Mostrando las entradas con la etiqueta desconcierto del domingo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta desconcierto del domingo. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de enero de 2011

Miguel Benasayag con Quique Pesoa hablando sobre Islandia

lunes, 13 de diciembre de 2010

Sobre los incidentes en Villa Soldati y la soja en la Argentina...Todo está conectado...

Jorge Rulli hablando sobre los incidentes en Villa Soldati en el programa de radio "El Desconcierto del Domingo"

Si quieren escucharlo sin descargar presionen en play

Si quieren descargarlo como archivo mp3




Si quieren descargar todo el programa "El Desconcierto del Domingo" del 12 de Diciembre.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Sobre el futuro del peón de campo...Dos coincidencias

  1. Presione en play si quiere escuchar el segmento en que Juan Carlos Álvarez Asenjo habla sobre el futuro trabajo de los peones del campo.

    Si quieren descargarlo, archivo mp3.

    Segmento del programa "El Desconcierto del Domingo" del 22 de Noviembre.

    Si quiere descargar el programa de radio del domingo 22 de noviembre en formato mp3:

  2. Segmento del programa "Silencio Cómplice" en donde Andrés Carrasco charla con Silvia Ferreyra, asesora parlamentaria de Cecilia Marchand sobre lo que es el trabajo en el campo argentino. Luego de lo que pasó con Ezequiel Ferreyra.


    Presione en play o

    Si quiere descargar el archivo mp3.

domingo, 21 de noviembre de 2010

El hambre de los yerbatales

Presione en play si quiere escuchalo sin descargar o :

Si quiere descargar el archivo mp3.



Segmento del programa "El Desconcierto del Domingo" del 22 de Noviembre.

Si quiere descargar el programa de radio del domingo 22 de noviembre en formato mp3:






