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lunes, 15 de noviembre de 2010

Sobre deportaciones desde España-Noticias de medios españoles

Fernando Raynaudo tras la entrevista en un parque madrileño. Septiembre 2010.

Fuente Periodismo Humano.

Fernando explica lo que vio y escuchó en las 36 horas que pasó recluido en la sala de inadmitidos del aeropuerto de Barajas por no llevar una "carta de invitación"

Fue devuelto a Argentina y volvió a España en coche a través de Francia donde entró sin carta

"Todo depende del policía que te toca y de la cara que tengas ese día"


Una odisea de 36 horas. En eso se convirtió el 22 de julio el viaje de Fernando Raynaudo. Era la cuarta vez que el joven ingeniero de telecomunicaciones argentino venía a España, quería a visitar a unos amigos durante las vacaciones. Fernando bajó del avión confiado, como otras veces. Sus amigos le estaban esperando fuera. Al llegar a la cabina policial mostró, como otras veces, el pasaporte, el dinero, el seguro médico, dijo que el motivo de su viaje era el turismo… Toda la retahíla. Pero esta no fue como otras veces, esta vez lo pararon, le dijeron que tendría que esperar a un abogado porque no tenía carta de invitación y lo subieron a la sala de inadmitidos del aeropuerto madrileño de Barajas. Allí empezaron a pasar las horas, una, dos, tres, así hasta 36. Después lo metieron en un avión de vuelta a Argentina.

Lo peor de la experiencia, asegura Fernando, es que le hicieran sentir como un delincuente. “Te quitan tus pertenencias, cogen tu bolso, eligen lo que tienes que sacar, te quitan la correa del cinturón como si fueses a ahorcar a alguien, te quitan el teléfono, te dicen ‘tenés que apuntar los teléfonos de la agenda que puedas llegar a necesitar’ y te quitan la cámara de fotos, supongo que para no mostrar lo que pasa ahí adentro. La gente se pone muy mal, yo también. Las mujeres lloraban todas, y los hombres insultaban en todos los idiomas. Te tratan como a un delincuente por entrar en España”. En el vuelo en el que llegó la policía paró a otras tres personas por no tener, como él, carta de invitación. “A mí nunca me la habían pedido antes. Después de un rato a dos de ellos les dejaron pasar, sin carta. A un chico que traía las cenizas del padre a España, menos mal, y a una señora que venía a ver a su familia. Yo me quedé con otra chica que iba a ver a su novio. En Barajas todo depende del policía que te toca y la cara que tengas ese día o la que tienes siempre”.

En la sala de inadmitidos el único movimiento es el de los que entran procedentes de los vuelos y el de los que salen para ser deportados a sus países. Durante las horas que pasó en ella Fernando se dedicó conocer sus historias, como la del venezolano que iba con su hija camino a Italia haciendo escala en España al que enviaron de vuelta a Venezuela poco después de conocerse. Algo parecido a lo que le ocurrió a Johanna, una chica embarazada que iba a coger otro vuelo con destino a Francia donde le estaba esperando su novio, o el de una chica de la que no consiguieron saber su nacionalidad que pasó las horas llorando sin que nadie pudiera consolarla porque no había traductor. “Fue lo peor que vi en ese tiempo, la chica lloraba y lloraba. Yo le decía al guardia que de qué país venía para llamar a la embajada y conseguir que alguien hablara con ella, pero no lo sabía. El policía le decía ‘no llorar, traductor venir luego’, como si fuese a entender algo. Se la llevaron de vuelta y delante de mí nadie habló con ella. Allí arriba ni siquiera hablan inglés, llegó un árabe que hablaba inglés y le tuve que explicar yo lo que estaba pasando”, denuncia Fernando.

El recinto está vigilado permanentemente y sólo por las noches abren las puertas de las habitaciones, donde duermen en literas quienes no han podido ser devueltos durante el día. “Tuve que pedir que le abrieran a una chica embarazada para que descansara. Allí tienes que pasar todo el día sentado sin hacer nada. Sólo queda la televisión y dos teléfonos a los que pueden llamarte y puedes llamar si compras una tarjeta de cinco euros que no te da para nada y que tienen que comprarte, no puedes hacerlo tú. Hay un baño para cada sexo que no tiene agua caliente, si quieres ducharte tiene que se ser con agua fría”, describe Fernando. A pesar de que cabía alguna esperanza, sabía que era casi imposible quedarse en España. “La abogada me dijo que el 99,9 por ciento de los que terminan allí son devueltos y eso fue lo que pasó”.

Mientras, desde el otro lado, sus amigos se afanaban en buscar la manera de sacarlo. “Lo llevaron peor que yo, se estuvieron moviendo todo el día, corriendo a todos lados, se la pasaron horrible y están muy indignados. Cuando me llamaban por teléfono se echaron a llorar un par de veces. Yo siempre trataba de demostrar que estaba bien ¿Para qué hacer sufrir a los demás? De Argentina sólo se lo dije a mi hermana que se había quedado atendiendo mi negocio, al resto se lo conté al volver, cuando ya estaba en Buenos Aires”. A sus amigos los llegó a ver en los juzgados, su abogada presentó un recurso que fue admitido a trámite y paralizó por unas horas la vuelta del argentino, sólo por unas horas, una vez ante el juez, y a pesar de los intentos y la documentación que aportaron, ordenaron su devolución.

En verano ha sido noticia la deportación de dos mujeres argentinas de 88 y 72 años, pero hay otros muchos casos anónimos. Sólo el año pasado más de 1200 argentinos fueron “inadmitidos” en Barajas. “¿Por qué la gente no lo sabe en Argentina? En los medios no sale, la gente se entera porque alguien se lo ha dicho a otro alguien. Cuando yo lo he contado no lo pueden creer. En Barajas la gente que venía por primera vez decía que no volvería nunca más, es normal. En Sudamérica se les recibe bien y en ese momento todos pensábamos que porqué allá no les hacemos lo mismo, se genera mucho odio”. A pesar de todo, su viaje no acabó del todo en Barajas, días después Fernando ha vuelto a España pero esta vez a través de Francia. “Me quedé muy mal por lo que pasó y mis amigos peor, con la vergüenza de lo que me había hecho su país, así que me compraron un billete a Francia. Allí enseñé mi billete de vuelta y entré sin problemas. En España creen que si no vienes con un itinerario cerrado es porque vas a quedarte, no piensan que haya otra forma de hacer turismo”. Fernando volvió a su país con el mismo billete de vuelta que mostró cuando lo pararon en Barajas en verano. No venía para quedarse.

