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lunes, 20 de junio de 2011

Sobre las cámaras que filman en la ciudad y el negocio de Mauricio Macri

Programa de TV Bajada de Línea del 19 de Junio.





Primera Parte











 
 
Sobre las cámaras de seguridad y la privacidad, programa "Bajada de Línea" del 19 de Junio.
Segunda parte

Tercera Parte.
Tercera Parte.
 
Si quiere ver los dos primeros bloques (que tienen que ver con otros temas) los encuentra en:
Primer Bloque.
Segundo Bloque

La cosa no se limita a la Ciudad de Buenos Aires, también está Scioli con sus cámaras en la Provincia de Buenos Aires, Massa en Tigre y otros más.... sociólogo Gabriel Kessler señala que la medida parte de un estigma que recae sobre los sectores pobres y los considera peligrosos. 

Áudio de FM La Tribu sobre las cámaras de video en la provincia de Buenos Aires.



"la Ley 2602, aprobada por la Legislatura en diciembre de 2007 y promulgada por Macri en enero del 2008, establece los límites y alcances del uso de videocámaras en la Ciudad. La norma, pionera en el país, “prohíbe la cesión o copia de las imágenes” salvo para ser entregadas para investigaciones judiciales. Sin embargo y para mi sorpresa, el día 3 del corriente se publica la resolución 314 del Boletín Oficial Nº 3677 firmada por el titular del área de Seguridad y Justicia de la ciudad, Guillermo Montenegro, tal como informó Página/12. La resolución establece en su anexo 1 un convenio con los canales de televisión para proporcionar imágenes en vivo provenientes del centro de monitoreo. El convenio a firmar entre el ministro y los canales de televisión permitiría la entrega de imágenes cuyo uso exclusivo de acuerdo con la Ley 2602 debe estar en manos de la autoridad de aplicación, el Ministerio de Seguridad y Justicia, o, cuando así correspondiera, de la autoridad policial o judicial. En el caso de que este convenio se llegue a concretar no cabe duda de que estamos ante un hecho administrativo ilegal, cuya figura podría devenir en una denuncia contra el ministro por incumplimiento de los deberes de funcionario público."

Por Pablo Failde
Sigue en el debate sobre las cámaras en la Ciudad de Buenos Aires y su cesión a canales de TV, Página 12.


Vida privada y espacio público

Por Damián Loreti *
"Desde hace pocos días salimos a la calle sin saber que las imágenes que cámaras que la Ciudad dispuso instalar por ley “a fin de proporcionar información necesaria para adoptar eventuales medidas de gobierno relacionadas con la utilización del espacio público” (sic. Art. 3 ley 2602 del diciembre de 2007) van a ser cedidas a “medios de difusión audiovisual” (así los llama la resolución 314/11) por la sola voluntad del Ministerio de Justicia y Seguridad, violentando no sólo la razón de ser de su instalación, sino los derechos que quienes transitamos por las calles porteñas."

"
Los considerandos de la resolución dicen que la información obtenida es “información pública”. Nada más lejano a esto en el derecho vigente y en el derecho comparado.
No hay modo de presumir los deseos de las personas que caminamos por la calle y nuestra capacidad de decidir en ceder nuestras imágenes a los medios de comunicación. La única excepción que la ley de propiedad intelectual establece para que se pueda poner nuestro retrato “en el comercio” es que se tomen en hechos o acontecimientos de interés público o que se hubieran desarrollado en público. Es obvio que ir caminando por la calle no es un evento o un acontecimiento contemplado por la ley. Si la cuestión no fuera tan grotesca cabría ir aconsejando a cada uno de nuestros amigos tener cuidado con quién habla o a quién mira por la calle, o cómo se rasca o se sopla la nariz.
Pero como no se trata de inventar el agua tibia, también diremos que alguna vez estas cosas se trataron en sede judicial, incluso por la Corte Europea de Derechos Humanos, que le dio la razón a un señor llamado Geoffrey Peck, en un caso contra Gran Bretaña, porque se difundió su imagen –captada por cámaras de seguridad instaladas en la ciudad en que vivía a través de un medio de comunicación– mientras caminaba con un cuchillo de cocina e intentaba suicidarse. La CEDH dijo que aun cuando estuviera en la calle no estaba allí con el propósito de participar en ningún evento público y que no era una figura pública, así como que hay una serie de elementos relevantes que permiten considerar que la vida privada de una persona importa cuestiones realizadas fuera de la casa de cada uno.
En suma, el Gran Hermano nos vigila. Y enfatizamos que no por razones de seguridad, sino hacer lugar a “solicitudes formuladas por medios de difusión audiovisual” (textual de la resolución). ¿No será mucho?"




