate the drug trade, and use the funds raised (and the billions saved on law-enforcement) to educate the public about the risks of drug-taking and to treat addiction. The sale of drugs to minors should remain banned. Different drugs would command different levels of taxation and regulation. This system would be fiddly and imperfect, requiring constant monitoring and hard-to-measure trade-offs. Post-tax prices should be set at a level that would strike a balance between damping down use on the one hand, and discouraging a black market and the desperate acts of theft and prostitution to which addicts now resort to feed their habits.

Selling even this flawed system to people in producer countries, where organised crime is the central political issue, is fairly easy. The tough part comes in the consumer countries, where addiction is the main political battle. Plenty of American parents might accept that legalisation would be the right answer for the people of Latin America, Asia and Africa; they might even see its usefulness in the fight against terrorism. But their immediate fear would be for their own children.

That fear is based in large part on the presumption that more people would take drugs under a legal regime. That presumption may be wrong. There is no correlation between the harshness of drug laws and the incidence of drug-taking: citizens living under tough regimes (notably America but also Britain) take more drugs, not fewer. Embarrassed drug warriors blame this on alleged cultural differences, but even in fairly similar countries tough rules make little difference to the number of addicts: harsh Sweden and more liberal Norway have precisely the same addiction rates. Legalisation might reduce both supply (pushers by definition push) and demand (part of that dangerous thrill would go). Nobody knows for certain. But it is hard to argue that sales of any product that is made cheaper, safer and more widely available would fall. Any honest proponent of legalisation would be wise to assume that drug-taking as a whole would rise.

There are two main reasons for arguing that prohibition should be scrapped all the same. The first is one of liberal principle. Although some illegal drugs are extremely dangerous to some people, most are not especially harmful. (Tobacco is more addictive than virtually all of them.) Most consumers of illegal drugs, including cocaine and even heroin, take them only occasionally. They do so because they derive enjoyment from them (as they do from whisky or a Marlboro Light). It is not the state’s job to stop them from doing so.

What about addiction? That is partly covered by this first argument, as the harm involved is primarily visited upon the user. But addiction can also inflict misery on the families and especially the children of any addict, and involves wider social costs. That is why discouraging and treating addiction should be the priority for drug policy. Hence the second argument: legalisation offers the opportunity to deal with addiction properly.

By providing honest information about the health risks of different drugs, and pricing them accordingly, governments could steer consumers towards the least harmful ones. Prohibition has failed to prevent the proliferation of designer drugs, dreamed up in laboratories. Legalisation might encourage legitimate drug companies to try to improve the stuff that people take. The resources gained from tax and saved on repression would allow governments to guarantee treatment to addicts—a way of making legalisation more politically palatable. The success of developed countries in stopping people smoking tobacco, which is similarly subject to tax and regulation, provides grounds for hope.

A calculated gamble, or another century of failure?

This newspaper first argued for legalisation 20 years ago (see article). Reviewing the evidence again (see article), prohibition seems even more harmful, especially for the poor and weak of the world. Legalisation would not drive gangsters completely out of drugs; as with alcohol and cigarettes, there would be taxes to avoid and rules to subvert. Nor would it automatically cure failed states like Afghanistan. Our solution is a messy one; but a century of manifest failure argues for trying it.




Sería interesante saber si está la traducción al español de la nota.

Si alguien la encuentra o quieren traducirla envíenla a:

ppirataargentino#gmail.com
Reemplacen # por @


Sobre la economía de la droga...Nota de Página y de The Economist

Fuente Página 12.

En los comentarios de los enlaces de la película Grass dejaron:


"q haora el consumo va formar parte de un negosi sicio rentable estan locos todos

Y justo leo el siguiente artículo de Alfredo Zaiat sobre el tema:

La economía de la droga

Por Alfredo Zaiat

La producción de la materia prima, elaboración y comercialización de estupefacientes prohibidos por ley es una actividad económica. El análisis de ese mercado, a diferencia de otros muchos, está dominado por conceptos generales acerca de la moral y cuestiones vinculadas con la salud. Estos dos aspectos son tan potentes en el debate cotidiano que queda postergado el entendimiento sobre el modo de desarrollo de ese sector de la economía. No se trata de la presentación de estimaciones millonarias de un negocio ilegal, sino de saber cómo funcionan las leyes económicas, lo que permitiría una comprensión y acción más abarcadora que la que ofrece el discurso conservador. No es un tema moral acerca de cómo a las personas les gustaría que funcionase el mundo, sino de conocer las características de la economía de la droga. El fallo de la Corte Suprema que declaró inconstitucional penalizar la tenencia para consumo personal brinda la oportunidad de acercarse con un poco menos de prejuicios a una actividad económica que ha mostrado un creciente dinamismo en las últimas décadas.