En sus días de vacaciones ha conseguido hacer lo que dejó pendiente, visitar Barcelona, beber sidra en Asturias, y pasear por Toledo, eso era todo. Dice que poco a poco se ha ido reconciliando con España, pero la inquietud no se la ha quitado nadie. Mientras estaba aquí nos contaba: “Ahora tengo miedo de que me pidan la documentación por más que tenga la visa de turista, el miedo a que me paren lo tengo, no tengo nada que esconder, pero después de la experiencia… Trato de no llevar mochila y no llamar la atención. En España hay que buscar otras formas de buscar a las personas que entran ilegalmente pero no criminalizar a todo el que viene de fuera”. No lo pararon.

Las 36 horas las ha descrito en una carta que ha movido a través de las redes sociales.”No me podía guardar todo eso para mí. Quiero que se sepa lo que me pasó a mí y lo que le pasa a todos los hermanos de otros países, que sepan cómo nos han tratado”.

En primer lugar me quiero disculpar ante las excelentes personas que tengo como amigos y conocidos en España. Muchos de ellos mejores personas que muchos argentinos, o que mucha gente del país que sea. No es una reacción motivada x la bronca, ya que el minitour de 3 días y una noche con visita a “su señoría” incluida me salío barato, ya que mi gran amigo Pachi prácticamente me regaló el pasaje.

El fin de este mail no es ofender ni fomentar el odio racial hacia un país, tampoco detener las atrocidades cometidas dado que esto parece imposible. Lo primero que hay que hacer es informar. De vez en cuando sale a la luz algún que otro caso, como la mujer que no pudo ver a sus nietas.

La triste verdad es que, todos los días, suceden numerosos casos, iguales a este con suerte. Antes de seguir, no sea cosa de que te canses de leer, ya mismo te digo, si no tienes pasaporte de la comunidad europea, no vayas a España, ni siquiera hagas escala para ir a otro país europeo. Aunque tengas la famosa carta de invitación, aunque tengas pasaje de vuelta y 3000 euros para gastar, no hagas que un avión te baje en España, porque sólo es cuestión de que estos racistas no encuentren 2 o 3 compañeros de vuelo en una situación peor que la tuya para que te devuelvan a tu país, no importa de dónde venís, y no importa si vas a Roma, París, o Ámsterdam, tienen la obligación de deportar 2 o 3 de cada país por día y lo harán.

Ya lo dijo un policía no tan malo, no me dejó pasar por el free-shop cuando me llevaba al avión, pero no era racista. El mismo reconoce que “al gobierno le sale caro deportar a alguien que se queda a vivir o trabajar ilegalmente”, por lo tanto comete estas atrocidades para amedrentar y ahorrarse algunos mangos, aunque violen los tratados internacionales y los derechos de las personas inocentes.

Como le pasó a Silvia, salió de Buenos Aires a ver a su novio, un español, hace tiempo no lo ve, él le regaló el viaje, está ansiosa por encontrarse con él, pero lamentablemente para ella el policía eligió dejar pasar a España al joven que iba a tirar las cenizas de su padre al cual también estuvieron a punto de deportar. El policía ahora no tiene dudas de que Silvia tiene claras intenciones de entrar de forma fraudulenta a España, trabajar ilegalmente y quedarse a vivir durante 30 años ilegalmente en España (la cabeza no le da para otra cosa al pelado inútil). Desde ese momento ella atravesará una serie de pasos, oirá una mentira tras otra, le dirán que esperan un abogado que debe presenciar la entrevista para que sea legal entonces sí podrá pasar, pero ya no hay nada que hacer, el policía la eligió y pasará el resto del día en el “hotel” del aeropuerto, no verá su valija, le quitarán su teléfono y otras pertenencias que al que vigila el “Hotel” se le antojen y volverá en el próximo vuelo al lugar de donde vino. Ella llora y llora todo el día, habla y habla por teléfono con su novio, los dos no paran de llorar, alguien llama a la embajada, los policías les dicen a los de la embajada que si llega la famosa “carta de invitación” la dejarán pasar. Para obtener la carta hay que pedir cita, te la dan para dentro de varios días, el avión sale antes.

Este caso parece increíble, y que hay del venezolano que viaja frecuentemente a Italia a ver a su hermano, nunca tiene problemas, pero esta vez decide llevar a su hija, como debe comprar dos pasajes en vez de uno, compra un vuelo con escala en España para abaratar costos, grave error. Ahora él y su hija están en la misma situación que Silvia, pero parece tener una ventaja. En Italia, parece que se puede obtener la famosa “Carta de Invitación” en el día, y por suerte esta se puede hacer llegar por fax al aeropuerto. Si llega la carta te dejaremos seguir a Italia le dicen a él también. Las horas pasan, la carta está en italiano, los policías no tienen tiempo de obtener una traducción oficial. Ni siquiera viajaba a España, pero él y su hija vuelven de España a Caracas.

¿Se puede poner peor la cosa?
Johanna está embarazada de varios meses, vive en Buenos Aires y su novio trabaja en distintos lugares del mundo, ahora está en Francia, le compra el pasaje a su novia y comete el grave error. El policía tiene la certeza de que con panza bebé y todo ella va a trabajar ilegalmente, se quedará ilegalmente varios meses y dará a luz ilegalmente en Europa. Yo le digo, ya en el Hotel, “mirá que los policías me dijeron que ellos avisaban a la aerolínea que yo estoy acá para que guarden la valija. Y es mentira! AirEuropa llamó al número que yo dejé en la valija para avisar que la valija estaba extraviada. No sabían que yo estaba acá. Si vos hacías escala para ir a Francia, capaz que estos animales dejaron que tu valija se vaya a Francia”. Johanna les preguntó a los policías si estaban seguros de que su valija iba a volver con ella a Argentina, ella tiene medicamentos importantes en la valija. Los policías le dicen “quédate tranquila que la Aerolínea está avisada, aquí nunca perdemos la valija a nadie”. Por supuesto, Johanna llegó a Buenos Aires conmigo. Su valija no apareció. El vuelo de Madrid a Francia era con otra aerolínea y AirEuropa no tiene la más puta idea de donde mierda está su valija.

Repire un poco antes de seguir leyendo.

Pero ¿qué pasa cuando la víctima de racismo no habla español?
“Alguien habla inglés?” pregunta el policía a los huéspedes del “Hotel”. Con mucho esfuerzo le explico al extranjero que las habitaciones del “Hotel” sólo se abren de noche, que puede realizar llamadas telefónicas siempre y cuando tenga dinero encima, y que si está en el “Hotel” va a volver al lugar de donde vino, no hay nada que hacer. No importa si viene de un largo viaje y lleva 30Hs sin acostarse. Las habitaciones se abren de noche.

