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Si tienen instalado el bs-player, haciendo doble click se abrirá, si no salen los subtítulos puede tener que cargarlos manualmente, fíjese en el siguiente paso.Prohibición de transgénicos
en San Marcos Sierras, Córdoba
El Concejo Deliberante de la localidad de San Marcos Sierras, en la provincia de Córdoba, Argentina, promulgó una Ordenanza Municipal, la Nº 349/03, prohibiendo el cultivo de semillas transgénicas en San Marcos Sierras. Esta acción se realizó gracias al pedido de la Asociación de Productores Orgánicos San Marcos Valle Ecológico, de esa localidad.
Los productores, elaboradores y técnicos están impulsando un "POLO PRODUCTIVO / EDUCATIVO ORGÁNICO" con el fin de desarrollar productos sanos, de alta calidad, con mayor valor agregado y carga cultural, destinados al mercado local, regional y de exportación. También se realizarán actividades educativas, mediante convenios con Universidades y Centros de Investigación.
Esta ordenanza coloca a San Marcos Sierras en EL PRIMER VALLE DE LA ARGENTINA EN PROHIBIR LA SIEMBRA DE TRANSGÉNICOS
PROHIBICIÓN DEL
CONSUMO DIRECTO DE LA SOJA TRANSGÉNICA
Artículo 1º: Prohíbase en todo el territorio de la República Argentina el consumo directo de productos alimenticios, sustancias alimenticias y bebidas destinadas al consumo humano que contengan soja transgénica.
Artículo 2º: La verificación y control de la presente ley será competencia del Ministerio de Salud, quién establecerá un plazo límite para el cumplimiento de la presente.
Artículo 3º: En caso de verificarse el incumplimiento de lo establecido en el artículo 1º la autoridad de aplicación podrá proceder al secuestro y decomiso de los productos que posean la aludida leguminosa.
Artículo 4º. Comuníquese al Poder Ejecutivo Nacional.
Señor presidente:
La soja transgénica es una leguminosa cuyo uso en la industria de alimentos está ampliamente difundida, ya que de ella se obtienen diversos subproductos como aceites comestibles, proteína texturizada vegetal que es empleada en la industria cárnica, como también la lecitina, insumo utilizado en la industria galletera entre otros.
La transgénica es una técnica derivada de la biotecnología que consiste en cambiar intencionalmente una parte del material genético original por otro proveniente de otra especie, con el propósito de obtener beneficios adicionales que no presentan las especies convencionales.
Es así que surge la soja transgénica.
Dicho con otras palabras, las malezas compiten con los cultivos por los nutrientes y la luz, disminuyendo su rendimiento y calidad. Es por eso que los agricultores vienen empleando herbicidas, que en general sirven para determinado tipo de malezas y plagas y cuyos residuos persisten en el suelo por mucho tiempo. El empleo de cultivos transgénicos resuelve estos problemas, ya que son tolerantes a los herbicidas de amplio espectro como el glifosato o el glufosinato. Éstos, además de eliminar todas las malezas, se degradan en el suelo más rápidamente que los herbicidas tradicionales. Las plantas tolerantes a glifosato o glufosinato se obtienen por inserción de un gen aislado a partir de ciertos microorganismos, en el genoma de la planta. Los cultivos tolerantes a herbicida disponibles en el mercado mundial son la soja, el maíz y el algodón, aunque sólo la soja tolerante a glifosato se cultiva activamente.
Esta variedad de soja constituye casi la totalidad de los cultivos de Argentina y la coloca en el segundo lugar en la lista de países productores de cultivos transgénicos. Las más difundida es la soja "Round Up", que posee la particularidad de ser resistente a un herbicida específico: el glifosato, como se mencionó anteriormente. Si bien actualmente los alimentos derivados de la soja transgénica son comercializaos y cumplen con las normas de seguridad alimentaría establecidas por la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación (SAGPyA) y sus comités científicos asesores, muchas investigaciones y estudios están demostrando la peligrosidad del consumo
de productos alimenticios, sustancias alimenticias y bebidas que contienen soja
transgénica, incluso pone en duda la creencia popular sobre que su ingestión
brinda los nutrientes necesarios para tener una dieta nutritiva y equilibrada.
Es así como a nivel mundial la discusión sobre este tema, ha estado centrada fundamentalmente en dos aspectos: por una parte, en la inocuidad de los alimentos provenientes de organismos modificados genéticamente (OGM); y, por otra, en el etiquetado de los alimentos o ingredientes presentes.
