jueves, 28 de agosto de 2008

Traerían una nueva soja transgénica



El producto sería lanzado por Monsanto, que ahora confía en que el Gobierno le reconocerá las patentes por sus semillas


Por Jorge Oviedo
Enviado especial



DE MOINES, Estados Unidos.- La compañía de biotecnología Monsanto confía en que pronto logrará con el actual gobierno un acuerdo que permitirá la introducción de nuevas semillas transgénicas de soja, maíz, alfalfa y algodón que permitirán ampliar la producción y reducir los costos.



Esas semillas son resistentes al herbicida glifosato y apuntan a extender y ampliar el éxito que ese tipo de tecnología tuvo con la producción de soja. El anuncio fue realizado aquí por el director de Estrategias y Nuevos Negocios de Monsanto Argentina, Pablo Vaquero, en el marco de la Farm Progress Show, una importantísima muestra agrícola en la que hay una fuerte presencia de agricultores argentinos.



La firma de ese acuerdo permitiría también introducir en la Argentina una nueva soja modificada, que agrega a la resistencia al glifosato un mayor rendimiento y resistencia a insectos y que comenzará a sembrarse en Brasil y Paraguay. Vaquero explicó que si el acuerdo se alcanza pronto, el lanzamiento podría incluso ser simultáneo con la Argentina, ya que en nuestro país los trámites de homologación son más ágiles.



El anuncio muestra un completo cambio de estrategia de la compañía, que había congelado el lanzamiento de nuevos productos biotecnológicos ya que no logró hasta ahora, como lo hizo en otros países, cobrar los derechos por la utilización de la soja modificada, que patentó.



De hecho, Monsanto inició en Europa ocho juicios que pretendían cobrar los derechos en el destino de las exportaciones. La situación pareció cambiar drásticamente cuando, hace 15 días, se firmó un acuerdo con el gobierno del Chaco para introducir un algodón modificado genéticamente que incluye el gen de resistencia al glifosato (RR, por resistente al Roundup) y otro que lo hace resistente a insectos.



Además, se iniciaron formalmente los trámites para solicitar la autorización para introducir en la Argentina una alfalfa resistente al glifosato que aquí, en los Estados Unidos, entrará en tres meses en el mercado.



"Monsanto vuelve a la Argentina, que es uno de los cinco países claves para la compañía", señaló Vaquero, que agregó que los restantes son Estados Unidos, la India, China y Brasil.



La compañía invertirá 125 millones de dólares en los próximos cuatro años, la mayor parte de ellos destinados a producción de semillas, en particular de maíz.



La clave para un acuerdo requerirá una "solución política" para el caso de la soja RR y permitiría la introducción de una nueva generación de soja genéticamente modificada que se hará en 2012 en Brasil y Paraguay, que incluye una nueva tecnología RR, denominada RRY+/BT, con resistencia al glifosato con un mayor rendimiento combinada con la resistencia a insectos.




"Se trata del primer evento biotecnológico pensado y diseñado para ser utilizado inicialmente en un país que no es Estados Unidos", dijo Vaquero, ya que el agregado de la resistencia a insectos no parece ser interesante para sitios con mejores estándares de sanidad de los cultivos y, en cambio, puede ser una gran ventaja en Brasil, Paraguay y el norte de la Argentina.


La nueva soja


La nueva soja transgénica tiene, según la empresa, rendimientos entre 10 y 15% superiores a los de la RR. Aunque la compañía no lo precisó, el acuerdo debería incluir un esquema que le permita evitar que, como con la soja RR, los agricultores argentinos la utilicen sin pagar derechos.



A diferencia de los maíces resistentes a insectos, que son híbridos y no pueden usarse para ser replantados, las semillas de soja producida con semillas transgénicas germinan y producen innumerables generaciones sin perder la característica de la resistencia al glifosato, por lo cual muchos productores optan por guardarse parte de lo producido para utilizarlo en la siguiente siembra sin volver a comprar a una semillero y así evitar el pago de derechos.



