Mostrando las entradas con la etiqueta retenciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta retenciones. Mostrar todas las entradas

lunes, 17 de agosto de 2009

“Con menos retenciones, hay más soja”

Fuente Página 12.

“Con menos retenciones, hay más soja”

Conforman la organización rural más grande del país, con 15 mil familias campesinas. Enfrentan a la Mesa de Enlace y apuestan a otro modelo agropecuario. “Que la Mesa de Enlace hable de pobreza es como Videla hablando de democracia”, ironizan.

Por Darío Aranda

Crían animales para autoconsumo y cosechan algodón, son arrieros y trabajadores de la vid, hacheros y productores de carbón. Poseedores ancestrales de parcelas donde trabajan y viven desde hace generaciones. El Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI) está integrado por quince mil familias de siete provincias, la base de la pirámide rural, hombres y mujeres que les ponen el cuerpo a los trabajos duros del campo, manos curtidas e ideas claras. “No sembramos soja, no entendemos la tierra como un negocio, no somos ricachones que explotan a trabajadores rurales. Quizá por eso los medios de comunicación y la clase política no nos llaman ‘campo’”, resumen. En la vereda de enfrente de la Mesa de Enlace, paradójicamente también son excluidos por el Gobierno: “La soberanía alimentaria que practicamos es contraria al modelo de agronegocios actual”. Advierten que una baja en las retenciones de soja traerá aparejado un avance del monocultivo y consideran “cínico” que la Sociedad Rural se refiera a la pobreza. Tres integrantes del MNCI –Diego Montón, Ramiro Fresneda y Ariel Méndez– apuntan al reclamo de fondo: un cambio de modelo agrario.

–¿Por qué gran parte de la sociedad urbana utilizan Mesa de Enlace como sinónimo de campo y se olvidan del sector campesino?

Diego Montón: –La Mesa de Enlace representa principalmente a empresarios y corporaciones que se benefician de la alta concentración que existe de la tierra, los bienes naturales y los mercados. Para ellos, propiedad privada y ganancia desmedida son los principales pilares de una sociedad. Para ellos, la tierra es una mercancía más. El verdadero campo no tiene nada que ver con eso: la tierra, la naturaleza y las familias campesinas son vida, solidaridad y trabajo.

Ramiro Fresneda: –Actualmente, la verdadera población rural está siendo avasallada por la Mesa de Enlace, el agronegocio, que intenta despojarnos de la tierra y los medios para producirla. Invierten mucho dinero en crear esa falsa imagen de que son campechanos y laburadores, pero es todo un cascarón armado junto con los medios de comunicación.

Ariel Méndez: –Históricamente, los sectores agropecuarios se agremian alrededor de organizaciones que los representan en su carácter productivo y clasista. Las organizaciones que componen la Mesa de Enlace representan a sectores altos y medios de la burguesía agraria. No somos parte de ese campo con soja, superávit y dirigentes ricachones nucleados en entidades tradicionales que nunca han metido las manos en la tierra y que explotan a nuestros compañeros.

–¿Por qué permanece la idea que Federación Agraria representa a pequeños productores?

D. M.: –FAA invierte mucho dinero en los medios para generar esa idea, que es falsa. Si Eduardo Buzzi es pequeño productor, ¿qué es doña Ramona Bustamante, en Córdoba, con sus pocas hectáreas, escasa agua y pocos animales?

R. F.: –En algún momento habría que definir claramente a qué se le llama “pequeño” productor. Como lo entiende el sector campesino, FAA está desde hace tiempo compuesto por medianos y grandes empresarios del agro. Sería importante que algún periodista le pregunte a Buzzi o De Angeli cuánto dinero ganan al año, quizás ahí sabremos qué tan pequeños productores son.

A. M.: –En la década del ’90, los productores de FAA que no se sojizaron desaparecieron y la entidad no hizo nada por ellos. Además, la entidad no dice que sus afiliados, con la complicidad del sistema político y jurídico, desalojan campesinos. Además, esos empresarios no cosechan alimentos en beneficio del pueblo, producen forrajes para la especulación en el mercado externo.

–Cuando comenzó la pelea por la Resolución 125, ustedes señalaron que Mesa de Enlace y Gobierno eran socios que se estaban peleando por una porción de la torta y que en algún momento arreglarán. ¿Cómo lo ven hoy?

D. M.: –Siempre dijimos que apoyamos la política de retenciones, pero eso es insuficiente. Es claro que no hay política para el campesinado, para el indígena, que somos los sujetos que podemos cambiar la lógica productiva.

A. M.: –La Secretaría de Agricultura está hecha a medida de la Mesa de Enlace y estos empresarios reciben millones de pesos de subsidios, mientras que los campesinos y agricultores familiares apenas ven migajas que en total no llegan al 5 por ciento del presupuesto total.

–¿La pelea es por la rentabilidad?

D. M.: –Es económica e ideológica. La rentabilidad de la soja es enorme, aun con retenciones y gastos de producción. Los agroempresarios ganan muchísimo dinero. Sería cuestión de ir a ver cómo viven estos señores y las propiedades que tienen. Pero es también una lucha ideológica porque el modelo de agronegocios no acepta que un Estado actúe regulando la economía ni acepta retenciones ni regulación de exportaciones, que son tibias maneras de intervenir el mercado.

R. F.: –Para el modelo de agronegocios, la única intervención posible es el subsidio a las empresas; el resto es una herejía y por eso combaten con tanta belicosidad.

–¿Si se bajan las retenciones habrá más sojización?

D. M.: –Sin duda. Bajar las retenciones es dar una ganancia tan exagerada que todos los empresarios van a querer producir más soja.

R. F.: –Es una relación simple y directa: si bajan las retenciones, aumentan las hectáreas con soja, los desmontes y la contaminación y baja el trabajo genuino.

A. M.: –Avanzarán sobre otros cultivos, lo que llevará al aumento de precios de los alimentos.

–¿Qué les significa escuchar a la Mesa de Enlace hablar de pobreza?

D. M.: –Hipocresía y arrogancia. Que la Mesa de Enlace hable de pobreza es como Videla hablando de democracia. No se puede hablar del hambre y tirar la leche, desabastecer a la población de alimentos y sólo pensar en su gran rentabilidad.

Fuente Página 12.



La FAA y el Foro

Fuente Página 12.

Por Darío Aranda

–Ustedes sostienen que los gobiernos no apuestan a la agricultura campesina.

D. M.: –Es difícil comprender la lógica de alianzas de este gobierno porque mantiene en puestos claves de la Secretaría de Agricultura a muchos cuadros de FAA. Ese sólo hecho es algo difícil de entender. Por otro lado, no ha generado ningún espacio real de diálogo con organizaciones campesinas que realmente estén luchando contra el agronegocio.