A nivel mundial, una nueva normativa china dice que "todos los ingredientes de un alimento que sean, contengan o deriven de un cultivo transgénicos deberán ser etiquetados", incluyendo la soja.
Esto se alinea con el proceso que actualmente se da en Europa y seguramente
reforzará la posición de la Unión Europea ante la de los Estados Unidos y las
amenazas de la Organización Mundial del Comercio. Datos suministrados sobre la implementación en marzo del año pasado, del requerimiento del certificado en China, significó la pérdida de aproximadamente $180 millones de dólares para de las exportaciones sojeras de los Estados Unidos y de la Argentina, ya que las embarcaciones fueron detenidas. De esto se infiere que de mantenerse la misma tendencia en todo el mundo la soja transgénica se prohibirá el consumo directo por ser un producto alimenticio negativo para la salud humana, sino que también se transformará en un negocio no rentable. Por su parte, en Gran Bretaña, las compañías Unilever y Nestlé, dos de los gigantes de la industria, anunciaron que irán eliminando gradualmente los ingredientes transgénicos de sus productos, gracias a la campaña liderada por los consumidores. En Japón, las cervecerías Kirin y Sapporo y las molineras Itochu, Nippon y Fuji, junto con la Asociación de Tofu del Japón, entre otras, anunciaron que prohibirán los ingredientes transgénicos o que se abocarán a producir y vender productos no transgénicos. Por último, en Austria, ya el 90% de los supermercados se ha declarado libre de transgénicos.
Por otra parte, es importante destacar que el Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) manifiesta:
"Lejos de servir para paliar el hambre y la pobreza, la ingeniería genética aplicada a los alimentos ha contribuido a aumentar y controlar un mercado desigual e injusto (...)
El progreso tecnológico sigue estando lejos del alcance de los pobres"
y denuncia que sólo 10 empresas en el mundo controlan el 32% del comercio de
las semillas en un mercado que facturó 23.000 millones de dólares en 1998. En
este mismo sentido Greenpeace afirma que los organismos transgénicos no
obedecen a un requerimiento de la Unicef o de la OMS, sino a la lógica misma de la tendencia del mercado. E incluso, científicos de todo el mundo han advertido que plantas transgénicas pueden originar nuevos virus, o matar otras plantas o insectos, de tal manera que se ha manifestado que la "contaminación genética" puede ser irreversible y el asunto ha tomado tal dimensión que se estableció un Protocolo de Cartagena sobre la Seguridad Biológica, firmado por 130 países.
En Argentina la soja transgénica comenzó a ser utilizada a nivel de cultivo comercial en la campaña 1997/98. Se estima que el área sembrada ascendió a 1,4 millones de hectáreas obteniéndose una producción superior a 3,75 millones de toneladas, es decir el 20% del total país, y esto crece día a día. En nuestro país el 90 % de la soja que se cultiva es transgénica y el 60 % de los alimentos que se ofrecen en las góndolas están elaborados con estos organismos genéticamente modificados, demostrando la gravedad del asunto lo cual exige adoptar una posición al estar en juego la salud de nuestra población. Si bien durante la grave crisis social, económica, política y cultural que vivió nuestro país, año 2001/2002, la soja se transformó en "el alimento" a promocionar como medio para paliar la pobreza y el hambre, es decir como panacea capaz de reemplazar a todos los alimentos tradicionales que estaban fuera de la capacidad de compra de la mayoría de la población, no se indicó las contraindicaciones y efectos negativos que podía generar su consumo
masivo y prolongado. Así nacieron los planes de Soja Solidaria que se basaron en la donación por parte de los productores de un kilo de soja por tonelada
exportada.
Actualmente existen más de 20 proyectos de ley presentados en este Honorable Congreso sobre el etiquetado de los alimentos que contienen productos transgénicos y sobre su prohibición.
En definitiva consideramos urgente adoptar una determinación sobre el tema, la cual debe incluir la prohibición en todo el territorio de la República Argentina el consumo directo de productos alimenticios, sustancias alimenticias y bebidas destinadas al consumo humano que contengan soja transgénica.
Por las razones aludidas solicito de mis pares, la aprobación del presente proyecto de ley.-
Refrencias
1 Rackis, J. J., " Biological and physiological factors in soybeans," Journal of the
American Oil Chemists' Society, 51: 161A-170A, January 1974.
Si quiere ver la película on line.