La hindú no tuvo tanta suerte, nadie entiende su idioma, nadie la puede ayudar, nadie consigue que logre llamar por teléfono. El policía le dice, “No llorar! Traductor, venir luego! Ella por supuesto sigue llorando.

Antes de que realmente digas “Basta! No leo más!” tenemos el caso de los dos niños venezolanos que viajan solos con un permiso, la madre los recogerá en el aeropuerto. Pero parece ser que el permiso se perdió en algún lugar del camino desde el avión a la oficina del policía, no importa, en el “Hotel” hay camas, lástima que su madre no tiene reserva en el “Hotel”, no sólo no los podrá llevar a su casa en España, ni si quiera podrá entrar a verlos, ni a calmarlos ni a consolarlos. Se podría reenviar el permiso por fax, pero por supuesto, en el departamento hacer algo lógico está prohibido. Ellos deberán volver a Caracas.

Pero ¿tanta gente?
La tía de Shirley fue a visitarla a Paraguay, y la convenció de ir a conocer España, sólo la tía llegará a su casa en España. No importa si Shirley trabaja, estudia, y a demás es dueña de una Boutique en San Lorenzo, Paraguay. Al policía no le cabe ninguna duda, la sudaca viene a España porque en su país se muere de hambre.

Elva y otro flaco llegaron de Guinea Ecuatorial. Este destino no tiene vuelos frecuentes, deberán pasar cuatro días sin ver su equipaje, sin cambiarse los calzones, y si se quieren duchar el agua sale bien fresquita.
Elva tiene sus dos hijos en España, su permiso de residencia venció y cometió el error de ir de vacaciones fuera de España. El policía sabe que los hijos de Elva no necesitan una madre sudaca y delincuente, ella puede pagarse el viaje a Ecuador su país natal, o será devuelta a Guinea Ecuatorial donde tampoco tiene residencia legal.

El uruguayo, la chilena, la que iba a Portugal sólo por cuatro días, otra paraguaya, siete brasileros incluyendo una madre con dos niños pequeños, una madre con su niña, otra argentina más desde San Luis con su niña, una señora que iba de Marruecos a Francia, familia tipo venezolana, y de cuantos me estaré olvidando. Todos ellos cometieron el error de ir o hacer escala en España.

Con un pasaporte en regla bastará para entrar en Francia, Italia, cualquier país menos racista, de cumplirse con los tratados internacionales en vigor, los españoles deberían exigirnos los mismos requisitos que les exigimos nosotros a ellos, presentar un pasaporte válido, nada más.

A ellos no les importa que, en realidad, en muchos de los casos, el que pagó el viaje es alguien que vive y trabaja legalmente en España, a veces mismísimos españoles que ven cómo el esfuerzo de mucho tiempo de trabajo se va a la basura, además de sentir la vergüenza de ver como su país tiene este comportamiento racista, el cual desconocían hasta este momento.

Ella le compró el pasaje a su hermana venezolana, hace años que no la ve, junto con su marido y su dos niñas. Ella llora y pregunta, “¿pero por que?, ¿por qué no los van a dejar pasar?”, y yo le digo “me gustaría que exista un por qué, pero no lo hay”. El teléfono del “Hotel” suena y suena, no sabemos para quién será el llamado, así que hacemos de telefonista un rato cada uno, e intentamos explicarles a los que están del otro lado, a veces a metros en el aeropuerto esperando al ser querido, lo que ni nosotros entendemos, lo van a mandar de vuelta de donde vino, los van a mandar de vuelta de donde vinieron.

Quizás viendo a través de las cámaras que vigilan el “Hotel” cómo los niños que hablan diferentes idiomas, sin entenderse ni una sola palabra, son capaces de compartir, jugar, divertirse, ser amistosos y cordiales entre ellos sin importar de qué país vienen ni por qué fueron a parar allí, estos policías bestias pudiesen aprender algo. Pero el policía no mira las cámaras, disfruta más “leyendo la mente de los sudacas que no tenemos trabajo y nos morimos de hambre en nuestro país y vamos a allá a cometer delitos”.
“¿Te gusta el hotel?”, le pregunto a la pequeñita venezolana, “Si!” me contesta, mientras juega y se divierte con la niña que habla portugués (supongo que era de Brasil, nunca le entendí nada).

Pero todos estos casos, son los acontecidos durante el 2010?, en toda España?
NO! Esto es una parte, de lo ocurrido en 36Hs, un una sola de las 4 terminales, de uno solo de los más de 15 aeropuertos internacionales de España.

Fuente Periodismo Humano.




En el taxi Juana, boliviana y embarazada, trata de contactar con el abogado de su pareja que está en el aeropuerto de Barajas a punto de ser deportado. (M.R)

Fuente Periodismo Humano.

El 1 de julio Juana y Rommy se preocuparon cuando sus maridos no volvían a casa.

Tres días más tarde, y sin siquiera haber podido verlos y despedirse de ellos, sus maridos volaban rumbo a Bolivia.

En 2009 se realizarón 13.278 deportaciones.

La tarde del pasado 1 de julio, Juana se extrañó de que su novio Richard, boliviano como ella, no hubiera vuelto a casa. Cuando sonó el teléfono recordó las historias que había oído sobre redadas, centros de internamiento y expulsiones de los sin papeles a sus países de origen. Dos días después, Juana se encontraba en el aeropuerto de Barajas, preguntando sin éxito por su pareja.

La llamada que recibió Juana provenía del Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE), situado en el barrio madrileño de Aluche. La Policía Nacional le informaba de que Richard había sido detenido “por estar indocumentado” y le reclaman que fuera a llevarles su pasaporte a este centro.

Juana obedeció, y pese a su embarazo (le quedan poco más de tres meses para dar a luz) se dirige a Aluche con la documentación de su pareja. Dio el pasaporte a la Policía Nacional, pero a cambio no obtuvo ninguna explicación. Espera hasta las tres de la mañana a que alguien le diga dónde se encuentra su novio y cuál es su situación. Pero su paciencia no da ningún resultado.

Al día siguiente se repite la escena. Juana ante la ventanilla del cuartel de la Policía Nacional en Aluche, sin conseguir más información que la que ya sabe. Richard está detenido en el CIE. A Juana se le viene el mundo encima. “Yo sí tengo los papeles en regla”, explica. Aunque ahora es su compañero “quien trae el dinero a casa”. Ella trabajaba “con contrato y todo” limpiando en una casa, pero fue despedida mientras estaba de baja, “ingresada en el hospital”, y no ha vuelto a encontrar otra oportunidad.

