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lunes, 14 de febrero de 2011

Los 50 años de Clementina


El 15 de Mayo de 1961 se puso en funcionamiento la primera computadora científica en el país. El Departamento de Computación, como principal heredero de tal legado, quiere celebrar el cincuentenario con toda la comunidad. Para ello tenemos previsto desarrollar actividades donde la computación se exprese a través de diversas disciplinas artísticas: letras, danza, artes plásticas, música, cine y teatro; también se dictarán conferencias y se harán mesas redondas con renombrados científicos nacionales e internacionales de la computación. Todo esto nos permitirá honrar a los pioneros y soñadores de entonces , y tomar contacto con los estudiantes e investigadores que hoy en día mantienen vivo aquel ideario.

Para saber más sobre las diferentes actividades por los 50 años de Clementina, concurso de cuentos, línea de tiempo, etc. etc.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Para los que como Perfil dicen que en los Centros de Estudiantes sólo hay vagos...


En esta nota de Perfil comentan que muchos de los que militan en los Centros de Estudiantes no son buenos alumnos. Seguro que no investigaron un poco más, vamos a una nota del diario La Nación para saber quiénes fueron presidentes de Centros de Estudiantes ilustres:

Una mente brillante: la primera química nuclear argentina


Fuente La Nación .

Es un día de abril de 1984. Plena primavera democrática. La científica Sara Rietti y el premio Nobel César Milstein, de visita en la Argentina, lloran desconsoladamente, a escasos metros de la Casa Rosada.

Parados frente a Perú 222, en el corazón de la Manzana de las Luces, lloran frente a lo que quedó de aquella mítica universidad en la que habían estudiado: una meca de la ciencia, productora de dos de los tres premios Nobel que cosechó el país durante el siglo XX -una hazaña sin par en América latina-, devenida ahora en una lucrativa playa de estacionamiento.

"Los militares le tenían un odio feroz a Exactas. Por eso, primero la intervinieron en La Noche de los Bastones Largos y, diez años más tarde, la terminaron de liquidar con una topadora y, junto con ella, derribaron la universidad de excelencia de los años sesenta, la de los años de oro, que había colocado a la investigación científica en el primer plano internacional", apunta Sara Rietti, la primera química nuclear recibida en la Argentina, con su última materia rendida en la Comisión Nacional de Energía Atómica, en 1953.

Gran protagonista de la historia científica del siglo XX, esta mujer de pelo blanquísimo y ojos muy azules, bella aún en sus casi ochenta años, vivió rodeada -y muchos dicen que, por su condición de mujer, "opacada"- por los genios de su tiempo: el propio Milstein; el matemático Manuel Sadovsky, que introdujo en el país la computación (Sara fue su jefa de gabinete durante su gestión como secretario de Ciencia y Tecnología, en el gobierno de Raúl Alfonsín); el meteorólogo Rolando García, que desarrolló junto con Piaget la epistemología genética, ya en el exilio, después de La Noche de los Bastones Largos. Su maestro, Oscar Varsavsky, un científico social preocupado por conectar la investigación con el desarrollo de las necesidades reales de cada sociedad. O su colega, el célebre Gregorio Klimovsky, filósofo y matemático, fallecido el año pasado.

Sobre la mesa de su living, al lado de la PC, tiene una fotografía en blanco y negro, de su época dorada. Está tomada en los años cincuenta. Se la ve joven, rodeada de tubos de ensayo, en el Departamento de Fisicoquímica de su amada Facultad de Ciencias, en Perú 222.

"Era un momento de gran creación; aquí estoy trabajando con propelentes para misiles, los boranos -señala-, que tienen que ver con la propulsión de alta energía. Son componentes que no pueden recibir ni aire, ni humedad, por eso se trabajan en líneas de vacío. Hay que mantenerlos fríos todo el tiempo. Se usan en la industria aeroespacial."

-¿Y por qué esa saña de los militares contra Exactas?