Monsanto asegura que el aumento de la producción logrado por una soja muchísimo más barata y fácil de producir significó para los productores argentinos un beneficio total de 20.000 millones de dólares en los últimos diez años. En la actualidad, la soja es el mayor cultivo de la Argentina, donde se plantan entre 14 y 16 millones de hectáreas, de las cuales, según la compañía, prácticamente ni una sola pertenece a soja sin la modificación que le permite soportar la aplicación de un herbicida que elimina prácticamente cualquier otro vegetal.



Michael Doane, responsable global de sustentabilidad de Monsanto, señaló que en el mundo, utilizando la misma superficie de tierra, habrá que producir de aquí a 2050 más alimentos que la totalidad de lo que se produjo a nivel planetario en los últimos diez mil años.



"Sólo puede hacerse con la biotecnología", explicó, y detalló que el desafío es hacerlo consumiendo menor cantidad de recursos del suelo, menor cantidad de energía y reduciendo el impacto en el medio ambiente.

Artículo del diario La Nación



Es terrible!!!, ¿ningún partido político hará nada?, en el documental "El Mundo Según Monsanto" muestran que a raíz del algodón transgénico en La India el índice de suicidios en la región algodonera aumentó varias veces.

En la Argentina están haciendo desastres con el glifosato en todos lados, ahora tendremos más glifosato en todo el país!!!

Es terrible y espantoso, y que la gran mayoría de los políticos no hace absolutamente nada para parar un nuevo genocidio en la Argentina.


Los videos de youtube del programa "La Liga" dedicado a la soja y a los desastres que causó en Tartagal

Programa de televisión "La Liga" dedicado a la soja


Casi en la medianoche de ayer se emitió el programa La Liga en el canal Telefé. El título de la producción no fue nada pretencioso, pero lo suficientemente potente por su significado: “Soja”. El rating que se conoció a las horas siguientes informó que alcanzó los 11,9 puntos, o sea más o menos 1,2 millón de personas miraron, escucharon y probablemente se estremecieron con esa investigación periodística. Más que un punto más o un punto menos que obsesiona al mundo de la televisión abierta, la relevancia de la producción que Cuatro Cabezas puso al aire se encuentra en que fue la primera que rompió el cerco de la desinformación periodística en los espacios de difusión privada, masiva y popular. Durante cuatro meses los dirigentes del sector del campo privilegiado, acompañados de un coro afinado de voceros, se presentaron como los forjadores de la patria y perjudicados por una tibia y necesaria intervención del Estado en la economía vía el mecanismo de Derechos de Exportación móviles a cuatro cultivos clave. Con la invalorable colaboración del silencio, la complicidad y la ausencia de repreguntas de sujetos sociales que debían interpelarlos y legislar, los cuatro Quijotes de la restauración conservadora con su escudero mediático tuvieron éxito en su misión. Ahora están lanzados otra vez a las rutas a una nueva aventura aunque con otro objetivo aún inconfesable. Esto exige entonces visibilizar lo oculto de este conflicto, tarea que el programa La Liga hizo tan comprensible y accesible con testimonios contundentes de productores, trabajadores y habitantes de pueblos agropecuarios en el corazón de la rebelión de la burguesía agraria, en Entre Ríos y Santiago del Estero. Las voces de esos protagonistas fueron esclarecedoras:
- La expansión de la soja está desplazando a otras producciones, como la ganadería.

- La ganancia con la soja es tan desproporcionada con respecto a otros cultivos que se siembra en la banquina de las rutas, que son terrenos fiscales.
- La pérdida de nutrientes de la tierra por la aplicación excesiva de herbicidas y la falta de rotación de cultivos, según un informe del INTA de 2003.

- La acelerada deforestación en Santiago del Estero para cultivar soja.
- La utilización intensiva de agrotóxicos que elevó el porcentaje de cáncer en la población cercana, sobre todo en Entre Ríos. La historia del joven de Basavilbaso, Fabián Tomassi, con innumerables problemas de salud por el glifosato, es desgarradora.

- El desplazamiento de campesinos por el crecimiento de los pools de siembra.
- La explotación de niños banderilleros para orientar a los aviones fumigadores que rocían los campos y también su humanidad, con una paga en negro de 7 pesos por jornal.