La tarde del 3 de julio, Juana vuelve a las carpas situadas en el exterior del CIE donde esperan durante horas los familiares y amigos de los internos para una visita que no suele superar los diez minutos. Esta vez Juana va acompañada de su madre, Sonia, quien es la única entre los presentes que no se deja llevar por el desánimo y el calor. “Hay que denunciar, decir lo que pasa aquí”, protesta. “Todos tenemos derecho a un trato justo. Estamos en un país aportando. A otra hija mía la tuvieron aquí y luego la deportaron. Ya no quiere volver más”.

Gracias a los otros familiares que esperan fuera del CIE, Juana se va enterando del funcionamiento de este centro. Todavía no ha podido hablar con su pareja, por lo que sospecha que está “en las celdas incomunicadas”. Pero más allá de las intuiciones, le domina el miedo y la incertidumbre.

“Se lo llevan a Barajas”

Es entonces cuando Juana conoce a Rommy, una mujer en una situación calcada a la suya. Lleva viviendo 10 años en Madrid, y también su pareja, boliviano sin permiso de residencia, fue detenido hace unos días y está dentro del CIE. Sólo que en vez de estar embarazada, Rommy va de la mano de su hijo de 5 años.

A las siete de la tarde, Rommy recibe una llamada fugaz de su pareja, Jesús. “Estoy en Barajas. Creo que me van a deportar hoy mismo”. Minutos después, Juana escucha un mensaje idéntico de labios de su pareja. Le dice que serán tres los bolivianos que serán deportados esa misma noche en un vuelo comercial.

Inmediatamente, las dos mujeres -una acompañada por su madre y otra por su hijo- cogen un taxi que les lleva al aeropuerto. Entre llantos, Juana llama a un abogado para que intente impedir en el último suspiro la expulsión. En cambio, Rommy ni lo intenta. Está convencida que les estafó el que contrataron ella y su novio justo para evitar este momento. Así que sólo se lamenta entre sollozos de que Jesús, que vive en España desde hace tres años, va a llegar Bolivia “con lo puesto”. Es entonces cuando el niño pregunta a Rommy, “mamá, ¿también te están expulsando a ti?”.

Una vez en Barajas, desde la oficina de la Policía Nacional les niegan ponerse en contacto con sus parejas y darles cualquier información. Ni siquiera les confirman que están en el aeropuerto. “Si les deportan será que han hecho algo ilegal”. Ante la insistencia y los lamentos de Juana (que ni siquiera protesta, sólo pide saber qué pasa) el policía zanja la conversación. “Usted ve muchas películas americanas. Aquí no tienen derecho a hacer una llamada”

Las dos mujeres se ponen cada vez más nerviosas y se dirigen al mostrador de AeroSur, la compañía boliviana que podría encargarse de las deportaciones. Allí sí les confirman que serán “tres los hombres que se van a desplazar”. Pero nada más. Juana siente chocarse una y mil veces “contra un muro de hormigón”. Nadie le explica nada, nadie se hace cargo. No encuentra

un solo agujero por el que mirar dónde está, y qué le ocurre a su novio. El mismo a quien esperaba tranquilamente en su casa de Madrid hace sólo dos días.

A las 9 de la noche, Juana y Rommy se desploman cuando en las pantallas de información ven que el avión con destino Santa Cruz (Bolivia) ha despegado a la hora prevista. Las dos mujeres siguen sin saber si sus parejas viajan en él, ni cómo harán desde mañana sin ellos.

Cuatro días después, Rommy nos responde al teléfono. Su marido le ha confirmado que “los tres” fueron deportados a Bolivia esa misma noche. Desde entonces, ella ha cancelado su boda, que iba a celebrarse el 9 de septiembre, y sólo se ha preocupado de sacar el pasaporte a su hijo (español), para volver junto a su Jesús. “Me han destrozado la vida”, asegura, mientras se prepara para recomenzarla en algún lugar de Bolivia. Tampoco quiere dar más detalles, “¿para qué hablar más?, si no sirve de nada denunciar estas cosas”.

Una historia entre 13.278

La historia de Juana y Rommy es una entre miles, concretamente, una entre 13.278. Ese es el número de expulsiones que el Ministerio del Interior afirma haber realizado durante el pasado año, un 25% más que en el 2008. Historias que se repiten día a día, protagonizadas por extranjeros que viven en España sin permiso de residencia.

El número de personas que emigra a España sigue descendiendo, y por tanto también las personas que son detenidas en la frontera. Según este ministerio, cada vez se producen menos “devoluciones” de extranjeros cuando apenas pisan suelo español -lleguen en patera o en avión-, y más expulsiones de personas que llevan años viviendo y trabajando en nuestro país. Esto provoca una ruptura drástica en la vida del inmigrante, que ya había tenido tiempo de obtener un trabajo, encontrar una pareja, reunir a su familia…

Para la asociación de apoyo a los inmigrantes, Ferrocarril Clandestino, en Europa “las políticas migratorias” se utilizan como “ajuste de los mercados laborales”. En ese sentido, el alto índice de desempleo en España explicarían la polémica circular de enero de este año, en la que el Ministerio del Interior animaba a la Policía Nacional a aumentar las detenciones de extranjeros sin papeles y agilizar su deportación.

La consecuencia de esta directiva sería el aumento de las detenciones policiales a las puertas de locutorios, a la salida de estaciones de metro y autobuses, o en plazas concurridas por inmigrantes. Así, desde las ONG que trabajan en inmigración, se empieza a hablar de “fronteras interiores”. El inmigrante no tendría que atravesar la frontera una sola vez, sino que en cualquier momento podría ser detenido, y expulsado, igual que si estuviera “saltando la valla”, “tocando la costa” o “pisando Barajas” cada vez que sale a la calle.

El abogado Ignacio Trillo, miembro de Ferrocarril Clandestino, denuncia además el criterio de las redadas en la vía pública. “Se detiene a las personas según las posibilidades que se tiene de deportarles”. La Policía se centraría en personas que pueden venir de países como Marruecos o Senegal, países cercanos y con acuerdos de deportación, para que la expulsión resulte “más fácil”.