R. F.: –Quizás el Gobierno no termina de creer en la potencialidad del campesinado. Ahí puede estar una de sus principales debilidades: no cree en los campesinos y se enfrenta a los agroempresarios.

–La ministra Giorgi dice que la Subsecretaría de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar cuenta con un presupuesto de 400 millones de pesos.

D. M.: –No nos consta que exista ese presupuesto. Lo que sí nos consta es que las comunidades campesinas organizadas no reciben fondos y no tienen lugar en la Subsecretaría.

A. M.: –La mirada que predomina en la Subsecretaría de Desarrollo Rural es la impulsada por dirigentes de Federación Agraria, viejos cuadros que simulan su ida de Federación, aunque sin quitar los pies del plato.

–El Gobierno exhibe al Foro de Agricultura Familiar como el espacio oficial de los campesinos.

D.M.: –El Foro es una construcción previa a la 125, de FAApara lavar su cara.

R. F.: –Los cuadros de FAA en el Gobierno han demostrado controlar la subsecretaría. Desde allí intentan obligar a las organizaciones campesinas que se sumen al Foro, como requisito para asignarles recursos. Es una política clientelar con el objetivo de legitimar un espacio oficial.

Fuente Página 12.


Modelos opuestos

Fuente Página 12.

Por Darío Aranda

–¿Cuál es el modelo agropecuario del MNCI?

D. M.: –Sólo es posible salir del hambre si el país apuesta por la soberanía alimentaria, que es la posibilidad de que el país tenga un propio proyecto alimentario, que produzca la variedad de alimentos que necesita y no que vengan las compañías semilleras y químicas a imponer qué debemos producir.

R. F.: –Contamos con proyectos de ley concretos sobre problemáticas campesinas indígenas, redistribución de tierras basada en la reforma agraria integral, iniciativas productivas comunitarias, desarrollo local y economía social, educación y salud para el sector. Pero son propuestas no escuchadas por los medios de comunicación y la clase política.

A. M.: –Uno de los puntos que nos separa del actual modelo es la relación que las comunidades tenemos con el territorio. Los políticos, las empresas y la Justicia ven la tierra y el agua como mercancía y propiedad privada. Para nosotros es historia y cultura.

–FA también habla de soberanía alimentaria. Incluso el Gobierno.

D. M.: –El término soberanía alimentaria lo desarrolló y difundió la Vía Campesina, de la cual somos parte. Hoy es un honor que muchas organizaciones lo estén trabajando y difundiendo y colocando como un eje estratégico. El caso de la FAA es hipócrita y traidor porque toman las palabras y las vacían de contenido.

R. F.: –Soberanía alimentaria es el derecho de los pueblos a producir sus alimentos, a ser soberanos de su producción y consumo de alimentos, respetando su cultura y satisfaciendo plenamente sus necesidades. ¿Cómo hablan de soberanía alimentaria si su problema es cómo exportar soja y obtener inmensas ganancias?

Fuente Página 12.








jueves, 17 de julio de 2008

Sobre la votación en el senado argentino de las retenciones o impuestos al campo



Finalmente la votación por retenciones o impuestos al campo se perdió, el gobierno no podrá cobrarles impuestos o más impuestos a los campos.

Y ahí ni siquiera vamos a poder hacer hospitales por todo el desastres de los transgénicos que estamos haciendo en la Argentina.

Como decía "Alicia Dujovne Ortiz":

"...y no puedo menos que felicitarme de que con esa plata, la de las retenciones al campo, la Presidenta se proponga construir hospitales..."

"....si se sigue sembrando nuestra tierra con semilla transgénica y espolvoreándola con los pesticidas que son su media naranja, ni los nuevos hospitales darán abasto..."


No habrá ni siquiera ésos hospitales prometidos. Lo triste es que ni el gobierno ni el "campo" cuestionaron el modelo de los transgénicos, del glifosato, de Cargill, Monsanto, Urquía y cia..

Ojalá en algún momento se pueda cuestionar este modelo de transgénicos que nos llevará a ser más que el "granero del mundo" el país de más enfermos del mundo.


martes, 13 de mayo de 2008

Los guardianes de Cargill

Por Raúl Dellatorre

La revelación fue hecha por la mañana por Alfredo De Angeli desde la ruta. Por la tarde la ratificó Néstor Roulet desde Córdoba. El primero, titular de Federación Agraria de Entre Ríos, lo hizo mientras cortaba las ramas de una plantita que tenía tomada desde el tallo, representando cómo se distribuía el resultante de la producción de soja. El segundo, vice de Confederaciones Rurales (CRA), describiendo quién se queda con qué “de los cien metros de bolsa de soja”.

“De los cien metros, el Gobierno se queda con 50 (por los impuestos); de los otros cincuenta, 10 se gastan en fletes, y 35 tenemos que pagar por los costos de siembra (semilla, fertilizantes, herbicidas, contratistas para la trilla y demás tareas); es decir que al productor solamente le quedan 5 metros.” Revelador: al exportador, justo al que le impusieron las retenciones, no le queda nada. Ni un centímetro de bolsa, en lenguaje de Roulet. Ni la punta de una ramita, en términos del rutero De Angeli.

Curioso y paradójico punto de llegada al que arriban las didácticas explicaciones de los dirigentes. Pero para nada ingenuo ni absurdo: es la lógica del planteo de los ruralistas desde que empezó el conflicto. Permanentemente han atacado la parte que queda en manos del Estado (impuesto), pero jamás aluden a la que se devora el comercializador que domina la mitad de la cadena, desde la tranquera hasta el barco. El dueño de las plantas de acopio, de los puertos privados, de los molinos y socio en la venta de fertilizantes y semillas. Tal es el caso, en toda la cadena, de Cargill y, en algunos eslabones, de Bunge, Dreyfus, Nidera y Aceitera General Deheza, grandes beneficiarios de la renta agropecuaria.

Para verlo más claramente: la retención que hace la Aduana, del 40 por ciento en el caso de la soja, no es “sobre los 100 metros de la bolsa”, sino sobre un valor inferior que, de acuerdo con el Código Aduanero, convierte el tributo en sólo 28,6 metros de esos 100. Pero como parte de la producción de granos va al mercado interno y parte se exporta con menor tasa de retención, lo que entra al fisco es mucho menos.