- La cínica frase “yo no sé nada, los que tienen que investigar son ustedes” de Alfredo De Angeli al requerimiento de la periodista sobre la contaminación del medio ambiente y el efecto devastador sobre la salud humana del glifosato.
- La poca mano de obra necesaria para ese cultivo que provoca desempleo y expulsión de trabajadores del campo.

- La denuncia de que los mismos laboratorios que fabrican los agrotóxicos son los que elaboran los medicamentos para atender el cáncer que producen.
- Las utilidades extraordinarias reconocidas por el gerente general del puerto de San Lorenzo, en Rosario, Gustavo Nardelli, de Vicentin:
–¿Están ganando mucha plata? –preguntó la periodista.

–Argentina está ganando mucho –contestó.
–¿Ustedes también? –insistió, con el olvidado por muchos y sano ejercicio de la repregunta.
–En estas condiciones internacionales, estamos mejor que nunca –se sinceró Nardelli.
La soja, esta vez, la ligó.



lunes, 25 de agosto de 2008

Lo que pasó y lo que sigue


Tres reflexiones analizan la disputa rural, las posibles salidas políticas para el Gobierno y el discurso construido por los medios.

Opinión



Sainete y gravedad



Por Alicia Dujovne Ortiz *



Desde París



Hace dos o tres meses, un amigo uruguayo me alcanzó un manifiesto escrito en francés, llamativa y conmovedoramente titulado Utopía, que un grupo de socialistas y ecologistas “transversales” franceses acababa de dar a luz. Como en este momento, en el PS de este país se arrancan las mechas preparando congresos asesinos, le pregunté qué pensaba de la posible ascensión de tal personajito socialista frente a tal otro y ligado con el de más allá, que era, hasta hace poco, su enemigo jurado. “Ah, no –me contestó–, nosotros no presentamos candidatos, sino ideas.” Recordé sus palabras al contemplar, de lejos, el sainete argentino, quizá más emotivo que el francés, pero al que éste no tiene gran cosa que envidiar si bien se mira.

Al sainete criollo por su costado agrario se ha dado en catalogarlo como “nueva derecha”, aludiendo a una derecha químicamente impura, vale decir, capaz de englobar elementos contradictorios, digamos de izquierda, y de integrarlos dentro de un discurso vistoso donde todo vale. Un De Angeli apoyado por partidarios de Lev Davidovich; un Buzzi que –hará de esto tres años– se oponía a la pauperización de la tierra y de sus trabajadores derivada del cultivo de la soja transgénica y que ahora está con la Rural pero alaba a Evo Morales; y, por el otro lado, un gobierno popular con un Zar y una Zarina psíquicamente recluidos en su Palacio de Invierno, ¿no parecen cosa e’mandinga, para seguir con la prosa campera que, unida a la futbolística –raros han sido los comentarios del conflicto que no introdujeran términos tales como “embarrar la cancha” o “correr el arco”– campea entre nosotros desde tres meses atrás?

Visto desde otras playas, con todo, el asombro es menor. Todo liderzuelo más o menos carismático que acierta con el tono y el lenguaje, campechano y visceral, necesario para encauzar el malhumor de “la gente”, presentándose como un patriota con rasgos revolucionarios hasta socializantes representa, sea donde fuere, esa derecha de escasa novedad. Sin retroceder demasiado en el tiempo, porque queda antipático sacar a relucir a Hitler y a Mussolini cada vez que llueve, Le Pen agigantó su partido gracias al aporte de los comunistas desencantados (a quienes ha venido a sumársele, poco ha, un popular humorista antisemita “de izquierda” llamado Dieudonné). También es cierto que un Le Pen de extrema derecha puede pincharse con la misma velocidad con que se había inflado si un Sarkozy de “derecha desacomplejada” le succiona votos utilizando su misma técnica, que consiste en “decir en voz alta lo que todos piensan”, léase en manifestar su xenofobia sin complejos, y en juntarse con muchachos de izquierda para que ya no se entienda quién es quién. Al votar en contra de su propio partido y a favor de Sarkozy en un reciente congreso donde su voto sirvió de desempate, el viejo mitterrandista Jack Lang ha asumido un papel cobiano, mostrando una imagen política cuya característica fundamental consiste en ser ideológicamente ilegible y humanamente cristalina: ¿en el fondo qué congreso argentino, francés o camerunés no es un mero recuento de votos o porotos, éstos para vos y éstos para mí?

