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miércoles, 11 de mayo de 2011

Farmacéuticas, medicamentos y patentes-Por Carlos Castillo-La Manzana Mecánica

Carlos Castillo



Si quieren verlo en Youtube.

Más monopolios es menos salud. Las patentes sobre medicamentos están haciendo que la industria farmacéutica, en vez de desarrollar los medicamentos que necesitamos, gaste sumas millonarias en marketing, litigios, y lobbies.
Video basado en el episodio 8 de la 2a temporada del Podcast: Cultura Libre. Guión, narración y montaje por Carlos Castillo.

lunes, 21 de febrero de 2011

Brasil: Ley de patentes hace gastar al país 74 millones de dólares más con 4 medicamentos


Fuente "O Estado de São Paulo"

Lígia Formenti y Felipe Recondo - O Estado de S.Paulo

En un período de 19 meses, Brasil gastó u$s 74 millones más en la compra de la versión patentada de apenas cuatro medicamentos distribuídos en el sistema público de salud. El valor se refiere al dinero que el gobierno economizaria si comprase las mismas drogas en países donde ellas son vendidas en la versión genérica.

Eso no es posible por causa de un mecanismo llamado pipeline - que reconoció la patente concedida en otros países antes de que la ley brasieña sobre el tema entrara en vigor, en 1996. En la práctica, impide a Brasil quebrar la patente de esos medicamentos o comprarlos a precios más bajos en el exterior, en su versión genérica.

El fin del pipeline se tornó la bandera de un movimiento iniciado hace dos meses por organizaciones no gobernamentales (ONGs) de Brasil y de otros 26 países para intentar que el juicio sea más rápido en el Supremo Tribunal Federal (STF, la Corte Suprema de Brasil) de una acción directa de inconstitucionalidad (Adin) sobre patentes de drogas.

La Adin, propuesta en mayo de 2009, pide a revocación del pipeline. Si la acción fuese considerada procedente por el STF, las patentes concedidas automaticamente a por lo menos 440 remedios en Brasil pasan a ser consideradas inválidas - el pasaporte necesario para dar inicio a la versión genérica de esas drogas.

"Estamos hablando de mucho dinero que podria ser economizado y también de más personas con acceso a tratamiento", afirma Gabriela Chaves, farmaceutica de la ONG Médicos Sin Fronteras.

Los cuatro medicamentos citados en el inicio del reportaje sirven de ejemplo. El costo de u$s 74 millones a más gastados por el gobierno, entre mayo de 2009 y diciembre de 2010, fue estimado por el Grupo de Trabajo sobre Propiedad Intelectual a pedido de "O Estado". Los medicamentos son: olanzapina, usado para el tratamiento de ezquizofrenia; imatinib, indicado para el tratamiento de un tipo de cáncer; atorvastatina, recetado para reducir las tazas de colesterol; y lopinavir/ritonavir, un remedio contra el SIDA. El onlazapina perdió la patente en abril de 2010. Por eso, en el cálculo hecho, fueron considerados los gastos somente hasta ese período.

La ley de patentes, de 1996, preveia que, hasta 1997, las empresas interesadas podrian presentar sus pedidos de patente por medio del proceso pipeline. "Corremos contra el reloj. Parte de las patentes ya expiró. En tesis, las últimas deben terminar hasta 2017", afirmó la abogada del grupo Conectas, Marcela Cristina Fogaça Vieira. "La versión genérica de un medicamento puede tener un impacto en las cuentas extremadamente significativo."La diferencia puede ser notada con la onlazapina. En 2010, Brasil pagó por una de las presentaciones 142,83 veces más caro de lo que habría desembolsado con la adquisición de una versión genérica del producto.

Isonomia. La acción directa de inconstitucionalidad fue propuesta por el entonces procurador general de la República, Antonio Fernando Barros e Silva de Souza, después de una representación de la Federación Nacional de los Farmacéuticos. Entre los argumentos está el de que el pipeline hiere el princípio de isonomia: patentes aprobadas por ese sistema no tuvieron que ser analizadas como los demás medicamentos. El pedido era automaticamente aceptado: bastaba que se comprobase la existencia de la patente en otros países en el período anterior a 1997. Además de eso, la tesis es de que, como Brasil no reconocia hasta 1996 patentes para medicamentos, cualquier producto hasta aquella fecha deberia ser considerado como de conocimiento público. "El pipeline ocurrió por opción del Legislativo. Nada obligaba al País a adoptar esa medida", dice Gabriela.