El acopiador-exportador se apropia de una parte de la producción igual o mayor que la que le corresponde al Estado. Encima, descontándole al productor un porcentaje por retenciones que ni siquiera ingresa al fisco. Y sin siquiera ser acusado por los dirigentes que encabezan la protesta ni ser imputado por el Gobierno. ¿Por qué será que toda la argumentación de este conflicto encubre la responsabilidad de los exportadores? ¿O éstos habrán sido expropiados por el Estado sin que nos demos cuenta y sus ingresos deben ser computados, como dice Roulet, dentro de “los 50 metros de la bolsa” que se queda el Gobierno?



viernes, 11 de abril de 2008

Dos artículos sobre inflación y alimentos

Cascarón autista

Por Alfredo Zaiat



En algunas circunstancias, observar qué está pasando fuera de las fronteras permite una evaluación desapasionada sobre cuestiones domésticas. En ese saludable ejercicio ayuda saber cuáles son las principales preocupaciones de los líderes mundiales sobre los peligros que enfrentan los pueblos del planeta. En caso de que existiera capacidad de superar la visión provinciana o, en otros términos, de exagerado ombliguismo, que caracteriza a la clase dirigente local, se estaría en condiciones de entender que el problema de la inflación, y en especial el de los alimentos, es, además de la crisis financiera y recesión en Estados Unidos, el que concentra la atención de los debates y preocupaciones de políticos, investigadores y formadores de opinión en el mundo.

Cuando se ensancha ese horizonte, a la hora de evaluar la situación local, se reafirma la conducta de desprecio al resto de la sociedad por parte de los piquetes verdes, comportamiento que quedó resumido en la afirmación del presidente de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, acerca de que el campo mostró que puede “desabastecer” a los centros urbanos. Por lo pronto, probó que pueden provocar un golpe inflacionario en bienes sensibles de la canasta básica. Cuando en el mundo existe una profunda inquietud por el precio de los alimentos, en un país con capacidad de generarlos en cantidad los productores bloquearon su acceso en defensa de elevadas rentabilidades.

A la vez, las iniciativas oficiales que tanto escozor provocan en los dirigentes que dicen representar al campo, con el acompañamiento de un coro afinado de voceros, resultan insuficientes. La debilidad del Gobierno es por defecto, no por exceso de intervención en el mercado de alimentos. Las retenciones móviles, el mecanismo de compensación, acuerdos de precios muy flexibles con los eslabones más concentrados de la cadena agroindustrial, limitados subsidios al gasoil y al flete son tímidas injerencias del sector público ante la magnitud del problema. Iniciativas, además, que no son explicadas con precisión ni oportunidad.

Para romper ese cascarón autista de los protagonistas del mercado de alimentos local resulta instructivo enumerar las manifestaciones de líderes mundiales que en un solo día expresaron su inquietud por la inflación en productos esenciales para la población:


  • El director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, afirmó ayer que la inflación ha vuelto por el alza de los alimentos y que ésta “puede socavar todos los avances en la reducción de la pobreza”.
  • El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, pidió ayer una acción internacional “inmediata” para hacer frente a la situación de emergencia en varios países, por ejemplo en Haití, a raíz de la suba de los alimentos. El alza de esos bienes ya ha provocado manifestaciones, en algunos casos violentas, en países tan distantes como Pakistán, Senegal, México, Egipto y Haití.
  • El primer ministro británico, Gordon Brown, colocó ayer el alza de los alimentos en la agenda mundial al convocar a los líderes del G8 a contrarrestar ese encarecimiento y a examinar el impacto de la producción de biocombustibles en el costo de esos productos. Afirmó que el arroz y el trigo, por ejemplo, duplicaron su precio, ajuste que propone tiene que ser “contrarrestado”.
  • En tono dramático el comisario europeo para el Desarrollo, Louis Michel, advirtió ayer que “se perfila una crisis alimentaria mundial, menos visible que la crisis petrolera, pero con el efecto potencial de un verdadero maremoto económico y humanitario”.
  • El primer ministro indio, Manmohan Singh, aseguró ayer que el incremento de los alimentos y las materias primas complicará las políticas de contención de la inflación y puede dañar la estabilidad macroeconómica del país.
  • El ministro de Agricultura francés Michel Barnier anunció ayer que pedirá a la Unión Europea que adopte una “iniciativa europea por la seguridad alimentaria” en el mundo.


El mercado mundial de los alimentos está hipersensibilizado y la mayoría de los países está en alerta por esa cuestión.

Mientras, en la Argentina se abre hoy una negociación donde una parte cuestiona la imprescindible intervención del Estado en esa delicada economía, participación que es tardía y tímida para contener los precios de los alimentos. Como se dice, Argentina está en otro mundo.



azaiat@pagina12.com.ar




El teorema de los alimentos


Por Ernesto Semán

Los países que exportan productos alimenticios enfrentan en estos días una misma disyuntiva a lo largo y ancho del planeta: imponer límites a sus ventas al exterior y resistir el enojo de sus grupos propietarios, o liberar el sector externo y enfrentar las protestas de los sectores populares por el encarecimiento acelerado de los alimentos, el famoso fenómeno de la agflación.

En un país como la Argentina, donde la inflación y las protestas sociales decoraron la caída de dos presidentes y la inflación ayudó a consolidar procesos regresivos de distribución del ingreso, no cabe duda de qué tiene que hacer cualquier gobierno que no sea suicida.

En las últimas semanas, en la Argentina se organizó un lockout contra el anuncio de retenciones móviles, una protesta que contó hasta con el apoyo de algunos de los beneficiarios de la medida que los indignaba, como grupos de las clases medias urbanas. En el mismo momento, en otras partes del mundo, el traslado directo del precio internacional de los productos primarios al mercado interno provocó una ola de levantamientos en protesta por la inflación: en Haití (un importador neto) las protestas dejaron cuatro muertos. En el último mes, las protestas en Egipto, Costa de Marfil, Mauritania, Mozambique, Senegal, Uzbekistán, Yemen, Bolivia e Indonesia tuvieron el denominador común de reclamar una baja en el precio de los alimentos. En Camerún, la represión a las marchas contra los aumentos de precios costó cuarenta vidas.

La “escasez” de arroz es sin duda uno de los ejemplos más perversos de este proceso: la producción exportable llega a Europa y Estados Unidos a precios altos que aún pueden ser absorbidos por esos mercados, pero en los supermercados de los países productores el mismo precio deja las góndolas llenas de paquetes de arroz y a los potenciales consumidores con sus carritos vacíos.

La ONU advierte que la pobreza generada por el aumento del precio de los alimentos puede generar una crisis política global. El titular del Banco Mundial, Robert Zoellick –insospechado de todo progresismo, mucho menos de kirchernismo alguno– dice que el resultado inmediato es un aumento de la pobreza urbana como no se ve desde hace décadas. A Zoellick (y a muchos otros) le preocupa lo que parece ser un hecho consumado: en muy poco tiempo, a los países desarrollados se les puede acabar el maná milagroso de los alimentos baratos, como hace un tiempo ocurrió con el petróleo.

