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lunes, 14 de marzo de 2011

Nota de la PirateFest en Página 12


Fuente Página 12.

Por un cambio de paradigma

La organización del encuentro estuvo a cargo del Partido Pirata local. Junto a varios especialistas e invitados bosquejaron un diagnóstico sobre la actual relación entre cultura y nuevas tecnologías. Se alertó sobre los riesgos de la centralización de los servidores.


Por Facundo García

Paso a paso –y con el affaire Wikileaks como punta de lanza–, activistas de nuevo cuño están ocupando espacios de visibilidad hasta hace poco impensados. El fin de semana les tocó a los llamados “piratas”, que se reunieron en el primer Piratefest de la Argentina y abordaron, junto a varios especialistas e invitados, un diagnóstico sobre la actual relación entre cultura y nuevas tecnologías. Garfios, patas de palo y barriles de ron quedaron para la próxima.

La organización estuvo a cargo del Partido Pirata local (partidopirata.com.ar), que eligió como punto de encuentro el piso más alto de un edificio en reparación, al mejor estilo Blade Runner. A su vez, Once Libre –así se llama el lugar– es la sede de Articultores (articultores.net), un grupo que reparte plantas organizándose en “guerrillas” de jardineros. El paisaje prometía ser pintoresco, y los visitantes empezaban a ubicarse entre los recovecos de la construcción cuando Matías Lennie, de Red Panal (redpanal.org), enumeró novedades sobre la “música colaborativa” para preguntarse luego si era oportuno responder a los guiños que el gobierno y las fuerzas políticas tradicionales les están haciendo a los militantes tech. “Esos sectores todavía se manejan con formas antiguas de distribuir el poder. Frente a eso, lo que los defensores de la Cultura Libre proponen es un cambio de paradigma. No nos limitamos a compartir canciones o películas, ni a desarrollar software. Es una idea más profunda”, evaluó Lennie.

Se esté de acuerdo o no con los preceptos del Partido Pirata, está claro que la existencia de esa organización es índice de un emergente social que va cobrando forma. Aficionados a la tecnología y curiosos de la política, hippies digitalizados y punks que practican agricultura orgánica: el recorte incluye una mayoría de jóvenes de clase media que le deben a la posibilidad de subir y bajar información en la web buena parte de sus gustos y sus modos de interacción social. Con el detalle de que además les gusta copiar y alterar los productos culturales que llegan a sus manos, lo que ha puesto a más de una multinacional al borde del ataque de nervios.

Es por el nudo de ese antagonismo que se cuelan discursos como los que se oyeron en el Piratefest. En su charla sobre software libre y formación política, Nicolás Reynolds –representante de los piratas vernáculos– le dio otra vuelta de tuerca al asunto y criticó la ingenuidad con que los medios interpretaron el uso de las redes sociales durante las protestas en Medio Oriente. “Suele decirse que las manifestaciones en Egipto tuvieron que ver con Facebook y Twitter. No sé si será así, pero por las dudas quiero avisar que hay grandes probabilidades de que todo lo que se dijo a través de esas herramientas ya esté a disposición de la CIA o de empresas privadas de seguridad. Las comunicaciones de la red pasan, en su mayoría, por servidores que están en Estados Unidos; y si mantenemos esa estructura, seguiremos poniendo en peligro a los movimientos sociales de todo el planeta”, advirtió.

Como opción para disminuir esos riesgos se habló de Freedom Box (freedomboxfoundation.org), una iniciativa que pretende instalar pequeños servidores en el hogar de millones de usuarios. Eso desafiaría la centralización actual, haría más difícil la vigilancia e impediría que los regímenes autoritarios consigan suprimir las comunicaciones. “Hay que hacerlo rápido, para ahorrar futuros problemas –apuró Reynolds–. La prueba más inmediata que tenemos es la de Wikileaks, que cuando publicó cables inconvenientes para la Casa Blanca fue dado de baja, aunque después aparecieron sites que replicaban sus documentos.”

Los integrantes de Buenos Aires Libre (www.buenosaireslibre.org) describieron otra alternativa: el establecimiento de una red comunitaria que no es Internet, pero permite intercambiar datos, películas, música y libros entre los vecinos que se sumen. “Solamente hace falta instalar una antena muy sencilla, que puede construirse con un alambre doblado y algunas pocas piezas más”, informó Sergio Pernas. Osiris Gómez, otro de los panelistas, se refirió al dinamismo del sistema. “En mi máquina tengo dos terabytes de datos que les ofrezco a mis compañeros. Imagínense, por ejemplo, lo que podría lograrse con una escuela que repartiera material didáctico y textos al resto del barrio”, comentó.

Por su parte, Beatriz Busaniche, de Vía Libre (vialibre.org.ar), especificó los defectos de la Ley de Propiedad Intelectual argentina e hizo una introducción a las Licencias Libres, que permiten a los creadores “escapar a la lógica de las multinacionales”. La especialista cerró con una crítica terminológica: “No estoy de acuerdo con la palabra ‘pirata’ –sostuvo–. La batalla discursiva es la primera que tenemos que dar, y no podemos ceder terreno de entrada. Colocándonos ese nombre nos están metiendo en la misma bolsa que una mafia”.

Fuente Página 12.