Desde esta organización subrayan que las redadas “en busca” de extranjeros sin permiso de residencia suponen “una amenaza para la persona que pretende regularizarse”. Así, muchos sin papeles dejan de buscar trabajo o de hablar con su familia en locutorios y apenas salen a la calle. Saben que si les detienen serán internados en un Centro de Internamientos de Extranjeros (CIE). Y de ahí su futuro tendrá dos posibilidades: “una es la deportación”, y de no producirse ésta, serán “clandestinos permanentemente”, puesto que la orden de expulsión les impedirá tener cualquier tipo de contrato legal.

El modo en que se producen las expulsiones ha provocado múltiples denuncias e interrogantes. En el informe “Voces desde y contra los CIE” de 2009, las organizaciones SOS Racismo, Médicos del Mundo y la propia Ferrocarril Clandestino señalan que “la totalidad de los entrevistados que opusieron resistencia” en el momento de la deportación dicen haber sufrido “golpes e insultos” por parte de los agentes de la Policía Nacional encargados de la expulsión y distintos testimonios así lo aseguran

En otras ocasiones, son los propios extranjeros los que se autolesionan gravemente con el fin de que les tengan que atender y retrasar así su deportación, ya que “así no les dejan entrar” en los aviones de las líneas comerciales. Según varios de los familiares que esperaban junto a Juana y Rommy a las puertas del CIE de Aluche, esta táctica se utiliza con frecuencia pero “no da ningún resultado”. En su reciente informe “La situación de los CIE en España”, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), recuerda la preocupación de las ONG en el año 2007 por “diversas expulsiones masivas” llevadas a cabo con el uso de “fármacos psiquiátricos”.

Fuentes del Ministerio de Interior niegan todos estos abusos y señalan que, tanto el internamiento en los CIE como las expulsiones de los extranjeros, se realizan “con todas las garantías judiciales” y el control institucional “propio de un estado de derecho”.

Fuente Periodismo Humano.


Fuente "Canarias Ahora"

Deportada antes de conocer a su nieto canario

Madrid y Buenos Aires pactan flexibilizar los requisitos de ingreso tras el rechazo de 600 turistas en las fronteras españoles durante 2010.

La “máxima voluntad” expresada el pasado viernes por el Gobierno español para evitar arbitrariedades en las prohibiciones de ingreso al país a los ciudadanos argentinos llega tarde, más de semanas tarde, para Victoria di Salvo, de 59 años, casada con tres hijas y limpiadora en un hospital de la ciudad de Rosario. Aterrizó el 12 de octubre de octubre en Barajas en tránsito hacia Gran Canaria para acompañar a su hija Analía Armendariz durante el embarazo y nacimiento de su primer bebé, pero resultó detenida en el control fronterizo y obligada a regresar a su país tras dos días en la sala de inadmitidos del aeropuerto madrileño.

“Hice todos los trámites y no me faltaba ningún papel. No lo entiendo y me da mucha bronca”, relata, en conversación telefónica desde la provincia de Santa Fe, Victoria di Salvo, que enumera el pasaporte en regla, la reserva de hotel, el seguro médico, el pasaje de vuelta, el dinero en efectivo y hasta un certificado laboral entre los documentos mostrados a los agentes policiales y funcionarios aduaneros. Sin resultado, porque personal de la frontera consideró que “en ningún lado del mundo le dan a una mucama tres meses para viajar”. Y de nada sirvieron las explicaciones en persona o las confirmaciones vía telefónica sobre la licencia especial sin salario concedida por el Sanatorio de Niños en Rosario, su visita de casi un mes durante 2005 al Archipiélago, el previsto alumbramiento en Las Palmas de Gran Canaria a finales de noviembre de su quinto nieto o el permiso de residencia y próximo enlace de su hija con un ciudadano español. “Tengo una vida hecha en Argentina, llevo 18 años en la empresa y me jubilo en un año, no quiero ir a trabajar a España”.

Pese a las gestiones realizadas por el abogado de oficio, un juez decretó la expulsión de España y el regreso a Argentina “escoltada hasta el avión por unos policías como si fuera una delincuente, cuando jamás estuve en una comisaría y el único trato en mi vida con un agente fue para preguntar algo”. Tras varios meses para la preparación del trayecto con consultas en el consulado español y en una agencia de viajes, Victoria di Salvo no pudo desplazarse a Gran Canaria para conocer a su primer nieto español y, a pesar de las reclamaciones presentadas ante diversas autoridades argentinas y españolas, “nadie se hace cargo ni dice nada”.

Malestar nacional por el “maltrato”

Alrededor de 600 argentinos sufrieron este año un tratamiento similar en el aeropuerto de Barajas y se generó un creciente malestar en la opinión pública con los casos de María Cecilia Tonón, embarazada de tres meses y becada por la Universidad Complutense de Madrid, las ancianas Luisa Ormeño y Ada Ghiara de Rodríguez, de 72 y 88 años, respectivamente, o el grupo de cumbia Los Pibes Chorros, con una gira de conciertos programada por España. Desde la República Argentina, un país receptor histórico de emigrantes europeos, diversos representantes políticos reclamaron responder con un trato recíproco a los turistas españoles, a semejanza del endurecimiento adoptado en su momento por las autoridades de Brasil tras el ascenso de las deportaciones en la frontera sur de la Unión Europea, pero las medidas oficiales se limitaron a la aprobación de una queja formal por parte del Senado de la Nación y al envío de una misión diplomática urgente hasta Madrid la pasada semana para frenar el “maltrato”, según definió el ministro argentino de Relaciones Exteriores, Héctor Timerman.

Finalmente, el fallecimiento del ex presidente Néstor Kirchner motivó el encuentro de la ministra española de Asuntos Exteriores, Trinidad Jiménez, con su homólogo argentino durante el velatorio de Estado celebrado en Buenos Aires, una reunión que aprovechó el canciller Timerman para abogar por la constitución de mecanismos que resuelvan “entre amigos, buena fe y mucha voluntad” los puntos de “fricción” entre ambos países. Igualmente, la ministra Jiménez subrayó que “existe la máxima voluntad de los dos gobiernos para llegar a acuerdos que permitan que esos sucesos no se vuelvan a repetir” y apostó por aumentar la difusión de los requisitos de entrada a su país. Mientras, la delegación desplazada a Madrid logró el compromiso español de revisar y flexibilizar las condiciones de ingreso de acuerdo a una próxima propuesta argentina sobre las características de las cartas de invitación, la acreditación de recursos económicos o la supresión del visado de estudios para estancias inferiores a 90 días sin actividades remuneradas, al tiempo que pactaron agilizar los trámites y mejorar la información.