-Porque creían que allí había un nido de subversivos o algo semejante. Y lo que en realidad había era un grupo de científicos brillantes, que no eran meros bichos de laboratorio, sino que estaban preocupados por conectar la ciencia y la técnología con un modelo de desarrollo de país. Prueba de ello es que muchos, como César (Milstein), emigraron al primer mundo y terminaron haciendo allí las contribuciones, que habían comenzado acá, en la época de oro.

Da un ejemplo de lo que quiere decir con época de oro: "Un premio Nobel puede ser una casualidad para un país; dos, también, pero ya tres, y en la misma rama, la biociencia, habla de una línea de continuidad. En 1947, Bernardo Houssay fue el primer premio Nobel de Medicina, no sólo de la Argentina, sino de América latina. Houssay había fundado el Instituto de Fisiología en la UBA, que se fue convirtiendo en un semillero de excelencia mundial en investigación. Es, en ese contexto, desde donde surgen los otros dos máximos galardones mundiales, Leloir y Milstein

* * *

Empezó a estudiar Química en 1949, una década en la que no era nada común que las chicas fueran a la universidad, mucho menos a estudiar ciencias "duras". Sara era, además, muy linda, lo que la convertía en un combo rarísimo: brillante y bella era una categoría femenina que no entraba en el imaginario popular. "Recordemos que hasta no hace tanto tiempo las mujeres bonitas no eran consideradas seres humanos completos", bromea.

Lejos de lo que podría suponerse, en Química sí había chicas; casi un diez por ciento. Lo explica: "Muchas seguían la carrera para poner un laboratorio de análisis clínicos en sus propias casas cuando se recibieran; ése era un trabajo más o menos aceptable para una mujer". Compartían el patio universitario con Ingeniería; ése sí, un territorio totalmente blindado para ellas.

Así que, cada vez que la bella Sara se asomaba al patio, arrancaba un zumbido de murmullos y piropos que iban in crescendo , hasta que, abrumada por tanta testosterona revuelta, decidía volver al aula y a sus asexuados boranos.

Fue entonces cuando conoció a Milstein, que entonces era íntimo amigo de Víctor Rietti, quien años más tarde se convertiría en su marido. Milstein era presidente del centro de estudiantes de Química, a fines de los cuarenta. Sus compañeros le decían, cariñosamente, el "pulpito", en contraposición con el "pulpo", el presidente de Ingeniería, que solía lucrar con actividades non sanctas. En cambio, el "pulpito" había armado una cooperativa para que los químicos, que se la pasaban rompiendo tubos de ensayo en el laboratorio, pudieran reponer los materiales a un bajo costo.

-Sarita, ¿vos por qué no te encargás de la revista del Centro? Necesitamos tener contacto con otras universidades del mundo-, la invitó un día.

Fue así como, un poco gracias a Milstein y otro poco al destino, Sara comenzó su entrenamiento en un expertise que le serviría muchísimo treinta años más tarde, cuando le tocó dirigir, junto con Manuel Sadovsky, la Secretaría de Ciencia y Tecnología, durante el gobierno de Alfonsín. "Estábamos aislados, después de la dictadura; había que reconstruir un mundo amistoso, y la cooperación científica y cultural era muy importante para encontrar otros puntos de contacto", recuerda Sara.

Milstein, que llevaba años en Cambridge cuando asumió Alfonsín, era, a fines de 1983, un premio Nobel cantado. Y Sara no dudó en pedirle su apoyo para fortalecer la democracia. Milstein tampoco dudó, y a partir de entonces, regresó al país una vez por año, todos los abriles. Fue en aquellos tiempos iniciáticos cuando lloraron juntos, frente al despojo de la Manzana de las Luces.

* * *

A fines de julio de 1966, el gobierno militar de Onganía había decretado la intervención de las universidades, y la represión policial contra estudiantes y profesores, que resistían la medida, una tensión que derivó en La Noche de los Bastones Largos. Sara protagonizó esa jornada histórica, en vivo y en directo. Junto con unas 200 personas, estaba en la sala del consejo directivo de Exactas, junto con Rolando García, el mítico decano, y el vice, Sadovsky, cuando entraron los policías. García, quien hoy es una celebridad científica de fama mundial, salió a recibirlos:

"¿Cómo se atreve a cometer este atropello? Todavía soy el decano de esta casa de estudios", increpó al uniformado que encabezaba el operativo.