Después de propuesta la acción, varias instituciones pidieron para participar del juicio, incluyendo la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa, la ANMAT brasileña). Apenas recibió el proceso en el STF, la ministra Carmem Lúcia decidió que no analizaría el pedido de liminar y adoptó un proceso abrebiado para el juicio del proceso. Ella encaminó la acción para que la Presidencia de la República y la Advocacia-General de la Unión se manifestasen sobre l asunto. Todas las informaciones, inclusive el parecer del Ministerio Público, fueron encaminados al STF hasta marzo del año pasado. Desde entonces, el proceso aguarda el análisis de la ministra. "Estoy trabajando en el proceso", afirmó la ministra. Ella no adelantó, sin embargo, cuando llevará el proceso a juicio.

Diferencia de precio

17,99 veces más fue cuanto pagó el gobierno brasileño por la versión de marca del Imatinib en 2010 en relación al genérico disponible en el mercado internacional

10,84 veces más fue cuanto costó a los cofres públicos en 2010 la compra del remedio Atorvastatina de marca, en comparación a la versión genérica de la misma droga

PReGUNTAS & RESPUESTAS

Como funciona la patente

1. ¿Qué es una patente?

La patente es un título de propiedad concedido por el Estado al inventor del producto o del proceso, por un tiempo determinado. La patente asegura a su detentor el derecho de exclusividad en la explotación del producto.

2. ¿Cuáles son los requisitos de la patente?

Para ser concedida, el autor del pedido de la patente debe comprobar la novedad, la actividad inventiva (la obtención del producto debe involucrar un proceso creativo) y la aplicación industrial del producto.

3. ¿Cuál es el plazo de la patente?

La patente de invención rige por el plazo de 20 años contados a partir de la fecha del pedido.

4. ¿ Qué es Pipeline?

El mecanismo fue previsto en la Ley de Patentes, de 1996 (de Brasil). Por ese mecanismo, fueron aprobados automaticamente pedidos de patentes concedidos en el exterior, pero que, hasta entonces, Brasil no reconocia - como patentes para remedios y para alimentos. Los pedidos de patente pipeline estaban sujetos apenas al análisis formal. En ninguno de los procesos fue examinado si estaban presentes requisitos de patentabilidad: novedad, actividad inventiva y aplicación industrial por la oficina brasileña de patentes, el Instituto Nacional de Propriedade Industrial (Inpi).
Fuente "O Estado de São Paulo"


¿Y en la Argentina?

Sería interesante comparar los datos de Brasil con la Argentina. En el programa del 18 de Julio de "Silencio Cómplice" Martín Isturiz Dr. de la Universidad de Buenos Aires, charla sobre los medicamentos y su (no) producción por parte de laboratorios del Estado.

¿Cuánto estaremos gastando en patentes que podrían usarse para otras cosas?

Si alguien quiere dar una charla sobre este tema en nuestra "PirateFest" está invitado!!

Manden un e-mail a:

ppirataargentino#gmail.com
(reemplacen # por @)


domingo, 29 de agosto de 2010

Un plan para cambiar la salud mundial

Seminario Justicia Social y Derecho Tomas Pogge

Si quieren verlo en Youtube.


Fuente Página 12.

Thomas Pogge recorre el mundo con su propuesta para incentivar a los laboratorios a producir medicamentos para pobres. Aquí, explica en qué consiste el método y por qué la Argentina podría jugar un papel clave.

Por Mariana Carbajal

Thomas Pogge es uno de los filósofos “globales” más reconocidos del momento. Nació en Alemania pero vive desde hace tres décadas en Connecticut, Estados Unidos. Aunque, en realidad, últimamente ha pasado más tiempo volando que en tierra firme. Desde que comenzó el año, recorrió el equivalente a cinco vueltas al mundo con un objetivo primordial: promover el Fondo de Impacto sobre la Salud (The Health Impact Fund), una nueva propuesta para estimular la investigación y desarrollo de fármacos para las llamadas enfermedades de la pobreza, las olvidadas, que afectan a millones de personas pobres en el planeta, como la malaria, el dengue y, en la Argentina, particularmente el Mal de Chagas, cuya cura no es un desafío para los grandes laboratorios dado que los potenciales clientes-pacientes tienen sus billeteras vacías. La iniciativa consiste en brindar a las compañías farmacéuticas la opción de vender al costo y cobrar un monto adicional por el impacto en la salud que cause una nueva droga. Cuanto más efectiva, cuantos más individuos logre curar, más ganancias tendrá la empresa. En su periplo, Pogge estuvo en Buenos Aires, donde dio un par de conferencias, y partió luego rumbo a Brasil. Para el filósofo, Argentina puede ser un país clave para di- seminar la idea del Fondo en la región. En una entrevista con Página/12, en su acotada agenda, explicó los detalles del proyecto.

