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jueves, 4 de noviembre de 2010

Sobre Decrecimiento Económico y Producción de Alimentos

Éste es un artículo del 2007.....Fuente "El País"

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De alguna manera que a mí se me escapa existe un pensamiento dominante que relaciona directamente crecimiento económico (más producción, más consumo) con desarrollo, con prosperidad e incluso (aquí se disparan mis alarmas) como remedio contra las desigualdades. Tanto nos han invadido el pensamiento con la idea de que hay una relación directa entre crecimiento y desarrollo, que incluso algunos autores alternativos enfrascados en estos temas no aceptan ya terminologías sucedáneas, como desarrollo sostenible, desarrollo local, endodesarrollo o desarrollo humano, argumentando que es palabrería para disfrazar al lobo. Son propuestas que pueden nacer de buenos propósitos, asegurar un equilibrio social, respetar y preservar el medio ambiente, etcétera, pero que -dicen- no cuestionan el modelo de crecimiento según acumulación, el crecimiento capitalista.

La fascinación por el cuento del crecimiento económico es tal que Serge Latouche, explica: "consideramos positivo cualquier producción y cualquier gasto incluso cuando la producción es perjudicial... En materia de desarrollo el precio que hay que pagar en el plano social y humano es a menudo enorme". La agricultura que nos alimenta hoy en día es, lamentable, un buen ejemplo de lo que significa priorizar el crecimiento capitalista. Su desarrollo ha sobrepasado en términos globales la satisfacción de las necesidades de la población mundial (aunque el hambre siga afectando a millones de personas) pero sigue imparable, impulsada por la necesidad de generar, no alimentos, sino crecimiento económico. Así, en muchos países del Sur se ha implantado la agricultura de los agronegocios donde sólo importan los volúmenes de producción sin medir las consecuencias: el aumento de las zonas de cultivo a base de deforestación, la desaparición de muchos puestos de trabajo, una agricultura petrodependiente corresponsable del cambio climático, concentración de tierras y rentas, pérdida de biodiversidad y más.

Puede ser difícil de aceptar, pero desde el punto de vista ecológico no hay posibilidad alguna de mantener un planeta con recursos finitos basándonos en modelos de crecimiento ilimitado. No existe tierra cultivable suficiente para mantener una agricultura produccionista que alimente a las personas, alimente a la ganadería intensiva, y que -como nos explican ahora- genere la energía del futuro, los biocombustibles. No podemos aceptar más políticas de crecimiento económico sabiendo que esconde la generación de pobreza y compromete la vida de las generaciones futuras. Entonces, aparece la propuesta y la necesidad de pensar en el decrecimiento: supeditar el mercado a la sociedad, sustituir la competencia por la cooperación, acomodar la economía a la economía de la naturaleza y del sustento, para poder estar en condiciones de retomar el control de nuestras vidas. La ciudadanía del mundo no pierde nada, pierden las corporaciones. El decrecimiento nos llevará a vivir mejor con menos: menos comida basura, menos estrés, menos pleitesía al consumo. Y también aquí el modelo agrícola puede ilustrar bien estas propuestas. Devolver el control de la agricultura a los campesinos, que con la complicidad del resto de la sociedad, aseguren mediante modelos productivos ecológicos (donde los ecosistemas no están al servicio de la economía, sino al revés), consumo de temporada y distribución en mercados locales de alimentos sanos. Apostar por el decrecimiento es encarrilarse en un nuevo rumbo, donde más gente encontrará lugares de vida y trabajo que sin dañar el medio ambiente y sin competir y empobrecer otras regiones, puedan asegurar alimentos de buena calidad y buenos sabores para nosotros, las poblaciones del Sur y las futuras generaciones.

Gustavo Duch Guillot es director de Veterinarios Sin Fronteras.

Fuente "El País"



Serge Latouche-Economista y objetor del crecimiento

Fuente "El País" de España.


Serge Latouche, profesor emérito de Economía de la Universidad de París-Sud (Orsay), es uno de los teóricos del decrecimiento, una propuesta que rechaza el crecer por crecer y la sociedad de consumo. Invitado por el Institut del Territori, Latouche alertó en una charla en Valencia sobre la sobreexplotación del planeta. Urge un cambio, por eso, para Latouche, "la crisis es una buena noticia".

Pregunta. Es un buen momento, estos tiempos de crisis, para las teorías del decrecimiento, ¿no?

Respuesta. Sí y no. Sí, porque la crisis económica se añade al desastre ecológico, lo que nos lleva a un shock terapéutico que exige otro sistema [de producción]. Y no, porque la reacción de todos los Gobiernos y los poderes económicos no es corregir sino reproducir el sistema actual; más industria de automoción y más cemento, lo que es una contradicción. Los Gobiernos los admiten, pero hacen lo contrario para evitar tensiones sociales y siguen impulsando los bancos, el capital...

P. ¿No es utópica su propuesta?

R. Es una revolución y toda revolución implica un cambio de mentalidad. Está mayo de 1968, que no fue violento. La gente salió a la calle a pedir otro modelo de vida. No fue un cambio tan espectacular como la revolución francesa, pero sí trajo transformaciones. El planeta necesita que cambiemos de estilo de vida.

P. ¿Hay alguien que pueda liderar este movimiento?

R. Los cambios no se producirán con las estructuras actuales, que son del XIX. Serán asociaciones, pero no necesariamente un partido político. Yo, al menos, no tengo intención de crearlo.

P. ¿Qué cambios prenderán?

R. La relocalización porque permite desmundializar, cuestiona los mercados financieros y encuentra un sentido diferente a la producción local y ecológica.

P. ¿Una vuelta al campo?

R. Una vuelta al campo, dicho así no. Pero sí creo que habrá una agricultura no productivista. No debe entenderse como un retorno al pasado, habrá que reinventar una agricultura más próxima, menos productiva y que use menos pesticidas y engordes químicos.

P. El paro es el gran drama de esta crisis. ¿Qué haría usted?

R. Los Gobiernos reimpulsan el crecimiento, lo que nos arroja de nuevo contra el muro. Hay soluciones fáciles como aumentar la población agrícola, reducir las horas de trabajo o potenciar el reciclaje. La industria de la automoción podría fabricar tecnología solar en lugar de coches.

P. ¿Cómo vive un objetor del crecimiento?

R. No hay que ser de una sobriedad masoquista. Pero yo, por ejemplo, no cojo el avión, prefiero el tren. Ir por la ciudad en coche es también bastante desagradable. Si cogemos la bicicleta, mejor. No me gusta beber el agua en botellas de plástico. Prefiero las biocooperativas a los grandes almacenes y cosas así.

P. ¿Está el decrecimiento reñido con Internet?

R. Los que han tenido una opción radical de volver al campo, ser autónomos y producir sus propios alimentos, todos tienen ordenador. El decrecimiento no demoniza necesariamente Internet.

Fuente "El País" de España.



Serge Latouche, gran ideólogo del decrecimiento -1

Si quieren verlo en Youtube.


Serge Latouche, gran ideólogo del decrecimiento - 2/2

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