Por esas paradojas de la corriente conservadora, destacados representantes del liberalismo han ofrecido los argumentos económicos más contundentes sobre los beneficios de la legalización del negocio vinculado con la producción y comercialización de drogas prohibidas. Su referente moderno, Milton Friedman, ha sido uno de los principales economistas que enfrentó las pasiones del pensamiento dominante represivo. En una entrevista que le realizaron en 1991 en el Foro Americano sobre Drogas, un programa de debate nacional sobre asuntos públicos, afirmó que “si se observa la guerra contra las drogas (se refiere al gobierno de Estados Unidos) desde un punto de vista puramente económico, el papel del gobierno es proteger al cartel de las drogas. Esta es la realidad, literalmente”. El periodista le preguntó: “¿Lo hace bien?”. El Premio Nobel de Economía contestó: “Excelentemente. ¿Qué quiero decir con esto? En un libre mercado normal hay miles de importadores y exportadores. Cualquiera puede entrar en el negocio. Pero es muy difícil que un pequeño empresario pueda dedicarse al negocio de importación de drogas, porque nuestros esfuerzos por impedirlo esencialmente lo hacen enormemente costoso. Así que la única gente que puede sobrevivir en ese negocio es ese tipo de gente como el cartel de Medellín, que tienen suficiente dinero como para tener flotas de aviones, métodos sofisticados y cosas así. Además de eso, al no permitir esos productores y arrestar, por ejemplo, a los cultivadores locales de marihuana, el Gobierno mantiene alto el precio de esos productos. ¿Qué más querría un monopolista? Tiene un gobierno que se lo pone muy difícil a todos sus competidores y mantiene alto el precio de sus productos. Es como estar en el cielo”. Para ejemplificar la situación, Friedman afirmó que “ahora ocurre lo mismo que bajo la prohibición del alcohol”.

En enero de 1920 la National Prohibition Act o Volstead Act (conocida vulgarmente como ley seca) no prohibió el consumo, pero sí la fabricación, transporte y venta de bebidas que superaran los 0,5 grados de graduación alcohólica. “Se trataba de poner en marcha lo que se denominó el ‘noble experimento’ con el fin de planificar una sociedad conforme a los criterios morales de la clase dominante de aquellos años”, explica Francisco Moreno en un artículo publicado en liberalismo.org. Se tuvo que impulsar un enmienda (la Nº 18) de la Constitución de EE.UU. para instrumentar esa norma. Para cumplir con esa ley se creó una agencia ejecutiva específica llamada Bureau of Prohibition, dependiente del Departamento del Tesoro. Sus agentes federales eran conocidos con el nombre de prohi’s; con el tiempo pasaron a ser controlados por el Departamento de Justicia. Moreno detalla que “esa prohibición tuvo efectos perversos en el interior del país: se encareció el precio de la bebida, cientos de miles de personas comenzaron a fabricar artesanalmente bebidas alcohólicas, se fomentó el mercado negro, muchas veces con bebidas sustitutivas adulteradas o altamente tóxicas. Se incrementó el consumo de licores destilados en detrimento de cervezas o vinos, así como la demanda de otras drogas anteriormente poco consumidas. Se extendió la delincuencia y fue el comienzo de la puesta en pie de un colosal imperio criminal de bandas organizadas como nunca antes se había visto en la historia de los EE.UU.”. Ese desarrollo económico tuvo su origen en el excedente adicional generado por la fijación de un precio por encima del equilibrio de un bien demandado, similar a una renta “monopólica” en este caso alimentada por el plusvalor originado en el riesgo de violar la prohibición.