Sobre el uso de la palabra Pirata, tenemos nuestro manifiesto poético que explica porqué reivindicamos su uso:

Nuestro Manifiesto Poético:

Contra todo intento de estigmatizacion de nuestro nombre, reivindicamos a los Piratas, la Piratería y sus luchas.

Si en aquel mundo dominado por monopolios depredadores, por la esclavitud, la autocracia y el racismo, los Piratas se dieron a si mismos igualdad, libertad, autodeterminación y auténtica convivencia multicultural, ignorando toda corrección política de su tiempo, entonces es que reivindicamos su bandera, su legado y su nombre.

Porque nosotros crecimos en la periferia de lo que algunos llaman ilegalidad, navegando caóticos mares culturales, habitando unas pocas y remotas islas liberadas, y no conocemos otra forma de organizamos que no sea bajo un principio de convivencia igualitaria: las Redes de Pares.

Resistimos también los monopolios, del conocimiento, la cultura, y el patentamiento de la vida, y asi como nos resistimos a las metrópolis del presente que depredan los recursos naturales en sus colonias: el planeta entero.

Y como buenos Piratas y Filibusteros nos parecemos en algo más a nuestros predecesores: asaltamos naves, las del egoísmo y el saqueo, para quebrar la opresión de las falsas leyes de la escasez, del copyright y sus artificiales feudos inmateriales, fraudulentos espejismos propagandísticos que nos restringen el acceso a este nuevo mundo de la abundancia multicolor, donde todos podemos crear, copiar, multiplicar y compartir.

Como Piratas que somos creemos en la libertad, en la diversidad, en la auto-organización, en la horizontalidad, en sentirnos pares e iguales, en democratizar la creación, en la libertad de expresión y pensamiento, y como nacimos compartiendo, creemos en compartir la mayor riqueza que atesoramos como humanidad: la cultura, las ideas y el conocimiento, que liberados del lastre
analógico y anacrónico de la escasez, sólo queda liberarlos del pesado lastre de la codicia.

Como Piratas que somos, no somos ingenuos, y sabemos que las mismas armas digitales que nos liberan, nos pueden encarcelar, cercenar y mutilar.

Por eso defendemos la privacidad, el anonimato, las redes libres y la neutralidad de Internet, como herramientas de liberación que nos permitan seguir sosteniendo nuestra autonomía, capacidad de organizarnos y resistirnos a las leyes cercenantes.

Como Piratas que somos aprendemos sobre la marcha, construimos sobre la marcha, aprendemos de las históricas luchas por la democratización del conocimiento y la libertad de expresión y aprendemos de las luchas por proteger nuestros bienes comunes, los recursos naturales: mares, vientos, llanuras y montañas.

Aprendemos que la libertad, la solidaridad y el compromiso colectivo son el único camino sustentable para seguir existiendo como seres humanos en este planeta.

Manifiesto Poético del Partido Pirata Argentino

miércoles, 23 de febrero de 2011

La Saga del Mundo Gusano-Otro Modelo para los comics


De Página 12.

"Desde su lanzamiento en la web hace un par de semanas, el comic ha recibido elogios de la crítica y casi medio millón de visitas. Lieske da cuenta de una intención sutil pero permanente de desafiar las convenciones del género.

La Saga del Mundo Gusano (wormworldsaga.com) se inicia con una pregunta que le complicaría el día a cualquier adulto: “Cuando recordás el pasado, ¿siempre podés distinguir entre lo que fueron los hechos reales y lo que fueron sueños o fantasías?”. Mediante esa invitación a derrumbar los muros de lo cotidiano se larga a contar el alemán Daniel Lieske. Si el lector recoge el guante, se sumergirá en un comic que resucita las emociones de la infancia y que, desde su lanzamiento en la web hace un par de semanas, ha recibido elogios de la crítica y casi medio millón de visitas. Y encima es gratis."

"La Saga del Mundo Gusano se publicará gratuitamente, aunque los lectores pueden hacer donaciones y comprar piezas autografiadas, además de pagar por el merchandising que se pondrá a la venta próximamente. “Yo quería que la mayor cantidad de gente disfrutara de lo que hago. Si hubiera publicado con la típica editorial alemana, se habría producido un máximo de cinco o diez mil copias. Yo en dos semanas superé en más de diez veces ese número gracias al rebote en la red”, detalla Lieske, que dice estar viviendo “el tiempo más loco de mi vida”. “La verdad, no estaba preparado para la avalancha de feedback positivo que me llega desde todo el planeta”, se sincera. La repercusión fue tal, que su creación ya cuenta con versiones en inglés, español, alemán, ruso y hasta turco."

Si quiere leer todo el artículo

Al primer capítulo en español lo encuentran acá.

Y ojalá otros artistas busquen nuevas formas de llegar al público y ganar dinero con ello así prescindimos de los que presionarán por más leyes Sinde, más HADOPI, menos libertad....Los que "cuidan de la cultura" pero te meten preso.

lunes, 24 de enero de 2011

Sobre las digitalizaciones de libros en Internet:“Hay esperanza de gozar un acceso franco a la cultura”

Logo de la Lista Librosgratis.


Fuente Página 12.