Para contener la inflación provocada por el aumento del precio internacional de sus productos, China, Vietnam, India, Camboya y Pakistán optaron por lo mismo que el gobierno en Buenos Aires: aplicar retenciones a las exportaciones y recortar (o suspender por completo) las ventas al exterior de algunos productos como arroz y café, para aumentar la oferta interna y contener la inflación. Todo esto sin haber llamado a Cristina Fernández ni a Martín Lousteau. Si uno es muy obstinado, puede suponer que lo único que les interesa a esos países es acumular dinero y aniquilar a sus productores para favorecer redes clientelares, que ninguno redistribuye, que el problema de la inflación no existe, o que sólo es consecuencia de que el kirchnerismo es malo y derrochón.

Con un poco menos de tozudez, a cualquiera le quedan claras dos cosas:

  1. que el problema de la inflación es mundial, es urgente, avanza rápido, carcome las economías de los países exportadores de productos alimenticios y pone en tensión a sus sociedades y,
  2. que las retenciones y límites a las exportaciones son dos de las pocas herramientas que el Estado tiene a mano para resistir el doble acecho de las ganancias de sus elites y las presiones del mercado global, una tenaza que oprime las entrepiernas de los gobiernos y la distribución interna de los recursos, el excedente y los alimentos.

Cuando se incluye en la foto la presión del mercado mundial –que tiende a igualar globalmente los precios internos de las economías– se descartan al menos tres de las ideas más obtusas que circulan en la Argentina, y que asumen como realidad las fantasías de café en las que inscriben el conflicto con el agro.

Una es que la “necesidad de recaudar” se saciaría si el Estado mejorara el cobro de, por ejemplo, el impuesto a las ganancias, algo que no ayudaría en nada a contener el precio de los productos alimenticios (lo cual no quita que, aparte, el Gobierno debería ser más eficaz en cobrar dicho impuesto).

La otra es que la voracidad por recaudar sólo sirve para “agrandar el Estado” y financiar “redes clientelares”, como si éstas no fueran, aun en su modo cuestionable, herramientas de redistribución del ingreso, y como si en Europa y Estados Unidos los beneficios del Estado de Bienestar los hubieran repartido San Pedro y San Pablo y no los funcionarios de turno a los que les tocó en suerte la tarea (lo cual no quita que el Gobierno debería avanzar hacia formas universales de garantizar el ingreso ciudadano).

Y la otra es que el lockout no habría existido si el Gobierno hubiera sido más preciso en el diseño de las retenciones y hubiera excluido a los pequeños productores, sobre la base de la idea ingenua y reaccionaria de que la distribución progresiva de ingresos es una cuestión de gerenciamiento y de que se pueden afectar los intereses de los productores agrarios y al mismo tiempo contar con su aplauso (lo cual no quita que el Gobierno podría hacer una lectura fina de la realidad social de ese sector productivo antes de darle forma definitiva a una medida).

En ese contexto, parece más que razonable la opción de aplicar las retenciones y, con otras medidas (subsidios a los combustibles, promoción de ciertos grupos industriales), tratar de contener una alianza social amplia aun a costa de moderar el efecto redistributivo. En verdad, el mayor riesgo para la Argentina es que, como un espectador marginal de la economía mundial, la presión de los precios internacionales se haga incontenible, el aumento del precio de los alimentos no pueda compensarse con los salarios, y el Gobierno pague al mismo tiempo los costos de las retenciones y los costos de la inflación, un panorama que afectaría mucho más que el futuro de una administración.

El Gobierno tiene una enorme cantidad de espacio para mejorar en cuanto al impacto de su gestión política y económica sobre la inflación. Pero aun si todas sus medidas fueran correctas, Moyano limitara las demandas salariales como la socialdemocracia de la posguerra y D’Elía adoptara los modales de Alberdi como le reclaman muchos espantados por la irrupción pública de la tensión social, aun después de todo eso, en el centro de la mesa seguiría estando el problema de la inflación y la necesidad de aplicar retenciones para evitar que el aumento de los precios internacionales impacte en la calidad de vida de los sectores populares.

Ernesto Semán


jueves, 3 de abril de 2008

Paro en el campo: Comunicado del Mocase - Vía Campesina






Algunas memorias ante las protestas del "campo argentino"





1- Nosotros, miembros de comunidades indígenas, campesinas y campesinos organizados en territorios, hacemos memoria de que la Tierra es un bien aún lleno de vida diversa, donde la humanidad y los pueblos quieren desarrollar los sentidos de la existencia.



2- Las grandes corporaciones de las cadenas agroindustriales vienen imponiendo a los pueblos y países un modelo de producción alimentaria cuyo único objetivo es la rentabilidad y concentración de la riquezas en pocas manos con la complicidad activa de gobiernos, empresarios y, en el caso del "paro del campo", de los miembros de las cuatro entidades agropecuarias de Argentina.



3- El doble discurso de los dirigentes de la FAA, los ha llevado a un callejón sin salida. Sus prácticas reproducen el modelo de saqueo y contaminación tanto de la tierra, los territorios, como así también de su mentirosa pretensión de representar las luchas más genuinas de los movimientos campesinos en Argentina.



4- Este modelo neoliberal, de saqueo y contaminación, reproducen nuevas formas de colonización y genocidio. ¿Qué hicieron estas entidades cuando en la etapa menemista del neoliberalismo más salvaje desaparecían más de 200 unidades familiares de producción agraria?



5- ¿Qué han hecho y hacen esas entidades agropecuarias ante los asesinatos, cárceles, persecuciones, torturas y enfrentamiento con paramilitares y topadoras que sufren hoy miles y miles de familias de pueblos originarios y campesinos?



6- Dicen hacer el paro por el No a las retenciones y No a la desaparición de los pequeños y medianos productores, pero algunos empresarios y productores que han contratado matones para desalojar pequeños y medianos productores son miembros de esas entidades.



7- Rescatamos algo positivo de este paro de las entidades agropecuarias y sus miembros: se sacaron la careta de luchadores por un modelo de país digno, justo y para todos. Mostraron su verdadero rostro: creen que el país es para unos pocos que obedecen los dictámenes de las grandes corporaciones transnacionales de la alimentación.



8- Estamos en algo de acuerdo: el dinero de todos los impuestos tendría que estar controlado por todos, porque todas y todos pagamos impuestos en la Argentina, no solo los productores y empresarios del campo. Proponemos mecanismos de participación directa tanto de cómo producir riqueza como de la distribución de la misma.