Un corpulento custodio rompió filas y le golpeó la cabeza con su bastón. Con sangre sobre la cara, el decano se levantó, y repitió sus palabras. El corpulento repitió el bastonazo.

Aquella noche negra, en la que hubo 400 detenidos, Sara y Víctor se la pasaron sacando a colegas de las comisarías. "Claro que, al lado del 76, el 66, fue un chiste, ¿verdad?". Como tantos otros investigadores brillantes, García también se fue al exilio. Y hoy, a los 91 años, aún vive en México habiendo ganado parte de su fama con sus estudios pioneros sobre el cambio climático, además de sus brillantes trabajos junto con Piaget.

Sabiendo qué tipo de materia gris teníamos, había algo que no podíamos permitirnos, recuerda Sara: el desparramo de todo ese patrimonio científico que se había formado en nuestra universidad. "Decidimos, entonces, con nuestro grupo científico, armar migraciones ordenadas, para que aquellos cerebros brillantes quedaran, al menos, en América latina".

Pero Sara no se fue; se quedó en la Argentina, entre otras cosas porque había tenido tres hijos con Rietti, el amigo de Milstein, con quien se casó en 1952, cuando aún le faltaba un año para recibirse. Y una década después, ya con sus tres chiquitos sobre la falda, se doctoró.

-Supongo que, si ahora cuesta, hace cuarenta años debía ser toda una proeza ser una científica de alto nivel, y además mamá de tres hijos. ¿Cómo se arreglaba?

-Y?con Víctor éramos solidarios. Mirá, mi rutina era así: los chicos iban a la escuela a la tarde; a la mañana, yo los llevaba a la plaza y después me iba a la Facultad y a la noche, ya no tenía horario para volver. Tenía turnos nocturnos y hacía docencia. Y te digo algo: Rietti es mucho mejor cocinero que yo.

Víctor Rietti tiene hoy 83 años. Ambos viven en un piso luminoso sobre la avenida Las Heras, decorado como si allí viviera una pareja de profesionales cuarentones y cancheros. ¿Será así la vejez de los genios? "A este loco se le ocurrió hacer teatro, ahora? ¿vos podés creer?", se queja, en broma, Sara, mientras su marido improvisa su nuevo arte, en un cuarto contiguo.

-¿Y con los boranos cómo hacía los fines de semana? Digo, como me contó que siempre tenían que estar fríos?

Ibamos con Víctor al laboratorio; cambiábamos el aire líquido y la nieve carbónica. También venían los chicos, que corrían entre los tubos.

¿Y qué la llevaba a hacer todas esas cosas, el amor por la ciencia?Sara dice que, en tantos años de vida, aprendió que hay algo que nos salva siempre. Y ese "algo" es la esperanza. "Nada podemos cambiar sin ella. ¿Cómo podemos cambiar las cosas si vemos todo negro, o pensamos que no hay salida? Por eso, creeme: la esperanza es revolucionaria".

Salgo de la casa de Sara, mientras me voy desprendiendo, de a poco, de sus ojos intensos. Pienso en el antídoto de la esperanza. Y le creo.

EL PERSONAJE

SARA RIETTI
Química nuclear

Quién es: fue pionera en las ciencias "duras" y la primera química nuclear de la Argentina. Heredera del pensamiento de Oscar Varsavsky, su maestro y un reconocido científico social promotor de una ciencia independizada de los condicionamientos económicos, y conectada con un modelo propio de desarrollo de país. Formó parte del grupo más destacado de científicos argentinos del siglo XX, y, con la recuperación democrática, se ocupó de repatriar "cerebros brillantes". Hoy es asesora del Rectorado de la UBA.


