lunes, 18 de agosto de 2008

Lo que dicen los ex correligionarios del Senador Urquía

Estimado Roberto:



Prudencio -Bustos- ArgañarazHace ya tiempo que tenía pensado escribirte estas líneas, pero fui dejando pasar el tiempo, hasta que las últimas noticias me decidieron a hacerlo.


Si bien nunca fuimos amigos, compartimos durante varios años las luchas políticas que, desde la Ucedé, librábamos en defensa de los principios liberales y los valores republicanos. En esos tiempos tuve ocasión de conocer a tu padre, un demócrata de ley, fiel a sus convicciones y capaz de jugarse por ellas. Guardo hacia él un gran aprecio.


Hacia mediados de la década del ´90 nuestros caminos comenzaron a distanciarse. De la mano de Germán Kammerath, Adelina Dalessio de Viola y los Alsogaray, te acercaste al menemismo, mientras yo hacía públicas, desde mi banca de senador, las graves discrepancias que mantenía con el entonces presidente, al que los nombrados terminaron vendiendo el partido.


Cuando denuncié a Kammerath ante la Justicia por corrupción, vos te alineaste con él. Pronto advertí cuál era la causa de tu actitud, pues tomó estado público que estabas recibiendo notables beneficios de parte del gobierno, tales como la concesión del Ferrocarril Nuevo Central Argentino y de la Terminal N° 6 del Puerto General San Martín. Después ingresaste abiertamente a Unión por Córdoba, llevado de la mano de José Manuel de la Sota y accediste a una banca de senador provincial. Estábamos ya en campos totalmente diferentes, pero aún te respetaba.


Cuando asumiste como senador nacional y te vi junto a la actual presidente, apoyando medidas tan antirrepublicanas como la ley de superpoderes o la del Consejo de la Magistratura, la cosa comenzó a cambiar. Ni qué decir cuando el año pasado, tras ser elegido diputado nacional, cediste a la presión del gobierno y te negaste a asumir, quedándote como senador y defraudando el mandato que el pueblo de Córdoba te había conferido.


Los motivos de tan increíble conducta podían deducirse de lo expresado en una nota aparecida en la Voz del Interior el 4 de octubre de 2006, en la que se relataban las enormes ganancias que obtenía Aceitera General Deheza, tu empresa, mediante el régimen de retenciones, por cuanto la exportación de granos (en tu caso soja y maní) estaba gravada en un 20 a 25%, en tanto que la exportación del producto industrializado (aceite) sólo lo estaba en el 5%. Supe también que gracias a las desgravaciones impositivas del régimen de promociones de la ley N° 25.924, habías obtenido jugosos beneficios fiscales.


Tu amistad con la actual presidente de jure se tradujo en otras ventajas. Cuando en diciembre último asumiste la presidencia de la comisión de Presupuesto y Hacienda del Senado, tu primera medida fue impulsar un proyecto de creación de una aduana en tu pueblo, General Deheza, hecha a medida para tu aceitera. Los propios senadores kirchneristas se enojaron porque querías llevarte “una aduana bajo el brazo”, según declararon, y te durmieron el dictamen. Pero la presidente les impuso la obediencia debida y desde el 13 de marzo tu aduana es ley.


Unos días más tarde, Mario Cafiero y Ricardo Monner Sans te denunciaron penalmente por violar la ley de Ética Pública (25.188) y el artículo 265 del Código Penal que penaliza las negociaciones incompatibles con el ejercicio de la función pública. Todo ello al impulsar en el Senado las modificaciones a la ley 26.351, sobre retenciones. “Al cotejar los artículos, se ve con facilidad que permite que se hagan todos los cuentos del tío que se puedan hacer”, dijo Monner Sans.


Confirmando tales palabras, hoy ha sido denunciada por varios diputados una defraudación al fisco, apoyada en las disposiciones de dicha ley, en virtud de la cual Aceitera General Deheza se habría beneficiado en la escalofriante cifra de 95.667.962 de dólares.



El 11 de marzo explotó el conflicto con el campo, precisamente por las retenciones, y vos saliste una vez más en defensa del gobierno. El desprecio y los insultos de los productores te hicieron cambiar de actitud y ahora decidiste renunciar a la presidencia de dicha comisión y también a integrar la de Agricultura, declarando pomposamente que “me debo a los intereses de mi provincia y a la posición tomada por el gobernador Juan Schiaretti y las instrucciones dadas por la Legislatura”.


Un poco tarde para advertir que el mandato dado por los cordobeses era luchar en pro de los intereses de la Provincia, no de los tuyos propios. Además, tu actitud está fuertemente sospechada, por cuanto ha permitido que el matrimonio reinante te reemplace con un incondicional y logre mayoría en la comisión que presidías.


¿Realmente creés que esa es la manera de representar dignamente a la Provincia, o se trata de un nuevo favor que le hacés a los Kirchner? ¿No pensás que lo correcto sería que mantuvieras el cargo y desde allí defendieras aquello a lo que decís deberte?


Supongo que tu decisión nada tiene que ver con los beneficios que obtuvo ayer tu empresa mediante la resolucion 1.070 de la ONCCA, porque en tal caso, la sospecha adquiriría otro carácter. Sí, la ONCCA, esa misma cuyo Régimen General de Infracciones y Sanciones propusiste modificar (Expte. N°. S-2075/06), obligando a los productores a fijar domicilio en la ciudad de Buenos Aires, cuando vos sos senador por Córdoba. Mediante dicha resolución, publicada hoy en el Boletín Oficial, se dispone, según lo tramitado en el Expte. S01-0060857/07, otorgar compensaciones por valor de $1.192.415,55 a diferentes empresas, de las cuales la más beneficiada es Aceitera General Deheza, con $281.587,01, es decir el 23,6% del total.


Yo puedo entender que trabajés en beneficio de tu empresa, e incluso que para ello resignés las que fueron tus convicciones políticas. Pero no que lo hagás desde la función que se te ha confiado para defender los intereses de los cordobeses en particular y de los argentinos en general. Eso, en buen romance, se llama corrupción. Y si bien no es jamás admisible, menos lo es cuando se trata del dueño de una de las mayores fortunas del país.


Te saluda tu antiguo correligionario


Autor: Prudencio Bustos Argañaraz


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