9- Como un primer paso de acuerdos y consensos proponemos que el extra de las retenciones sirva para que no desaparezcan los pequeños y medianos productores, artesanos, artistas, deportistas, etc. Que esos fondos preparen el proyecto de una Reforma Agraria Integral con Soberanía Alimentaria. Estaticemos las exportaciones, que no queden más en manos de las grandes corporaciones transnacionales.



10- Con Vía Campesina decimos que la respuesta a la crisis global del precio de los alimentos: La Agricultura Familiar Sostenible puede alimentar el mundo. Los alimentos no pueden ser objeto de ganancias ilimitadas. La Biodiversidad es una riqueza de los pueblos.



11- Las organizaciones de campesinos, miembros de Vía Campesina, declaran que todos los acuerdos de libre intercambio tanto bilaterales como bi-regionales, llámense Tratados de libre comercio, Acuerdos de libre comercio o Acuerdos de partenariado económico, comparten la misma naturaleza. Estos acuerdos suponen un saqueo de los bienes naturales y sólo benefician a las empresas multinacionales, en detrimento del conjunto de los pueblos del mundo y el medio ambiente.



Secretaría de Comunicación del MOCASE VC









El Movimiento Campesino de Santiago del Estero, ligado a la Vía campesina envió un comunicado donde analiza el llamado paro del campo y aporta información vital para ver quién es quién en este conflicto de la Argentina.



¿Retenciones, control estatal de las exportaciones (monopolio de la Junta Nacional de Granos) o reino del "mercado"?





La actitud de los señores dueños de la tierra de la Argentina no deja de sorprender por su reiterada e inveterada audacia en la defensa de sus bolsillos, con una hipocresía digna de los mejores falsarios de la historia.



El aumento gradual de las retenciones y en particular las correspondientes a la soja ha disparado a la "lucha" a la sempiterna antisolidaria oligarquía terrateniente nacida en nuestro país.



La acompaña una vez más la desorientada Federación Agraria Argentina, que hace años no se atreve a separase de los oligarcas y hacer un planteo digno de reclamo de tierras, de límites a la extensión de los latifundios, de cese y recuperación de las enormes cantidades de tierras extranjerizadas y de cambio general de la política agropecuaria.



Durante el largo ciclo de la convertibilidad y de la expansión de la sojización, la FAA miró para otro lado, dejando hacer al "mercado" y al modelo neoliberal que se cargó casi 300.000 productores pequeños y medianos, la mayoría de ellos afiliados a ella.



Hace apenas poco tiempo se atrevió a cuestionar los lineamientos de la Argentina sojera pergeñada por Henry Kissinger, el grupo Perriaux, la SRA, AAPRESID, Cargill, Monsanto, Dreyfus, la FAUBA, Clarín Rural, Urquía y demás demiurgos de la recolonización nacional. De tal manera, el tránsito de la Argentina industrial tecnológica y científica existente entre 1945 a 1989, a la Argentina factoría agro-exportadora actual, contó -luego de la Marcha Federal de 1994- con la mirada complaciente de la FAA. Esta política permitió la devastación de los pequeños y medianos productores y el tránsito de una producción centrada en el desarrollo de alimentos en gran cantidad y de gran calidad, hacia un "campo" que produce forraje barato -"pasto soja"- para vender a China, India y la UE subsidiando de tal forma la industrialización de estos países a costa de nuestra industrialización, nuestra producción lechera, ganadera, porcina, frutal, hortícola, ovina y regional.



Se repite el modelo de siempre en el campo, donde la SRA -la vieja oligarquía terrateniente- se opone a cualquier control por parte del Estado de su tasa de ganancia lograda a costa del esfuerzo de toda la nación y en particular, mediante el monopolio absoluto de la renta agraria por su dominio total sobre las tierras existentes en la nación.



Lo reiteramos una vez más, oligarquía terrateniente implica por ejemplo que 6900 propietarios (familias, empresas o empresas-familias) sean dueñas del 49.7% de la superficie cultivable y productiva del país, o que según el Censo Agropecuario de 2002, 936 terratenientes poseen 35.515.000 Has (casi toda la superficie en cultivo), un promedio de 38.000 has c/u. Por el contrario 137.021 agricultores poseen sólo 2.288.000 has, con un promedio de 16.7 has c/u. (2)(pág. 158)



En 1966 había más de 600.000 productores agropecuarios, hoy sólo restan 330.000, de tal forma la oligarquía terrateniente recuperó con creces las tierras que Perón había obligado a venderles a los chacareros arrendatarios a través del 1º y 2º Plan Quinquenal. En lugar de enfrentar a la SRA y CARBAP, denunciando la concentración y brutal extranjerización de la tierra, unidas a la destrucción de un modelo soberano de producción de alimentos y su reemplazo por un modelo factoría productor de forrajes baratos para la exportación, la Federación Agraria Argentina se une a los terratenientes y multinacionales granarias que se adueñan hoy de la renta agraria en lucha contra las retenciones. Renta con la que, conviene recordar, junto a la petrolera, el peronismo industrializó la nación entre 1945 y 1955.



Por supuesto que las retenciones son sólo una medida frente a la necesidad de articular un Plan Nacional de Desarrollo Agropecuario, que debe obligatoriamente incluir la restitución de las Juntas Nacionales de Granos y de Carnes, la nacionalización del comercio exterior en ambos rubros, políticas que permitan el acceso democrático, barato y con créditos de largo aliento a la tierra para volver a tener cientos de miles de productores, repoblar el país y reconstruir la soberanía alimentaria y las economías regionales. También deben estar acompañadas de subsidios, políticas de reforestación de la superficie devastada por la sojización, de políticas de saneamiento de áreas infectadas por millones de litros de agrotóxicos y transgénicos, y de devolución de las cientos de miles de hectáreas robadas a los pueblos originarios en las últimas décadas.



La correcta política de retenciones graduales -primera medida seria tomada contra la sojización-, se debe acompañar también de créditos y subsidios amplios para las actividades afectadas por el monocultivo sojero, tales como la lechería, la ganadería, la horticultura, la fruticultura, la forestación y demás actividades afectadas. Pero sin duda alguna -pese a los gritos exasperados del lobby monsantiano, cargilliano y terrateniente-, es una mejora neta respecto de la política seguida hasta ahora y por supuesto mucho mejor, que 'dejar todo al sector privado' como proponen los dueños de la tierra, desde siempre, apoyados por Macri, Carrió, López Murphy, el menemismo, el cavallismo y el delasotismo.