La prensa alemana lo apodó “el pensador-para-cambiar-el mundo”. Pogge está convencido de que se puede (y se debe) terminar con la pobreza. “Todo lo que se necesita para que nadie quede por debajo de la línea de pobreza es el uno por ciento del ingreso mundial”, enfatiza Pogge, con la intención de mostrar que no se trata de un escenario inevitable. Entre otros libros, editó La pobreza como violación de los derechos humanos.

–¿Alguna experiencia personal lo empujó para involucrarse con esta temática?

–Sí, tres experiencias. Nací en Alemania. La generación de mis padres hizo algo terrible (sostener el nazismo), por lo tanto a los 6 o 7 años entendí que uno tenía que desconfiar de los juicios morales de sus padres. En segundo lugar, la guerra de Vietnam, los bombardeos estadounidenses me hicieron identificarme con los países en desarrollo. En tercer lugar, un viaje que hice mientras era estudiante de posgrado, y fui desde Estambul a Japón: en ese recorrido vi una pobreza increíble que nunca me había imaginado, en Deli, Pakistán, Bangladesh, Tailandia..., ver a nenas que se vendían como objeto para prostitución en las estaciones me impactó muchísimo –cuenta Pogge.

Habla sin exaltarse. Explica con paciencia docente. Discípulo de John Rawls, actualmente es director del Programa de Justicia Global y profesor de Filosofía y de Asuntos Internacionales en la Universidad de Yale. Además, dirige un programa de investigaciones en la Universidad de Oslo y también se desempeña en el Centro de Filosofía Aplicada y Etica Pública en la Universidad Nacional de Australia. En Buenos Aires, dio una conferencia invitado por Flacso-Clacso y otra en la Facultad de Derecho de la UBA, donde fue presentado por la decana Mónica Pinto. Hacer Justicia a la Humanidad: Problemas de Etica Práctica contiene sus ensayos más importantes traducidos al castellano (México, Fondo de Cultura Económica, 2009).

–¿De qué trata el Fondo de Impacto sobre la Salud?

–El Fondo es una nueva forma de incentivar la innovación en la industria farmacéutica. En el sistema actual, la innovación es recompensada con un monopolio temporario: a través de las patentes, durante un período, la compañía puede recargar el costo de producción y cobrar un precio muy superior. Bajo el sistema del Fondo, la empresa que genera una innovación medicinal puede elegir ser retribuida de una forma distinta: la retribución en ese caso está vinculada con el impacto del medicamento en la salud. El laboratorio, entonces, se comprometería a vender el medicamento al costo. Pero a cambio recibiría, además, una retribución por la mejora efectiva que produzca en la salud ese medicamento.

–¿Reemplazaría al sistema de patentes?

–No, sería una alternativa. El innovador siempre tendrá la posibilidad de elegir. Si lo que descubre es una droga cosmética, un producto para la caída del cabello, no va a ir nunca al Fondo. Pero si descubre la cura de la malaria, sí. En el sistema actual hay dos problemas: uno es que hay muchos medicamentos que son muy caros y no toda la gente puede pagarlos, y otro es que hay muchos medicamentos que son muy baratos y no generan incentivos para su producción.

–¿Qué ventajas tendría el Fondo?

–Tres grandes ventajas. En primer lugar, logra que sea muy conveniente económicamente investigar y producir drogas para las llamadas “enfermedades olvidadas”, como la malaria y el dengue: una nueva droga que consiguiera curar esos males tendría un impacto enorme porque hay millones de personas que las padecen. De esa forma, se promovería la innovación que bajo el sistema actual no se produce porque se trata de pacientes pobres. En segundo lugar, tendríamos drogas muy baratas desde el primer día. La tercera ventaja es que las empresas se preocuparían por un problema que existe ahora que es que los medicamentos lleguen a las personas pobres: si llegan, curan, generan impacto y reciben dinero por eso. Argentina tiene una oportunidad única y valiosa para un liderazgo global para promover esta iniciativa.