El futuro de los alimentos (2004)Dirección y Guión: Deborah Koons.Fotografía: John Chater.Montaje: Vivien Hillgrove.Productora: Lily Films.Título original: The Future of FoodPaís: EEUUDuración: 88'"The Future of Food podría ser el Fahrenheit 9/11 de la batalla contra los alimentos transgénicos"En marzo, la organización defensora de la seguridad de los alimentos GMO Free Mendocino (California.) logró algo que ningún otro grupo había conseguido: la aprobación de una ley que prohíbe los cultivos y el ganado con ingeniería genética. Se trató de una victoria al mejor estilo David contra Goliat. Los opositores de la legislación, liderados por el grupo de la industria agrícola CropLife America, superaban a los activistas antiGMO (genetically modified organisms, organismos genéticamente modificados) por una proporción de casi 10 a 1. Pero GMO Free Mendocino contaba con un arma secreta, que por entonces estaba en preparación, llamada The Future of Food (El futuro de los alimentos).
En el nuevo documental, creado por Deborah Koons Garcia, se recurre a metraje de archivo y a entrevistas a agricultores y especialistas en agricultura para argumentar que los alimentos GMO están poniendo en riesgo la seguridad de nuestros alimentos. En los últimos diez años, nos dice la película, los cultivos transgénicos infectaron nuestra provisión de alimentos y afectaron métodos de cultivo que habían sido refinados durante miles de años.The Future of Food expone una argumentación detallada contra los cultivos transgénicos.
El film —que explora una variedad de temas que abarcan desde las llamadas semillas suicida hasta las poco estrictas leyes en materia de seguridad de los alimentos, y desde la polémica relativa a los genes patentados hasta los campos de maíz infectado— constituye un ejemplo escalofriante y abarcativo de la retórica antiGMO. El portavoz de GMO Free Mendocino Doug Mosel describió The Future of Food como un factor fundamental en la aprobación de la Medida H, que prohibió el desarrollo de prácticas agrícolas GMO en el Condado Mendocino, California.
"The Future of Food podría ser el Fahrenheit 9/11 de la batalla contra los alimentos transgénicos", dijo Mosel. En la actualidad, el film se está ofreciendo en varios festivales y eventos; próximamente, se exhibirá en San Francisco.Garcia, la tercera y última esposa de Jerry Garcia, estuvo interesada en la mutación que es posible inducir en las plantas desde pequeña. A los quince años, obtuvo una distinción en una feria de ciencias por un experimento que involucraba la radiación de plantas; ha seguido la evolución de la ingeniería genética durante varios años.
"Mi objetivo consistía en hacer una película que le permitiera a la persona común y corriente comprender cómo funciona la ingeniería genética, desde el nivel celular hasta el nivel global —dijo García—. Tengo la esperanza de que esta película resulte como una combinación de Silent Spring (Primavera silenciosa) y The Battle of Algiers (La batalla de Argel). Una vez que uno la ve, se siente obligado a actuar, aunque sea cambiando el tipo de alimentos que consume".Si bien la intención de The Future of Food no es presentar un análisis de la situación desde las dos perspectivas rivales, García señaló que les había pedido entrevistas a representantes de Monsanto, el gigante multinacional de las semillas y los pesticidas que impulsa el movimiento de los alimentos transgénicos.
No obtuvo respuesta. Tal vez Monsanto esté tratando de mantener un bajo perfil. En los últimos años, la empresa ha sufrido una serie de reveses muy publicitados en relación con sus iniciativas de cultivo transgénico, entre ellos la cancelación de su proyecto de cultivo de trigo GMO en mayo. Según el especialista en agricultura Chuck Benbrook, Monsanto y otras empresas de agricultura biotecnológica están "recortando: reduciendo sus investigaciones, reduciendo sus proyecciones de ganancias, observando cuál es el rango de aplicaciones que pueden achicarse". Benbrook fue funcionario de los gobiernos de Carter y Reagan antes de convertirse en director ejecutivo de la Junta Agrícola de la Academia Nacional de Ciencias. En sus diferentes puestos, vio cómo las empresas de tecnología se apresuraban a llevar sus productos al mercado. Los primeros alimentos GMO llegaron a las tiendas en 1997.Si bien los científicos en un primer momento estuvieron tan a favor de la novedad que llegaron al punto de ser miopes —Benbrook describió los primeros informes de la Academia Nacional como un "inocultable exceso de fomento"— hoy, los alimentos biotecnológicos parecen menos promisorios que hace incluso pocos años.