CULTURA › LOS DIGITALIZADORES DE LIBROS EN LA RED EXPLICAN SUS RAZONES

“Hay esperanza de gozar un acceso franco a la cultura”

El diálogo establecido con varios personajes dedicados a la digitalización de textos aquí y en el mundo revela que, más que una búsqueda de hacer dinero con productos piratas, hay una intención de mantener la circulación de conocimientos.

Por Facundo García

Para empezar, una hipótesis de trabajo: en un reino de- sigual –tal vez pequeño, tal vez colorido– hay gente que no puede acceder a los libros. Los aldeanos siembran, rezan, se enamoran. Leer, en cambio, es para ellos una rareza. Y lo peor es que esos volúmenes vedados no sólo sirven para entretenerse, sino para vivir mejor. El monarca de aquel feudo, sin embargo, persigue a quienes intentan acabar con la escasez. ¿Cómo modificar esa injusticia? Hay activistas que tienen su propia visión sobre la mejor manera de resolver el problema. Refugiados en las frondosidades de la web, aprovechan para digitalizar y distribuir obras literarias y académicas a granel, sin que les importe demasiado la opinión de las autoridades. Y su perspectiva no es la única, pero sí una de las más interesantes.

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A juzgar por lo que cuentan los entrevistados, lo primero que deberían proponerse estos aldeanos imaginarios es poner en circulación los pocos libros que haya. Es, después de todo, lo que hacen muchas personas de carne y hueso en este lado de la realidad. Como E. G., que se refugia en las iniciales para que nadie sepa su verdadero nombre. La timidez se le va cuando expresa su alegría por los diez años de Librosgratis, un grupo de correo electrónico del que fue fundador y por el que sigue yendo y viniendo material digitalizado. “Nosotros distribuimos, no digitalizamos. Pero la verdad es que no sé cómo la Cámara del Libro y sus amigos nos han dejado vivir tanto”, se sorprende. “Cuando arrancamos, los lugares para dejar archivos y descargarlos eran pocos. Hoy tenés una gama de herramientas para compartir (4shared, Rapidshare, Megaupload, etcétera). Eso hace todo más fácil”, detalla el hombre, que también tiene contactos con el Partido Pirata Argentino.

Distribuir, entonces, ¿pero qué? Si bien hay ejemplos de excelencia, como Bibliofyl –un sitio que reparte los apuntes que se usan en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA–, lo cierto es que lo que sucede fuera de la red tiende a repetirse adentro. Por eso hay quienes imploran por la puesta en disponibilidad de los bestsellers más lamentables. “Se digitaliza más lo que se vende masivamente, como pasa con la música. Hubo usuarios que venían y nos decían ‘¡digitalicen El Código Da Vinci!, ¡tengo el derecho de leer a Dan Brown!’. Hasta que decidimos no aceptar pedidos en la lista; y que si era un libro de ficción, se esperaría un año para que circulara. Con eso logramos que se fueran los que te pedían hoy un libro que había salido ayer”, repasa E. G.

–¿Distribuyen todo tipo de textos?

–Tratamos de evitar la mierda que anda dando vueltas, como El holocausto no existió, Cúrese el cáncer bebiendo té o zonceras por el estilo. Algún criterio editorial hay que tener...

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Ahora conviene retornar al reino imaginario que se puso a germinar al inicio de esta nota. El experimento marcha bien: los aldeanos ya están repartiéndose a escondidas los escasos libros que han podido reunir. El paso siguiente sería hacer copias. Lo que los pone ante decisiones fundamentales: ¿Quién decidirá el criterio con que se harán esas copias? ¿Quién las guardará y ordenará?

Si por ahí anduviera un gigante llamado Google, ya se sabe lo que ocurriría. Porque Google es –casi con seguridad– el mayor digitalizador de letras que pueda concebirse. Tanto, que ha hecho explícita su intención de escanear los más de ciento veintinueve millones de títulos de los que –según sus propias estimaciones– dispone la humanidad. No es una promesa vacía. Desde 2004, Google Books ha llevado al plano digital a más de quince millones de libros ubicados en más de cien países y escritos en más de cuatrocientos lenguajes. Y a pesar de que los curiosos pueden revisar sólo parcialmente las obras que no están en dominio público, la iniciativa ha despertado el terror de los que defienden las leyes de propiedad intelectual vigentes. La frutilla del postre es que la megacompañía abrió una tienda online con la que pretende transformar su esfuerzo en dividendos. No es una proyección inverosímil, si se tiene en cuenta que en los Estados Unidos las ventas de dispositivos electrónicos de lectura –Kindle, Nook, Sony Reader, iPad– se cuadruplicaron en los últimos doce meses.

La incógnita, llegado este punto, tiene que ver con los efectos de que una corporación estadounidense maneje semejante cantidad de información. Si, por el contrario, se le encarga la responsabilidad a una institución, ¿cuál debería ser? A lo mejor varias. O ninguna. Como sea, fuera de los centros de poder hay células que se dedican al escaneo y la corrección de textos digitales desde la mística de lo independiente. Es un camino.

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Es simple. Cuando se escanea un libro se produce un archivo de imagen; la imagen que se “extrajo” de las páginas. Sobre esos datos se aplica un programa que reconoce los caracteres y los traslada a un documento editable en un procesador de textos. Ese paso, que parece menor, es clave: si la obra no está guardada así, los ciegos no pueden utilizar el software que sintetiza voces y les “lee”. A continuación viene la etapa de las correcciones. Hay que cotejar el original con la copia y verificar que no se hayan perdido detalles importantes. Ese nivel de puntillismo, no obstante, se está volviendo cada vez menos frecuente.