–¿Por qué lo dice?

–El Fondo apunta a un modelo global diferente. Hay dos razones por las que Argentina tiene una gran oportunidad para promover la implementación del Fondo. Por un lado, es un vocero reconocido de los países en desarrollo y, al mismo tiempo, por su idioma, por el hecho de ser un país de habla hispana: el español se está transformando en uno de los idiomas más importantes. De modo que si la Argentina se sumara al proyecto sería un participante clave para difundirlo y tener una masa crítica que permita adoptarlo.

–¿Cómo surgió la idea de este Fondo?

–La idea original surgió hace seis o siete años, cuando trabajaba en el Instituto Nacional de la Salud en Washington, de un grupo que se armó con abogados, economistas, investigadores del campo de la Medicina. Ahora la estamos promoviendo políticamente.

–¿La plantearon en la Organización Mundial de la Salud?

–La OMS tiene un grupo de expertos que se reunió durante dos años para explorar nuevas formas de financiamiento de la salud. Evaluaron 90 propuestas. El Fondo fue una de las cinco propuestas elegidas como más promisorias.

–¿Cree que es posible implementarlo frente a la voracidad de la industria farmacéutica, que hasta ha sido acusada de inventar enfermedades con tal de ganar dinero?

–Pienso que sí, porque no es un sistema que perjudique a los laboratorios. Pueden elegir. Además, las compañías farmacéuticas tienen un problema de imagen, nadie las quiere, especialmente en el Hemisferio Sur. Esta es una oportunidad para mejorar su imagen sin perder dinero.

–¿Quiénes se han interesado hasta ahora por el Fondo?

–Estamos trabajando en veinte países clave. Hemos tenido más éxito al plantearlo en Europa, China e India. Se necesitan muchos gobiernos que pongan dinero. China e India están dispuestos a apoyarlo pero están esperando ver qué harán países europeos y americanos. El Partido Socialdemócrata alemán adoptó la propuesta e incluso ha puesto dinero para organizar una gran conferencia en marzo en Bruselas, donde está el corazón del gobierno europeo. El gobierno de Estados Unidos es más difícil que se interese. No suele apoyar iniciativas multilaterales.

–Otro de los tópicos que investiga es la justicia global. ¿A qué se refiere?

–Sí, empecé trabajando en filosofía política y después me dediqué a ese gran tópico. Es la evaluación moral de las instituciones que surgen a escala global. A partir de la globalización cada vez más el mundo está sujeto a reglas supranacionales, que son sumamente injustas. Las reglas de comercio, de inversión, sobre proteccionismo, el régimen de propiedad intelectual. A mediados de los ’90 se globalizó el sistema de propiedad intelectual y todos los países del sur fueron forzados a sumarse a una protección muy estricta de la propiedad intelectual. Esa fue una catástrofe para los pacientes pobres, porque se acabaron los genéricos de los medicamentos baratos.

–Otro de sus temas de estudio es el problema de la pobreza. Hay quienes sostienen que pobreza siempre hubo y siempre existirá. ¿Piensa igual?

–La pobreza se podría terminar fácilmente. Hoy la mitad de la población del mundo gana menos de 2,50 dólares por día. En realidad, están 40 por ciento lejos de alcanzar 2,50 dólares, es decir, se tienen que arreglar con 1,50 dólar por día. Lo que falta para que superen el umbral de los 2,50 –que es donde marca el Banco Mundial la línea de pobreza– es el uno por ciento de ingresos de la Humanidad. Transferir el uno por ciento del ingreso mundial terminaría con la pobreza. Si un país como EE.UU. redujera en un tercio su presupuesto bélico, sería suficiente. Hace 200 años se hubiera necesitado un porcentaje infinitamente mayor que ese uno por ciento. Es cierto, la pobreza siempre existió pero nunca fue tan escandalosa. Es interesante ver el problema de la pobreza desde una perspectiva de género. La mayoría de las personas pobres son mujeres. Las estadísticas lo ocultan porque dan por hecho que en un hogar todos reciben lo mismo, pero no es así. Por ejemplo, la comida no se distribuye de forma igualitaria: las mujeres comen menos, ellas comen después de que lo hacen sus hijos y el marido, y con frecuencia el acceso a la educación también es desventajoso para ellas. La mejor forma que se ha encontrado para erradicar la pobreza involucra a las mujeres: los microcréditos dirigidos a las mujeres son un muy buen camino y está demostrado que son mucho más efectivos para erradicar la pobreza que si se los dieran a los varones.