Fuente Diario La Nación.



viernes, 16 de abril de 2010

Ciencia sin barreras-Noticias de Exactas


transcribo el articulo que apareció en la revista "Cable Semanal", nº 741 de esta semana (13 de abril de 2010), con una reseña sobre la reunión inauguratoria del "Repositorio ..." de "Exactas".
Ya había pasado algunos comentarios míos, pero esperé el artículo que está muy bien sintetizado.
Te sorprenderá descubrir los numerosos puntos de contacto de los científicos con nuestro sueños de libertad de conocimiento y lo fenicio de las editoriales científicas. Se presentan estas casas editoriales como si fueran la Madre Teresa pero son dulces y amorosas como Margareth Tatcher.

UN ABRAZO
Julio A

Ciencia sin barreras-Noticias de Exactas

Para Kornblihtt el avance de la iniciativa de acceso abierto ha logrado presionar de manera efectiva sobre las editoriales provocando, en muchos casos, que las revistas por suscripción se comprometan a dar el status de acceso abierto a los artículos transcurrido un año a partir de su publicación. “De todas maneras esto sigue siendo demasiado restrictivo”, se quejó.


Desde hace más de un siglo la difusión, circulación y el acceso a la producción científica se encuentran enfrascados en una situación paradójica.

Los investigadores envían los resultados de sus trabajos para que sean publicados por revistas especializadas, las cuales no abonan nada por esos papers. Tampoco les significa erogación alguna la tarea de evaluación de pares que realizan otros científicos. Sin embargo, las universidades
y demás institutos que sustentan esas investigaciones, a través de salarios, subsidios, infraestructura y demás, se ven obligados a pagar suscripciones a esas mismas editoriales para acceder al conocimiento que ellos financian.

Este escenario se agravó en los últimos años a causa de un fuerte proceso de concentración del mercado editorial que provocó un importante incremento en el valor de las suscripciones. A esto se suma el hecho de que la mayoría de las instituciones para conocer en detalle su propia producción científica terminan recurriendo a bases de datos que también cobran un canon para ser utilizadas (ver Cable № 738).
Frente a este panorama preocupante, la comunidad académica internacional respondió con la creación del movimiento de Archivos Abiertos, cuya primera declaración se produjo en 2002, que propone el acceso libre, inmediato e irrestricto a todo material digital, educativo y académico, principalmente artículos de investigación científica de revistas especializadas. Para eso impulsa el desarrollo de repositorios institucionales y revistas que no tengan costo alguno para los lectores.

En esa línea ya se puso en funcionamiento la Biblioteca Digital de la Facultad, el primer paso de Exactas que avanza hacia los postulados de la iniciativa Archivos Abiertos (ver recuadro).

Durante el acto de inauguración la coordinadora ejecutiva de la Biblioteca Virtual de CLACSO (Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales), Dominique Babini, el químico y fundador del INQUIMAE, Roberto Fernández Prini y el biólogo molecular Alberto Kornblihtt expusieron sus puntos de vista sobre esta temática.

Siempre paga alguien

El primero en tomar la palabra fue Alberto Kornblihtt, quien señaló que en el mundo de la biomedicina la publicación es muy profusa y de gran inmediatez, lo que obliga a estar muy actualizado porque los trabajos van siendo superados semana a semana. Y explicó que en ese ámbito la iniciativa de Archivos Abiertos se concentra en un grupo de revistas llamadas PLoS (Public Library of Science), que tuvieron un impacto tan fuerte que obligaron a otras editoriales a modificar sus procedimientos de publicación.

Sin embargo, Kornblihtt aseguró que, de una u otro manera, siempre alguien debe pagar el costo y que en el caso de estas revistas, éste se trasladó del lector al investigador.

“Si hablamos de PLoS para que un trabajo tenga acceso abierto los autores tienen que pagar 2.300 dólares. Es cierto que si un autor no dispone de fondos ellos igual lo publican, pero son excepciones”, aclara.