Es tal como me lo escribió hace días el dirigente cartonero Ernesto Paret, y que los hay los hay, los pobres siguen sirviendo de porotos para el recuento. Perón lo dijo más grueso, “la gilada”, y Paret, más fino: “a los pobres nos instrumentan”. De ahí lo bienvenido de estos seres extraños, los de Utopía, a los que se podría denominar de “novísima izquierda”, porque hubo otra, en los ’60, que se puso “nueva” al irse del PC. No es la sola diferencia. Esta novísima que digo ha comprendido que el verdadero y único y urgente y espeluznante problema de la Argentina y del mundo es el hambre. El que existe y el que se viene. Alguien últimamente lo ha llamado “tsunami silencioso”. Por eso la novísima se arremanga a pensar. Aunque haya grupos similares en todas partes, se trata de una tendencia que en total reunirá a tres gatos locos, de acuerdo, pero por algo se empieza. Entre sus pares argentinos me importa mencionar el GRR, que no es un gruñido de rabia ante lo que sucede, aunque estaría justificado, sino un Grupo de Reflexión Rural, que propone proyectos chicos y factibles, alejados del porotaje político y, por ende, poco visibles.

En la tapa de manifiesto de Utopía puede leerse: “¿Pero entonces –dijo Alicia (la de las maravillas, obvio)–, si el mundo no tiene ningún sentido, quién nos impide inventar uno?”. El texto, colectivo, está puesto bajo la advocación de André Gorz, el pensador y colaborador de Sartre que se suicidó el año pasado, a los ochenta y pico de años, junto a su esposa Dorine, porque ninguno de los dos quería sobrevivir al otro. Su testamento político, que va de prólogo, se intitula con gran sencillez: “La salida del capitalismo ya ha comenzado”.

Buena noticia pero ¿por qué? Porque “la economía real se ha convertido en un apéndice de las burbujas financieras”. Frente a lo que él y varios otros definen como un “abismo” al borde del que caminamos (otra imagen, frecuentemente utilizada, es la de que el sistema “se estrella contra la pared”), “no hay ninguna ‘mejoría’ que esperar –escribe Gorz justo antes de su muerte–, si se la juzga según los criterios habituales: no habrá más `desarrollo’ en forma de más empleos, más salarios, más seguridad; no habrá más ‘crecimiento’ cuyos frutos puedan ser socialmente redistribuidos y utilizados por un programa de transformaciones sociales, desde adentro del sistema, que trasciendan los límites y la lógica del capitalismo. Las promesas y programas de regreso al empleo a tiempo completo son espejismos que tienen como única función mantener el imaginario salarial y mercantil, vale decir, la idea de que el trabajo debe necesariamente ser vendido a un empleador y los bienes de subsistencia comprados con la plata ganada”. Hoy el imperativo de supervivencia lleva un nombre: decrecimiento. De acuerdo con lo cual, los “utopianos” adeptos al alterdesarrollo manifiestan: “Las tres primeras alienaciones de nuestras sociedades desarrolladas son el dogma del crecimiento, el del consumo y el de la centralidad del valor-trabajo”.

El manifiesto, que se publicará, espero, en castellano, es un vivero de ideas frescas. De entre todas ellas he entresacado dos que me inspiran particular cariño: la autoproducción (prácticas alternativas en ruptura con el capitalismo, que para Gorz vienen especialmente del “Sur del planeta”, sobre todo de las favelas brasileñas) y el subsidio universal. No entro en detalles (ellos sí lo hacen, y cómo), pero destaco el hecho de que la instauración de este subsidio como un derecho para todos, desde el nacimiento hasta la muerte, implica nada menos que cuestionar los principios mismos del capitalismo y choca, por supuesto, con un “bloqueo cultural e intelectual”. Y no precisamente de la derecha, nueva o vieja, o no sólo de ella: uno de los paladines del decrecimiento, Serge Latouche, propone “descolonizar a la izquierda del imaginario progresista”. Ardua tarea.