Según Benbrook, la ingeniería genética no logró resolver los problemas que sus defensores esperaban que solucionara. Y, agregó, las preocupaciones relativas a la seguridad de los alimentos siguen sin encontrar respuesta."La industria biotecnológica está empezando a reconocer que hay una infinidad de motivos por los que es difícil intercambiar genes cruzando las fronteras", dijo Benbrook. "Los científicos han descubierto modos de eludir las protecciones naturales, pero existen razones de peso para que esas protecciones estén donde están y la violación tiene su costo". Benbrook agregó que para las cinco sextas partes de los problemas que la ingeniería genética promete resolver, no son necesarias soluciones genéticas.Las empresas dedicadas a los GMO también están encontrando mayor resistencia en el frente legal. En abril, Vermont se convirtió en el primer estado que exige el registro y etiquetado de los productos modificados genéticamente.
Según un sitio antiGMO , casi 100 ciudades de Nueva Inglaterra aprobaron algún tipo de legislación antiGMO. García dijo que desde que se firmó la ley Mendocino, por lo menos una decena de municipalidades de California aprobaron normas similares."The Future of Food ya ayudó a cambiar la política —señaló García—. Pienso que es posible lograr que California quede libre de la ingeniería genética y me entusiasma mucho pensar que la película pueda hacer algo para lograrlo".Datos técnicos:Calidad: SATRripFormato de Vídeo/Códec: DivXVídeo Bitrate: 900 kbit/sResolución: 512 x 384Formato de Audio/Códec: 192 kbps MP3 CBR Joint StereoIdioma: VOSubtítulos: SRT en Español.Tamaño del archivo: 700 MB
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Estimado Roberto:
Hace ya tiempo que tenía pensado escribirte estas líneas, pero fui dejando pasar el tiempo, hasta que las últimas noticias me decidieron a hacerlo.
Si bien nunca fuimos amigos, compartimos durante varios años las luchas políticas que, desde la Ucedé, librábamos en defensa de los principios liberales y los valores republicanos. En esos tiempos tuve ocasión de conocer a tu padre, un demócrata de ley, fiel a sus convicciones y capaz de jugarse por ellas. Guardo hacia él un gran aprecio.
Hacia mediados de la década del ´90 nuestros caminos comenzaron a distanciarse. De la mano de Germán Kammerath, Adelina Dalessio de Viola y los Alsogaray, te acercaste al menemismo, mientras yo hacía públicas, desde mi banca de senador, las graves discrepancias que mantenía con el entonces presidente, al que los nombrados terminaron vendiendo el partido.
Cuando denuncié a Kammerath ante la Justicia por corrupción, vos te alineaste con él. Pronto advertí cuál era la causa de tu actitud, pues tomó estado público que estabas recibiendo notables beneficios de parte del gobierno, tales como la concesión del Ferrocarril Nuevo Central Argentino y de la Terminal N° 6 del Puerto General San Martín. Después ingresaste abiertamente a Unión por Córdoba, llevado de la mano de José Manuel de la Sota y accediste a una banca de senador provincial. Estábamos ya en campos totalmente diferentes, pero aún te respetaba.
Cuando asumiste como senador nacional y te vi junto a la actual presidente, apoyando medidas tan antirrepublicanas como la ley de superpoderes o la del Consejo de la Magistratura, la cosa comenzó a cambiar. Ni qué decir cuando el año pasado, tras ser elegido diputado nacional, cediste a la presión del gobierno y te negaste a asumir, quedándote como senador y defraudando el mandato que el pueblo de Córdoba te había conferido.
Los motivos de tan increíble conducta podían deducirse de lo expresado en una nota aparecida en la Voz del Interior el 4 de octubre de 2006, en la que se relataban las enormes ganancias que obtenía Aceitera General Deheza, tu empresa, mediante el régimen de retenciones, por cuanto la exportación de granos (en tu caso soja y maní) estaba gravada en un 20 a 25%, en tanto que la exportación del producto industrializado (aceite) sólo lo estaba en el 5%. Supe también que gracias a las desgravaciones impositivas del régimen de promociones de la ley N° 25.924, habías obtenido jugosos beneficios fiscales.
Tu amistad con la actual presidente de jure se tradujo en otras ventajas. Cuando en diciembre último asumiste la presidencia de la comisión de Presupuesto y Hacienda del Senado, tu primera medida fue impulsar un proyecto de creación de una aduana en tu pueblo, General Deheza, hecha a medida para tu aceitera. Los propios senadores kirchneristas se enojaron porque querías llevarte “una aduana bajo el brazo”, según declararon, y te durmieron el dictamen. Pero la presidente les impuso la obediencia debida y desde el 13 de marzo tu aduana es ley.