De acuerdo con el biólogo molecular, una segunda opción está dada por la firma de acuerdos entre editoriales e instituciones que financian la investigación. En este caso es la institución la que paga para garantizar que todos los científicos que accedieron a un subsidio puedan publicar
en un repositorio de acceso libre. Tal es el caso de los National Institutes of Health (NIH), de Estados Unidos, y el repositorio PubMed.

“Ahí es la institución la que paga el libre acceso y no el autor”, describe. La tercera alternativa es un programa establecido por la OMS, que se llama HINARI, y facilita el acceso a extensas colecciones de revistas biomédicas a institutos de salud de 109 países pobres. Para naciones con un PBI per cápita inferior a los 1250 dólares las consultas son libres. Si el indicador se ubica entre los 1250 y los 3500 dólares se establece un valor muy bajo para el acceso.

Para Kornblihtt, el avance de la iniciativa de acceso abierto ha logrado presionar de manera efectiva sobre las editoriales provocando modificaciones en sus políticas comerciales. Así, en muchos casos las revistas por suscripción se comprometen a dar el status de acceso abierto
a los artículos transcurrido el primer año de su publicación. “De todas maneras, en nuestra área, esto sigue siendo demasiado restrictivo”, se queja.

Finalmente, Kornblihtt sostuvo que la posibilidad de conectarse al mundo a través de Internet y de acceder a las publicaciones científicas a través de la web ha sido un factor fundamental en la mejora del nivel de la investigación argentina en la última década. “Esto ha transformando nuestra conexión con el mundo y esa conexión hace que, a veces, si uno no tiene acceso abierto al trabajo que quiere consultar, le manda un mail al autor y el autor le manda el PDF. Cosa que está prohibida pero que es absolutamente legal”, cerró con cierta picardía.

“Cartoon papers”

A su turno, Fernández Prini luego de manifestar su total acuerdo con el movimiento de Acceso Libre, destacó una paradoja actual. “Estamos en un momento en que todos los países y todas las personas se llenan la boca diciendo que es la era del conocimiento, que el conocimiento constituye
una gran riqueza y que su desarrollo resulta clave para construir un futuro mejor.

Diana Martínez
( 5 )
A consultar
La Biblioteca Digital ya se encuentra on
line (http://digital.bl.fcen.uba.ar
) y, por
el momento, se pueden consultar cuatro
colecciones:
  • Tesis doctorales: incluye 35 trabajos aprobados por la Facultad.

  • Actas y memorias: reúne las actas del Consejo Directivo del período 1957/61 y las memorias de los años 1950 a 1952, 1960 a 1963, 1979 a 1980 y 1983.

  • Publicaciones: abarca 257 números de el Cable Semanal, entre 1989 y 1999; once números de la revista Exactamente, del 2002 al 2009; y nueve ediciones de La Ménsula, la publicación del Programa de Historia de la Facultad.

  • Fotografías: 136 imágenes relacionadas con la historia de la institución que incluyen acontecimientos, personajes y espacios edilicios.
Gabriel Rocca

En relación con la forma en la que el acceso abierto está avanzando en el mundo desarrollado, Prini sostuvo que a los investigadores de nuestro país, con los montos habituales que reciben como subsidios de la UBA o del Conicet, les resulta muy difícil abonar novecientos o dos mil dólares para costear el acceso abierto. “El problema, a mi juicio, no está resuelto en absoluto todavía”.

Sin embargo, al mismo tiempo, el propio conocimiento se transformó en un bien escaso y caro. Efecto, entre otras cosas, de la concentración del mercado editorial”.

En el ámbito de la química, según relató Fernández Prini, las revistas entregan a los autores unos cincuenta PDF para que reparta de manera gratuita. “Ciertamente esto dista de ser un acceso irrestricto”.

En relación con la forma en la que el acceso abierto está avanzando en el mundo desarrollado, el científico destacó que a los investigadores de nuestro país, con los montos habituales que reciben como subsidios de la UBA o del Conicet, les resulta muy difícil abonar novecientos, dos mil o tres mil dólares para costear el acceso abierto. “El problema, a mi juicio, no está resuelto en absoluto todavía”.