Sigue en el debate sobre las cámaras en la Ciudad de Buenos Aires y su cesión a canales de TV, Página 12.




 
 
El video inglés que muestran en el programa.


martes, 2 de marzo de 2010

¿Sonría?-Por Marcelo Rubens Paiva


Fuente: Blog "Pequeñas Neurosis Contemporáneas"

Hoy en día, es difícil pasar desapercibido. George Orwell, mucho antes de la revolución tecnológica, profetizó. Somos todos protagonistas de un show transmitido en vivo.

Cámaras en los ascensores intimidan. Reprimen ambiciones infantiles de escribir boberías en el teclado, de dar un beso ardiente de despedida o calentamiento, apretar todos los botones, chequear la ropa, hacerle morisquetas al espejo, piropear a la vecina, festejar el ascenso, resoplar de alivio después de un almuerzo familiar conflictivo.

Ahí están las cámaras por los corredores y garages de nuestro edificio. Se regista que se rayó un auto. Un toque sin querer en el paragolpes del auto del vicepresidente del consorcio genera una convocación a una reunión extraordinaria con pruebas.

En las porterías, ahora nos fotografían, roban un pedacito de nuestra alma, como creen los Ianomâmis. ¿Debo mirar a la cámara? ¿Estoy bien? Pero el viento de la calle me despeinó…

No existe un rincón del subte en que no se es filmado. Y encima nos piden sonreir.

En las calles, veredas, cruces, sendas peatonales, supermercados, farmacias, escuelas, somos vigilados por lentes secretas, o no tanto, arrogantes, contra quienes nada podemos.

Y del otro lado, en los monitores, un mortal analiza nuestros gestos sospechosos, nos sigue perguntándose si ahí está el pequeño criminal, o el gran terrorista, que por fin lo encontrará in fraganti cometiendo delitos, lo que justificará su salario y todo el aparato invertido.

¿Quiénes, para ellos, levantan sospechas? Se dan cuenta si estamos vestidos apropiadamente, si los sapatos están lustrados, ¿nos teñimos el pelo y nos dejamos crecer la barba? ¿Nos reconocen de otras filmaciones? ¿“Engordó en las vacaiones, no?”

¿Bótox, implante capilar, siliconas, dietas milagrosas son percibidas? ¿ Descubren se dejamos de fumar, de beber, se bajamos el colesterol, si nos enamoramos?

¿Sentem nostalgias? En la soledad de las salitas oscuras, ¿nos consideran amigos o enemigos? O somos apenas el estorbo que los obliga a quedarse horas delante de una pantalla en blanco y negro? ¿Alguién ya se enamoró por su blanco? ¿Y después pasó algo, como en la película uruguaya Gigante?






HORACIO CAMANDULE DE LA PELÍCULA GIGANTE

¿Existen cámaras filmándonos? ¿Otro mortal nos vigila? Que es filmado por otras cámaras, en un ciclo sin fin; mandala digital.

En el trabajo, descubren cuando estamos vagando, chateando en los sites de relacionamiento, bajando música, sacudiendo a la máquina de café o fotocopiando el DNI y la Cédula para otra fines.

Muchas cortes supremas autorizaron el filtro sobre nuestros emails. Alguien los lee, en un absurda violacion del secreto de la correspondencia. Y descubre a quien “en la firma” le gusta quien, quien traiciona al marido, tomó demasiado en el happy hour del día anterior, no soporta al jefe, al trabajo, a la empresa, a la corporación, al sistema, al mundo, a la vida.

Del otro lado de las conexiones, saben lo que leemos. Y de nuestras operaciones financieras, compras absurdas, reservas de viajes, adonde pasamos las vacaciones, con quien, por cuanto tiempo, y si nos excedemos en la barra del bar de la piscina del resort.

Cualquier detective particular consigue interferir telefónos y oir las confidencias mas indecentes. Algunos celulares hasta indican adonde estamos. Incluso desde el espacio, satélites nos siguen, como se fuésemos mártires de una organización fundamentalista en una guerra santa en busca de las prometidas mil vírgenes.

Verá que lo somos, y pronto, pronto comenzaremos una jihad por la vuelta de nuestra privacidad.

Fuente: Blog "Pequeñas Neurosis Contemporáneas"

Marcelo Rubens Paiva