“Espero que sirva para solucionar el problema, pero ya es tarde para nosotros. Somos laburantes, costó mucho tiempo y sacrificio juntar y ahorrar tanta plata, hasta pedimos prestado”, lamenta Daniel Armendáriz, marido de Victoria di Salvo y chófer jubilado de 59 años y marido de Victoria di Salvo. Aunque disponía de un billete para reunirse con su esposa a finales de noviembre en Gran Canaria, ya no sabe si sufrirá similares problemas en la frontera o si lograrán un nuevo pasaje para ella. “Queremos viajar en las próximas semanas, pero no nos dan ninguna garantía”, añade Di Salvo. Y concluye Armendáriz: “Me duele como descendiente de españoles, porque este país recibió muy bien a mis abuelos y tengo hermosas historias de allá”.

Fuente "Canarias Ahora"






jueves, 11 de noviembre de 2010

El Limbo desde Dentro-Adelanto de la revista Orsai


Dibujo de un nene que adentro del baúl de los juguetes del playroom de los que están esperando para ser deportados en España. Mirá el avión monstruoso que dibujó ese nene.

Fuente Álbum de Facebook del periodista.



Fuente Orsai.

Hernán Casciari |

Entré por primera vez a España —sin papeles— el 1 de enero de 2001. A los tres meses, cuando se me venció la visa turista, ya había decidido quedarme. Fui un indocumentado durante tres años, hasta que un bisabuelo italiano y muchos trámites me convirtieron en hijo de la Unión. Esos tres primeros años fueron complicados: no podía fumar porro en la calle ni conseguir trabajo en blanco. No podía hacer nada que llamase la atención. Tampoco podía, por ejemplo, volver a Argentina de visita, porque no me dejarían regresar. Pero volví.

I.

En los aeropuertos españoles no tienen problemas en dejarte salir con el pasaporte vencido. No les importa, incluso se alegran de que te estés yendo, porque eso es lo que quieren. Lo que no te dejan es entrar de nuevo.

Estuve en Argentina la semana en que asumió Kirchner: del 20 al 30 de mayo de 2003. Después de reencontrarme con la familia y los amigos, de ver perder a Racing en el Cilindro, de comer seis kilos de alfajores Cachafaz y de saludar por última vez a mi abuela Chola, volví a Ezeiza con mi pasaporte caduco.

En el aeropuerto de Buenos Aires un empleado de migraciones miró mi documentación inútil y me soltó una frase que nunca me olvido:

—Si este fuera un país serio —me dijo— yo no debería dejarte salir con los papeles vencidos; pero pasá, que se hagan cargo ellos. Nos vemos en cincuenta horas.

Y me dejó subir.

Entré al avión con la certeza de que en Barcelona me mandarían para casa otra vez. Es horrible estar catorce horas en el aire, sentado a diez mil metros del suelo, inmóvil y atado, con la seguridad de que, una vez en tierra, te subirán a otro avión idéntico para desandar el camino.

Cristina me esperaba en el aeropuerto del Prat cortando clavos. Yo tenía pensado patalear, gritar, hacer escándalos, incluso desmayarme si me detenían. El desmayo falso es un arma muy útil cuando sos gordo, porque nadie te puede levantar del suelo.

Pero en Barcelona me tocó un empleado de migraciones miope, o quizá cansado, que miró mis documentos con desidia y me dejó seguir viaje hasta la calle sin decir nada.

Entré al país con la misma cara de un perro que hubiera volteado una maceta. Cuando me senté en un taxi catalán y dije la dirección de mi casa, respiré por primera vez en quince horas.

Desde entonces, y hasta hoy, le presto mucha atención a las deportaciones de latinoamericanos en Barajas o en el Prat. No es solamente que me parezcan expulsiones injustas, también me producen muchísima tensión y amargura.

La prensa española no informa sobre estos abusos. Ni la prensa de izquierda ni la de derecha. Es un agujero negro del que nadie sabe nada, del que nadie quiere oír.

Los periódicos de Argentina hablan mucho sobe el tema —sí— pero sólo cuando ocurre algo extra de caracter conmovedor:

  • Una profesora argentina, invitada por la Universidad Complutense de Madrid, perdió su embarazo por estrés, mientras esperaba ser deportada. Maltrato y hacinamiento en Barajas. Enlace.
  • Una abuela quiso ir a visitar a su nieto recién nacido a Canarias y no la dejaron pasar (incluso teniendo sus papeles en regla) porque el oficio de su país de origen es de “empleada doméstica”. Enlace.
  • A una profesora de la Universidad Nacional de Salta la deportaron junto con su sobrina de 9 años. La nena iba a visitar a su madre que vive en España. Vio a la mamá pero jamás se tocaron, ni se besaron: un vidrio las separó todo el tiempo. Enlace.

Son historias crueles, pero ese componente de aislamiento las convierte en casos especiales que no van al fondo de la historia. ¿Qué pasa realmente ahí dentro? ¿Cómo duermen? ¿Tienen baños? ¿Te ponen un abogado? Los más de siete mil deportados latinoamericanos mensuales que pasan entre 30 y 50 horas en Barajas y se vuelven en silencio, casi nunca pierden sus embarazos. No son noticia.

Ese montón de horas encerrados en unas habitaciones que nadie conoce, en el corazón de los aeropuertos, sin teléfonos móviles para contactar con el exterior, son un drama diario que está ocurriéndole ahora mismo, en este momento, a dos docenas de personas. Un drama que siempre tuve curiosidad por conocer.

II.

La primera idea que tuvimos con el Chiri para la revista no era solamente arriesgada en producción, sino también carísima y bastante utópica.

Se nos ocurrió proponerle a algún periodista o escritor —con mucho oficio y ánimo para las aventuras extrañas— que viajara desde Buenos Aires a Madrid sin papeles, sólo con pasaje de ida, sin invitación ni dinero, para que se comiera las muchas horas en el limbo de los deportados. Que se dejara atrapar.

La idea: que nos contara desde dentro cómo son esos sitios secretos de los aeropuertos españoles donde un grupo de brasileños, ecuatorianos, rumanos, argentinos y mexicanos esperan incomunicados a que un avión (pagado por el gobierno de España) los devuelva a casa.

—Es complicado —dijo Chiri—, porque cuando te deportan no podés entrar a la Unión Europea por cinco años. ¿Que escritor o periodista va a aceptar el trabajo?

—Tendríamos que encontrar a un narrador nato —le dije—, uno de los de antes, de los que se juegan la vida en una crónica.

Nos quedamos pensando: no parecía posible dar con esa clase de periodista. Últimamente todos los colegas tienen ganas de entrar y salir de Europa cuando quieren. Son sibaritas del oficio.