Posteriormente, Prini manifestó su desagrado por el hecho de que, dadas las características actuales del negocio editorial, el mercadeo determina en buena medida la publicación de un trabajo.

“Nosotros los llamamos peyorativamente cartoon papers. Tienen hermosos dibujitos realizados en computadoras pero no siempre la ciencia que hay detrás de ellos es la mejor”. Y agregó, “como referí de muchas revistas de mi área me encuentro muchas veces con que si alguien quiere reproducir o enterarse, en detalle, del experimento no tiene manera de hacerlo porque las citas están confundidas”.

Por último Prini destacó que en el proyecto PLoS se lleve a cabo una evaluación por pares de los trabajos que se publican. “Una cosa terrible es que los papers que se entregan en los repositorios no tengan una valoración porque la cantidad de trabajos es tan grande que uno queda inundado. De allí que el hecho de que haya algún tipo de calificación
resulta muy importante”.

Volver a casa

Dominique Babini comenzó la última intervención proponiendo como título para su exposición “volver a casa”, que en este contexto significa que la producción científica de la universidad se encuentre en la universidad. “Los movimientos de acceso libre tenemos que hacer lo mismo que el mercado que se apropió del conocimiento. Tenemos que apropiarnos de la propia producción y presionar para lograr que se mantenga en la institución”.

Con más de una década de experiencia en el desarrollo del repositorio digital de CLACSO, Babini explicó que actualmente cuentan con 22 mil textos pertenecientes a los 260 centros que integran el Consejo. El sitio recibe alrededor de siete millones y medio de bajadas por año y el 95 por ciento de esas visitas llegan a través de Google y Yahoo.

En cuanto a las acciones más eficaces para que esos textos llegaran al repositorio, Babini las resumió de la siguiente manera: “promocionar, promocionar y promocionar”. Habló de la necesidad de contactarse con doctorandos, de difundir cada mes los nuevos trabajos que se suben a la biblioteca. “Todos sabemos que somos envidiosos y copiones. Si otro sube sus textos y tiene muchas bajadas, nosotros queremos que pase lo mismo con nuestra propia publicación”, bromeó.

Para Babini dado el enorme cúmulo de trabajos digitales que se producen anualmente existe sólo una manera de que este tipo de emprendimientos sea sustentable: que el propio autor sea el que archive sus trabajos. “Cuando empezamos hace doce años habían muy pocos textos digitales, ahora no hay nada que no sea digital. Ninguna biblioteca va a tener jamás el presupuesto
para procesar toda la producción. Entonces la única posibilidad es el autoarchivo.

Además necesitamos mandatos institucionales que exijan el autoarchivo de la producción y recursos para darle soporte técnico”.
En referencia al tema legal, la investigadora pronosticó próximos cambios en los derechos de autor en la legislación de Estados Unidos. “El año pasado el Instituto Nacional de Salud aprobó que toda investigación pública financiada con fondos públicos del NIH, puede tener un embargo máximo de un año. Cumplido ese plazo tiene que ser depositado en un repositorio de acceso abierto. Con esa iniciativa como antecedente, demócratas y republicanos están presentando una petición para que todo trabajo financiado por alguna las once agencias principales de investigación del país deba estar en acceso abierto con un embargo máximo de un año. Eso está en debate. Obama lo apoya y es probable que se apruebe en 2010”.

En América Latina, por el momento, el único país que tiene un proyecto de ley es Brasil. Fue presentado en 2007 y se encuentra en debate. En Argentina a partir del año pasado el Ministerio de Ciencia abrió una instancia de coordinación entre todos los repositorios institucionales del país. “Lo que falta es financiamiento. Las universidades tienen que tener fondos para generar el sistema de autoarchivo y para permitir la interoperabilidad entre los distintos repositorios digitales”, concluyó Babini.







martes, 3 de marzo de 2009

Sergio Morero-Ariel Eidelman-Guido Lichtman-La Noche de los Bastones Largos 30 años después

viernes, 25 de abril de 2008

¿Qué dice la ciencia argentina sobre el problema de la soja?