En la mencionada entrevista a Friedman le comentan que “hay quienes dicen que cuando desapareció la prohibición, el consumo se incrementó enormemente y que eso sería...”. Friedman interrumpe y dice que “eso sencillamente no es verdad. Las cosas no fueron así. Existen cifras estadísticas en publicaciones acerca de la cantidad de alcohol consumida. Esas cifras suben abruptamente inmediatamente después de la época de la prohibición, pero se refieren al consumo ‘ilegal’ de alcohol. Si tomamos, como he hecho, las tablas de consumo de alcohol antes y después de la época de la prohibición, dicho consumo vuelve más o menos adonde estaba y durante el período posterior si se ha movido ha sido disminuyendo, no en términos absolutos, sino en relación con la población y el crecimiento relativo de los ingresos”. Según un estudio de la Universidad de Columbia, en vísperas de la Volstead Act (1919) el consumo per cápita de bebidas alcohólicas en los EE.UU. era de 6 litros al año. En 1921 bajó a medio litro aproximadamente, pero a lo largo de los años siguientes esa media fue progresivamente aumentando hasta alcanzar los 5 litros a inicios de los años ’30. Esto es casi a los mismos niveles previos a la prohibición.

La administración Nixon declaró una guerra sin cuartel contra las nuevas y viejas drogas aprobando la Drug Abuse Prevention and Control Act de 1970, que prohibió toda una serie de drogas casi con las mismas razones enarboladas durante la ley seca. Se creó un estado generalizado de persecución contra dichas sustancias que influyó en todos los demás países para que endurecieran las penas contra su comercio y consumo y para que se creasen brigadas específicas contra los estupefacientes. Nixon impulsó la redacción de la Convención Internacional de la ONU de 1971 sobre Sustancias Psicotrópicas. La unanimidad de los gobernantes de aquellos tiempos en la prohibición de los estupefacientes fue abrumadora (no importando la ideología política o religiosa) y subsiste hasta hoy.

El resultado de esa política es resumido por el semanario conservador The Economist, en un artículo publicado el 5 de marzo de este año: “La prohibición ha fracasado, la legalización es la solución menos mala”. Después de un documentado recorrido sobre la fallida acción mundial en los últimos cuarenta años en la guerra contra la droga, The Economist concluye que “la legalización no sólo expulsará a los delincuentes, sino que sería transformar el tema de las drogas de un problema de ley y orden en uno de salud pública, que es como deben ser tratados”. Concluye que los gobiernos así recaudarían impuestos y deberían regular el comercio de drogas, además de aplicar los fondos obtenidos (de las cargas tributarias sobre la droga, como hoy sobre el cigarrillo y las bebidas alcohólicas) y de reasignar los inmensos presupuestos del combate al narcotráfico para educar a la población sobre los riesgos del consumo de drogas y para tratar las adicciones.

azaiat@pagina12.com.ar

Fuente Página 12.

jueves, 27 de agosto de 2009

Seguro que a muchos de nuestros legisladores no les importa, Ojalá lo piensen cuando sancionen leyes penales..

Nuestros diputados y senadores seguramente no leerán esta nota, a ellos poco les importa lo que pase con las personas a las que meterán presas, a las que las arrojarán a las fieras de las fuerzas de seguridad al endurecer leyes o crear nuevas figuras penales.

Seguramente a nuestros legisladores no les importan las vidas destruídas que generarán al endurecer leyes que castigarán , en su gran mayoría, a los pequeños, nunca a los grandes delincuentes. Imagínense todo el calvario que nos cuenta la nota ahora con personas que ofrecieron un archivo con copyright como es el caso del proceso penal contra Horacio Potel.

Téngamoslo en cuenta al votar...¿Qué hacen nuestros diputados, los que se llenarán la boca hablando de libertad y democracia?

Si llegara a ser legislador algún día me daría pánico meter a alguien en ese sistema espantoso llamado Sistema Penal Argentino.


Es muy difícil quedarse sin una sensación de bronca e indignación al leer la siguiente nota:



Fuente Página 12.

Y todo por llevar un porrito en el bolsillo

El fallo de la Corte alertó que no se debe seguir penalizando a los consumidores. Aquí, casos de usuarios presos por unos pocos gramos cuya vida terminó en calvario. El más dramático, el del joven llevado a una comisaría en la que resultó violado.