Algunos entrevistados afirman que un escaneador ducho puede capturar quinientas páginas en una hora. Un tal Filobiblion –que además de ser fan del monje benedictino Ricart de Bury (1287-1345) ha sabido irse convirtiendo en especialista en este tema– detalla que “la demora está en función de la pericia del escaneador y del corrector involucrados, que no siempre coinciden en un solo individuo, porque en los grupos se divide el trabajo entre los que corrigen y los que escanean”. El informante cree que la tarea completa puede tomar de una semana a un par de meses, dependiendo de la complejidad del texto (notas a pie, ilustraciones, otros idiomas).

Por último, hay que repartir. Labor que adquiere especial valor en Argentina, un país que de acuerdo con datos difundidos por la Secretaría de Cultura de la Nación concentra el 31 por ciento de sus librerías, el 63,2 por ciento de sus editoriales y el 84,2 por ciento de sus ejemplares impresos en la Capital, donde habita sólo el 7,7 por ciento de la población. Filobiblion relaciona las estadísticas con vivencias concretas. “Tiempo atrás me dediqué a conseguir Fondo negro. Los Lugones, Leopoldo, Polo y Piri, de Eduardo Muslip, para una chica de Rosario que investigaba sobre el tema de los desaparecidos a raíz de tener un hermano en esa condición. Se lo escaneé y se lo mandé. La copia no está en la red: sólo la tenemos ella y yo”, ilustra. ¿Más? “Hace poco solicité La inteligencia fracasada: teoría y práctica de la estupidez, de José Antonio Marina; inhallable en Buenos Aires. A la semana un digitalizador anónimo me lo envió a mi correo, diciéndome que ‘lo había conmovido mi pedido’. Ahí tenés muestras de solidaridad entre lectores.”

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Jimena Méndez estudia antropología. Vive en el extranjero pero participa en Bibliotheka.org, donde los argentinos son patota. “Las bibliotecas en todas partes ‘prestan’ obras. Nuestra biblioteca digital hace lo mismo. El hecho de que no ‘devolvés’ ese material es una derivación del tipo de tecnología que se usa, pero la naturaleza del proyecto es la misma. No hay negocio detrás”, resume a través de la distancia.

¿Se identifican estos escaneadores y distribuidores con los primeros imprenteros? La mayoría no. “Si me lo preguntás en el sentido de que estamos haciendo un trabajo pionero del que aún no sabemos sus verdaderas consecuencias, puede ser”, sopesa Jimena. Y ajusta: “La circulación en la red es más compleja que con las imprentas. Es incontrolable e imparable. Vos subiste un libro de Sartre y al mes está en miles de discos rígidos alrededor del planeta”. El dinamismo es tal que sus frutos no están claros. “El gran problema es que, si se logra pensar en la ‘libertad digital’ para los bienes culturales, esa discusión podría permear otras esferas y, sobre todo, cuestionar el mercado y sus reglas. Y no creo que estemos preparados para esa discusión todavía”, provoca la muchacha.

Pulsar esa tecla es interesante. Desde una lectura trasnochada de El Capital, cabría vaticinar que el capitalismo cognitivo será marco para el desarrollo de algo así como una “lucha de clases informacional”. Quedó más que claro durante la campaña por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Hay quien hace dinero con el retaceo de datos socialmente importantes y hay quien lucha –con diversos intereses– por socializar una determinada cantidad de esos datos. Frente a un contexto así, la repartija gratuita de libros destaca como un acto de profundo carácter político.

Desde Europa, un español célebre en el ambiente –alias Mr. Williams– recapitula su ingreso en estas lides. “Como lector con medios económicos limitados –rememora– comencé a conseguir todo lo que iba apareciendo en la red. Un día pensé en montar una ‘biblioteca’ tomando como modelo las bibliotecas físicas.” Así nació La Biblioteca Oculta de Mr. Williams, que luego mutó a la bitácora Mr. Williams in Blog. “Como ya lo hacía para mí, poco me costaba compartirlo. Pronto me llegó el agradecimiento de muchísimos cibernautas que no disponían de ningún tipo de biblioteca. Ahí comenzó el compromiso”, revela.

–¿Qué lo impulsa a seguir?

–Sigo por los que no pueden comprarse un libro porque les cuesta el equivalente al salario de un día o más. Por aquellos que padecen la censura de estados que prohíben a determinados autores y hacen lo imposible por imprimir esas obras y leerlas en comunidad. Por aquellos que, aun teniendo capacidad de compra, no tienen esa chance al vivir lejos. Y, por supuesto, por aquellos que no tienen ni tendrán una biblioteca física para tomar prestado un libro. Yo –que se supone que vivo en el Primer Mundo– hasta los catorce años no tuve una biblioteca en mi pueblo. Por lo tanto me impulsa la esperanza de que podamos gozar de un acceso más franco a la cultura. Porque nos van a seguir engañando, pero les va a costar el doble.

