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jueves, 7 de octubre de 2010

Todos los que matan a Matías

Fuente Página 12.

Por Andrea Homene *

A Matías Berardi lo asesinaron, el martes de la semana pasada, según dicen hasta el momento los investigadores, los miembros de una familia que lo habían secuestrado para pedir 500 pesos de rescate: atrocidad injustificable que merece la más enérgica condena. Pero no fueron sólo ellos quienes terminaron con la vida de este chico de 16 años. A Matías lo asesinaron los vecinos, que lo vieron correr desesperado pidiendo ayuda pero, como era perseguido por otras personas que gritaban que les había robado (luego se sabría que eran sus secuestradores), no intervinieron para asistirlo.

También lo asesinaron los periodistas que instalan en el imaginario del público la idea de que los jóvenes son los responsables de todos los problemas de inseguridad. El remisero que no dudó en huir cuando vio al joven acercarse a su automóvil con intenciones de abordarlo también lo asesinó.

Lo mataron además quienes vieron cómo Matías era finalmente interceptado por un automóvil, subido a golpes, y no hicieron nada para evitarlo. También lo mató la policía, que alertada “porque un menor intentó asaltar a un remisero y luego fue subido a un auto”, hizo un breve recorrido por el barrio y se retiró. A Matías lo mató la clase media, que construye bunkers rodeados por doble alambrado electrificado para subrayar las diferencias entre un adentro habitado por los buenos ciudadanos y un afuera infectado de “malvivientes”.

Matías murió por ser un adolescente. Cargó, por un instante breve y fatal de su vida, con el estigma que cargan miles de adolescentes como él, que continuamente son agredidos, despreciados, maltratados, humillados, por los buenos ciudadanos que pagan sus impuestos y que reclaman airadamente bajar la edad de imputabilidad, endurecer las condenas (como si ser un adolescente de clase baja sin futuro ni ilusiones no fuera condena suficiente), que no salgan nunca más de la cárcel.

Existe otro Matías. Lo conozco. Está cumpliendo una probation. No vive en un barrio privado, no juega rugby, no asiste a un colegio bilingüe. Es morocho. Todos los días sale a vender productos de limpieza por la calle. Y casi todos los días la policía lo para, lo obliga a ponerse contra la pared, le hace abrir las piernas, someterse a la requisa, abrir su mochila, dejar caer su mercadería, soportar que se la pateen y juntar lo que queda de ella sin decir una sola palabra, porque, al menor atisbo de protesta por el atropello, pueden llevarlo a la comisaría por “resistencia a la autoridad”. Cualquier conflicto le haría perder la probation y podría derivar en su detención. El sabe que no puede reaccionar ante el funcionario policial; no puede defender su derecho a querer darle un curso diferente a su vida, a ganar honestamente el sustento de su familia. Debe callar y juntar del piso su mercadería pisoteada.

Los que creyeron que el otro Matías era un ladrón consideraron justo que fuera perseguido por sus presuntas víctimas y empujado al interior de un auto. A nadie se le ocurrió que, aun cuando hubiera cometido un delito, debía ser protegido de la persecución justiciera. Es más, si hubiera sido un ladrón, y sus víctimas, como ha sucedido, hubieran hecho “justicia” por mano propia, el discurso social ante la muerte del chico hubiera sido muy diferente. Los homicidas hubieran sido considerados casi como héroes. Difícilmente se hubiera establecido su responsabilidad y en el caso de que fueran identificados, un buen abogado habría logrado probar el “estado de emoción violenta” y así la inimputabilidad.

El otro Matías trata de sobrevivir en un medio que le es hostil y, cuando le pregunto qué necesita, contesta: “Una vida nueva”. Con este Matías, intentamos aún reparar todo el daño que se le ha hecho; que pueda algún día ilusionarse, desear, imaginar una vida en la que pueda andar libremente por la calle, trabajar, ir a bailar, sin tener que agachar la cabeza cuando la mirada del otro le dirige desprecio y burla.

* Psicoanalista. Perito psicóloga en una defensoría oficial del conurbano bonaerense.


Fuente Página 12.



sábado, 2 de octubre de 2010

Los buenos vecinos....