Unos días más tarde, Mario Cafiero y Ricardo Monner Sans te denunciaron penalmente por violar la ley de Ética Pública (25.188) y el artículo 265 del Código Penal que penaliza las negociaciones incompatibles con el ejercicio de la función pública. Todo ello al impulsar en el Senado las modificaciones a la ley 26.351, sobre retenciones. “Al cotejar los artículos, se ve con facilidad que permite que se hagan todos los cuentos del tío que se puedan hacer”, dijo Monner Sans.
Confirmando tales palabras, hoy ha sido denunciada por varios diputados una defraudación al fisco, apoyada en las disposiciones de dicha ley, en virtud de la cual Aceitera General Deheza se habría beneficiado en la escalofriante cifra de 95.667.962 de dólares.
El 11 de marzo explotó el conflicto con el campo, precisamente por las retenciones, y vos saliste una vez más en defensa del gobierno. El desprecio y los insultos de los productores te hicieron cambiar de actitud y ahora decidiste renunciar a la presidencia de dicha comisión y también a integrar la de Agricultura, declarando pomposamente que “me debo a los intereses de mi provincia y a la posición tomada por el gobernador Juan Schiaretti y las instrucciones dadas por la Legislatura”.
Un poco tarde para advertir que el mandato dado por los cordobeses era luchar en pro de los intereses de la Provincia, no de los tuyos propios. Además, tu actitud está fuertemente sospechada, por cuanto ha permitido que el matrimonio reinante te reemplace con un incondicional y logre mayoría en la comisión que presidías.
¿Realmente creés que esa es la manera de representar dignamente a la Provincia, o se trata de un nuevo favor que le hacés a los Kirchner? ¿No pensás que lo correcto sería que mantuvieras el cargo y desde allí defendieras aquello a lo que decís deberte?
Supongo que tu decisión nada tiene que ver con los beneficios que obtuvo ayer tu empresa mediante la resolucion 1.070 de la ONCCA, porque en tal caso, la sospecha adquiriría otro carácter. Sí, la ONCCA, esa misma cuyo Régimen General de Infracciones y Sanciones propusiste modificar (Expte. N°. S-2075/06), obligando a los productores a fijar domicilio en la ciudad de Buenos Aires, cuando vos sos senador por Córdoba. Mediante dicha resolución, publicada hoy en el Boletín Oficial, se dispone, según lo tramitado en el Expte. S01-0060857/07, otorgar compensaciones por valor de $1.192.415,55 a diferentes empresas, de las cuales la más beneficiada es Aceitera General Deheza, con $281.587,01, es decir el 23,6% del total.
Yo puedo entender que trabajés en beneficio de tu empresa, e incluso que para ello resignés las que fueron tus convicciones políticas. Pero no que lo hagás desde la función que se te ha confiado para defender los intereses de los cordobeses en particular y de los argentinos en general. Eso, en buen romance, se llama corrupción. Y si bien no es jamás admisible, menos lo es cuando se trata del dueño de una de las mayores fortunas del país.
Te saluda tu antiguo correligionario
Autor: Prudencio Bustos Argañaraz

Desde París
–¿Cuáles son los aspectos ligados al modelo de explotación agrícola en Argentina que, según lo que usted pudo investigar en nuestro país, han quedado hasta ahora afuera de la discusión política?
–Si bien es necesario que el Gobierno intente reglamentar las exportaciones debería, sobre todo, limitar la expansión absolutamente demencial de la soja transgénica. Aunque las retenciones contribuyen a limitar la producción indiscriminada, no es suficiente. A mi juicio es urgente analizar el peligro de los organismos genéticamente modificados (OGM) a fondo. En la actualidad la producción cubre un total de 18 millones de hectáreas. ¿Y esto que quiere decir? Una sola cosa: aumento del monocultivo. Se trata de una constatación que, para mí, es inobjetable y confirma lo que había observado hace tres años, en otra visita que hice a la Argentina. La frase “Un pueblo que se dedica al monocultivo se suicida” es evidente en este caso. Lo que hay que entender es que la expansión de la soja transgénica va en detrimento de los pequeños y medianos productores, al verse obligados a abandonar la producción de alimentos para la población. En primer lugar, porque las semillas que suministra la multinacional Monsanto, de nombre Roundup Ready (Soja RR), se fumigan con el herbicida Roundup, de modo que el resto de las tierras queda contaminado, puesto que es un herbicida muy volátil. Es decir, los pequeños agricultores deben abandonar su hacienda porque sus plantaciones son sencillamente destruidas por el herbicida. La soja provoca problemas sanitarios graves. Y esto ha sido confirmado por un informe del Hospital Italiano de Rosario. Pero también constituye un terrible problema social. No regular la producción de soja transgénica es darle la llave de la agricultura del país a unos inversores que nada tienen que ver con la agricultura. Darles todo el poder de maniobra a los “pools de siembra”, como lo describía Eduardo Buzzi en una entrevista que le realicé en 2005, es poner en juego la seguridad alimentaria de la Argentina.
