"¿Nunca tuvo la sensación de que lo estaban mirando? Bueno, puede que sí, que lo estén mirando si tiene una de las cincuenta mil cámaras repartidas por el mundo que, por un error técnico, permiten ver qué hacen personas comunes y corrientes de manera pública. No se trata de una nueva versión de Sliver, invasión a la intimidad, aquella película que protagonizaba Sharon Stone y William Baldwin a comienzos de los ’90, en la que el personaje central cableaba el edificio con cámaras de video y grababa lo que hacían sus vecinos. Ni es tampoco una pieza literaria inspirada en 1984, de George Orwell, que ejercía un efecto normalizador en una sociedad de control. Se trata de cámaras de seguridad hogareñas, de esas que se compran para instalar en un maxikiosco, en la entrada de una casa o en su sistema de alarma interior, en el palier de un edificio, en el hall de una institución académica o incluso para cuidar a los bebés desde la distancia mientras duermen plácidamente en la pieza de al lado. A diferencia de los sistemas cerrados antiguos, estas cámaras están conectadas a Internet y, por lo tanto, tienen una “dirección” y se pueden “visitar”.
Sigue en Página 12
"En el programa Gran Hermano, que sale por Telefe, los participantes firman un contrato para ser filmados incesantemente: entregan la imagen de su cuerpo al mundo. A cambio, el espectáculo les asegura fama pasajera, algún contrato para conducir un programa, convertirse en modelo y terminar en el olvido. ¿Pero qué contrato firmaron los usuarios de Trendnet para dejarse ver? ¿Y las cientos de miles de cámaras repartidas por el mundo que están en los teléfonos celulares, en las computadoras, en los ascensores, en las entradas de los edificios? ¿Quién asegura que funcionen bien? Nadie, no se trata de eso. Mire el lector a su entorno y piense con cuántas cámaras convive diariamente y todas conectadas. Cuántos artefactos que de a poco se van sumando: la televisión, el auto, la heladera. Haga un paneo por su escritorio. Por algo las últimas netbooks vienen con protectores físicos para la mirilla de la webcam. ¿No se preguntó por qué? ¿O acaso confía en la luz roja o azul o verde que se prende al lado del lente? “¡Y a mí qué me importa!”, dirá. Es cierto, en Facebook se puede saber mucho más, pero Mark Zuckerberg todavía no ofrece transmisión pública (no den ideas).
Facebook ganó. La experiencia de la interconexión ofrece posibilidades ilimitadas. Hace un tiempo pasó por Buenos Aires Josh Harris, considerado el “Andy Warhol de la web” por haber sido el primero en proponer el fin de la privacidad y llevarlo a la práctica en Nueva York a fines de los ’90. Según muestra el documental We Live in Public (Vivimos en público) que rescata su historia, un centenar de personas se encerraron en un sótano de Nueva York a filmarse día y noche sin parar, comiendo, bailando, haciendo el amor. La cosa terminó en desmadre, los organizadores y participantes fueron detenidos. Pero Harris no se amilanó, se fue a vivir con su novia y puso cámaras por toda su casa hasta que se terminó separando en vivo y en directo. Harris es el hombre olvidado más famoso de la prehistoria de Internet. Era Facebook antes de Facebook, MySpace antes de MySpace, era el affaire Trendnet, pero sabiendo lo que hacía."
Al documental lo encuentran en subtitulado en castellano enTeledocumentales si usan Firefox y Download Helper lo pueden descargar. Está en dos partes así que para descargarlo entero tienen que esperar a que la primera parte se cargue o llevar la flecha hasta el final de la primera parte y ahí podrán descargar la segunda parte. Dura 90 minutos.
El Gran Hermano te Está Mirando!
Silver-Invasión a la Intimidad ...Pero está doblada!!!
Acá está sin doblar!
En poco tiempo, quienes quieran viajar en los medios públicos de transporte
deberán inexorablemente comprar su tarjeta SUBE. Para ello deberán concurrirán munidos de su DNI a cualquiera de las sucursales
de Oca, Andreani o Correo Argentino, donde llenarán un formulario en el que
volcaran los siguientes datos de filiación:
Apellido, Nombres, Tipo y Número de DNI, Teléfono, Domicilio con Calle y Número,
El SUBE otorgará graciosamente solo una tarjeta por titular. Un chip de control
ciudadano, ni más ni menos. Para mayor intranquilidad de los habitantes de Buenos Aires, el SUBE integra la
Dirección Nacional de Protección de Datos Personales, que a través del Ministerio de Justicia depende del Poder Ejecutivo Nacional.