Fuente Perfil:

Por Guillermo Piro | 02.10.2010 | 01:45

Pocas horas antes de ser asesinado, Matías Berardi logró escapar del lugar donde lo tenían cautivo y emprendió una alocada carrera semidesnudo por las calles pidiendo ayuda, pero los vecinos se atemorizaron y optaron por cerrarle las puertas. Esa actitud temerosa en momentos en que podrían haberle salvado la vida fue rápidamente aprovechada por los secuestradores, quienes convencieron a los vecinos haciéndoles creer que Matías era en realidad un ladrón que había intentado robar un auto en el barrio. Con el argumento de que estaban persiguiéndolo para entregarlo a la policía, lograron reducirlo e introducirlo por la fuerza en un auto y llevárselo con rumbo desconocido.

Al parecer, Matías Berardi en fuga intentó subirse a un remise y el conductor, asustado por la sorpresiva irrupción, se negó a llevarlo. De acuerdo con el relato de los propios vecinos de Benavídez, esa circunstancia se dio a unas tres horas del momento en que, según se supone, Matías fue asesinado y su cuerpo abandonado en un descampado de la localidad de Campana. “Yo vi cuando él (por Matías) saltó de la reja. Les preguntaba a los vecinos dónde estaba y les decía que estaba secuestrado”, reveló un testigo en declaraciones a la prensa. “Los dueños de la casa (en alusión a vecinos de una vivienda de Benavídez) nos dijeron que les habían robado y nosotros les creímos”, agregó.

Como historia, es una de las más tristes que oí en los últimos días. El chico secuestrado consigue huir y pide ayuda, pero nadie le cree. No es que la actitud de los vecinos me sorprenda, todo lo contrario, me resulta de lo más natural. De hecho, vivo en un edificio de departamentos en Palermo donde sus habitantes, si bien no tuvieron ocasión de poner a prueba semejante falta de credulidad, poder de deducción y sentido de la justicia (porque aun en el caso de que hubiera sido atrapado robando un auto, lo mejor hubiese sido llamar a la policía, no entregárselo a los perseguidores para que lo lincharan), suelen hacer cosas que entran en la misma tipología de aquel que pudiendo elegir entre lo correcto y lo incorrecto siempre opta por la segunda opción.

Cada vez que un legislador habla de “los vecinos”, de una decisión de “los vecinos”, de un reclamo de “los vecinos”, desconfío. “Los vecinos” suelen preferir la caza de brujas a cualquier otra caza, la limpieza étnica y el saneamiento urbano basado en el ejercicio de la mano dura, en el mejor de los casos.

Los vecinos suelen ser gente inculta y quejumbrosa, y creo que por su aumento incesante se han convertido en una carga insoportable para la sociedad, a la que, sin embargo, contribuyen puntualmente con el pago de los impuestos, porque eso les garantiza el empleo de un argumento infalible: pagan sus impuestos, y eso los habilita y los confirma como buenos vecinos, que deben ser oídos y cuyas necesidades deben ser satisfechas prestamente.

Debemos enseñarles a nuestros hijos que no deben cruzar la calle sin mirar ni aunque los persiga un perro rabioso. Y también que deben tener cuidado de los vecinos y mantenerse alejados de ellos hasta cuando los persigan sus captores.

Fuente Perfil



Uf, deberíamos poder meditar PENSAR, DUDAR antes de tomar alguna decisión....Está bien si los medios machacan y machacan con la inseguridad y el miedo....




Un comentario que dejaron en Perfil:

Tenemos los ¨vecinos¨ que supimos conseguir, despues de una dictadura terrible, 10 años de destruccion del tejido social de menem, y una posterior decadencia y hundimiento del sistema economico y politico del pais. Luego, se vino el discurso de la ¨inseguridad¨, palabra mal aplicada por el periodismo y los sectores interesados, en reemplazo de ¨delito¨, para mantener a los ¨vecinos¨ en estado de panic-attac. Y entonces, los que en los años 50, 60 e inluso en los terribles 70 eran realmente VECINOS, se han transformado en ¨vecinos¨.