Fuente Pelota de Trapo

Lunes, 08 de Noviembre de 2010 08:55

(APe).- Dice la leyenda que un hombre tan viejo como pobre abrigó en su choza a un peregrino hambriento y entre los dos mordisquearon el único pan, solitario, sobre la mesa. El viajero era Tupá. “Porque tuve hambre y me diste de comer”, le habrá dicho el dios guaraní, que no era Cristo pero compartían dones. Y a cambio le regaló una planta que sería “calmante de la sed, compañía para las horas de soledad y generoso tributo para las visitas”. Era la caá.
Fue yerba mate con el correr de los siglos y a la hora de la ronda, del agua puesta a punto, del chorrito que cae en el lugar preciso, del sabor que tiene alma y vuelo de Tupá, siempre en el fondo subsiste la amargura.
El suplicio de Héctor Rafael Díaz, de dos años y un olvido que le taló la vida hizo asomar apenas a Misiones de aquella postal de tierra roja, feraz y voluptuosa. Y, tímidamente, la irrumpió en la cara oculta de la pobreza extrema y de los niños que mueren por desnutrición en la tierra donde bulle la riqueza. Milagros Benítez murió días después. También estaba inscripta en el programa Hambre Cero del gobierno de Misiones y también murió de hambre heredada, como Héctor. Como casi 250 chicos en el año. Como pueden morir los 48 bebés en estado crítico, apenas números -sin caritas ni costillas marcadas ni pulmones cargados- en las planillas del Estado. Como los 6.000 que están en peligro, según las cifras oficiales que tienen la costumbre de reducir los números cuando se convierten en dedo acusador.
Milagros murió en Montecarlo -nombre con brillos de neón y principados-, ciudad poblada de tareferos. Entonces, de a poco, comienza a comprenderse el hambre descomunal que mata niños en tiempos de macroeconomías florecientes, soja a 1270 pesos la tonelada, 55 millones de toneladas que se cosecharán a las puertas de diciembre, 71 mil millones de pesos que caerán en arcas precisas cuando el último suelo quede vacío y exhausto. De a poco comienza a comprenderse el hambre atroz que mata niños en la provincia que produce el 90 por ciento de la yerba, que después se consume masivamente a un promedio de cien litros y 6,6 kilos por persona.
La tarefa -que es la tarea, en un derivado del portugués- es el trabajo de los tareferos, invisibilizados durante años, décadas, ignorados por los gobiernos, desechados por la UATRE (Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores), gremio que lidera el patrón duhaldista Jerónimo Momo Venegas y puestos a trabajar apenas seis meses al año en cosecha a mano, con sus mujeres y sus niños de cinco o seis años, en negro y con jornales de esclavitud. Los seis meses restantes -de octubre hasta marzo- no hay trabajo; apenas el hambre, la bronca que sube por el pecho y la espera interminable en las carpas a la vera de los yerbatales. Donde suelen vivir, para estar primeros cuando llegue la nueva hora de la cosecha.
Por un rato, apenas, los tareferos se hicieron visibles. Hacía dos años que venían cortando rutas en Misiones. La muerte de Milagros Benítez y el estallido obsceno del hambre misionera en los grandes medios -efímera como efímeros son los pobres en las pantallas- los eyectó hacia el Obelisco, para que Buenos Aires se enterara por qué en el mate que toma cada día persiste ese sabor amargo que no corta ni el azúcar amarga de las zafras tucumanas.
“Todo el país tiene que saber que detrás del mate que toman todos los días estamos nosotros, los tareferos hambreados, enfermos, endeudados”, dijeron. Tuvieron que armar un sindicato por el ninguneo eterno de la UATRE, porque “estos tipos se sientan en la mesa de los patrones”. Así los definieron los hombres de carne oscura, agrietada, de mirada profunda y ajada.
Los tareferos siguen regidos por la Ley 2248 de Régimen de Trabajo Agrario, pensada aviesamente por la dictadura para limitar al máximo sus derechos laborales. La UATRE se niega a su derogación. En Guatambú, Aguí Lascano fue elegido delegado sindical. Es analfabeto. “Cobramos entre 450 y 600 pesos” en tiempos de cosecha. “El resto del año nos cagamos de hambre”. El día en que todos se levantaron de la asamblea y le dijeron que él sería el delegado, los miró incrédulo: “pero si yo no sé ni leer ni escribir”. “Usted será analfabeto pero nunca nos traicionó”, le respondieron.
Cuando el gobernador Maurice Closs puso en marcha el Programa Hambre Cero, le hicieron llegar una carta. “Con hambre no se puede pensar, con hambre no se puede trabajar, antes del medio día, señor Gobernador, en los yerbales el hambre se siente tanto que nos cuesta el doble o el triple juntar el raído. De hambre nos estamos enfermando y muriendo. Ojalá podamos ver ese tiempo del Hambre Cero, peleamos todos los días para que eso pase y para que nuestros hijos y nietos no sigan viviendo y trabajando en las condiciones que lo hacemos hoy nosotros y lo hicieron antes nuestras madres y nuestros padres”. No hubo respuesta. Como jamás tuvieron respuesta de nadie.
Para marzo o abril, los pibes de los tareferos dejan la escuela. En la tarefa, los chicos se ocupan de la quebranza. Para desgajar las plantas en los yerbatales hay que tener fuerza. Muchos no la tienen. No hay resto de proteínas en los músculos en plena formación. No hay nutrientes. No hay energía. Pero hay que quebrar, quebrar, quebrar. Esclavos con la resignación aprendida.
Durante dos años sus padres fueron víctimas de una estafa de sus patrones al Anses. Que derivó en que no les pagaran más las asignaciones familiares. Hasta que un fallo judicial las restableció pero nunca les devolvieron lo robado durante esos dos años. Saben que poco pueden esperar del Estado: los dueños de los yerbatales suelen ser los intendentes, los presidentes de los Concejos Deliberantes. Los gobernadores. Los ex. Si Closs lleva tres años de gobierno y se le mueren los chicos desnutridos sin que haya hecho nada para evitarlo, los dieciséis años que lo preceden inscriben en los pergaminos oficiales dos mandatos de Carlos Rovira. Y otros dos de Ramón Puerta, aliado del duhaldismo y del macrismo e integrante de una de las cinco familias que monopolizan el 70 por ciento de los yerbatales misioneros.
Héctor Rafael Díaz y Milagros Benítez, por esas cosas extrañas que tiene la historia, con su muerte pequeña y desangelada insuflaron de luz la lucha de los tareferos. De sus padres, de sus abuelos, de sus hermanos. Bellos y llenos de vida, irán como estampas viscerales dentro del corazón de los trabajadores, en cada quiebre de cada planta. Y estarán, renqueando su pequeñez morena, en cada cebadura amarga, para que el país amnésico no olvide. No vuelva a olvidar.



Fuentes de datos:
Carta de los tareferos de Montecarlo a la Constituyente Social, Diarios Primera edición - Misiones, Archivos de Crítica de la Argentina, Movimiento Social de Misiones, Iguazú Noticias.



Edición: 1893



lunes, 15 de noviembre de 2010

Claudio Lowy y la recategorización de los agrotóxicos en "El Desconcierto del Domingo"

lunes, 13 de septiembre de 2010

Rosario partida en dos-Pérez Esquivel y Quique Pesoa

Segmento del programa Del programa de radio "El Desconcierto del Domingo" de Quique Pesoa, lectura del texto "Rosario Partida en dos y entrevista a Adolfo Pérez Esquivel.