Por Emilio Ruchansky

Se han cometido y se siguen cometiendo crímenes en nombre de la ley de drogas. Crímenes que tienen como culpable a la policía, aunque no siempre se denuncian, y que comienzan con una requisa ilegal, con una prueba plantada o porque alguien es encontrado con un porro en la calle. Son, en su mayoría, casos en los que se aplica la figura que pena la “tenencia de estupefacientes para consumo personal”, un castigo que fue declarado inconstitucional por la Corte Suprema de la Nación el martes pasado. Como señaló una investigación de la asociación Intercambios y la Universidad de Buenos Aires, el 70 por ciento de los causas de drogas en los últimos veinte años fueron contra consumidores, en su mayoría jóvenes, que llevaban menos de cinco gramos de marihuana o cocaína. Son las víctimas de una norma que por primera vez desde su sanción tiene buenas chances de ser modificada.

Ayer, luego de que se conociera el fallo de la Corte sobre el tema, se divulgó uno de estos crímenes que tiene como protagonista a David, un joven universitario que reclama una indemnización millonaria al Estado por “el delincuente que contrató para cuidar la vida y los bienes de los ciudadanos”, tal como define al policía bonaerense implicado el abogado del joven, José Vega. David fue detenido por un patrullero mientras manejaba y luego de requisarlo ilegalmente le secuestraron un porro. El hecho ocurrió en San Isidro hace cinco años, él tenía 18, y no se lo llevaron preso. Le dijeron que tenía una causa por tenencia, que lo iban a citar.

“Esa citación nunca llegó”, dijo su abogado. “Tres años después, en un operativo de control, piden sus antecedentes y aparece un pedido de captura por rebeldía del Juzgado Federal de San Martín 1 por no haberse presentado. El pensó que se había acabado esa causa”, detalló Vega. Fue el principio del calvario. Ese día, el 3 de febrero de 2007, David fue llevado a la comisaría tercera de Boulogne, partido de San Isidro, y lo dejaron incomunicado en los calabozos.

Según relató David, no bien llegó de la revisión médica de rutina durante la madrugada del día siguiente, un agente le ordenó aguardar en un baño separado de las celdas por una reja. El joven vestía solo ropa interior, pero el lugar estaba aislado de los demás detenidos, a excepción de “El Cabezón”, cuya celda no tenía candado. Era uno de los beneficios de los que gozaba dentro de la comisaría a la que había llegado procesado, luego de pasar por varias unidades penitencias.

El Cabezón le pidió al guardia que fuera a traer hielo y se acercó al David con un palo de escoba con una “faca” en la punta. “¿Así que sos antichorro? Yo soy chorro y vos vas a ser gato mío. Vení, puto, dame las zapatillas, dame las cosas”, dijo Juárez metiendo la faca a través de la reja. Luego lo obligó a darse vuelta y le decía “qué linda cola tenés”, mientras lo manoseaba. Al otro día lo violó, a la vista de uno de los guardias, que supuestamente dormía.

El relato y los diálogos surgen de la sentencia emitida ayer por el Tribunal Oral en lo Criminal 2 de San Isidro que condenó al “Cabezón” Juárez a 23 años de prisión “por abuso sexual agravado por acceso carnal y por uso de arma, en concurso con el robo de la ropa”. En el fallo se ordena una nueva investigación contra el guardia que no lo custodió. David no fue la única víctima de violación en la cárcel a partir de una causa por tenencia de drogas. Hubo otros casos, como el de una joven pareja detenida cerca de la cancha de San Lorenzo en el 2000.

Según surge del expediente, dos policías les plantaron cocaína, golpearon salvajemente al hombre y más tarde, en la Comisaría 32ª de Parque Patricios, la mujer fue violada por un oficial en su celda. El uniformado la amenazó diciendo que si hablaba iba a poner un kilo de cocaína en el auto y no volvería a ver ni a su hija ni a su marido. El hecho fue constatado por varias pericias médicas, pero la pareja denunció la golpiza y no la violación, que no pudo ser investigada por tratarse de un delito de instancia privada (es decir, sólo puede hacérselo si la víctima está de acuerdo).

En ambos casos, las víctimas estuvieron poco tiempo encerradas, lo suficiente como para sufrir los abusos mencionados antes de que un juez los liberara, como suele pasar en la mayoría de las causas por tenencia de drogas para consumo. Sin embargo, no todos los jueces actúan de este modo. Es lo que les pasó a Fernando Oscar Rodríguez y a su hijo Fernando Emanuel que salieron en libertad el 27 de mayo del año pasado luego de estar 115 días presos en una alcaidía salteña. Ambos fueron detenidos luego de un allanamiento a la casa paterna. Aunque era evidente que las plantas de cannabis sativa y la piedra de porro prensado que portaba el hijo eran para consumo personal, fueron acusados de traficar marihuana “para fumar, comer y beber”.