Fuente Página 12.


miércoles, 7 de julio de 2010

Patentes o la rapiña del conocimiento


Del blog de Severian.
Leíamos hace algún tiempo:

...los límites a la difusión de descubrimientos son en su
mayoría considerados como "males necesarios" soportables porque la propiedad intelectual constituye un estímulo económico esencial para la inversión en investigación: la patente garantiza a su titular un monopolio veinteanual sobre el uso de la invención y le permite de comercializarla a precios de mercado. Sin ellos -se dice- todos esperarían las invenciones ajenas para copiarlas sin ningún costo. Por razonable que parezca, escasas evidencias empíricas confirman este razonamiento (texto completo -en italiano- acá)


Peleábamos por allá

....muchas de las patentes se refieren a aplicaciones tecnológicas de desarrollos básicos surgidos de entes estatales (o de privados que no los patentaron). En ese caso pierde sentido proteger una inversión, que es mínima y en gran parte pagada por otros. (discusión completa acá)


Discutíamos por acá

....una cosa muy diferente es el desarrollo tecnológico, que depende casi con exclusividad del sector privado. Lo que doña rosa llama "la ciencia del siglo XXI" (computadoras, celulares, naves espaciales) no es ciencia sino tecnología. Nada de eso involucra un nuevo conocimiento sobre el funcionamiento de la naturaleza, sino un nuevo uso de conocimientos antiguos. Y en ese campo es obvio que el sistema de patentes sí estimula el desarrollo.

El problema es cuando las cosas se confunden. Por ejemplo, muchos, tal vez la mayoría, de los nuevos métodos de tratamiento

médico son descubiertos en el sistema estatal (si, aún en los privatísimos EEUU) y luego desarrollados por el sistema privado. Por ejemplo los anticuerpos monoclonales en los que se basan algunos test de embarazo, los antiretrovirales con los que se conbate el SIDA, las drogas antiepiléticas, etc. La razón es obvia: nadie va a invertir en desarrollar un conocimiento completamente nuevo, porque es potencialmente caro y de resutado impredecible. Una vez conocida la potencialidad de un tratamiento, alli las farmacéuticas invierten en él y lo desarrollan, patentan los desarrollos y combaten legalmente a cualquiera que intente hacer lo mismo, aunque no sean dueñas del conocimiento que lo originó. (Un ejemplo de cabotaje es el gobierno macrista intentando desactivar los laboratorios estatales de producción de medicamentos, la mayoría de los cuales producen drogas tan privadas como la aspirina y usan conocimientos tan patentados como la tabla periódica) (más sobre esto acá *)


Y hoy leemos

La inversión mundial en I+D para el desarrollo de la vacuna contra el SIDA en 2008 fue
de 868 millones de dólares, 731 de inversión pública y sólo 33 invertidos por la industria biofarmacéutica. Las vacunas se desarrollan en la industria, pero los grandes desafíos científicos que hay que superar para desarrollar vacunas contra el SIDA son los responsables de que la participación industrial en I+D en este campo sea mínima. (texto completo acá)

Y agregamos que

Las patentes de medicamentos no son sino la apropiación descarada por parte de privados del resultado de un esfuerzo público, ya que la mayor parte de la investigación que conduce a la comprensión de una enfermedad y al posterior diseño de tratamiento, se hace en entidades públicas, y es financiada con fondos públicos. Y no podría ser de otra manera: un conocimiento con dueño es cualquier cosa menos conocimiento, porque una característica necesaria de la actividad científica es la revisión por pares, algo imposible en si hay patentes y propiedad intelectual de por medio. La ciencia privada no es ciencia.

Desde una perspectiva economicista, se podría decir que las patentes de medicamentos se oponen a la propiedad natural, al poner en manos privadas un bien, el conocimiento, que pertenece a la sociedad que lo desarrolló. Desde un punto de vista epistemológcio por otro lado, se podría afirmar que las patentes de medicamentos se oponen a la naturaleza misma del conocimiento empírico, al poner la revisión por pares a disposición solamente de quien pueda comprar la patente. Y sin embargo me parece que la mayor objeción es de carácter ético: las patentes de medicamentos son la muestra más flagrante de una escala de valores invertida, que pone el derecho de propiedad por encima del derecho a la vida.

Fuente: blog de Severian.



Interesante para debatir el tema de patentes...