Si quiere descargar el segmento, archivo mp3.


Página web del programa.

Rosario Partido en dos, Fuente Agencia: "Pelota de Trapo"



(APe).- Pasan en la nariz de las casillas de lata del gran Rosario. Trenes eternos con decenas de vagones que sacan chispas y polvillo cereal al paso por el mismísimo patio de las villas. Van cargados de maíz, de azúcar, de soja y ellos lo saben. Lo saben los pibes que hacen equilibrio en los durmientes en las tardecitas cuando el sol está sentado en el horizonte y deja ciegos los ojos que lo miran.

Cincuenta y dos millones de toneladas de soja se habrán cosechado en la Argentina cuando muera diciembre. En la potente ribera del Paraná, unas decenas de kilómetros al norte y otros tantos al sur de Rosario hay unos quince puertos privados donde decenas de barcos mercantes hacen cola para echarse al mar con el cereal que se desparramará por el mundo. Con el sello de producto primario argentino.

Para adentro, sale en trenes. Vagones y vagones repletos con el cereal que de repente no se desparrama por el mundo sino por la tierra. Y los habitantes de la villa, marginados de la historia y de los booms y de la ciudad premium que el diario Perfil auscultaba en 2008 a partir de la explosión de precio y producción de la soja en la vena rosarina, se lanzan sobre el oro que sale de la tierra. De la tierra que es la propia y que ellos saben –y si no saben intuyen- que a esa tierra le costó la vida y la dejó exangue y que a esa tierra la dejó yerma y le arrasó los montes y le cambió el curso de las aguas y le inundó a ellos la callecita de la villa y los pocos recuerdos que guardan de ayer. Y ahora pasa, lo que salió de esa tierra, con el viento y el rugido vibrándoles en las zapatillas a los pibes que ven fugarse el futuro en un suspiro y no lo saben. Y sí lo saben porque cuando pueden recogen en bolsas lo que se desparrama y creen que se apropian de un pedazo de esa tierra que al fin y al cabo es de ellos y no saben por qué tienen que sobrevivir en ese patio de atrás del país rico y soberano.

Es que Rosario –como el país- es un monstruo de dos mundos. Cortada en dos, la ciudad. Tajeada por el espacio que les toca a los privilegiados y el abismo de los des-terrados. De aquellos a los que les cercenaron la tierra. La tierra, ese sostén de la historia que viene prendida como raíz a los pies del hombre. Los des-terrados no tienen dónde pisar. Se caen cuando caminan. No tienen camino.

El Gran Rosario registra el nivel más alto de pobreza, desocupación y subocupación del país. Son los márgenes de la ciudad que en 2008, según el diario Perfil, consumía lujo y brillo a partir del precio y la producción del cereal de los cereales. Ese que viaja a veces en los trenes que silban en las narices de los pibes que asoman por las casillas de lata.

En los primeros días de setiembre, entre tres y cuatro trenes de carga volcaron sus vagones donde decenas de miles fueron condenados al exilio. A algunos los detuvieron los expulsados que de vez en vez aparecen de la nada en busca de una gota de los mares que les arrebataron. Pobres, desocupados y subocupados llegan al 12,2 por ciento, dicen las estadísticas extraoficiales que disparan a los arrabales rosarinos como los más castigados del país. En esa paradoja feroz que suele ser la Argentina de los progresismos mentirosos y los discursos grandilocuentes: en la vecindad de la opulencia vive la exclusión más profunda. Latente en su nada, latiendo como un corazón furioso. Que, de su nada, a veces aparece. Y sale a buscar lo que le pertenece y se le negó histórica y brutalmente.

Cuando los márgenes estallan y buscan apropiarse de aquello que le enajenaron, la lengua oficial lo llama saqueo. En 1989, en 2001, cuando el hambre apretó hasta doler, los rosarinos olvidados salieron a buscar la comida para sus hijos. Encontraron balas, calabozos y mártires. Encontraron a Pocho Lepratti en el techo de su comedor repleto en un grito para el grafitti eterno. Y encontraron su caída con un agujero en la garganta, que sólo mantuvo en el aire para siempre aquí sólo hay chicos comiendo.