El operativo estuvo a cargo de la División Operaciones de Drogas Peligrosas de Salta capital y según el acta se secuestraron tres plantas, tres plantines, dos recipientes con las flores de cannabis y un frasco en el que la marihuana “estaba siendo sometida a una etapa de maceramiento con licor o alcohol”, supuestamente, “para potenciar la droga y beberla”. Fernando tenía además 29 gramos de prensado que pensaba llevar a un viaje por el Iruyá. El padre, un ingeniero y profesor de Física devenido en reparador de electrodomésticos, había permitido que su hijo cultivara para que no les comprara los narcos.

La denuncia fue anónima y la inteligencia policial consistió en sacar fotos del jardín desde la casa de un vecino. Con las imágenes de esas seis plantas consiguieron la orden de allanamiento. El juez denegó la excarcelación porque estaban acusados de tráfico y recién con el cambio de carátula a “tenencia para consumo personal” lograron abandonar la alcaidía, donde conocieron el desamparo de mulas y paqueros. Ambos siguen procesados.

Durante el encierro, Fernando Emanuel Rodríguez, de 23 años, hizo difundir una carta titulada “Desde un pequeño infierno al que temporariamente llamo ‘casa’”. Allí precisaba: “La injusticia que hoy me agarra las pelotas podría haberle pasado a cualquiera. Acá la realidad que se vive, aparte del problema social que recae en ello, es que están volteando a todos los de abajo que tengan o no algo que ver, pero te incriminan igual”.

Esto último puede ser comprobado fácilmente. Página/12 se contactó con una abogada que trabaja en una asociación que defiende a gente en situación de calle. Antes de hablar, la mujer pidió reserva de su identidad así como la de su asociación. “Sacamos muchos chicos pobres de las comisarías, si se publican mis datos puede que se complique la próxima vez que vaya a una comisaría”, explicó. Entre la decena de casos de chicos y chicas demoradas y torturadas por poseer drogas, la abogada recordó el un joven bonaerense de 14 años, que mendigaba en la estación Constitución y tenía su familia en Gerli, partido de Avellaneda.

“Venía de un hogar muy vulnerable, tenía siete hermanos y el papá los había abandonado. Dormía en la calle y a veces volvía a su casa. Lo agarraron una noche, en el 2004. Estaba fumando porro con otros chicos en situación de calle en San Telmo. Se los llevaron a todos a la comisaría cuarta y el chico recibió una paliza. Le pegaron tanto que se los mismos policías tuvieron que llevarlo al hospital”, recordó la abogada. Cuando llegó, los médicos se dieron cuenta de que la situación era grave. Le habían roto parte de los intestinos y tuvieron que operarlo de urgencia.

El chico se salvó y los médicos denunciaron los ocurrido. “No estoy segura de cómo terminó la causa contra la policía, lo que sé es que el chico volvió a la calle y ahora está preso en un pabellón de jóvenes adultos en Ezeiza. Y no por tenencia de drogas”, comentó la fuente. Peor suerte tuvo Germán Medina, un chico de 16 años que llegó a la Justicia por tenencia de marihuana y luego de recorrer varios institutos de menores y comunidades terapéuticas, falleció en febrero de 2007, supuestamente ahorcado, en una celda del Instituto Rocca. Una pericia posterior comprobó que Medina había sido violado en ese instituto.

Entre las demandas por daños y perjuicios como la comentada en el primer caso, el de David, hay una muy peculiar. Es la que tiene como protagonista a Walter Marcelo Anderson, que vive en Florida, partido de Vicente López. En enero de 1994, el protagonista de esta historia residía en la ciudad de Pontevedra, España, y envió a Argentina varios regalos para un amigo íntimo, sus hijos y su esposa.

“En esa oportunidad y sin medir las consecuencias que podría producir en este país, incluí sesenta y ocho gramos de hachís. Debo destacar que lo hice como una broma”, comenta Anderson en la demanda. El envío fue detectado por la Dirección General de Aduanas de la Argentina y conllevó un trámite judicial. El acusado se presentó en la Comisaría de Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, y allí supo que había un pedido de captura internacional en su contra. Fue detenido de inmediato y estuvo 45 días encerrado, quedando a disposición del juez Baltasar Garzón.