Es por eso que al leer en este diario una nota de Mario Wainfeld sobre las nuevas medidas proyectadas en la Argentina tras el fracaso de la retenciones, salté literalmente hasta el techo. Nada mejor que citarlo para dejarlo claro: “La CTA volverá a presentar una de sus más estimables banderas, la universalización de la asignación familiar por hijo. Se trata de un mecanismo de redistribución de la riqueza, que acortaría la brecha entre trabajadores formales (que agregan a sus sueldos esas asignaciones) versus los informales o desocupados. Una forma de ir reparando uno de los datos más chocantes de la nueva configuración de la clase trabajadora. El oficialismo (incluidos los dos presidentes y la ministra de Desarrollo Social) han sido remisos a la herramienta, por juzgarla contraproducente para la cultura del trabajo y, eventualmente, superflua ante la baja del desempleo. El transcurso del tiempo ha matizado su juicio, pues se corroboró que la creación de puestos de trabajo no terminó con las desigualdades al interior de la clase obrera: el primer nivel del Gobierno presta más escucha a la propuesta. El propio Kirchner pidió a economistas cercanos a la CTA un cálculo del costo de esa política social innovadora, que crearía un nuevo derecho ciudadano”.

La asignación por hijo existe en Francia desde después de la guerra. La idea de la CTA es menos esplendorosa que la de Utopía, pero por algo, nuevamente, se empieza, sobre todo si contribuye a llenar estómagos y a descolonizar cabezas. Con respecto a la autoproducción, el año pasado visité una serie de cooperativas de cartoneros que, dentro de la infinita modestia del conjunto, funcionan. Detrás de muchas de ellas hay ONG alemanas o canadienses. ¿Y el Gobierno? “El Ministerio de Desarrollo Social se fía de los punteros políticos, entonces manda heladeras a un barrio de invasión que no tiene electricidad. Las usamos de ropero”, fue la respuesta. Conclusión, los cartoneros se las arreglan solos. No protestan, no se disfrazan de gauchito ni andan agitando retratos. Falta de tiempo, sin duda: ellos se ocupan de sobrevivir. Si algo le pedirían a un Estado que no los ve, ni los oye, no son promesas de trabajo que saben vanas, sin necesidad de que Utopía se los explique, sino un acompañamiento dentro de lo que ellos mismos se han inventado: reconocimiento oficial para que los trabajadores existan y máquinas para moler las botellas de plástico y venderlas bien. Aunque suene tremendo, la frase de Alicia sobre inventar el mundo, a ellos se les aplica como a nadie.


A este gobierno se le está aconsejando con razón que emerja de la crisis por izquierda. Bueno, ahí tiene dos excelentes ideas, “chiquititas pero cumplidoras”, como decían en mi infancia de ciertas píldoras, para poner en práctica: una actividad en marcha que es ecológica porque recicla objetos fabricados con petróleo, y un poquito de plata por cada hijo. No sé si con eso salimos del capitalismo, pero que habrá menos pobreza, seguro, y más seriedad, también. El sainete puede darnos risa mientras no vayamos hasta la puerta a ver cómo los pibes comen basura.

* Periodista y escritora.







Elija la bala que matará a su hijo-Las otras olimpíadas y la prensa argentina


Este es un artículo que salió en La Nación, lamentablemente en la Argentina, y en otros países, parecen estar de acuerdo con el "método" de seguridad que se estableció en China...

Algunos comentarios de La Nación dan un poco de pánico, otros, por suerte, dejan una pequeña esperanza.





PEKIN.- La mochila puede quedar abierta y descuidada por varias horas. Nadie va a tocar nada. Tampoco faltará dinero de los bolsillos ni ninguna otra pertenencia por más tumultos de gente que haya alrededor, en una salida de cualquier estadio o en esos hormigueros humanos que son los subtes. La seguridad en las calles de Pekín es uno de los valores más rescatables de esta sociedad. Se puede viajar solo en un taxi a cualquier horas sin problemas y se puede caminar en las veredas más inhóspitas en cualquier momento de la noche que nadie alterará la tranquilidad.