Entonces me acordé de una anécdota. En 1995 empecé a trabajar en una revista de economía que aún se llama Énfasis (ya una vez hablé de eso en Orsai). Un par de meses después de que me aceptaran en el empleo, logré que incorporasen también al Chiri. El señor Weigandt, director de la revista, tomó a mi amigo durante una semana, para ver si funcionaba.

Su primera labor, la prueba de fuego de Chiri, fue ir a la Embajada del Paraguay a conseguir una foto del presidente. Estábamos cerrando un especial de logística sobre el Mercosur y sólo nos faltaba esa imagen; nos empezábamos a desesperar. Chiri entendió que al cumplir un recado menor, pero urgente, podía obtener una buena impresión inicial. Entonces dijo:

—No se preocupen, está hecho.

Pero no tuvo suerte. En la Embajada no le quisieron dar, o no tenían a mano, ninguna foto del presidente del país hermano. Chiri supo que se estaba jugando el puesto. Insistió. Le dijeron que regresara el lunes. Insistió más. Le dijeron que se fuera.

Cuando volvió a la redacción, sin embargo, traía bajo el brazo una fotografía inmensa de Wasmosy. El primer mandatario del Paraguay estaba mirando al horizonte, impoluto, con la banda tricolor al pecho. Nos sorprendimos mucho, porque era un retrato enmarcado en roble, de treinta por cuarenta y cinco centímetros. Le preguntamos a Chiri quién le había cedido la imagen.

—La descolgué de la pared de la Embajada antes de irme, porque no me querían dar ninguna —dijo.

Éramos cuatro en la mesa de trabajo de la redacción: Alejandro Seselovsky, que actualmente es redactor de la Rolling Stone (pero entonces era una criatura, como nosotros), la flamante diseñadora de la revista, María Monjardín (que más tarde se convertiría en la esposa de Chiri), el director Weigandt y yo. Fuimos ocho ojos que se quedaron mirando al Chiri con estupor. Nadie pestañeó durante toda la tarde.

El robo de símbolos patrios en territorio extranjero era entonces, y es ahora, delito internacional. No te viene a buscar un policía argentino en un patrullero. Viene a buscarte la Interpol: tres tipos de traje negro con anteojos oscuros, uno de ellos rubio y con audífono blanco en la oreja. El juicio por lo general es corto, porque el Gobierno del agresor prefiere no tener conflictos diplomáticos y nadie te ofrece una defensa digna.

Al Chiri le correspondían (con el reglamento en la mano) tres años y ocho meses no excarcelables, sin fianza. Pero cuidado: tres años en cárceles paraguayas no es lo mismo que tres años humanos. Como ocurre con la edad de los perros, a las penas paraguayas hay que multiplicarlas por siete.

Mi amigo, sin embargo, no era consciente de su gesta cuando entró a la redacción con Wasmosy en el sobaco. Entregó la fotografía sin mucho aspaviento y se sentó en su escritorio a esperar que la escanearan para devolverla. Así dijo. Para devolverla. En esa época fumábamos mucho porro, y con seguridad Chiri pensó esa tarde que la vida era sencilla. No entendió nunca por qué todos lo mirábamos con la boca abierta. Ni tampoco comprendió cuando el señor Weigandt se acercó a él, le puso una mano en el hombro, y le dijo:

—Si mañana estás en el país, querido, el puesto es tuyo.

Los siguientes cuatro días nadie vino a buscar a mi amigo, y entonces Weigandt cumplió su promesa. La foto de Wasmosy está ahora, enmarcada, en la redacción de Orsai en Sant Celoni.

III.

Nos reímos mucho en la sobremesa, recordando aquella anécdota en la que Chiri se convirtió, sin querer, en un periodista de raza. Entonces ocurrió algo:

—¡Seselovsky! —gritó Chiri.

—Sí —dije— Seselovsky estaba esa tarde en la redacción.

—No, boludo. Le tenemos que decir a Seselovsky que haga el viaje a Madrid y que lo deporten. ¡Seselovsky está loco y además escribe como los dioses!

Me quedé callado y pensativo. Alejandro Seselovsky había crecido muchísimo desde que lo conocimos en Énfasis, hace quince años. Algunas de sus crónicas en la Rolling Stone son míticas (sobre todo una en la que se pasó un mes entero trabajando en un call center para contar la historia desde adentro). Lo que tiene Alejandro, cuando escribe, es que logra que vos estés ahí, que seas su mirada. No narra con la cabeza sino con el cuerpo. Como si una mosca, con sus mil ojos, supiera contarte lo que ve.

—Me encanta Seselovsky —le dije a Chiri—, ¿pero vos te pensás que se va a arriesgar a que lo expulsen de la Unión Europea? Además no sabemos si ahora, con cuarenta años, está tan loco como antes. Tiene esposa, tiene hijos.

—Escribíle. Nosotros también tenemos cuarenta, esposa, hijos, y mirá las boludeces que hacemos.

Chiri suele tener razón. Esa misma noche (11 de octubre, hoy hace justo un mes) le escribí a Seselovsky el siguiente mail:

Ale, una idea. Te mandamos un pasaje de ida a Madrid para que te deporten y pases 48 horas detenido hasta que te manden de vuelta a casa. Queremos saber cómo es ese mundo desde adentro. Puede que te incomuniquen y que te peguen, pero no creo que muy fuerte. Además no te dejarían entrar a Europa durante algunos años. Te pagaríamos equis plata por la molestia. ¿Lo ves muy descabellado? Abrazo, Hernán.

A los diez minutos nos vino la respuesta por mail:

Dale. ¿Cuándo lo hacemos? Para mí sería óptimo la semana que viene, porque en diciembre presento mi nuevo libro Trash y tengo que estar acá. Abrazo, Ale.

Nos quedamos con Chiri mirando su respuesta en silencio. Supimos que Seselovsky estaba más loco que antes, y que era mejor periodista que nunca.

IV.

La “Crónica del deportado” es uno de los contenidos que más me gustan del número 1 de Orsai. También es la más cara de las producciones: abogados acá y allá, pasajes, producción, hotel por si Seselovsky pasaba la frontera, etcétera.

Alejandro salió de Buenos Aires cuando Kirchner estaba vivo, sufrió cincuenta y dos horas de presidio y el gobierno español lo devolvió a Ezeiza cuando Argentina ya era otra.