Salir de la sojización



Pero tal vez, el dato más importante de las medidas anunciadas por el Ministro Losteau se refieran a que por primera vez desde la legalización ilegal de la soja RR en 1995, el gobierno ha decidido tomar medidas que desalientan la expansión del monocultivo de soja transgénica forrajera. Y ese es un hecho importante que saludamos. Que una medida tan importante, haya sido tomada en simultáneo con la descarada entrega de los yacimientos petroleros de la Cuenca del Golfo de San Jorge, por parte de la ultarkirchnerista provincia de Santa Cruz, habla a las claras, de la perversidad del modelo económico vigente en nuestro país, y de la estrecha relación del gobierno con las multinacionales y su doble discurso permanente. Pero en el tema de la sojización por primera vez desde 1995, se adopta una medida que desalienta el avance descontrolado del pequeño -y devastador- poroto.



Esto es así pese a los previsibles gritos policíacos del Ing. Héctor Huergo que, en un ejercicio extraño del pensamiento económico y agronómico, nos amenaza con que el abandono de la "sojización" nos devolvería a la "edad media".



El descaro de los demiurgos de la colonización cultural -a su vez empleados de Monsanto y Kissinger- no tiene límites. Una medida como el aumento diferencial de las retenciones -reclamada por quien esto escribe durante varios años- no sólo no nos devuelve a la 'edad media', sino que por el contrario, nos alejaría de la 'edad media' en que nos sumiera la desindustrialización y el retorno a la nación agro-exportadora. Es decir exactamente al revés de lo que Huergo vomita desde Clarín Rural. El aumento diferencial de las retenciones -a falta de nacionalización del comercio exterior de granos- permite disponer de fondos para alentar otras actividades económicas, tales como la reindustrialización del país u otras actividades agropecuarias que requieren de mayor valor agregado, mayor aporte de capital y utilizan mayor cantidad de mano de obra.



Por el contrario, como ya explicáramos reiteradamente en otros artículos, impulsar la sojización depreda la mano de obra y la pequeña y mediana producción, además de devastar al ecosistema y a la salud humana. Lo reiteramos una vez más: el sistema de la SD-sojaRR-herbicida glifosato, destruye 4 de cada 5 puestos de trabajo existentes y sólo crea un puesto de trabajo cada 500-600 has, siendo sólo viables y autosuficientes para este sistema, las explotaciones que superan las 500 has según la región agroecológica. Por el contrario la economía familiar genera 35 puestos de trabajo genuinos por cada 100has. Pero el gobierno debe saber que salir de la sojización implica antes que nada, redistribuir la tierra y repoblar el territorio nacional devastado por el pequeño poroto.



En el colmo del descaro y la desinformación agronómica se dice: "le explico si me permite(...) las vacas no hacen fotosíntesis (sic!!) una hectárea de maíz con la tecnología actual produce 10.000 kilos de grano. Un novillo encerrado en un corral convierte 7 kilos de maíz en uno de carne. Por lo tanto una hectárea de maíz da 1500 kilos de carne."(1) ¿Y la sojización, amigo Huergo donde está?



El viejo método goebbelliano de "miente, miente, miente, que algo quedará" sigue siendo el arma preferida del poder multinacional. Esto es en parte cierto para el maíz, pero no para la soja que se exporta toda (99% de la producción) sin ningún otro agregado que el hacerla aceite o harina y casi sin producir un solo kilo de carne, como sí hacen Brasil (segundo productor mundial de carne) o Chile (en este caso con la soja que nos compra).



De allí que las retenciones diferenciadas planteadas por Lousteau, estimulen al maíz y al trigo en contra de la soja, pero esto afecta a Monsanto-Cargill y por supuesto a las comisiones que cobran sus propagandistas y agentes. En segundo lugar, la carne que hacíamos "criada a campo" (la "edad media" para Huergo) era sin dudas la mejor carne del mundo ya que el animal se criaba en libertad, elegía lo que quería comer, se movía y se criaba naturalmente, produciendo un tipo especial de carne que nos caracteriza en el mundo. Hoy, en un planeta acorralado por la crisis ambiental global, esa carne tiene un valor agregado extra. Si decidiéramos un plan nacional de producción de carne de primera calidad en praderas, recuperaríamos nuestro lugar en el mercado mundial, obteniendo grandes beneficios económicos, sociales y ecológicos.



La ganadería genera muchos más puestos de trabajo que la devastación sojera y muchos más aún, si se estimulara el surgimiento de un gran número de pequeños productores. Por otra parte, lo que Huergo llama "novillo a corral" es el famoso feed-lot o "corral de engorde'" que, a diferencia del animal criado en pradera produce carne chatarra o carne basura. Carne repleta de antibióticos, hormonas, reguladores de crecimiento, agrotóxicos de todo tipo, etc., etc.



Sabrá Huergo ¿que la Argentina, no sólo es la primera en el mundo en muertes por accidentes de tránsito -debido en primer lugar a la destrucción ferroviaria sin cuya desaparición no habría sido posible la sojización- sino también es en la actualidad, el país con mayor tasa de cáncer en su población? ¿No se le habrá ocurrido al señor Huergo pensar que tamaña tragedia tiene algo que ver con la terrible contaminación por agrotóxicos que ha provocado la sojización y su consecuencia directa el feed-lot?. Este proceso afecta lo que respiramos, lo que bebemos y lo que comemos. Claro, es probable que este último argumento suene demasiado complejo para la lógica "simple" de la "mayor tasa de ganancia en el menor tiempo y con cualquier costo ambiental y social -total no lo pagamos-" que utiliza nuestra sempiterna parasitaria y estéril oligarquía terrateniente. Pese a lo que dice Huergo, la soja no sólo no crea pueblos sino que los devasta y los liquida, como puede verse en las miles de taperas que pueblan hoy nuestro campo y los más de 1200 pueblos abandonados. No sólo no nos saca de la edad media, sino que nos devuelve a ella como lo prueban las actuales inundaciones de Salta y Jujuy -y las anteriores de Salta y Santa Fe y las que vendrán-consecuencia directa de la deforestación y la Siembra Directa.



La 'pobreza' del 'campo' de ellos



Por último, de ¿qué paro del campo hablamos?. En todo el país sólo restan 330.000 explotaciones, las que sólo emplean a 310.000 trabajadores en blanco que ganan alrededor de $1200 mensuales, mientras hay algo más de 700.000 trabajadores en negro que viven miserablemente y trabajan sólo un período del año gracias al "poroto mágico". Ambos sectores prácticamente se han visto imposibilitados de defender sus derechos ante el achicamiento descomunal de las fuentes de trabajo que ha producido la sojización y la numerosa destrucción de establecimientos que la acompañaron. El nivel de ingresos del sector que ejerce el control sobre la propiedad de la tierra y por ende de la producción, es escandaloso y como siempre suntuario.