La tarjeta SUBE contiene en su interior un chip que permite registrar una inmensa cantidad de datos, casi de la capacidad de un pequeño Pen Drive de 1 gigabyte.
TODOS los usuarios de SUBE, dejarán en la gigantesca base de datos que rápidamente se formara, un montón de información privada y que quedará al franco alcance de los funcionarios del gobierno para lo que ellos estimen sea conveniente políticamente.
La traza indeleble de sus movimientos quedará claramente registrada cada vez que utilicen un medio público de transporte, con nombre y apellido, dirección y una total identificación personal.
Se entiende claro que todos aquellos usuarios de SUBE dejarán la traza de sus rutinas diarias en manos de gente que no conocen, y que utilizará esa información para fines de control, como hacían los comisarios políticos en la época stalinista, solo que ahora totalmente modernizados, con costo casi cero y con total impunidad.
Tomado de Legnalenja
Una idea posible para desmontar esta terrible base de datos que se armará desde el Estado Nacional es la de fomentar :
Ferias de intercambio de tarjetas SUBE
La idea:
Que un grupo de personas se encuentre en algún lugar, puede ser público, con sus tarjetas SUBE.
Que las tarjetas estén vacías para que no haya que verificar si tiene o no tienen créditos.
Hacer un "pozo" común con las tarjetas de todos los que están.
Ir sacando de a una aleatoriamente las tarjetas.
Dentro de un tiempo que las personas se reúnan de nuevo y repitan la operación.
Así no será posible trazar un panorama de nuestros viajes habituales, con días, horas, líneas de colectivo, etc. etc..
Es una idea que puede perfeccionarse!!
La dejamos para que otros la perfeccionen. El objetivo es que no se haya un archivo de todos nuestros movimientos, es demasiada la información que les estaremos brindando!
Fuente Página 12.
El alemán Malte Spitz le pidió a Deutsche Telekom que le diera todos los datos que guardaban sobre su persona. Con ellos se hizo un impactante mapa interactivo donde se observan seis meses de la vida de Spitz.
Por Mariano Blejman
¿Quién tiene más información sobre la gente: los Estados nacionales o las compañías telefónicas? El militante del Partido Verde alemán Malte Spitz no se quedó con la duda: le pidió a la Justicia alemana que obligara a su compañía telefónica Deutsche Telekom a entregarle toda la información que tenían sobre Spitz. Luego de varios meses, la Justicia alemana aceptó la demanda y la empresa se vio en la obligación de entregarle una base de datos con todo lo que esta empresa había “retenido” sobre su vida. El resultado, sumado a la vida de Spitz en el mundo virtual, es un mapa perfecto de seis meses de vida del militante ecologista. Perfecto, sí. Desde el 31 de agosto de 2009 hasta el 28 de febrero de 2010, Deutsche Telekom registró y grabó su latitud y longitud más de 35 mil veces.
El primer registro comenzó en un viaje en tren hacia Erlangen hasta la última noche en su casa en Berlín. En el medio, como contó el Zeit Online, “el perfil digital permite saber cuándo Spitz cruza la calle, cuánto toma un tren, cuándo está en un avión, dónde estuvo en las ciudades que visitó, cuándo trabajó, cuándo durmió, cuándo mandó un mensaje de texto, a qué cervecerías fue”. La vida completa. Es evidente que las empresas tienen, entonces, más datos que los gobiernos sobre las personas. “La sensación que tuve cuando vi toda la información que tenían sobre mí fue aterradora”, dice a Página/12 Malte Spitz que estará en Buenos Aires en junio.
Pero mucho más aterrador es cuando se observa en el mapa creado por Lorenz Matzat, el editor del Open Data Blog del Zeit On Line, bajo el título “Tell-all telephone” (Un teléfono que cuenta todo). Un click en una aplicación que funciona sobre un trabajado mapa de Google permite ver paso a paso no sólo dónde estuvo Spitz cada segundo durante esos seis meses, sino también dónde estaba cuando escribió cada tweet, cada mensaje en redes sociales, cuántos mensajes de textos mandó, cuántas llamadas hizo, cuántas recibió y cuánto tiempo estuvo en Internet, entre otras cosas.
“Es importante para mí, para ver cómo funciona el sistema. Era un poco escéptico sobre la cantidad de datos que se guardaban. Pero los datos son sorprendentes. En Alemania tenemos 100 millones de teléfonos en una población 80 millones de personas. Las compañías telefónicas deberían pensar que guardar tanta información sobre los usuarios también puede ser un problema para ellas”, dice Spitz. “La gente no va a creerles”, dice.