El magistrado español denegó la extradición, aclarando que el delito cometido había sido en España y no en Argentina. Luego decretó la libertad provisional y dos años más tarde fue sobreseído. Del otro lado del océano no se presentaron recursos, ni quejas, Anderson se creyó definitivamente libre. Ocho años después, en 2004, viajó desde España a Foz de Iguazú, en Brasil. Antes de regresar, cruzó la frontera de Argentina para saludar a algunos familiares y en Migraciones le informaron que su pedido de captura se encontraba vigente.

Lo trasladaron a Buenos Aires, por disposición del juez federal Vidal Durán, y quedó preso en el cárcel de Devoto. “A esta grave situación de detención improcedente, se sumaba otra, que resulta también trascendental considerar para poder determinar mis padecimientos, era y soy enfermo de HIV sida”, aclaró en la demanda. Con la enfermedad a cuestas, sufrió el hacinamiento y las peleas hasta que lo trasladaron a un pabellón para enfermos donde debió dormir en el piso, como el resto.

“No se me administraba medicación alguna”, aseguró Anderson, quien agregó que tampoco dejaron que su familia se la enviara. Luego lo derivaron a Marcos Paz, en medio de una fuerte recaída en su salud. “Transcurridos once meses de detención se me realizó un análisis que determinó que la carga viral y CD4 era preocupante, como consecuencia directa de la falta de tratamiento”, aseguró. Salió vivo de milagro, tras estar casi tres años esperando el juicio. El propio fiscal tuvo que pedirle perdón porque no había nada que juzgar.




¿Nuestros legisladores leerán esta nota?

¿Les importará adónde nos estarán tirando cuando le dan más poder a las fuerzas de seguridad?

Uno no puede dejar de pensar en otro delito al que nuestros diputados y senadores no le dan bola y que , justificándose en creencias religiosas, le tiran al Sistema Penal Argentino....La penalización del aborto.


Es espantoso!!




miércoles, 26 de agosto de 2009

La hora de descriminalizar, sobre tenencia de marihuana para consumo en la Argentina


Fuente Página 12.

Los jueces supremos consideraron contraria a la Constitución la penalización de la tenencia de estupefacientes destinada al consumo personal porque implica una intromisión en el ámbito privado y la libertad personal. Los alcances del fallo.

Después de un año de idas y vueltas, discusiones internas, presiones externas, anuncios y más anuncios, la Corte Suprema declaró la inconstitucionalidad de la norma que criminaliza con penas de prisión la tenencia de drogas para consumo personal, por considerar que implica una intromisión en el ámbito privado y la libertad personal cuando no genera un peligro o un daño para terceros. El fallo advierte que la persecución penal de los usuarios de drogas tampoco ha servido para combatir el narcotráfico, sino que –acotan algunos jueces– lo ha dificultado. El texto esquiva una indicación directa al Congreso para que modifique la ley vigente, pero exhorta “a los poderes públicos” a “asegurar una política de Estado contra el tráfico ilícito de estupefacientes y a adoptar medidas de salud preventivas, con información y educación disuasiva del consumo, enfocada sobre todo en los grupos más vulnerables, especialmente los menores”.


Lo que se dijo sobre la despenalización.

Fuente "La Tele que Miramos".



Si quiere saber algo más sobre los efectos de la marihuana y lo que genera su criminalización:


Anibal Fernández hablando sobre despenalización.


lunes, 24 de agosto de 2009

BBC Horizon 2009 Cannabis The Evil Weed

jueves, 16 de abril de 2009

En algo más nos han votado!!!


El documental es sobre el proceso de penalización de la marihuana en Estados Unidos.

lunes, 19 de enero de 2009

Grass (1999) sobre la penalización de la marihuana



Trailer de "Grass"

Grass completa, pero sin subtítulos.



Si quiere descargar la película de youtube vaya a Clipnabber y en donde dice "Nab!!" coloque la dirección en donde está el video en youtube:



http://www.youtube.com/watch?v=sknoKWsVlAA

Luego presione en donde dice Nab!! y aparecerán dos botones uno para descargar el video en formato flv y otro en formato mp4, elija el que más le gusta.

Si no tiene ningún programa para poder ver esos videos busque en google:

flv plyer y descargue uno de ahi´, por ejemplo: FLV Player.