SOJIZACIÓN EN LA ARGENTINA

por María Belén Almejún
ganadora de la beca "In Libris Carpe Rosam" en Ciencias Biológicas -Año 2003-,
donada por Paulo D. Barroso Mastronardi


Un poco de historia

En 1996, Felipe Solá, el Secretario de Agricultura en ese entonces, autoriza la siembra en nuestro país de la primera semilla de soja RR, un transgénico inventado por los científicos de la empresa Monsanto (la empresa norteamericana que desarrolló el 2-4-5-T, el famoso Agente Naranja, durante la guerra de Vietnam, un poderoso arboricida). El término RR significa resistente a Round-up, que es la marca comercial de herbicida glifosato, también inventado por Monsanto.

Al mismo tiempo se imponía en nuestro país la siembra directa que, a diferencia de la labranza convencional, en lugar de dar vuelta toda la tierra sólo remueve un surco donde se deposita la semilla y el fertilizante. El sistema de siembra directa deja al suelo cubierto del rastrojo del cultivo previo, impidiendo la erosión por el viento o el agua.

El proceso de sojización en la Argentina se dió rápidamente gracias a la combinación de la soja RR, la siembra directa y el herbicida glifosato. Debido a que el costo de todo el cultivo era de alrededor de un 30% menos, ya que se usa sólo el herbicida glifosato (que elimina todo menos la soja RR) en lugar de varios herbicidas selectivos para cada maleza; y además se usa una sola máquina (la de siembra directa) teniedo un costo menor en combustible.


¿Qué sucede en la actualidad?

Hoy en día, la gran cantidad de tierra que se utiliza para plantar soja llevó al desmonte de áreas de recreo, forestales, frutales y se ha llegado a un punto tal que las empresas sojeras expulsan a los pueblos originarios y a los campesinos que laboran y viven en sus tierras desde hace varias generaciones (hecho de amplio conocimiento por su difusión a través de los medios de comunicación).

La gran diversidad de producción agrícola en nuestro país está cambiando hacia el monocultivo de soja transgénica. Pero eso no es lo peor, antes los chacareros eran libres no sólo de plantar la más variada cantidad de alimentos, sino que eran dueños de la semilla para sembrar de un año a otro, es decir el campesino guardaba una parte de la simiente para sembrar en la temporada siguiente. Esto hoy ya no sucede, porque la semilla es ahora propiedad de la empresa que la produjo, que la tiene patentada. De esta forma, temporada tras temporada, los campesinos se ven obligados a comprarla.

El INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) durante décadas desarrolló variedades agrícolas para el cultivo en la Argentina, pero en 1991 entregó su colección de germoplasma a los semilleros multinacionales, apropiándose éstos de los secretos de la producción nacional. Desde entonces, el control y la exportación de granos quedó en manos de las compañías cerealeras (como Monsanto) por destruirse la Junta Nacional de Granos; además, un organismo nacional como el INTA quedó al servicio de estas compañías.

Todo esto privó a los agricultores de las semillas de germoplasma nacional realizadas para las condiciones de cultivo en las diferentes regiones del país. Así llegamos al momento actual donde han desaparecido variedades de lentejas, arvejas, maíz, trigo, lino, girasol, batata, etc., que habían sido desarrolladas por el INTA y sembradas durante décadas en el país.

Pero previo a la instalación de este modelo productivo, hubo captación de intelectuales y de científicos, subordinando los ejes de investigación a los intereses de las trasnacionales.

La sojización en nuestro país ha reducido el número de cabezas de ganado vacuno de 65 millones a 48,6 millones y el lanar de 60 millones de cabezas en 1970 a 12,5 millones ahora. Nos encontramos ante una situación en la cual exportamos proteínas baratas de origen vegetal para que otros países produzcan carne barata.

Lo peor del cultivo de la soja RR, es la acción de su monocultivo continuado, ya que afecta la estructura y fertilidad del suelo, sumado al sistema de cultivo que se utiliza.