El registro del movimiento de los teléfonos móviles es parte del funcionamiento normal de una red celular. Cada siete segundos aproximadamente, el teléfono celular determina cuál es la torre más cercana para conectarse y registra el ingreso y la salida de una llamada. El asunto es ¿por qué las compañías telefónicas guardan esa información?, ¿quién tiene acceso a esos datos?, ¿qué riesgo implica para los usuarios que una empresa tenga toda esta información? “Una compañía como T-Mobile tiene 30 millones de usuarios. Guardan cada registro de cada usuario y nadie sabe qué hacen con esa información, que queda en el mundo privado”, dice Spitz. En Estados Unidos, la Electronic Frontier Foundation intentó varias veces acceder a la información que guardan las operadoras, pero los “carriers” declinaron en dar esa información.
El asunto es que los Estados parecieran haber delegado el resguardo de la información privada en empresas privadas: bancos, compañías de vuelo, sistemas de tarjetas de crédito... “en todas estas empresas se deja tanta información guardada como sea posible guardar sin medirse las consecuencias”, dice Spitz. “Las compañías no tienen ninguna razón para guardar este tipo de información”, asegura Spitz. El mapa interactivo desarrollado por el Zeit On line junto con la información entregada por el militante es “prácticamente perfecto”, según el propio Spitz. Para darles un sentido a los datos entregados por Deutsche Telekom se cruzó esa información con la vida pública de Spitz. Lo “mejor” es que la telefónica no necesita instalar ningún tipo de cookie o sistema de tracking para saber qué hace un usuario. El sistema lo hace para poder funcionar.
El impacto que tuvo el caso en la prensa estadounidense, además, tiene que ver con el mapa que puso en su sitio el Zeit On line, de-sarrollado por el editor Lorenz Matzat y programado por Michael Kreil. La aplicación le da sentido a la idea de un trabajo de periodismo digital con muchos volúmenes de datos: “Convertir una noción abstracta de algo que todo el mundo conoce en algo visible. Cada posición tuya, cada conexión de tu teléfono está siendo registrada. Cada llamada, cada mensaje de texto, cada conexión de datos”, cuenta el editor Matzat en OnlineJournalismblog.com, donde cuenta paso a paso cómo se desarrolló la aplicación que tardó dos semanas en programar y ser puesta a disposición del público.
Según Spitz, “la Corte alemana dijo que guardar estos datos es inconstitucional. Pero en estos momentos hay un debate político en Alemania entre conservadores y socialdemócratas sobre los casos de retención de datos”. Mientras tanto, Spitz decidió realizar un viaje por América latina “porque hay fuerzas que quieren ir en la dirección de cortar las libertades individuales”. El militante político y social viene trabajando también los últimos años en incentivar la idea de “abrir los gobiernos” (open governments, en inglés) para mejorar la transparencia democrática digitalizando y haciendo públicos todos los actos de gobierno. Una forma, digamos, de devolverles el favor.
La idea es hacer una casa tipo "Gran Hermano" en donde se denuncia el estado de vigilancia permanente que sienten los ciuadanos alemanes. En inglés:
"...setting up model living rooms inside transparent containers in public squares to protest against what they see as an increasingly Orwellian police state. Support could come from younger voters, who have grown up with the internet, and who feel that established political parties are out of touch with their concerns."
"Al margen de si la maniobra de Amazon está amparada, o no, por sus condiciones del servicio, para David Pogue, en The New York Times, la acción de Amazon es tan grave e inaudita como si empleados de una librería entraran de noche en nuestra casa, se llevaran dos libros de las estanterías y nos dejaran un cheque en la cocina."
Además de éso la nota agrega:
"Amazon ya lo ha hecho otras veces
TOMÀS DELCLÓS
No es la primera vez que un cliente de Amazon ve desaparecer una obra de su Kindle por una acción de la librería digital. Ha sucedido, según cuentan en los foros distintos internautas, con novelas de Ayn Rand y con copias de Harry Potter. Un cliente cuenta que Amazon le debe una explicación por haber borrado, "con nocturnidad y sin pedir premiso", cuatro obras de Rand de su Kindle.
Javier de la Cueva, experto en derecho informático, considera que jurídicamente la conducta de Amazon no es atacable en función de las leyes vigentes y de las condiciones del servicio de la propia librería digital. "Amazon estaría obligada a hacer lo que ha hecho. Lo ocurrido no es algo muy distinto a cuando se vende un producto con vicios ocultos. El vendedor debe retirar el producto y devolver el dinero a los compradores". Estaríamos, comenta, ante la figura jurídica de la eviccción. Y si hubiera sucedido en España, el argumento sería el mismo. Otra cosa, matiza de la Cueva, es analizar lo ocurrido desde el punto de vista de la filosofía del Derecho. La arquitectura de Kindle demuestra que permite a Amazon controlar lo que leen sus clientes y ello supone un atentado a la privacidad. Una merma de la privacidad del ciudadano que, sin embargo, éste ha autorizado. En la contratación mercantil hay frecuentemente una cesión de parte de nuestra privacidad.