A su regreso me escribió:

Casciari, estoy de vuelta en la ex patria K. Los resultados de mi experiencia en Barajas son de diez sobre diez, por lo menos en términos de lo que fui a buscar. Para decirlo más fácil, no me podría haber ido mejor. Estuve 47 horas detenido en la zona de no admitidos, fui entrevistado por polis, defendido por abogados puestos por el Estado español, y compartí desyuno, almuerzo, merienda y cena con un rumano que me explicó por qué robar whisky en Madrid es tan redituable para rateros como él, con una nigeriana que lloraba todo el día en el teléfono, con tres brasileñas evangélicas convencidas de que Cristo las iba a hacer entrar a España; en fin, docenas de historias. Saqué fotos clandestinas, te las adjunto. Hay un elemento que me traje que está bueno para usar: lo que está escrito en las paredes de ese limbo. Los deportados dejan grafitis. Copié la mayoría, porque tengo ganas de armar la crónica con esas frases como subtítulos. Es una boludez que hago a veces. Yo dejé un grafiti también, detrás de una de las camas: “Alejandro Seselovsky estuvo acá, para Orsai Revista, el 26 de octubre de 2010”.

Al recibir ese mail, con Chiri supimos que estábamos haciendo la revista que habíamos soñado.






miércoles, 20 de octubre de 2010

Seguimos con nuestra Agencia de Turismo-Viaje a España y Siéntase como en OZ!!!


Fuente La Nación.

Otra docente fue expulsada de España

Una profesora salteña viajó becada para una maestría, pero fue retenida en el aeropuerto y enviada de regreso a Buenos Aires


Carlos Pastrana
Para LA NACION

SALTA.- Día tras día, se conocen nuevos casos de argentinos deportados en el aeropuerto de Barajas, cuando intentaban ingresar en España, incluso con todos sus papeles en orden. Ayer, Gilda Di Fonzo, docente de la Universidad Nacional de Salta que llegó a Madrid el 19 de septiembre pasado con una beca de tres meses para un máster y fue deportada en pocas horas, confirmó a LA NACION que había sido expulsada de aquel país, junto con una niña de 9 años. La pequeña había viajado desde Buenos Aires para visitar a su madre, radicada en España hace cuatro años, y sólo se pudieron ver a través de un vidrio.

"Lo que pretendo al dar a conocer esta situación es que, en el futuro, no sufran lo mismo otras personas, y que las autoridades argentinas y españolas acuerden medidas que terminen con la discriminación", dijo Di Fonzo a LA NACION, un día después de que la Cancillería argentina expresara al gobierno español su preocupación por la reiteración de hechos similares en Madrid.

El caso que desató la tensión diplomática fue el protagonizado por María Cecilia Tonón, una docente universitaria que había viajado invitada por la Universidad Complutense de Madrid para un intercambio de dos meses y que fue expulsada sin fundamentos, situación que le causó trastornos en su embarazo de tres meses, que luego perdió.

La contadora Di Fonzo también padeció un trato despectivo en Barajas. Docente de Contabilidad I de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Salta, viajó a España becada para cursar una maestría en Gestión Sostenible de Empresas y Productos de la Universidad Internacional de Andalucía.

Llegó el domingo 19 de septiembre; de nada sirvieron la certificación de la beca española, los 2000 euros que portaba en efectivo ni la tarjeta de crédito. También fueron infructuosas las llamadas telefónicas de su amiga Rosa Sángara desde Salta a la embajada argentina en España, a la universidad que le otorgó la beca y a la estación aérea madrileña, donde Di Fonzo estuvo detenida cuatro horas. Toda la documentación le fue incautada y sólo se la devolvieron en Ezeiza, a su regreso.

La contadora decidió hacer público su caso luego de leer la experiencia soportada por Tonón. Ante LA NACION, recordó que los inconvenientes surgieron en Barajas cuando le solicitaron la visa de estudiante, documento que no llevaba porque sólo se exige para viajes de más de 90 días. Ella permanecería del 20 de septiembre al 17 de diciembre. Según relató, compañeros de la maestría de otros países le comunicaron que nunca les plantearon las mismas exigencias, "lo que demuestra la actitud discriminatoria".

Arribó en un vuelo de Aerolíneas Argentinas, a las 14, y, apenas constataron que no tenía la visa de estudiante -dijo-, dos policías la llevaron incomunicada a una habitación, donde estuvo con la niña y otra joven argentina que iba a Barcelona de vacaciones, dos brasileñas, un mexicano y un paraguayo.

Le asignaron una abogada gratuita, María Gallego Igea, que llegó alrededor de las 18, y luego de leer la documentación, le expresó que estaba "todo en regla, pero ya estaba ordenada la deportación". No obstante, la abogada presentó un recurso de alzada, en el que afirmó que hubo "una clara indefensión" de su defendida porque declaró ante el funcionario actuante de frontera sin asistencia letrada".

Y sostuvo: "No existe sospecha fundada que ponga en duda el carácter turístico del viaje (...), al constar como documento acreditativo el billete de ida y vuelta. La única sospecha es la nacionalidad: argentina. Por cuanto se ha expuesto, es evidente que la actuación de los miembros del puesto fronterizo es discrecional, arbitraria y contraria a derecho". Di Fonzo no descarta solicitar por vía judicial un resarcimiento, pues el viaje le costó 1800 dólares.

Ayer también se conoció el caso de Victoria Di Salvo, una rosarina de 58 años que trabaja como mucama en un hospital, que viajó a España la semana pasada para asistir al nacimiento de su nieta y quedarse por 90 días para ayudar a su hija tras el parto. Fue retenida en Barajas 43 horas y enviada a Buenos Aires porque no le creyeron que, siendo mucama en un hospital, tuviera una licencia laboral de tres meses.

CRONOLOGÍA

Domingo 19 de septiembre
Gilda Di Fonzo

  • Esta contadora y docente salteña viajó becada a España para una maestría de tres meses. No le permitieron ingresar por falta de visa de estudiante.

Domingo 10 de octubre
María Cecilia Tonón

  • Esta docente santafecina también viajó becada por la Universidad Complutense de Madrid y la expulsaron por no tener visa de estudiante.

Miércoles 13 de octubre
Victoria Di Salvo

  • Trabaja de mucama en un hospital de Rosario; viajó por 90 días para conocer a su nieto. No le creyeron que tuviera una licencia tan larga.
Fuente La Nación.



El consulado argentino habrá hecho algo????, supongo que no, el cónsul debe estar muy ocupado ayudando a vender la Argentina o andá a saber qué cosas importantes como , por ejemplo, que los de Telefónica sigan llevándosela en pala o algo así.....

Para esas cosas sirven los consulados argentinos en el Exterior....