Como la soja RR crece bajo pulverizaciones de glifosato, se la cultiva por el método de siembra directa, es decir, sobre los rastrojos del cultivo anterior, previa aplicación de herbicida. Posteriormente se aplica glifosato y los plaguicidas necesarios mediante fumigaciones aéreas o con equipos especiales.

Cuando comenzó este sistema de cultivo, sus defensores destacaron el menor uso de agroquímicos, el no laboreo del suelo y de costo que implicaba como grandes beneficios.1

Si bien la siembra directa desacelera la degradación del suelo, resolviendo el problema de la erosión, es funcional a la penetración de empresas como Monsanto, ya que son necesarios de herbicidas para el control de las malezas tanto antes como después de la siembra.

Hoy en día, luego de muchos años, la sojización en nuestro país ha producido una desertificación biológica de los suelos. La no roturación del suelo terminó generando acumulación de residuos orgánicos que no pueden ser mineralizados. Además destruye la biodiversidad del ecosistema por modificar la microflora y microfauna del suelo, ya que el uso de herbicida de forma continua elimina las bacterias del suelo, modificando la mineralización de la materia orgánica haciendo que el suelo sea infértil. La macrofauna también se ve afectada por la contaminación del suelo.

Por otro lado, el uso continuado de herbicidas sobre el suelo produce también la aparición de malezas resistentes al mismo (por los mecanismos biológicos de selección y mutación), esto obliga a aumentar las dosis del herbicida o a usar otros más fuertes en su mayoría cancerígenos, que terminarán contaminando el suelo y las napas de agua.

Las pulverizaciones de estos productos herbicidas (la mayoría restringidos en sus países de origen) destruyeron montes frutales y forestales, cinturones verdes que rodeaban ciudades y pueblos, produciendo emigración de pequeños productores a las villas de emergencia de las ciudades y una mayor concentración de la tierra. En Ituzaingó, ciudad de Córdoba, se han encontrado restos de agrotóxicos en los análisis del agua de las viviendas y hay afecciones alérgicas y pulmonares en niños, los días que hay fumigación aérea de los mismos.

¿Qué hacemos ante estos problemas?

La respuesta de los organismos de ciencia y técnica a esta preocupante situación es escasa. La comunidad científica parece sorda a las necesidades de nuestro país y nuestro pueblo. Los pocos que salen a denunciar el grave impacto ambiental que trae aparejado el monocultivo de soja son callados o no son escuchados.

Pero estaría mal decir que la biotecnología no sirve, porque ese no es el problema, está claro que los organismos transgénicos permiten obtener una mayor y mejor producción. El problema reside en que los adelantos científicos en organismos transgénicos no se encuentran al servicio del pueblo, sino de las empresas multinacionales que explotan el suelo haciendo oídos sordos a los estudios de impacto ambiental y arrasando con lo que se les tope por el camino.

Hoy, más que nunca, hace falta en nuestro país, la independencia de los organismos de ciencia y técnica de los intereses de las multinacionales, y que estos organismos tengan una influencia real en las políticas que el gobierno se da hacia las empresas que practican el cultivo de soja en la Argentina.

Fuentes utilizadas

  • INDEC - Censo Agrario Nacional 2001
  • Adolfo Boy - Implicancias del uso de 2-4-D, glifosato y otros herbicidas
  • Adolfo Boy - Mitos y Verdades sobre la soja
  • www.inta.gov.ar
  • www.documentalistas.org.ar
  • www.kolgados.com.ar
  • www.ecoportal.net
  • www.alternativaverde.org
  • www.biotech.bioetica.com.ar
  • www.monsanto.es

1 "…Los expertos aseguran que las innovaciones de la biotecnología van a triplicar el rendimiento de las cosechas sin requerir tierras de cultivo adicionales, salvando así los bosques naturales y el hábitat de los animales. Otras innovaciones pueden reducir o eliminar la dependencia en agroquímicos que pueden contribuir a la degradación del medio ambiente -otras preservarán el suelo y los recursos hídricos…" Monsanto

Tomado de la Academia Nacional de Ciecnias Exactas y Naturales.