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Ultimo regreso al laboratorio ficcional, donde el rey está perdiendo los estribos. A esta altura, la nación de criaturitas que no pueden leer vive días tenebrosos. Se ha declarado que los que copien libros o los distribuyan sin permiso deben ser sancionados. Así, se ha expulsado fuera de la legalidad a una enorme masa de hombres y mujeres. “A los que persistan se los tratará como ladrones”, brama el soberano. Y el mundito imaginario se marchita lentamente.

¿Una exageración? Aquí las cosas no son tan distintas. Aunque copiar no es lo mismo que robar, los abogados que defienden a los actuales sistemas de propiedad intelectual insisten en la analogía. Por encima del malentendido, las cuestiones fundamentales quedan fuera del debate. Dejando de lado el innegable derecho de los autores a percibir una remuneración, ¿deberían tener precio los libros digitales? Los consultados insisten en que las quejas de las editoriales no son comparables a las de las discográficas, porque un CD se puede copiar manteniendo la calidad, en tanto que el archivo digitalizado de un libro ofrece una experiencia de lectura muy distinta a la de su edición impresa. “No sé cuánto demanda fabricar una copia de un libro físico. Pero sí sé lo que me cuesta a mí copiar uno digital: un mega, un segundo. La versión electrónica no lleva aparejados gastos de distribución o impresión; y sin embargo nos la venden al mismo precio que si los tuviera. Si un libro nuevo en digital costase 5 euros, estoy seguro de que nadie se tomaría el trabajo ni de escanearlo”, cierra Mr. Williams.

Fuente Página 12.










martes, 20 de abril de 2010

“Piratas del mundo, ¡uníos!”

Fuente Página 12.

Vea nuestra aclaración al final de la página por favor.


“Piratas del mundo, ¡uníos!”

Cincuenta y cuatro “piratas” se juntaron para inaugurar una entidad que coordinará acciones internacionales contra el actual régimen de propiedad intelectual. Las charlas se centraron en las leyes de copyright, las patentes y la privacidad en la red, entre otros temas.

Por Facundo García

Esta vez la cita no fue en la isla de Tortuga, sino en Bruselas (Bélgica). Cincuenta y cuatro piratas de más de diecinueve países se juntaron el pasado fin de semana para inaugurar una entidad que coordinará acciones internacionales contra el actual régimen de propiedad intelectual. Y no hubo garfios ni patas de palo, pero sí muchas notebooks: “Venir acá fue clave, porque al haber arrancado vía Internet ni nos conocíamos las caras”, señaló Jerry Weyer, que a sus veinticuatro años resultó ser una de las autoridades “globales” elegidas en asamblea. El camino que va del e-mail –o el blog– a las conversaciones cara a cara y de ahí a la organización política daba así otra muestra de su poderosa vigencia entre las nuevas generaciones.

En las sesiones que terminaron dando vida al Pirate Parties International (sic) –o “Unión Internacional de Partidos Piratas”– se veía gente ataviada con el ¿ya tradicional? look ciberpunk, en tanto que otros optaron por la formalidad de los sacos y las camisas. Los europeos fueron más, pero también llegaron asistentes de Turquía, Rusia, Brasil y la Argentina. Jóvenes, en su mayoría. En efecto, el co-presidente Weyer –oriundo de Luxemburgo y estudiante de leyes– nació en 1986. Lo acompañará en la tarea Gregory Engels, un alemán que suele despotricar tanto contra los monopolios como contra “la censura de bloggers que lleva adelante el gobierno cubano”. “La idea de que haya dos presidentes –explicó la dupla– obedece a que somos antes que nada un equipo. No queremos que haya un tipo que esté dando órdenes por arriba de los demás.”

Los debates no fueron precisamente serenos. Incluso hubo quienes se negaron a suscribir los estatutos fundacionales de la confederación, sin que todavía se sepa bien por qué. No faltaron las chicanas y la desconfianza. “Los que no firmaron siguen siendo miembros del movimiento y pueden volver cuando quieran. Nuestras puertas están abiertas”, se atajó Engels. Poco antes había advertido que “la industria de los contenidos está haciendo esfuerzos organizados y mundiales para limitar las libertades civiles” y que a través del establecimiento del PPI “se estaba dando un paso en la lucha por contrarrestar ese avance”. “Por último –remató– quisiera terminar parafraseando a alguien con quien comparto el apellido y decirles: ‘Piratas del mundo, ¡uníos!’”

Las charlas se centraron en las leyes de copyright, las patentes, la privacidad en la red y la transparencia en la administración del Estado. “Yo no quiero que se balanceen –por el término en inglés Balancing Fundamental Rights– mis derechos humanos, quiero que se respeten”, sentenció a su turno Christian Engström, que es uno de los dos legisladores que el Partido Pirata Sueco consiguió meter en el Europarlamento. El diputado también deslizó sus preocupaciones por el ACTA (o “Acuerdo de Comercio contra la Falsificación”), un pacto que se ha estado negociando en secreto entre varias potencias y que podría permitir el cierre arbitrario de sitios de Internet.