Ya en la campaña 2004-2005 los propietarios de la región pampeana, en el centro del proceso de la sojización, recibieron en concepto de Renta Terrateniente o renta de la tierra por el arrendamiento de las mejores tierras del mundo, la suma de algo más de 3000.000.000 de U$S, más de 10.000 millones de pesos. (2) Es decir una masa sideral de dinero sin invertir ni arriesgar un solo peso. En la actualidad esas cifras son mucho mayores, ya que hoy una hectárea en la zona sojizada de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe o Entre Ríos se vende a razón de entre 15.000 a 20.000 USS y se arrienda -para hacer soja- a razón de 20 Quintales la Ha, es decir unos 600 USS/ha. (3)



Para dar un ejemplo, sólo por arrendar 300 has el propietario recibe un ingreso parásito (sin invertir ni arriesgar un solo peso) de 180.000 USS o unos 570.000 pesos por ciclo sojero. Esa descomunal masa de dinero, imposible de obtener en cualquier otra actividad productiva -y ese es el diseño multinacional para paralizar nuestra reindustrialización- no se destina a mano de obra, ni inversiones productivas, a excepción de algunas cosechadoras o maquinarias importadas de altísimo costo y muchas veces renovadas innecesariamente, sólo por poseer la máquina '0 km'.



Sí se invierte, en varias camionetas 4x4 por familia (hasta 6-7 en algunas), en casas suntuarias, en edificios de renta y en "gatos finos" que ahora hacen su aparición en las localidades de la cuenca sojera, para beneplácito de los productores. Por el contrario, los capataces son echados, indemnizados y transformados en contratistas cuentapropistas con lo cual el terrateniente dispone de las labores sin arriesgar un solo peso, sin incluir costo social alguno y sin tener que poseer un parque de herramientas de alto costo y nivel de mantenimiento, que lo obligaría a tener mano de obra permanente.



A eso se suma que la mayoría no paga impuestos o lo hace por actividad ganadera y no agrícola, con tasas irrisorias de impuesto inmobiliario, y que las multinacionales exportadoras pagan impuestos en función de declaración jurada, se comprenderá que la sojización deja muy poca riqueza real, valor agregado productivo en la sociedad argentina.



A su vez, los trabajadores rurales son echados sin indemnización y contratados en negro cuando se los necesita, muy poco tiempo por cierto. El hecho que las dos terceras partes de los trabajadores vinculados a la sojización trabajen en negro, tiene que ver a su vez con las necesidades un negocio que evade impuestos o se realiza mayoritariamente en negro.(4) De allí la necesidad casi imperiosa para la economía nacional, de apropiarse de esa renta suntuaria e ilegítima en beneficio de la nación.



¿Qué hará el gobierno con esa renta?, es otra discusión, que no afecta el valor macroeconómico de la medida tomada. Como vemos, poco ha cambiado en la relación de la nación con la vieja oligarquía terrateniente, ahora asociada a algunos pools empresarios. Ella sigue allí y tan poderosa como siempre, pese a que la señora Carrió y algunos medios interesados -y asociados a ella- digan que ya no existe. La oligarquía una vez más, usa su poder económico contra el pueblo y la nación, reclamando quedarse con la totalidad de los precios internacionales para sus productos en el mercado interno, lo que supone, y ellos lo saben, el hambre para el pueblo y la castración de la nación, como lo hizo siempre. Sigue siendo como señalara el maestro Hernández Arregui, que para la SRA, "esa clase estéril e infecunda, siempre que el pueblo comió vio demagogia."



Notas 1.- Huergo Héctor Clarín Rural, 15-3-08



2- Pengue Walter, Agricultura Industrial y Transnacionalización en América Latina. Red de Formación Ambiental. México 2005



3.- Clarín Rural 15-3-08, pag. 28




lunes, 31 de marzo de 2008

Cuando se modifican algunos textos de ley....

Foto del Senador Roberto Urquía, del Frente para la Victoria, Córdoba.

http://www.senado.gov.ar/web/senadores/even.php?id_sena=340&iOrden=0&iSen=ASC Página del Senado Argentino con las comisiones en las que participa.

roberto.urquia@senado.gov.ar Mail del Senador por si quiere realizarle alguna pregunta.

http://www.agd.com.ar/es/home.htm Aceitera General Deheza, empresa de la cual es dueño.



Según lo que nos cuenta Etcheberry sobre el tema de la modificación de la ley sobre retenciones:

Aunque parezca absurdo se pretendía hasta ahora que la simple Declaración Jurada de una Venta al Exterior (DJVE) congela el nivel de retenciones, aunque no estuviera comprado internamente el grano.
Esa situación “privatiza” el impuesto en beneficio exclusivo del exportador: el productor rural paga un impuesto -retenciones -que no cobra el fisco sino el exportador.

Según el "Grupo de Reflexión Rural"(GRR):

:”Entonces, se calculó que con esos formularios los exportadores "privatizaban" US$ 400 millones. El escándalo llevó a que Diputados aprobara un texto que eliminaba esa privatización del impuesto (alícuota y precio FOB) con efecto retroactivo. Sin embargo, en el Senado se tropezaría el miembro informante, el oficialista Roberto Urquía, quien es dueño de Aceitera General Deheza (la más grande de capital nacional que actúa sin conflictos con las multinacionales Cargill, Bunge, Dreyfus, ADM)” y agrega

“Pese a ese evidente interés personal, Urquía no sólo no se excusó, sino que con el secretario de Agricultura, Javier De Urquiza, y los interesados, consensuó un texto que limitó el de Diputados y así se sancionó la ley el 26 de diciembre último. Inclusive, según el senador Miguel Pichetto, violando la instrucción recibida del Gobierno de sancionar sin cambios el texto de Diputados”.










Otras acciones del Senador Roberto Urquía:

Urquía ya tiene su propia aduana:


El Senado concretó ayer el sueño de la aduana propia para el peronista cordobés Roberto Urquía: convirtió en ley el proyecto del Poder Ejecutivo que crea una sede aduanera en la ciudad de General Deheza, en Córdoba.


La iniciativa tenía dictamen de Presupuesto y Hacienda desde el año pasado, comisión que preside, por orden explícita de la presidenta Cristina Kirchner, el propio Urquía. El detalle no es menor, ya que el senador por Córdoba es uno de los empresarios más exitosos y mimados por el kirchnerismo, a partir de la propiedad de la Aceitera General Deheza, con sede en esa ciudad.