–¿Cómo fue el desembarco de las semillas de Monsanto en la producción agrícola Argentina? ¿Tuvo resistencias este modelo?
–En 2005 Monsanto y el gobierno argentino estaban en medio de un conflicto por el tema de las regalías que la multinacional estadounidense pretendía cobrar por la exportación de la soja, ya que Argentina no reconoce la patente que reclama Monsanto sobre el gen Roundup Ready. Por ese tiempo Monsanto quería cobrarle 15 dólares a cada cargamento de granos o harina de soja a su llegada a los puertos europeos, ante la imposibilidad de cobrar tres dólares a los productores en territorio argentino. Allí Monsanto comenzaba a mostrar su verdadera cara. Pero antes, en la década de 1990, la totalidad de los productores recibieron a esta empresa con entusiasmo, por supuesto. Recuerdo haber entrevistado a agricultores que me dijeron que, al principio, llamaban a las semillas transgénicas “semillas mágicas”. Inclusive Buzzi me había dicho en esa oportunidad: “Nosotros sostuvimos ese modelo, pero caímos en la trampa. Estaba todo calculado”.
–¿De qué se trata el llamado “principio de equivalencia en sustancia”, retomado en Argentina?
–Este principio aceptado inicialmente en los Estados Unidos no tiene ninguna base científica que lo valide. Sin embargo, al impedir que los OGM sean considerados como aditivos alimentarios, las empresas de biotecnología pudieron evadir pruebas toxicológicas y evitar el etiquetado especial de sus productos. La decisión que permitió comercializar los OGM sin ninguna evaluación fue aceptada también en la Argentina. Gracias a estas mentiras los OGM llegaron al país y desde allí invadieron Paraguay y Brasil, donde no estaban autorizados. Como me había dicho Eduardo Buzzi en 2005, se trató de una estrategia planificada por Monsanto para forzar la legalización y generalización de los OGM. Como Brasil no autorizaba los transgénicos, Monsanto se implantó en la Argentina de Menem y desde allí elaboró su estrategia, que terminó contaminando a buena parte de América del Sur.
–¿Le parece lógico que durante el conflicto por las retenciones, el presidente de la Federación Agraria Argentina se uniera a los “pools de la siembra”, como él mismo los apodaba?
–Que Eduardo Buzzi en un comienzo haya defendido el modelo de la soja transgénica es posible, porque para él, como para muchos productores, se trataba de “semillas mágicas”. Es decir, se puede entender que los productores, dejándose llevar por la propaganda fraudulenta, hayan creído en lo que Monsanto les prometía. Lo realmente curioso, y que da lugar a sospechas, es que hoy en día Bu-zzi se haya cambiado de bando, por así decirlo, y comulgue con los “pools de la siembra”, que en 2005 le habían tendido una trampa. Me pregunto ¿qué habrá pasado desde 2005 que explique ese cambio abrupto de posición? Yo filmé a Buzzi hace tres años para un documental sobre la soja en Argentina, que transmitió la cadena francoalemana Arte. Allí, Eduardo Buzzi hacía un balance del modelo agrícola sojero, y concluía señalando que lo único que podía garantizar la seguridad alimentaria del país era la pequeña y mediana agricultura, a partir del suministro de cultivos diversificados. En esa oportunidad, Buzzi diferenciaba a los productores nucleados en la Federación Agraria de lo que él llamaba “un modelo agrícola destinado al agrobusiness”. Ahora bien: ¿qué hace hoy en día Buzzi? Está con los “pools de la siembra”. ¿Qué pasó? No sé exactamente, no tengo pruebas. Todo lo que puedo decir es que Monsanto desembarcó en Argentina en 1997, e impuso los OGM en un gobierno corrupto como el de Carlos Menem. Y en esa operación es muy probable que haya habido maniobras oscuras. Monsanto tiene una vasta experiencia en hacer cambiar de opinión a la gente.