Desde la distancia, está claro que los problemas que los piratas intentan meter en la agenda van a ir ganando cada vez más protagonismo. La incógnita –y en esto la ausencia de africanos y sudamericanos fue sintomática– es hasta qué punto es posible hallar soluciones sin poner en el tapete variables como la clase social o las desigualdades Norte-Sur, que por ahora parecen opacadas tras asuntos más tech. Por lo pronto, Eduardo González, uno de los que está empujando para que haya un PP Argentino (ver partido-pirata.blogspot.com), comentó lo acontecido, citando un tramo de cierto Manifiesto Poético que anda circulando entre los activistas locales: “Si en aquel mundo dominado por monopolios depredadores, por la esclavitud, la autocracia y el racismo, los Piratas se dieron a sí mismos igualdad, libertad, autodeterminación y auténtica convivencia multicultural, ignorando toda corrección política de su tiempo, entonces reivindicamos su bandera, su legado y su nombre”.

Fuente Página 12.



Gracias a Facundo por la nota y una aclaración:

Este blog es No Oficial si quieren trabajar junto con los otros piratas de la Argentina los invitamos a:


jueves, 8 de abril de 2010

“Esto es una parte del pasado que no es rentable”


Fuente Página 12.

“Esto es una parte del pasado que no es rentable”

Los aficionados que crean blogs y comparten música descatalogada son perseguidos por quienes, atendiendo a intereses diversos, se resisten a los cambios. “Me pareció que lo que yo tenía en casa no debía permanecer encerrado”, se defiende uno de los bloggers.

Por Facundo García

La memoria colectiva no sólo se amenaza con palos y armas: a veces basta el capricho de un puñado de empresas. Los inconseguibles del rock argentino era un blog que permitía descargar discos imposibles de encontrar en el mercado. En poco más de tres años había reunido tres mil posts con innumerables archivos y reseñas. Siete millones de visitas demostraban que ahí había un aporte valioso, rebosante de comentarios y debates. Pero según cuenta Marcelo B., hace unos días que Blogger –el administrador de bitácoras más popular de la red– lo sorprendió al borrar de un plumazo su trabajo. Y lo peor es que otros espacios de rescate cultural podrían correr la misma suerte.

Ahora los inconseguibles son más inconseguibles todavía, y Marcelo analiza cómo reponerse del sopapo. “La idea es compartir y dar a conocer esos materiales maravillosos que se fueron perdiendo –cuenta–. Afortunadamente, hay una gran cantidad de gente que se sumó y que colabora enviándome lo que tiene.” El equipo incluye a aficionados, músicos y productores. Es decir que se atacó no sólo a un blog, sino a una comunidad de usuarios que estaba en comunicación permanente. Además, el bloguero no ganaba un peso, y jura haberse movido exclusivamente por “la gratificación de llenar un vacío en mucha gente”. “No quise joder a nadie –insiste–. Tanto es así que puse mi dirección de mail para que el que se sintiera molesto por la inclusión de un álbum me pidiera retirarlo y listo. Por otra parte nunca posteé discos que estuvieran disponibles en los comercios.”

Desde septiembre de 2006 el proyecto recibió muchísimos más apoyos que quejas. “¿A quién le molesta que eso esté ahí?”, se pregunta Marcelo. Y se responde: “Por supuesto que a ciertas grabadoras, a algunos ‘revendedores’ que creen tener los derechos de las obras publicadas, y a algunos ‘representantes’ de la cultura que de cultura tienen muy poco y no representan a ningún artista, pero necesitan justificar su sueldo.” Lo tragicómico es que por cada cierre aparecen tres o cuatro sitios que retoman la tarea. “Los que dirigen esto no van a lograr lo que pretenden. Hay cambios en la industria musical y habrá que asimilarlos”, avisa el melómano.

Desertificación sonora

Antes de instalarse en el nuevo paisaje digital, los grandes intereses moverán todos sus recursos para acomodarlo a su favor, poniendo los balances financieros por delante del acceso a los bienes musicales. En efecto, hace pocos meses el Congreso de la Nación aprobó una ley que extiende de cincuenta a setenta años los derechos de las compañías fonográficas sobre los discos que alguna vez editaron. Eso significa, entre otras cosas, que obras que estaban a punto de pasar a dominio público –en criollo, léase “iban a ser de todos”– seguirán en manos privadas por dos décadas más. Para colmo –lo señaló Diego Fischerman en una nota publicada en Página/12 el 21 de febrero– la norma no contempla ninguna obligación para quienes detentan los derechos, que podrán seguir encanutando placas como lo han hecho hasta hoy. Basta mencionar lo que ocurrió con La voz de la zafra, de Mercedes Sosa, que permaneció fuera de circulación durante cuarenta y ocho años porque RCA –hoy en manos de Sony– consideraba que no era rentable una reedición. Y eso es sólo la punta del iceberg. Como definió Litto Nebbia en otra columna publicada en este diario a principios de marzo, el sistema vigente hace que “el manipuleo sobre la no edición de una obra sea lo más parecido a ‘borrar un artista del mapa’”. Hasta que por hache o por be –y si tiene buena estrella– el creador vuelve a estar en las disquerías porque recobró la notoriedad. Muriéndose, por ejemplo.

Las huellas del consecuente desastre están por todos lados. ¿Cuál era la música de la Televisión Nacional chilena durante el gobierno de Allende? ¿Cómo suenan las canciones tradicionales que los judíos sefardíes grabaron en Argentina? ¿Dónde revisitar los viejos cuentos relatados por María Elena Walsh? En la mayoría de las tiendas la respuesta será el silencio o un pasito de Ricky Martin. No así en otro blog de lujo, Los que no se consiguen (http://losquenoseconsiguen.blogspot.com). Como otros consultados, Danito prefiere que lo mencionen con ese nick para no tener problemas. Y no se guarda nada. “Las discográficas grandes –dispara– jamás se interesaron por seguir manteniendo en disponibilidad álbumes que forman parte de nuestra identidad. Debería haber una ley para evitar eso.”