El abogado Oscar Morales, del bufete Uría&Menéndez y profesor de derecho penal de la UOC, ha comentado a este diario que la medida tomada por Amazon responde a la Digital Millennium Copyright Act. "Una ultracautelosa interpretación de la misma", afirma. En Estados Unidos, la normativa que protege contra la vulneración de derechos de propiedad intelectual no es únicamente resarcitiva sino que tiene un componente punitivo que puede comportar una sanción multimillonaria.
Sin conocer los detalles del caso, Morales considera que cuando Amazon tiene la constancia de que está ofreciendo en su web una obra de la que el vendedor, en este caso un tercero, carece de los derechos, debe "hacer inaccesible la obra desde cualquier servidor de Amazon". Esta maniobra implica que desaparezca de los catálogos personales de los compradores y de su Kindle. En España, es más difícil que se reproduzca una situación idéntica. Según Morales, el prestador del servicio esperaría la existencia de una orden judicial -la ley habla de forma imprecisa de "la autoridad competente"- para retirar la obra porque si borrara la obra legalmente comprada, el cliente podría pensar que se le está impidiendo hacer lo que la ley no le prohíbe."
Hay un comentario en la nota del diario que me llamó la atención:
"EL libro electrónico es lo mismo que un MP3, no tiene nada que ver con lo que ha pasado, es el sistema de comercialización a lo "Itunes" donde cedes todos tus derechos, el problema es el servicio no el producto. Noticias así solo demuestran las ventajas de la piratería. Mi copia de 1984 no me lo quitará nadie, creo que lo he comprado en papel por lo menos dos o tres veces en losa últimos 30 años, ahora lo tengo pirata y es la única copia que sé que seguiré teniendo mucho tiempo. Mientras que siguen así no compraré un kindle jamas."
Es increíble que maltraten tanto al usuario, a la persona que compra un artículo...
Algo que no dice la nota es que mirándolo desde el Sur uno no puede dejar de pensar en los años de la dictadura cuando tener un libro determinado en la biblioteca podía significar tener que dar explicaciones o pasarlo mal o muy mal.
Ahora gracias a Amazon el trabajo de los censores y el de los posibles "servicios" es mucho más fácil ellos puede:
Borrar un libro sospechoso de todos los lugares , no hace falta más censurar físicamente, apretando un botón ya está.
Al mismo tiempo saben quiénes son los que tienen esos libros, quienes compraron esos libros y de esa manera podrían ponernos en alguna lista negra en definitiva nada de éso ocurre cuando uno obtiene un archivo pirata.
Si así defienden al copyright...Lo único que hacen es dar argumentos a los piratas
Pero ningún partido tradicional se meterá con ésto, a los senadores argentinos les interesa aprobar el Canon Digital.. Comentario de Julio A:
Lo que me llama la atención es que a alguien le hayan birlado justamente una novela de Ayn Rand ... sencillamente me parecería contradictorio. Me cuesta creerlo. Si hubiese vivido Ayn Rand, hasta estos años, luego de celebrar con júbilo el "Fin de la Historia", y el Triunfo del Capitalismo más Egoísta, hubiese escrito el panegírico más abyecto alabando a Bill Gates, a Soros, y en especial a Bezos y los fundadores de Amazon, así como perseguiría hasta el último aliento al que quiera leer un libro de ella, sin pagar su derecho en moneda contante y sonante. Puede ser que no haya muerto y ya vieja, más que centenaria, o tal vez su fantasma que está migrando en Amazon, les borra los libros a quienes sospecha que no pagaron todo lo que debían por su "reading-right". Porque como vemos, no es un "copy.right", porque no se es dueño de la "copia": no la puedo vender, no la puedo prestar, no la puedo regalar ... ya no es ni un objeto ni una mercancía.
No es un libro: es un simple "derecho de lectura".
Tal vez la versión 2010 del Kindle venga con un aromatizador a papel quemado, así te anuncia cuando te hayan eliminado un libro de tu "biblioteca".
Todo esto me hace acordar a otra novela de Bradbury. ¿como se llamaba?¿Farenheit? ¿Fahrenheit? No me acuerdo de la fórmula de conversión a grados celsius. Y me pueden haber quemado la hoja donde lo tenía anotado.¿220 menos 32, dividido ...? no me acuerdo.