–En uno de los capítulos de su libro, usted habla del rol que juegan ciertos medios de comunicación en la difusión y apoyo de los OGM en nuestro país. ¿En que consiste este apoyo concretamente?
–Hay medios de comunicación en Argentina que hacen claramente propaganda de los OGM. Al leer diarios como Clarín vemos perfectamente este tipo de discursos y nos hace por lo menos sospechar que, en ese ámbito, habría también una importante corrupción. Cuando uno lee los artículos de su colega Héctor Huergo de Clarín Rural, no puede más que preguntarse cuál es la relación de este hombre con Monsanto. Lo que escribe es propaganda pura, con informaciones falsas. Se les quiere hacer creer a los lectores que van a terminar con el hambre gracias a los OGM, que no habrá más problemas de malnutrición, pero es mentira. Estas cosas hay que investigarlas en profundidad. Hay que tener en cuenta que Monsanto es capaz de corromper al más fuerte. En Indonesia, por ejemplo, hay casos probados y condenas a Monsanto por corromper a más de cien funcionarios del gobierno.
–En general, los antecedentes non sanctos de Monsanto son poco a nada conocidos, o por lo menos no han sido lo suficientemente difundidos...
–En Argentina los medios no dicen que Monsanto ha sido condenada en Estados Unidos y Francia por publicidad falsa, que no tienen más derecho a marcar en sus productos que no afectan al medioambiente. He verificado en varios países la manera de actuar de Monsanto: compran... En el libro y en el film se demuestra que hubo científicos comprados durante más de 20 años para contar mentiras. Hoy sabemos que el Roundup es cancerígeno. Está claro que en un tiempo será prohibido, como ocurrió con tantos productos de Monsanto en el pasado (el PCB, la dioxina, entre otros) que generaron polución en el planeta por cuarenta años y que finalmente fueron prohibidos. El Roundup es altamente tóxico, en la Argentina más de la mitad de las tierras cultivadas son regadas con un producto que no es biodegradable, que llega a las napas freáticas, que contamina los suelos. Al ritmo actual, a mediano plazo los suelos serán inutilizables. Los OGM manipulados resisten al Roundup y lo absorben. Cuando una madre argentina les da la denominada leche de soja a sus hijos, les está dando un producto regado con una sustancia tóxica. Hoy tienen la oportunidad de hacer un balance y sacar conclusiones, es lo que debería hacer el Parlamento. Hoy los productores ya no pueden decir que no saben. Hoy hay pruebas, tenemos los datos. Sabemos que la soja transgénica va a generar enfermedades y va a disminuir el rendimiento de la tierra. En Argentina hay que hacer una evaluación seria antes de que sea demasiado tarde. Hay que dejar bien claro que esta empresa no quiere ganarle al hambre sino hacer grandes negocios.
–Los países europeos debaten en la actualidad sobre los OGM y estudian los controles a poner en práctica. ¿Cuál es la situación en Francia?
–En Francia, al igual que en el resto de los países, hay sectores que proponen legalizarlos. Conozco bien al sector del campo francés porque soy hija de agricultores. Estamos en lo que yo llamaría una guerra de información. Hay agricultores que durante encuentros de discusión me dicen que los OGM les permitirían usar menos pesticidas. ¡Cómo menos pesticidas! Si se trata de plantas que producen tóxicos y que desarrollan una resistencia cada vez mayor a los pesticidas utilizados. Cuando la discusión es profunda se entiende, pero hay una enorme propaganda. Claro que los agricultores, no los pools de siembra que son industriales y especuladores, tienen problemas en todo el mundo. Los verdaderos agricultores son víctimas de estos nuevos modelos, no les alcanza para vivir y se los inunda con la publicidad de estas “semillas mágicas”. En Francia también existe un lobby muy fuerte de los grandes agricultores que militan por la introducción de los OGM. También hay diputados franceses que mienten en la Asamblea Nacional en defensa de los intereses de estas empresas. En Francia, algunos senadores tuvieron el coraje de denunciar que los legisladores son presionados por Monsanto. El aspecto esencial de esta disputa es controlar las semillas, que son el primer eslabón de la cadena alimentaría. Lo que le interesa a Monsanto es vender el Roundup y tener las patentes sobre las semillas para luego cobrar las regalías sobre la producción ajena. Hoy, en países como la India, sólo hay semillas transgénicas. Monsanto compró todas las empresas semilleras, y los campesinos que comienzan a ver los efectos negativos ya no tienen cómo volver atrás. Peor aún, los agricultores deben pagarle regalías a Monsanto al utilizar las semillas o les mandan la policía. Es un negocio redondo. Lo mismo intentó Monsanto en la Argentina. Primero dijeron que no cobrarían regalías, pero en 2005 cambiaron el discurso por el de o nos pagan o vamos a un conflicto fuerte.