El tampoco está detrás del billete. “Me pareció que lo que yo tenía en casa no debía permanecer encerrado”, confiesa. En sintonía con sus colegas, pinta una imagen que está lejos del arquetípico blogger solitario. “Muchos me han hecho llegar joyas que no conocía, como un recital de la cantante mapuche Aimé Painé, de quien directamente no quedó registro discográfico. Y desde hace tres años volví a tener la sana costumbre de recorrer las casas de vinilos viejos y adquirir (a veces a precios altos) discos descatalogados para poder compartirlos.” Si bien Los que no se consiguen no ha sufrido ataques directos, sí debe lidiar con las firmas que permanentemente lo denuncian y dan de baja sus links de descarga. “Es desgastante que te borren archivos que hay que volver a subir, de discos que a ciencia cierta sabés que no se reeditaron ni se reeditarán jamás”, se enoja Danito. Ojo, que el hombre no es un activista del copyleft ni mucho menos. “Así como estamos los que compartimos discos fuera del interés de las discográficas, hay muchos que ponen discos nuevos apenas salen a la venta, y tal vez –me pregunto– el hecho de bajar esa música cree un hábito perverso”, sostiene.

Una casa con cien mil discos

La discusión sobre las descargas está lejos de haberse saldado. Mientras, el tiempo pasa y cada temporada deja tras de sí toneladas de títulos que no volverán a ver la luz. Esas perlas son las que apasionan a Alejandro Molinier, que desde 2007 hace la curaduría de Discos Bizarros Argentinos (discosbizarrosargentinos.blogspot.com). Molinier –que también conduce un programa de radio que se llama Bizarrock y va los sábados de 17.30 a 19 por Radio del Pueblo (AM 830)– jura tener cien mil discos y la ilusión de instalar un museo. Sin embargo, como no tiene ningún apoyo, se conforma con difundir lo suyo por la web y el éter. “Después de ver la película Help! de Los Beatles –rememora– salí a rastrear discos. No sé cómo pasó, pero al final tuve que conseguir una casa entera para poder guardarlos.”

Alejandro camina atento. Cuando no hay un vecino que desecha una caja de LP, se cruza con colecciones tiradas en medio de la calle. Con esa base procura reconstituir una trama que de otro modo permanecería hecha jirones. Adjunta sus investigaciones en cada post e invita a que los visitantes escuchen una parte de su tesoro. La “Marcha de los taximetristas peronistas”, las canciones que los hermanos Borocotó le dedicaron a su madre y el pasado de Piero en La Nueva Ola pueden parecer cuentos salidos de una mente enferma, pero existen y concentran un conjunto de variables políticas, sociales y estéticas que vale la pena analizar. “No son como las grabaciones de Elvis o Pink Floyd, que uno sabe que se seguirán promocionando siempre. Esto es una parte del pasado que no es rentable y que por lo tanto tiende a permanecer sumergida. Fijáte que un disco como Juventud Argentina Peronista –de Carlos Bisso, lanzado en 1973– anticipa puntillosamente el fenómeno que hoy es Bombita Rodríguez. ¡Sólo que Bisso era un Bombita real y nadie se acuerda!”

Entre risas, el bizarrólogo adelanta que sus próximos posts destaparán a Graciela Borges cantando temas de Palito Ortega en 1965, más un disco simple que grabó Andrés Percivale en los ’70, varios de Alberto Olmedo y hasta uno de Ringo Bonavena cantando con los Shakers. Cuando recupera la compostura, se anima a arriesgar una conclusión. Desde su punto de vista, los que manejan el mercado no sienten la obligación de cuidar lo que “ya fue”. “Tengo amigos que sacaron de un container masters de verdaderos maestros. Y es un peligro que exista ese desprecio, porque a mí hace veinte años Depeche Mode me parecía una cagada y ahora los volví a escuchar y me gustan. Pero si nadie los hubiera conservado, jamás hubiera tenido la chance de revalorizarlos”, subraya.



domingo, 29 de noviembre de 2009

Contra el monopolio cultural


Fuente Página 12

CULTURA › CRECEN LAS VOCES QUE CUESTIONAN LA NUEVA LEY DE PROPIEDAD INTELECTUAL

Contra el monopolio cultural

Aunque los músicos no hablaron del tema, desde organizaciones como RedPanal o Wikipedia se critica la medida que extiende los derechos sobre los fonogramas de cincuenta a setenta años. “Va a contramano del progresismo”, señalan.