Para sorpresa de los presentes, que votaron por unanimidad el proyecto, Urquía no estuvo en la sesión, por lo que la iniciativa debió ser defendida por el jefe de la bancada oficialista de la Cámara alta, Miguel Pichetto. Si bien no hubo una explicación oficial, voceros kirchneristas justificaron la ausencia de Urquía en una "cuestión de prolijidad".


Algo de eso ocurrió en diciembre último, cuando, tras asumir la presidencia de la Comisión de Presupuesto y Hacienda, Urquía puso a consideración como primer tema este proyecto, lo que generó malestar entre sus colegas oficialistas. "Asumió y se fue con una aduana bajo el brazo", fue el comentario de uno de los senadores kirchneristas. Ese enojo se tradujo en la postergación del tratamiento. Ayer, casi tres meses después de firmado el dictamen, el oficialismo decidió levantar el castigo y sancionó la ley.







Así que si tiene dudas sobre las retenciones y los exportadores, pregúntele al Senador Urquía....

¿Ud. daría la vida por el Senador Urquía?

¿Ud. saldría a la calle para defender un proyecto que no se entiende bien cuál es?

¿O saldría en contra de un proyecto que tampoco sabemos bien cuál es?

Yo no.





¿Cuál fue la modificación que hizo el Senador Urquía en el texto sobre las retenciones agrícolas?

Según lo que cuenta el Grupo de Reflexión Rural la cosa es así:

Supongamos que el precio de la soja hoy es:
342 dólares (el precio es un índice calculado por la Secretaría de Agricultura)

Y cuando la vendo está a 473.
Como el precio que me fijo (y congeló, incluso sin tener nada) la Secretaría es de 342 dólares, pago las retenciones a:

(supongamos que el índice es 35 %, en ese momento)
119
(es lo que voy a pagarle al Estado por retenciones y se lo saco al agricultor)

El precio cuando voy a vender la soja es de :
473
Al agricultor le digo que pagué con las retenciones :
el 35 % de éste precio (473)= 165

O sea, al agricultor le saco 165 - al Estado le pago 119 = 46
46 que hacen “clink” caja!!!

Todo ésto podría ser evitado, o sea se podría pagar la retención de acuerdo al verdadero precio de venta de la soja, no al precio que fija la Secretaría al momento en que hago la Declaración Jurada de Venta, los diputados presentaron una ley para modificar ésto y que se pague el impuesto de acuerdo al precio de venta.....Cuando la ley llegó a senadores....

El Senador Urquía la modificó para que su exportadora no se vea afectada......

Ése es un senador de la victoria!!!.

La pregunta:

El Senador Urquía, que es del Frente para la Victoria (de la Presidente Cristina Fernández) ¿está con el loockout agropecuario (es el dueño de la Aceitera Deheza) o está con el gobierno (es del Partido de la presidente)?

¿Terrible duda.....El Senador Urquía, irá a la Plaza de Mayo a apoyar a la presidente?


Si quiere saber quien es Roberto Urquía:


Empresario y político

El senador más acaudalado es el cordobés Roberto Urquía, del Frente para la Victoria, con una fortuna personal de 156.202.122 pesos. (el dato es del 3 de setiembre....¿cuánto tendrá ahora?)


Casi la totalidad del patrimonio de Urquía se compone de acciones de la aceitera General Deheza, una empresa familiar dueña de las marcas Natura y So Natural, y de desprendimientos de esa firma, como Chabás, Los Castañares, Los Raulíes y Los Tabaquillos. En total, están valuadas en 153.483.905 pesos.
Aunque su gran crecimiento lo propició el gobernador José Manuel de la Sota, Urquía no es nuevo en política: antes de asumir como senador nacional, había sido concejal de General Deheza, entre 1983 y 1987; tres veces intendente de esa localidad, entre 1987 y 1995; senador provincial, entre 1999 y 2001, y legislador provincial, entre 2001 y 2003.
En su declaración jurada, Urquía detalló que tiene dos casas y un campo, y dejó ver que es fanático de los autos. Tiene seis: un Ford Windstar, un Peugeot 307, un Toyota Corolla, un Chevrolet Meriva, un Chevy del 71 y un Torino del mismo año. Una lancha y una moto completan el casillero de los bienes muebles.
Además, dijo que poseía bonos Boden por 15.332 pesos, depósitos bancarios por 217.482 pesos, dinero en efectivo por 1.271.200 pesos, acreencias por 517.840 y deudas por 483.637. Los principales ingresos de Urquía provienen de su cargo como director de la aceitera General Deheza: cobra 127.000 pesos por año.

Fuente: Diario La Nación



También:

Por Radio Tosco - Tuesday, Sep. 11, 2007 at 3:17 AM
"Hay consuelo, fíjense: Paz y Progreso. Roberto Urquía, actual senador por Córdoba, garantiza el proyecto progre de Cristina. Roberto Time is Maní Urquía empezó como concejal de la Ucedé en General Deheza. Luego pasó al vecinalismo, y en 1999 saltó a Unión por Córdoba.

En 2003, se convirtió en senador nacional. - Es dueño (o casi) de la Aceitera General Deheza, aunque por humildad él no lo menciona en la autobiografía colgada aquí, en su página del Senado.

Sí menciona que preside la Fundación Multiplicar desde 2000. La entidad funciona en un inmueble cedido por la Municipalidad de General Deheza (La Voz del Interior, 07 de junio de 2002) y recibió subsidios de la Provincia en 2006. - Roberto Urquía fue compañero de Cavallo en la UNC.

Quizá por eso, le organizó un asado "nostálgico" con otros compañeros en su estancia, cerca de Santa Eufemia, el 27 de enero de 2002 (La Voz del Interior, 04 Abr 2002, pág. A3).

Seguro había mucho por qué brindar: el corralito había sido un éxito, y la convertibilidad acababa de prestar un gran servicio para el país. - La ciudad de General Deheza se llama así en homenaje a la Aceitera. El fundador de la empresa, Adrián P. Urquía, padre del actual senador, fue intendente de General Deheza durante la dictadura militar. - Aceitera General Deheza, además, tiene la concesión del tren Nuevo Central Argentino desde 1992 (Edad de Oro del Carlo'). La concesión finaliza en 2022 (dos mil veintidós), con opción a 10 años más (hasta 2032).

a Corporación Financiera Internacional, rama del Banco Mundial, participa en la empresa. Urquía resulta, a todo tren, una innovación saludable para cortar la herencia de los nefastos años 90. Hay otra forma. Por eso da gusto aceptar, como mal menor, el "triunfo" de Esquiareti si eso permite darle más poder a Urquía, un hombre del pueblo (¿o es "el pueblo de un hombre"?).

Bienvenidos al tren. "

Fuente: Indimedia


Urquía haciendo campaña...Ud. le cree algo?