El robo, el asalto, el quedarse con algo ajeno, no existen en la mentalidad china. Y si uno protesta firmemente porque el taxi lo llevó a un lugar equivocado, el conductor pedirá disculpas y aceptará que no se le pague sin quejarse. En la mayoría de los restaurantes, especialmente los típicos, no sólo no se aceptan propinas, sino que no entienden por qué un extraño quiere regalarles dinero. El mozo lo seguirá y le dirá: "Señor, este dinero es suyo". Y hay una característica más insólita aún: si alguien olvida algo, cualquier objeto, el chino no lo llamará con un grito o chistido, correrá detrás suyo para devolvérselo. Todos tenemos alguna anécdota al respecto. Si ocurrió dentro de un local comercial, el empleado saldrá a la calle a buscarlo.

En China las sanciones son durísimas y existe la pena capital, no sólo para un asesino, también para un violador o aquel que practica pedofilia, por ejemplo. En tales casos, el juez le preguntará a la madre del delincuente: "¿Con qué bala quiere que muera su hijo?" Y la madre no sólo deberá determinar el calibre, sino que al mes le llegará una factura del gobierno con el valor que deberá pagar por el proyectil "malgastado". Son las reglas. El delincuente es una lacra, un desperdicio humano. Son las leyes de un país absolutamente seguro al cual cuesta acostumbrarse. ¡Es preocupante! Todavía miramos a los costados, guardamos muy bien el dinero y protegemos nuestras pertenencias con celo. Constantemente tememos "perder" algo. Son muchos años de vivir en Buenos Aires Un mes en Pekín no nos curará la psicosis de la inseguridad dolorosamente obtenida con los años en nuestras calles.




Algunos comentarios:

Este artículo es tendencioso, métanse en Amnestie international y sabrán que en China hay un gobierno de facto que finge ser democráctico, que tortura y mata a cualquier opositor y que viven bajo una durísima dictadura; sin libertad de expresión y sin derecho. Caminar por las calles de Damasco, Siria; también es segurísimo. Se los puedo decir porque he estado ahí. No pasa nada, aunque vayas por un callejón oscuro el borde de uno de sus canales. Pero esto se debe a que si te agarran...en China pasa lo mismo, no se olviden lo que pasa con el Tibet (y a mi nadie me la vende que los Tibetanos son subersivos, nadie). OJITO CON ESTA NOTA, OMITE MÁS DE LO QUE INFORMA!!!






AGREGO QUE EEUU existe la pena capital y una ley durísima también, y es el país de mayores muertes por crímenes en el mundo! CUIDADO!








Respuesta de Julio Argentino al artículo de La Nación:

Cuentos chinos. Leí el artículo de LA NACION sobre la seguridad y no se si es tan así en Pekín.

Tiene un airecillo de esos cuentos de la viejita suiza que le devolvía el papelito que tiró un argentino al piso en Zurich.

Un ejemplo: en el lado interno de la puerta de las habitaciones del Sheraton Gran Muralla en Beijing un pequeño cartel dice que no abras a nadie que venga con un pretexto cualquiera, sin consultar antes a conserjería.

Como tengo la prudencia de leer esos papelitos que están pegados con un reglamento más o menos previsible, me libré de ser asaltado en mi habitación apenas llegué a Beijing, la primera vez,en 2002.

Dos hombres y una mujer, con apariencia de personal de mantenimiento, pidieron entrar para cambiar un foco de luz. Los rechacé sin muchas palabras (mi vocabulario en chino es pobrísimo). En conserjería me dijeron luego que no habían enviado a nadie.

En general, en las zonas del centro de las ciudades, la seguridad debe ser más que aceptable. La policía en la calle no lleva armas y el orden es más o menos visible.

Pero, en cuanto hubo algo "raro" an la zona de DaZalian, al sur de la plaza de Tiananmen, en cuestión de segundos aparecieron dos patrulleros y se bajaron varios policías con armas en la mano, aprehendieron a una o dos personas y se esfumaron.