Por Facundo García

A principios de este año, el hijo de Hugo del Carril pidió que el kirchnerismo se abstuviera de utilizar la versión de la marcha grabada por su padre en 1949 porque consideraba que Kirchner “no era peronista”. Se salió con la suya gracias a un fallo judicial, aunque por entonces las leyes indicaban que ese registro estaba bajo dominio público. El miércoles, en otro capítulo paradójico, los diputados del oficialismo –junto a prácticamente todas las fuerzas políticas del Congreso– aprobaron sobre tablas una modificación a la Ley de Propiedad Intelectual que extiende de cincuenta a setenta años los derechos de intérpretes y productores sobre los fonogramas. Por lo tanto “Hugo junior” será propietario del famoso tema hasta 2019: habrá que pedirle autorización o pagarle para poder pasarlo. Y el dato indignará a algunos o arrancará sonrisas irónicas en otros, pero lo cierto es que representa sólo la arista más vistosa de una medida que varios sectores no han dudado en cuestionar muy duramente.

¿Y qué es un fonograma? Es una “fijación de sonido en soportes que permiten su reproducción”; es decir, en un disco, una cinta, un CD, etcétera. La flamante normativa –que pasó por la Cámara baja y el Senado con la fugacidad de una semicorchea– provocará que esos materiales, en lugar de liberarse al cumplir medio siglo de existencia, permanezcan dos décadas más en el ámbito privado. Entre los trabajos afectados hay joyas de Aníbal Troilo, Edmundo Rivero y Atahualpa Yupanqui, entre otros. ¿Los motivos? En la argumentación de los senadores Miguel Angel Pichetto (FPV Río Negro), José Pampuro (FPV Buenos Aires), Ernesto Sanz (UCR Mendoza), Pedro Guastavino (FPV Entre Ríos) y Liliana Fellner (FPV Jujuy) se explicita que “la producción cultural musical y nacional de los ’40 y los ’50 se encuentran seriamente amenazadas (sic) en los actuales términos de protección”. Por ende, la posibilidad de que cualquiera copie, distribuya o reutilice ese acervo es interpretada como el peor de los males. En respuesta varios referentes del movimiento por la Cultura Libre redactaron una carta en la que se acusa a los legisladores de estar entendiendo la propiedad común como “tierra de nadie” cuando en realidad es “el espacio donde no se puede impedir a otros el acceso a la cultura, independientemente de que se pueda pagar o no por ella”.

Desde luego, los que defienden la nueva ley 11.723 no les llevan el apunte a esos “detalles”. Es más: aseguran que ayudará a los artistas. Si se mira con cuidado, sin embargo, resulta evidente que quienes sacarán mayores dividendos a partir del cambio van a ser las grandes compañías. El diputado Eduardo Macaluse, del Espacio Solidaridad e Igualdad (SI), integró junto a su compañera de banca María América González y a Ariel Osvaldo Pasini (FPV) el solitario trío que se opuso a los 139 votos por la positiva. El parlamentario subrayó que “la propiedad intelectual debe servir para defender al artista y su familia, pero esta prórroga significa que el pueblo deberá asumir un costo adicional por acceder a esos bienes”. “Encima, buena parte de los intérpretes aludidos no percibirá ningún beneficio. ¿Qué beneficio van a percibir, si después de setenta años la gran mayoría ya falleció?”

El artículo que se insertó estipula además que los fonogramas que hoy se encuentran en el dominio público sin que hayan transcurrido setenta años desde su publicación “volverán automáticamente al dominio privado por el espacio que reste”. Con esto no sólo se “privatiza” un corpus enorme, sino que se pone bajo la lupa a un amplio conjunto de canciones donde se incluyeron o recombinaron registros viejos, como sucede en los remixes. Nada de esto pareció alterar mucho al gremio artístico, que en general mantuvo un silencio cercano al consentimiento. En contraste, Matías Lennie –director del proyecto de música colaborativa RedPanal– observó que lo que se está haciendo es negar la nueva época. “Si creaste un tema utilizando trozos de una zamba que ya tenía más de cincuenta años, desde ahora vas a tener que pagar regalías al ‘dueño’, o guardar eso que hiciste en el placard –afirmó–. Por otro lado, las discográficas dicen proteger la cultura pero en lo concreto pretenden quedarse con las ganancias potenciales de los fonogramas. Ya hemos visto que si evalúan que no es negocio reeditarlos, se los encanutan. ¿Quién nos garantiza que vayan a sacar los discos del Cuchi Leguizamón si eso no les reporta ganancias?”

En cuanto a la “marchita” –cuyo estribillo, dicho sea de paso, se basa en un motivo anónimo que usaban las murgas–, aún se puede escucharla en Wikipedia. Hay que apurarse, dado que en pocos días ya no estará. Y lo mismo ocurrirá con otros audios, ya que numerosísimas grabaciones que estaban publicadas gratuitamente y con fines educativos deberán ser retiradas para no caer en la ilegalidad. Wikimedia Argentina, el organismo que patrocina a la enciclopedia online, salió al cruce a través de su presidente, Patricio Lorente: “Esta es una medida reaccionaria que sólo favorece a intermediarios de la cultura –recalcó el directivo–. Por ejemplo, a Sony, que lanzará al mercado una reedición del primer disco de Mercedes Sosa, La voz de la zafra (de 1961), aprovechando la consternación popular que ha provocado su fallecimiento como principal argumento de marketing”. Lorente también se despachó contra el oficialismo, que habría sido el impulsor de la medida: “Esta extensión de los monopolios de explotación de la cultura y el arte va a contramano de todo discurso progresista y contradice todos los conceptos que fundamentaron la reciente movida del ‘fútbol para todos’”, señaló.


Fuente Página 12