Para descargar los subtítulos.


Abajo encontrará los enlaces para descarar la película con otro formato más común




De un reportaje de Página 12 del 17 de enero:



THC, LA REVISTA DE LA CULTURA CANNABICA, CUMPLE DOS AÑOS
“Cada vez más gente sale del closet”


Frente a la posibilidad de que se despenalice la tenencia de marihuana para uso personal, los hacedores de la publicación, Emilio Ruchansky y Sebastián Basalo, piden que se enriquezca el debate, hacia dentro del Estado y con la participación de ONG, jueces y especialistas.


Fuente Página 12.



Para ayudar en el debate dejo los enlaces de un documental llamado "Grass" canadiense del año 1999






En el blog Alternative Movies dejaron los enlaces para descargar la película

Como no se ven bien, acá los copio:






  1. Primera Parte.
  2. Segunda Parte.
  3. Tercera Parte.
  4. Cuarta Parte.
  5. Quinta Parte.
  6. Sexta Parte.
  7. Séptima Parte.




Para descargar los subtítulos.






viernes, 10 de octubre de 2008

No se puede contar con el Congreso,,,,,Sobre despenalización del consumo de drogas...


Según página 12:

"Después llegaría el turno de la diputada Conti. El momento en que dio un estado de situación parlamentario en relación con el impulso por la despenalización. Entonces, se hizo la noche: “No se puede contar con el Congreso –dijo–, hay una connivencia peligrosa con los que piensan por la criminalización”."

Así que sería cuestión de que existan mejores candidatos o mejores partidos....

El artículo de Página 12 dice también:

"Aclaró que “la política prohibicionista es mundial, no vamos a ser nosotros los que podamos modificarla desde acá. Pero terminemos con el discurso absurdo de que con la prohibición vamos a hacer de-saparecer el consumo. Es el disparate más grande. Pero este disparate se consideró verdad. Es momento de dejar de sancionar a las víctimas. Es el momento de tratar a los enfermos. Que todo el esfuerzo que se dedica a perseguir a consumidores se dedique a perseguir a los traficantes de estos tóxicos baratos, terminemos con la política que desvía el esfuerzo estatal”. Y dijo que “a veces no sé si se hace de buena fe o es una fuente de formación de cajas”."

"“el alcohol desinhibe, la marihuana es de la época de los hippies, la cocaína es de la época en que había que estar brillante. Pero ahora nos ha llegado el tóxico de la miseria, que produce lesiones irreversibles”. Antes había dicho que la política de drogas, la prohibición, provoca una división por poder económico, y que los más pobres consumen drogas cuyos productores no tienen la menor intención de procesarlas con cierto control de calidad, son drogas baratas, que se hacen mal y que destrozan."


"Es momento de dejar de sancionar a las víctimas. Es el momento de tratar a los enfermos. Que todo el esfuerzo que se dedica a perseguir a consumidores se dedique a perseguir a los traficantes de estos tóxicos baratos, terminemos con la política que desvía el esfuerzo estatal”."




“Soy un consumidor de tóxicos –inició su discurso Raúl Zaffaroni, mientras en el público se detectaban gestos de sorpresa–. Tomo vino, pero tomo cada tanto. Algunos abusan y se emborrachan. Pero hay otros que toman y se hacen dependientes. En esos casos es que el ámbito del alcohol se vuelve criminógeno y parece tener una incidencia bastante alta en el homicidio en algunas provincias. Para controlarlo, entonces, aparece la idea ‘¿y si lo prohibimos?’, suponiendo que de esa forma se opera la desaparición. Pero en lugar de eso, lo que ocurre es que se eleva el precio y al mismo tiempo se lo priva del control de calidad. Es el momento de la Ley Seca. Y se produce una división por capacidad económica. Hay quien puede comprar un mejor tóxico, digamos que puede pagar que le traigan de contrabando un whisky importado, y hay otro que no puede pagar y compra alcohol metílico y se queda ciego. Lo que hizo la prohibición entonces fue elevar el precio, dividir por clases sociales, impedir el control de calidad, generar las industrias ilícitas y los servicios de distribución ilícitos. El proteccionismo estatal interviene pero para terminar favoreciendo a la empresa ilícita más poderosa, que es la que sobrevive.”

Fuente Página 12.


Despenalización del Consumo YA!!!!