–¿Cómo puede salir Argentina de este chantaje que usted describe?
–Todavía es posible. Recordemos que Monsanto tuvo mucha suerte, porque Argentina no era un país productor de soja. El primer productor de soja en América latina era Brasil. Si Argentina hoy es un enorme productor se debe a una circunstancia particular: la gran crisis del 2001. Argentina necesitaba encontrar una salida, y al mismo tiempo la crisis de la vaca loca en Europa generó la prohibición de harinas animales y la necesidad de soja. Esta doble coincidencia benefició a Monsanto. Pero en la actualidad la mitad de los campos de la Argentina están contaminados de OGM, y ésta es una lógica muy cercana a la de tener un país endeudado. Continuar con este modelo sin regulaciones importantes sería pensar a cortísimo plazo. Ya no se trata de la salida de una crisis extrema sino de la viabilidad de un modelo a largo plazo. Esto significa analizar todos los datos y actuar en consecuencia con una visión clara. No hay que olvidar que por el momento Argentina no reconoce la patente sobre el gen Roundup Ready, pero las presiones en la Organización Mundial de Comercio son enormes. Si se llega a la uniformización del sistema de patentes, es decir a la imposición del sistema norteamericano, los problemas de Argentina serán mayores. El debate ciudadano sobre estos temas es fundamental, el debate político en el Parlamento es esencial aunque genere manifestaciones. En Europa, los movimientos de resistencia a los OGM son cada vez más fuertes, debemos alentar la agricultura natural que es la única salida. La pregunta es cómo volver a estos modelos naturales cuando Argentina tiene 18 millones de hectáreas regadas con Roundup.
–¿Está al tanto de que el sector que se opone a las retenciones subraya que, con el avance de la producción de la soja se ganará la guerra contra el hambre?
–Sí, lo sé, y es completamente falso. Los OGM son todo lo contrario, reproducen el hambre a largo plazo justamente porque condenan a los países al monocultivo, como señalaba antes. La prueba está en que, con el avance de la soja, en la Argentina un alto porcentaje de los tambos se están cerrando, por culpa del Roundup desperdigado por los pastizales. La soja se cultiva cerca de donde pastan los animales. Una vez que las vacas se alimentan de las hierbas contaminadas con herbicida quedan afuera del proceso de producción de productos lácteos. Lo mismo ocurre con la producción de arroz y lentejas, que están en la base de la cultura alimentaria argentina, que también ha disminuido considerablemente, sin contar el hecho de las grandes superficies de árboles que fueron arrancados para cultivar soja, sobre todo en el norte del país. Todo un desastre ecológico destinado a producir alimento para vacunos, bobinos y pollos de Europa.
Acompañado por un documental difundido en Francia por la cadena francoalemana Arte, la idea del libro surgió casualmente en la Argentina. Robin realizó una primera investigación en la que hacía un balance de la producción agrícola transgénica en nuestro país, un balance devastador, por cierto, según afirma la autora. Durante ese trabajo advirtió que los cultivos trangénicos, que cubrían entonces el 50 por ciento de la superficie cultivada del país, utilizaban la soja llamada Roundup Ready, una semilla manipulada por Monsanto para resistir al Roundup, el herbicida más vendido en todo el mundo desde los años ’70 y fabricado, casualmente, por Monsanto.
“Si hay un país del mundo en el que Monsanto pudo hacer lo que quiso, ese país es la Argentina”, afirma la autora. Gran conocedora de la transformación del modelo de explotación agrícolo-argentino, Robin sigue con atención el conflicto que sacude a nuestro país desde hace meses. Pero no son las discusiones cotidianas en los medios y la actual discusión en el Parlamento lo que más llama la atención a la periodista francesa. Lo que la inquieta es que, según ella, lo fundamental se está pasando por alto.
En donde cuentan varios casos de juicios por "Piratería" de semillas.



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