Es muy probable que durante los Juegos Olímpicos hayan extremado las medidas de vigilancia: había mucho prestigio por ganar, en la opinión de la dirigencia china.

Por ejemplo: en ninguna de las crónicas hay la mínima mención a los mendigos y a los cartoneros, hombres y mujeres, montados en sus bicicletas modificadas. Parece ser que no solo se radiaron a los ladrones, también hubo una razzia de mendigos, cartoneros, vendedores callejeros llevada a cabo para cuidar las apariencias.

Así figura en una noticia de France Presse, de enero de 2008, publicada por el diario turco en inglés.

Los mendigos son profesionales, miembro de una grande y compleja Federación de Mendigos de Beijing, según lo indica el siguiente blog.

En definitiva, no se diferencia mucho de lo hecho en la Argentina por la dictadura militar en la época del Mundial y en especial, por el entonces general Bussi,en Tucumán, que capturó a los inofensivos mendigos de la ciudad de Tucumán y los arrojó en medio del desierto helado en pleno invierno.

Hoy el general Bussi,está siendo sometido a juicio por sus delitos contra los derechos humanos. Lo grave, es que pese a ser de público conocimiento, Bussi también fue elegido por el voto popular varias veces, ya en democracia.

En realidad, si se quiere teneruna primera aproximación a China y los principios que rigen su vida, se debería estudiar a Confucio. Para no complicarse la vida,en wikipedia está bastante condensado.

Pero, en mi opinión, el lugar donde se sintetiza lo confuciano con las normas occidentales está fuera de China, en la ciudad-estado de Singapur (Singapore): una sociedad multiétnica, muy desarrollada, con una población de buen nivel educativo, muy segura y tranquila, con una baja tasa de criminalidad.

Si alguien tiene memoria, a principios de los '90, un joven adolescente americano, residente en Singapur, bastante borracho, dañó adrede unos automóviles estacionados. Una vez detenido,fue enjuiciado y condenado a la pena prescripta: veinte azotes en las nalgas con varas de bambú o rattan (no estoy seguro).

Hubo un movimiento internacional paraevitar el "horror" de la pena, en el que se involucró hasta el presidente Clinton. El clamor internacional no tuvo eco en los oídos de los jueces singaporeanos y una vez con las blancas nalgas al aire, le fueron administrados los veinte confucianos azotes. No hubo piedad para el delicado trasero.Para esos mismos años `90, el gobernador de Texas, un tal Bush, ganabaf ama al no conmutar ninguna pena de muerte.

Resultados obtenidos: todos los años 250.000 texanos sufren algún crimen violento y es el 6º estado más peligroso deU.S.A..

Tengo serias dudas que tanto Bush, George W., el cronista de La Nación ylos opinadores de ese artículo hayan leído a Confucio.

Saludos Julio A.

Enviado a la lista librosgratis



Cuando lea el diario....Intente ser algo crítico con lo que lee....



De un artículo de Horacio Verbitsky de Página 12.

Uno de los hallazgos del interventor oficial fue una nómina de periodistas de radio y televisión a los que Aerolíneas Argentinas pagaba casi medio millón de pesos mensuales. Entre ellos hay algunos denunciantes profesionales de la ineficiencia y corrupción del Estado en contraste con la perfección de la empresa privada, de la blandura judicial contra la delincuencia y del manejo de la publicidad oficial. Encabezan la lista Marcelo Longobardi, con 30.000 pesos mensuales, Chiche Gelblung, con 21.000, y González Oro, con 10.000. La primera columna del documento no dice publicidad, ni programa, sino periodistas.

Así que cuando lea algo .....Tenga pensamiento crítico, lamentablemente nunca sabremos cómo viene la mano.

Si la soja y los transgénicos mueven y mueven tanto dinero.....qué seriedad pueden tener algunas opiniones...


domingo, 24 de agosto de 2008

Los videos del Partido Pirata


Índice de los videos que encontramos y los enlaces desde donde los podrán descargar.