Dice el portal lapoliticaonline.com.ar que “en solo dos días, dos trenes cargados de maíz procesado (fueron) frenados y descargados por más de cien personas radicadas en la periferia de la ciudad, uno de los bolsones de pobreza más grandes y que, paradójicamente se ubica en las cercanías del complejo de casinos y hoteles Citycenter, inaugurado con pompa y lujo por el gobernador Hermes Binner, el pasado año”.

Inmediatamente, hombres, mujeres, chicos, embolsaron y cargaron en carritos kilos y kilos de maíz. Que revendían a un precio entre 7 y 25 pesos por bulto. Policías y otras voces oficiales disculparon a los que se llevaban los puñados para los chanchos y las gallinas pero no a los que se llevaban las bolsas para vender. La alta hipocresía socio-oficial condena la apropiación de una bolsa de maíz que se vende al precio de tres cuartos de garrafa. Pero no la enajenación de la tierra y la historia de centenares de familias enghetadas por la desigualdad. Pero no a los pungas del futuro, a los que talan la vida de los pibes a la vera del tren en el Rosario extendido.
Esta vez fue por accidente, dice La Capital. Cuando el vagón se ladeó y los pibes corrieron a abrir las boquillas por donde manaba el azúcar como de una ubre sorpresiva. Apenas con unas bolsitas se quedó Aurelio, de once años, cuando la locomotora empezó a tirar otra vez, como un Hércules de la pampa húmeda. Chupó los restos blancos que le quedaron entre las uñas y se quedó sentado a la vera. A esperar el destino. Que viene tan lleno siempre. Pero pasa de largo.

Rosario Partido en dos, Fuente Agencia: "Pelota de Trapo"


Sobre la noticia de lo que pasó con los trenes en Rosario:

La Política On Line.

Saquean dos trenes en Rosario, la zona más pobre del país, según últimas mediciones


| 01.09.2010

De acuerdo a estadísticas que aún no se difundieron oficialmente, el área conocida como Gran Rosario registra el nivel más alto de pobreza, desocupación y subocupación del país. En dos días, robaron dos trenes con cereal y se habla de "pobreza histórica".

Rosario, al igual que Córdoba capital, son dos ciudades que cargan en su haber con las tristes memorias del saqueo. Históricamente, en esas metrópolis del centro del país, tuvieron inicio episodios aislados que rápidamente, pasaron a formar parte de una sucesión de estallidos multiplicados a escala nacional. En dos días, dos trenes fueron detenidos y robados en la zona sur rosarina.

“No creo que esto sea el inicio de nada, está más vinculado a una situación de pobreza histórica que se vive en la ciudad”, opinó un periodista local experto en problemática social. Lo cierto es que, más allá de las percepciones, las últimas mediciones que registran los niveles de pobreza en la provincia, no son alentadores.

La Política Online pudo conocer antes de su difusión oficial que la zona conocida como Gran Rosario registra un índice de pobreza, desocupación y subocupación que llega al 12, 2 por ciento y es el promedio más alto de todo el país. Paradójicamente, esa misma área es el sector más productivo y nutrido de recursos en materia económica.

Tal vez, esos porcentajes expliquen que en solo dos días, dos trenes cargados de maíz procesado hayan sido frenados y descargados por más de cien personas radicadas en la periferia de la ciudad, uno de los bolsones de pobreza más grandes y que, paradójicamente se ubica en las cercanías del complejo de casinos y hoteles Citycenter, inaugurado con pompa y lujo por el gobernador Hermes Binner, el pasado año.

Testigos que presenciaron el hecho dijeron que “rápidamente” se armó junto al convoy detenido en las vías un pequeño circuito de compra-venta del cereal. “Llegaban los vecinos con las bolsas y los carros para recoger el maíz; y otros, que se acercaban directamente con coches y hasta pick ups, les ofrecían desde 7 a 25 pesos por cada bulto.
Pero ojo, no todos hacían lo mismo, otros comentaban que el cereal que se llevaban les serviría para alimentar a sus chanchos y gallinas, es gente muy humilde que en esto ve una ocasión de subsistencia”, dijo un vecino que prefirió no identificarse.

No hubo detenidos y “cuando llegamos nosotros lo único que estaba era el cereal desparramado”, amplió el comisario de la comisaría que intervino en ambas ocasiones

La Política On Line.


lunes, 6 de septiembre de 2010

Jorge Rulli y Quiqe Pesoa sobre las alianzas que siguen existiendo entre Clarín y el Gobierno

Segmento de la charla dominical entre Jorge Rulli y Quique Pesoa charlando sobre algunas complicidades existentes entre Clarín y el Gobierno.

Presione en play si quiere escuchar el programa.

Si quieren descargar el archivo mp3.



Si quiere descargar todo el programa de radio: